viernes, 4 de septiembre de 2026

El dedo que señala la luna es solo un dedo.

 


Que el mapa del tesoro no te distraiga.
Que el dedo que señala la luna no se lleve toda tu atención.
El dharma son las enseñanzas, sí,
pero sobre todo es tu experiencia, tu realización personal.
Una imagen de Buda, el gohonzon, sólo son recordatorios externos,
el dedo que señala la luna, no la luna misma.
Que no te despisten.

"Si encuentras a Buda, córtale la cabeza",
dicen que dijo el maestro Linji.
Que una realización (esa visión reveladora) no se convierta en un concepto.
Cuando una barca te ayuda a llegar a la otra orilla,
luego la dejas allí mismo, justo al llegar,
no la cargas el resto del viaje.
Que el mapa del tesoro no te impida ver los tesoros allí donde estás.

Cuando abrió los ojos esta mañana ya sabía la hora sin mirar el reloj.
Aún el silencio, cuando los pájaros no han alzado su canto para recibir al sol.
Los sonidos del silencio, la luz que desprende la oscuridad 
de ese preciso instante.
No necesitaba una brújula par saber donde estaba.
Rodeada de tesoros como una lluvia de bendiciones.
La luna decreciente aún alta en el cielo despejado, acompañándola en su baño en el mar.
El fresco del amanecer en la piel, el tahini recién hecho, las fresas, el café.
Los tesoros ya, aquí mismo.
No hay que esforzarse demasiado para comprender el mapa, la búsqueda;
el tesoro no está al final del camino.
Está aquí mismo.





sábado, 29 de agosto de 2026

El viaje continúa, de vuelta a casa.

 


Las 22,20h.
La noche oscura y desierta, en tierra de nadie.
Una hora esperando el tren, el andén vacío.
Seguramente habría sido mejor buscar otra vía de regreso.
O no.
En tierra de nadie se impone la quietud y la contemplación
de lo que acontece.
Ya pasa de las 22,22h.
Está cansada, y pesada.
El día le sentó regular, piensa.
Pero también aparecieron cosas para celebrar.
Las 22,23h y llega el tren.
La luna llena.
La luna llena en el trayecto de la masía al tren.
La luna llena.
La masía.
Dentro de la sala de meditación, el tantra.
Retiro de alto yoga tantra.
Silencio. Concentración.
Tocando la mente iluminada.
La luna llena. La masía. El tantra.
Todo se ha quedado allí.
Y yo qué me traigo?, se pregunta.
La luna llena (se viene con ella,
al otro lado de la ventanilla del tren).
El tantra.
La masía.

Lo ha visto todo pequeñito.
En su memoria era más grande.
Como cuando, de adulta, vuelves a las calles de tu infancia,
donde tenían lugar los juegos y todo lo demás.
Como si los escenarios hubieran encogido.
La entrada al templo era más pequeña que en el recuerdo.
La sala de meditación acogía a un público reducido.
Los pasillos a los lados, que tantas veces recorrió, se habían acortado.
Y el comedor, qué había pasado con el comedor? Acaso era otro?
Y la terraza, lo mismo.
¿Fue allí donde se celebraron tantos encuentros multitudinarios?
Lo que la maravilló fue el paso confiado de las familias de jabalíes, entre las mesas,
entre las habitaciones dispersas en el exterior.
Esa convivencia sin conflicto.
Esa presencia era nueva.

Qué se lleva consigo?
La luna llena.
La masía.
El tantra.
La inspiración.
Las antiguas experiencias de plenitud, renovadas.
Renovadas todas las iniciaciones que atravesó.
Más que una lluvia de bendiciones, una tormenta
que arrastra lo que tiene que arrastrar,
movilizadora.

Otro viaje.
La esperaba otro viaje, de vuelta a casa.




jueves, 27 de agosto de 2026

Celebrar la vida.

