martes, 17 de marzo de 2026

El karma como misión.



Llueve.
Las gaviotas no se dejan intimidar y planean en libertad.
Las tórtolas también salen a contemplar el paisaje cambiante,
se paran en sus lugares preferidos en los terrados y cantan.
La lluvia se une al coro con un canto suave, como una canción de cuna. 
Ella camina sin paraguas hasta la estación del bicing
y pedalea por el puerto hacia el mar, hoy menos poblado.
Nadar de espaldas en la piscina exterior,
bajo una coreografía de gaviotas bajo un cielo cubierto de nubes de tormenta
aparece como una contemplación de la vida misma, tan abundante.

A veces la lluvia, a veces el viento,
a veces el sol o la niebla.
La vida no tiene solo una cara.
A veces parece que fluye, a veces que se atasca,
a veces duele y a veces regala caricias, brindis y celebraciones.
Así es desde el punto de vista del yo soñado,
que no deja de ser otra manifestación de Dios, el Dharmakaya.

A veces el miedo, a veces la entrega,
la amenaza o la confianza.
La contemplación del sufrimiento del mundo, que te tumba,
o bien te hace más fuerte, esa misión.

Esa misión.
Recuperar la esencia del linaje.
Pasar por esta aventura llena de piedras en el camino, sin desfallecer.
Piedras en el camino o flores y plantas aromáticas,
no hay una gran diferencia.
Recuperar la Visión.
Y la alegría.

Cuando hace inmersión, el invierno no es tan sobrecogedor
ni la noche tan oscura,
ni el agua del mar es tan fría como la imaginas desde el calor de casa.
La anticipación es lo que duele,
si llega cargada con su séquito de miedos, egocentrismo y debilidad.
Siempre eres más fuerte de lo que crees.
Y las noches oscuras encierran más luces
de las que esperabas.




sábado, 14 de marzo de 2026

El extremo del ir y venir.

 


Desde el punto de vista budista, no existe el ir y venir.
Los fenómenos (las cosas, las personas, las situaciones)
no vienen de un sitio y luego se van a algún otro sitio.
La impermanencia no consiste en ir y venir.
Cómo aparecen las cosas, entonces?
Pues eso: aparecen.
Cuando se dan las condiciones necesarias para que brote la planta, lo hace.
Tiene que estar la semilla, la tierra, los nutrientes, la lluvia, el sol, etc.
(que también han aparecido cuando se dan las condiciones).
Y cuando las condiciones, siempre en movimiento, dejan de estar,
la planta va atravesando otros procesos en base a ese nuevo conjunto de condiciones:
se pone mustia, cae, sirve de nutrientes para otros seres, o no.
La planta no nace y muere, no llega de algún sitio 
y se va a otro sitio.
Y lo mismo con las personas, animales, situaciones, etc.
Cuando se dan las condiciones un fenómeno aparece, un ser,
una persona, por ejemplo.
Si el óvulo estaba presente en el momento adecuado
para abrazar un espermatozoide superviviente,
si ambos eran suficientemente sanos y fuertes,
si la embarazada decide seguir adelante,
si la sangre, el oxígeno, los nutrientes maternos y demás están capacitados,
y un largo etcétera.
Parece que funciona un cuerpo sano, mientras se dan las condiciones, cambiantes,
y cuando las condiciones para la salud y la fortaleza dejan de estar ahí,
el cuerpo podría debilitarse e incluso dejar de funcionar.
Las condiciones son lo que hace que algo aparezca o desaparezca.
Por eso es tan importante prestar atención a las condiciones.
E, incluso, crear las condiciones, cuando está en tu mano,
para conseguir tus objetivos,
por ejemplo la salud física, y mental, la Visión, la fortaleza, la compasión, la bodichita.
El oscurecimiento mental, el miedo, el sufrimiento, samsara,
también han aparecido cuando se han dado las condiciones.

Así que la pregunta es:
Qué condiciones son las que genero?
¿Nutrientes para el miedo o bien para la confianza?
¿Para la experiencia de amenaza, resistencia, rechazo y odio,
o para la experiencia de amor?
¿Para la aceptación ecuánime, que hace posible la Visión,
o el egocentrismo dualista
que produce la nebulosa del oscurecimiento mental?

