sábado, 14 de marzo de 2026

El extremo del ir y venir.

 


Desde el punto de vista budista, no existe el ir y venir.
Los fenómenos (las cosas, las personas, las situaciones)
no vienen de un sitio y luego se van a algún otro sitio.
La impermanencia no consiste en ir y venir.
Cómo aparecen las cosas, entonces?
Pues eso: aparecen.
Cuando se dan las condiciones necesarias para que brote la planta, lo hace.
Tiene que estar la semilla, la tierra, los nutrientes, la lluvia, el sol, etc.
(que también han aparecido cuando se dan las condiciones).
Y cuando las condiciones, siempre en movimiento, dejan de estar,
la planta va atravesando otros procesos en base a ese nuevo conjunto de condiciones:
se pone mustia, cae, sirve de nutrientes para otros seres, o no.
La planta no nace y muere, no llega de algún sitio 
y se va a otro sitio.
Y lo mismo con las personas, animales, situaciones, etc.
Cuando se dan las condiciones un fenómeno aparece, un ser,
una persona, por ejemplo.
Si el óvulo estaba presente en el momento adecuado
para abrazar un espermatozoide superviviente,
si ambos eran suficientemente sanos y fuertes,
si la embarazada decide seguir adelante,
si la sangre, el oxígeno, los nutrientes maternos y demás están capacitados,
y un largo etcétera.
Parece que funciona un cuerpo sano, mientras se dan las condiciones, cambiantes,
y cuando las condiciones para la salud y la fortaleza dejan de estar ahí,
el cuerpo podría debilitarse e incluso dejar de funcionar.
Las condiciones son lo que hace que algo aparezca o desaparezca.
Por eso es tan importante prestar atención a las condiciones.
E, incluso, crear las condiciones, cuando está en tu mano,
para conseguir tus objetivos,
por ejemplo la salud física, y mental, la Visión, la fortaleza, la compasión, la bodichita.
El oscurecimiento mental, el miedo, el sufrimiento, samsara,
también han aparecido cuando se han dado las condiciones.

Así que la pregunta es:
Qué condiciones son las que genero?
¿Nutrientes para el miedo o bien para la confianza?
¿Para la experiencia de amenaza, resistencia, rechazo y odio,
o para la experiencia de amor?
¿Para la aceptación ecuánime, que hace posible la Visión,
o el egocentrismo dualista
que produce la nebulosa del oscurecimiento mental?

Decido prestar atención a las condiciones que genero,
a los nutrientes que aporto
a la experiencia de esta vida humana.
También lo llaman karma.




lunes, 2 de marzo de 2026

La santidad.

 


Persiguiendo la santidad, el bodisatva.
Como un parto.
Una nueva vida que brota desde dentro.
No persigues nada fuera, no sigues los pasos de un buda externo.
No confundes el dedo que señala la luna con la luna misma.
La luna externa también es un dedo que señala la luna.
Dios como un parto.

Últimamente se fija mucho en las mujeres embarazadas y anticipa el dolor.
Qué las salva? Qué las protege?
Qué mantiene la alegría y la fortaleza en su rostro?
El amor, el sentido de misión.

La santidad como un parto.
Todos los partos son dolorosos, desde el punto de vista del yo que da a luz.
Abrirse a una nueva vida, una nueva manera de vivir,
el espíritu santo, el sambogakaya,
la experiencia del dharmakaya, la experiencia de Dios.
Siento, luego existo.
Persiguiendo la santidad que se entrega a Dios, donde no hay sufrimiento
porque todo dolor es una experiencia de redención, de disolución,
de unidad amorosa.
Una experiencia de amor.
El retorno a la fuente, desnuda.
Despojada de las vestiduras del miedo ya para siempre.
Desnuda y sin pecado,
de regreso al paraíso original.

(Traslación de los 3 cuerpos de Buda a la Trinidad:
Dharmakaya: verdadera naturaleza, el Ser universal, Dios.
Nirmanakaya: la manifestación del dharmakaya, el Hijo.
Sambogakaya: el cuerpo de deleite, la experiencia del dharmakaya, el espíritu santo).

https://reflexionesdeunaestudiantebudista.blogspot.com/2022/03/los-tres-kayas.html




viernes, 20 de febrero de 2026

Vacaciones significativas.

 


El día gris, de un gris claro, luminoso.
El fuerte viento se va a a descansar cuando se abre el día.
Las golondrinas y algunos mirlos se unen al coro habitual.
La agenda vacía, y por eso tan llena, tan abierta.
Un día para cuidarse, para cuidar el día,
para cuidar la vida, para contemplarla.
Un día para caminar sin prisa, para moverse sin prisa.
Que cada inhalación sea sanadora
y cada exhalación purificadora.
Que el karma pesado que arrastro se disuelva ante mis ojos,
que no lo nutra más, que no lo sostenga,
que se difumine en el aire, en el espacio vacío.
Y el miedo con él.
Un día para la presencia, la contemplación y la apertura.
Como un día de vacaciones.
Vacaciones significativas, lo llamaba el maestro.

Que no te asuste el aburrimiento, esa oportunidad de regresar a casa.
Da igual si lo buscas o no, si lo programas en tu agenda o no lo haces,
la vida llega igual cargada de regalos,
algunos te gustarán y otros menos,
pero eso es irrelevante, 
si lo afrontas desde tu refugio,
en la esencia
del Ser
que eres.
Sin distracciones equívocas.





martes, 17 de febrero de 2026

Que no te tumben los vientos del karma.