 


Celebra esta vida que se manifiesta y alza su taza de café al cielo decorado de nubes blancas de algodón.
Celebra el aire suave en la piel a la sombra de la mañana, en el terrado;
el canto de la tórtola al vuelo, al aterrizar.
El sonido del saxo tenor volando desde algún balcón vecino al suyo.
Celebra el sabor del mango deshaciéndose en su paladar.
En aquella ocasión, la maestra dijo:
"M. está borracha de bendiciones".
Así se siente hoy también, después de verla, en su templo.
Le gusta saber que existe, lo celebra.
Celebra la luna llena en el trayecto a casa, cuando la casa de ella
ya no es su casa.
Incluso celebra el cansancio, tan abatida.

Dejó al amigo en su templo, a sus cuidados.
"Ya veo que al final del camino vas a tocar la iluminación", le dijo, en tono de broma,
y él se rio.
Incluso ella misma la ha tocado, tanto amor.

Celebra la vida que aparece en su vida.
El canto flamenco de alguna radio,
la voz rota, femenina, desplazándose en el aire.
Pedalear por el puerto cuando las nubes amables se interponen
y la protegen del sol;
el baño en el mar al amanecer;
nadar como una meditación, en la piscina,
contando como respiraciones los largos que van y vienen.
Celebra la inspiración que le regalas, saber que existes.
Regresará a verte,
como una fuente que nutre su energía
más sagrada.





martes, 25 de agosto de 2026

El viaje como una peregrinación.

 


La rutina, a veces, tiene el poder de marchitarte un poquito,
como las flores cuando pierden su frescor.
Por eso va bien salir de tu zona de confort;
como en un viaje, por ejemplo.
Hay muchos tipos de viajes, geográficos también.
Cuando sales de tu mundo conocido y exploras algún otro que te resulta "exótico",
con un sistema de vida diferente, donde no sabes tantas pequeñas cosas esenciales de la vida diaria,
te das cuenta de que dependes en gran medida de la amabilidad de la gente.
Y cuando regresas a tu casa observas que sonríes más,
eres un poco más paciente que antes
y quizás causas menos conflictos por pequeñeces.
También puede que mires tu entorno con otros ojos, como la viajera con la que te cruzas por la calle
y ve lo que tú ves por primera vez,
percibe los olores del nuevo lugar, los colores, la luz,
incluso el paisaje celeste.
No es el mismo cielo el que contemplas en Barcelona que el de las altitudes de Shianggelila, por ejemplo;
los dos son hermosos, pero diferentes.

Caminando por los pueblos semidesérticos del lago Erhai, una niña de la etnia naxi salió a la puerta de su casa y nos miraba como a extraterrestres.
Su madre, originariamente del Himalaya, salió y nos invitó a ver su casa.
"Pienso que si venís de tan lejos, atravesando tantos kilómetros, molestias e incomodidades
es porque os interesa conocer nuestra cultura", dijo.
No fue la única que nos invitó a conocer el interior de su casa y sus costumbres.
Pensé que su concepto del turismo y el mío, residente en Barcelona, también eran diferentes.
Pero asumí la lección.

Estoy contenta de volver a casa, aprecio mucho la rutina que conforma mis días,
los templos que habito,
pero haré lo posible por no perder la bondad que he contemplado,
la confianza, la generosidad.
Que me impregne, que se quede estabilizada en mi mirada,
en el río que corre por las venas, en los tejidos
de este cuerpo.
Que no se diluya.
Si es posible.



jueves, 16 de julio de 2026

La oración.

 


Todo el mundo reza,
solía decir el maestro cuando alguien le comentaba que lo suyo no era la oración.
Todo el mundo reza, decía Rabjor:
"Que me toque la lotería", "Que apruebe el examen", "Que mi equipo meta un gol"...
Todo el mundo lanza al universo fuertes deseos, de vez en cuando.

En los últimos tiempos ella se descubría invocando la energía vital.
Deberías precisar más, identificar objetivos más concretos,
le sugerían algunas personas con más experiencia en la práctica.
Pero ella sentía que no había nada más concreto que la energía vital.
La energía vital le daba alas, como en el anuncio.
Confianza, alegría. Coraje.
Con energía se sentía capaz.
En la vida y en la muerte: la entrega, "hágase tu voluntad".
Lo contrario, cualquier resistencia, es irracional, la batalla perdida.

