Todo el mundo reza,
solía decir su maestro cuando alguien le comentaba que lo suyo no era la oración.
Todo el mundo reza, decía Rabjor:
"Que me toque la lotería", "Que apruebe el examen", "Que mi equipo meta un gol"...
Todo el mundo lanza al universo fuertes deseos, de vez en cuando.
En los últimos tiempos ella se descubría invocando la energía vital.
Deberías precisar más, identificar objetivos más concretos,
le sugerían algunas personas con más experiencia en la práctica.
Pero ella sentía que no había nada más concreto que la energía vital.
La energía vital le daba alas, como en el anuncio.
Confianza, alegría. Coraje.
Con energía se sentía capaz.
En la vida y en la muerte, la entrega, "hágase tu voluntad".
Lo contrario, cualquier resistencia, es irracional, la batalla perdida.
"Myoho", en el budismo Nichiren del Sutra del Loto,
se refiere a la "ley universal que rige todos los fenómenos de la vida/muerte".
(Entre los significados del ideograma Myo:
mística, insondable, universal, pero también vida;
ho: ley, y también muerte).
Myoho se refiere a la inteligencia de la Vida, que se manifiesta en todos los fenómenos,
tanto en tu trayectoria personal cotidiana como en el Cosmos.
Otras tradiciones budistas lo llaman "Dharma",
para referirse tanto a las escrituras como a tu experiencia personal
y al acontecer de la vida/muerte.
Buda no inventó nada, y nunca reclamó derechos de autor.
El budismo (despertar) simplemente se refiere a eso: ver, comprender
cómo funciona el maravilloso acontecer la la Vida
manifestada en todos los fenómenos.
En el cristianismo lo llaman Dios
y en otras tradiciones de otra manera.
Yo diría que todas esas designaciones se refieren más o menos a lo mismo.
El peligro reside en la mente conceptual, cuando cosifica Eso sin nombre
a partir de todos sus nombres.
Por eso el maestro Linji decía:
"Si encuentras a Buda, córtale la cabeza".
Si empiezas a ver a Dios como un hombre barbudo que habita en las nubes,
córtale la cabeza.
A veces, ponemos a prueba nuestra fe en las oraciones de corto alcance,
pequeños deseos egocéntricos, para mi bienestar y de los míos, de lo mío.
Y la fantasía se refuerza (en budismo se le llama ignorancia),
esa abducción kármica.
Hasta que empiezas a identificar tu yo como algo más grande,
la Vida misma, Myoho.
Daisaku Ikeda dice:
"No se encierren en su propio caparazón,
esfuércense en los proyectos más elevados,
con el deseo de ayudar, contribuir a la sociedad
y al género humano".
Y a todos los géneros también.
Hacerse grande hasta disolverse
como agua
vertida en agua.













