martes, 27 de octubre de 2020

La vida sin mí.

 



Sigue avanzando el día y el calor del sol empieza a llegar un poco a su cuerpo.
A su mente todavía no.
En la bandeja, la cafetera de acero inoxidable vacía, aún desprendiendo el aroma,
y la taza de café arábigo recién molido,
intensidad máxima. Ni aun así.
Parece que a la mente, perezosa, le cueste alzar el vuelo.
Como una convaleciente.
Paciencia.
Ahora toca reposo.
De repente, el cuerpo se pone en marcha y la adrenalina se genera espontáneamente
y las endorfinas
y, como un piloto automático,
tiene lugar lo que tiene que ser.

Y dónde está su voluntad en todo el proceso,
dónde está el "yo"?
En ninguna parte.
Ese yo quitado de en medio.
Como cuando limpias el cuarto
y barres lo que te estorba.




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