"Myoho", en el budismo Nichiren del Sutra del Loto,
se refiere a la "ley universal que rige todos los fenómenos de la vida/muerte".
(Entre los significados del ideograma Myo:
mística, insondable, universal, pero también vida;
ho: ley, y también muerte).
Myoho se refiere a la inteligencia de la Vida, que se manifiesta en todos los fenómenos
(aparecen cuando se dan las condiciones y desaparecen de la misma manera),
tanto en tu trayectoria personal cotidiana como en el Cosmos.

Otras tradiciones budistas lo llaman "Dharma",
para referirse tanto a las escrituras como a tu experiencia personal
y al acontecer de la vida/muerte.
Buda no inventó nada, y nunca reclamó derechos de autor.
El budismo (despertar) simplemente se refiere a eso: ver, comprender
cómo funciona el maravilloso acontecer de la Vida
manifestada en todos los fenómenos.

Myoho, Dharma. En el cristianismo lo llaman Dios
y en otras tradiciones de otra manera.
Yo diría que todas esas designaciones se refieren más o menos a lo mismo.
El peligro reside en la mente conceptual, cuando cosifica Eso sin nombre
a partir de todos sus nombres.
Por eso el maestro Linji decía:
"Si encuentras a Buda, córtale la cabeza".
Si empiezas a ver a Dios como un hombre barbudo que habita en las nubes,
córtale la cabeza.

A veces, ponemos a prueba nuestra fe en las oraciones de corto alcance,
pequeños deseos egocéntricos, para mi bienestar y de los míos, de lo mío.
Y la hipnosis se refuerza (en budismo se le llama ignorancia),
esa abducción kármica.
Hasta que empiezas a identificar tu yo como algo más grande,
la Vida misma, Myoho.
Daisaku Ikeda dice:
"No se encierren en su propio caparazón,
esfuércense en los proyectos más elevados,
con el deseo de ayudar, contribuir a la sociedad
y al género humano".
Y a todos los géneros también.

Hacerse grande hasta disolverse
como agua
vertida en agua.





sábado, 11 de julio de 2026

Sobre el miedo (2)

 



Quien dijo aquello de "Yo soy yo y mis circunstancias"
también podría haber dicho "Yo soy yo y mis miedos".
Aquello a lo que le tienes miedo casi nunca está aquí, sólo lo evoca.
Temes a ciertas posibilidades de futuro.
En el caso de que se manifiesten, nunca es tan duro como en tu imaginación.
Y tú nunca eres tan débil como crees.
Todo lo que se manifiesta lo afrontas.
Raramente algo te tumba,
excepto lo que creas en tu imaginación, que te debilita hasta desfallecer.






domingo, 28 de junio de 2026

El miedo.

 


Si el miedo te conduce a la muerte, a hacer la paces con la muerte,
entonces el miedo es un buen aliado.
No porque te ayude a evitar lo inevitable,
no tanto porque el miedo te ayude a prevenir posibles riesgos y te proteja,
como suele decirse,
sino porque te reconcilia con la vida/muerte
(también lo llaman "myoho", la ley universal),
cuando no tiene sentido oponer resistencia, que solo empeora las cosas.

El miedo también puede ser un aliado, si lo exploras a conciencia.
Miras a tu alrededor, ves lo que es la vida que percibimos:
una sucesión de apariciones y extinciones,
y el acontecer sigue aconteciendo, imperturbable.

Cuando consigues ver a Dios en todo lo manifestado,
un retiro es una luna de miel;
despertar al día, o la noche, un abrazo;
el dolor físico o cualquier dificultad, un entreno que te hace más fuerte,
cuando el dolor y la dificultad desaparecen 
y se convierten en un paseo inspirador.
Y la muerte "el abrazo supremo" tántrico, la unión definitiva,
cuando sueltas la mochila de conceptos (ese yo tan pesado)
como una piel muerta
y te disuelves feliz, "como agua vertida en agua".

El miedo, si lo investigas a fondo, 
puede conducirte a la liberación.