 


Que no te tumben los vientos del karma.
Y si toca caer, que te levantes con nuevo brío,
la misma confianza, renovada.
Que no te tumbe la vida, esta aventura,
este viaje de ida y vuelta.
Que la visión despierta no te abandone.
Que la fuerza te acompañe, el coraje, la confianza. La alegría.
La fuerza vital.
Que no haya espacio para el desánimo y la decepción;
sin expectativas no hay frustración.
En lugar de eso, el asombro.
Que los movimientos de la vida no los interpretes como pérdidas
y duelos.
Lo que parece que está aquí luego parece que está allí,
que cambia de manos y de lugar,
pero, significativamente, no hay una gran diferencia.
Que la vida no te asuste.
Y que no te asuste la muerte.

Cuando Marco Aurelio escribía sus meditaciones no las escribía para nadie más,
solo para recordar él mismo, para no olvidar.
Y lo mismo Shantideva, tal como explica en su Guía de las obras del bodisatva.
Pero a veces hay más beneficios,
cuando sirve de inspiración a alguien capaz de ir más allá,
ver más profundamente,
llegar a donde tú aún no has llegado
y quedarse.




jueves, 12 de febrero de 2026

Todo está aquí.

 


Van colándose señales de la primavera, lentamente,
pasito a paso, cada vez más cerca.
Una mañana no conectas la estufa para el desayuno.
En la banda sonora del amanecer se unen nuevos cantos, unos mirlos, algunas golondrinas.
La luz del día se queda más tiempo
y la de la noche se hace esperar un poco más.
El aire huele ligeramente diferente,
como si hubieran liberado polvos mágicos, evocadores.
Todo está aquí.
Lo descubrió un día, una noche, cuando subió al terrado después de la cena,
a degustar el helado con vistas al cielo, la luna.
Sintió el instante tan profundamente, ese ahora, tan intenso, tan pleno,
tan lleno, que vio también el momento de su muerte, aquí mismo,
y la muerte de su madre, y el nacimiento de su madre también.
Lo vio como infinitos fotogramas desplegados aquí mismo,
como un caleidoscopio de infinitos escenarios.
Todo está aquí.
Cuando hablamos del "aquí, ahora" no es un instante en el tiempo lineal, lo engloba todo.
No solo tu trayectoria histórica personal.
Todas las vidas antes que tú y después que tú.
Todos los escenarios, los manifestados y los potenciales.
Así que todo está aquí:
cuando parece que aún estás
y cuando parece que ya no estás.
El milagro de la vida y la muerte, la "ley universal".
Nam Myoho Renge Kyo.




lunes, 9 de febrero de 2026

La presencia.

 



La luna llena en el marco de las vidrieras de la galería,
alzándose desde el lecho de mar.
Es el tiempo de la luna.
Al otro lado, el futón para el descanso con vistas a la montaña.
Aquí la iglesia iluminada coronando la cima de la montaña, como una antorcha encendida.
Y la voz del viento.
En su paseo celeste nocturno, la luna llegará al horizonte de montañas
y proyectará sus haces plateados por los balcones,
acariciando los edredones sobre el futón
y sacándola del sueño, antes del amanecer.
Las palomas, gaviotas y tórtolas madrugan con ella para despedir a la luna
antes de que se acueste en su lecho de montañas
y darle la bienvenida al sol que emerge del océano
y abre las puertas al nuevo día.
Una noche más.
Un día más por delante, que espera vivir despierta.
La Presencia.






jueves, 5 de febrero de 2026

La alegría de la meditación.

 


El descanso, parar.

En su tarea multifunciones en el centro budista
(recibir a las personas que llegaban a la sesión de meditación, informar a las nuevas,
preparar la gompa, el altar, las oraciones en el equipo de música, las grabaciones, etc.),
a veces, de repente recibía una llamada del maestro que,
atrapado en medio del tráfico o por cualquier otro motivo,
le comunicaba que tendría que impartir ella misma la sesión de meditación.
Acababa de dar los últimos toques necesarios, 
tomaba el libro y repasaba la meditación correspondiente al día de hoy,
y entraba en la gompa cuando ya todo el mundo esperaba en silencio,
en las sillas o en los cojines en el suelo.
Ella también tomaba asiento en su cojín.
Y se paraba el tiempo.
Silencio.
Luego abría los ojos, o aun antes de abrirlos, podía decir:
"Si pudiera transmitir esta profunda alegría, esta profunda paz liberadora
que emerge cuando te paras, cuando lo sueltas todo, física y mentalmente.
Solo aquí, presente, nada que hacer,
ningún lugar a donde ir.
Si pudiera transmitir esta profunda alegría,
nunca sentirías pereza para la meditación".

Se instalaba en ese profundo deleite por unos minutos, silencio.
Consciente del cuerpo en descanso, ningún lugar a donde ir;
la mente en descanso, nada que resolver.
Solo aquí, habitando el presente, la vida en todo su esplendor.
Respirar la vida, inhalar y exhalar la vida,
como un profundo acto de amor
y disolución.

Luego sí, seguidamente, asentada en una plácida calma
proyectada por esta isla de paz interior,
se iniciaba la aventura de la meditación,
empezando por la motivación concreta (cada cual la suya)
en este preciso instante.

Era otra vida.

Pero también es ésta.
También está aquí ese instante de parar
y contemplar.
Y a veces aun en la actividad,
el regreso, la presencia.
Cuando recuerdas quien eres, la vida.
Esta experiencia de vida que aún habitas.
Parar.
Respirar.
Ser parte del pulso de la vida en cada inhalación, en cada exhalación.
Disolverse en el flujo de la vida.
Como agua vertida en agua.