Decido prestar atención a las condiciones que genero,
a los nutrientes que aporto a la experiencia de esta vida humana.
También lo llaman karma.




lunes, 2 de marzo de 2026

La santidad.

 


Persiguiendo la santidad, el bodisatva.
Como un parto.
Una nueva vida que brota desde dentro.
No persigues nada fuera, no sigues los pasos de un buda externo.
No confundes el dedo que señala la luna con la luna misma.
La luna externa también es un dedo que señala la luna.
Dios como un parto.

Últimamente se fija mucho en las mujeres embarazadas y anticipa el dolor.
Qué las salva? Qué las protege?
Qué mantiene la alegría y la fortaleza en su rostro?
El amor, el sentido de misión.

La santidad como un parto.
Todos los partos son dolorosos, desde el punto de vista del yo que da a luz.
Abrirse a una nueva vida, una nueva manera de vivir,
el espíritu santo, el sambogakaya,
la experiencia del dharmakaya, la experiencia de Dios.
Siento, luego existo.
Persiguiendo la santidad que se entrega a Dios, donde no hay sufrimiento
porque todo dolor es una experiencia de redención, de disolución,
de unidad amorosa.
Una experiencia de amor.
El retorno a la fuente, desnuda.
Despojada de las vestiduras del miedo ya para siempre.
Desnuda y sin pecado,
de regreso al paraíso original.

(Traslación de los 3 cuerpos de Buda a la Trinidad:
Dharmakaya: verdadera naturaleza, el Ser universal, Dios.
Nirmanakaya: la manifestación del dharmakaya, el Hijo.
Sambogakaya: el cuerpo de deleite, la experiencia del dharmakaya, el espíritu santo).

https://reflexionesdeunaestudiantebudista.blogspot.com/2022/03/los-tres-kayas.html




viernes, 20 de febrero de 2026

Vacaciones significativas.

 


El día gris, de un gris claro, luminoso.
El fuerte viento se va a a descansar cuando se abre el día.
Las golondrinas y algunos mirlos se unen al coro habitual.
La agenda vacía, y por eso tan llena, tan abierta.
Un día para cuidarse, para cuidar el día,
para cuidar la vida, para contemplarla.
Un día para caminar sin prisa, para moverse sin prisa.
Que cada inhalación sea sanadora
y cada exhalación purificadora.
Que el karma pesado que arrastro se disuelva ante mis ojos,
que no lo nutra más, que no lo sostenga,
que se difumine en el aire, en el espacio vacío.
Y el miedo con él.
Un día para la presencia, la contemplación y la apertura.
Como un día de vacaciones.
Vacaciones significativas, lo llamaba el maestro.

Que no te asuste el aburrimiento, esa oportunidad de regresar a casa.
Da igual si lo buscas o no, si lo programas en tu agenda o no lo haces,
la vida llega igual cargada de regalos,
algunos te gustarán y otros menos,
pero eso es irrelevante, 
si lo afrontas desde tu refugio,
en la esencia
del Ser
que eres.
Sin distracciones equívocas.





martes, 17 de febrero de 2026

Que no te tumben los vientos del karma.

 


Que no te tumben los vientos del karma.
Y si toca caer, que te levantes con nuevo brío,
la misma confianza, renovada.
Que no te tumbe la vida, esta aventura,
este viaje de ida y vuelta.
Que la visión despierta no te abandone.
Que la fuerza te acompañe, el coraje, la confianza. La alegría.
La fuerza vital.
Que no haya espacio para el desánimo y la decepción;
sin expectativas no hay frustración.
En lugar de eso, el asombro.
Que los movimientos de la vida no los interpretes como pérdidas
y duelos.
Lo que parece que está aquí luego parece que está allí,
que cambia de manos y de lugar,
pero, significativamente, no hay una gran diferencia.
Que la vida no te asuste.
Y que no te asuste la muerte.

Cuando Marco Aurelio escribía sus meditaciones no las escribía para nadie más,
solo para recordar él mismo, para no olvidar.
Y lo mismo Shantideva, tal como explica en su Guía de las obras del bodisatva.
Pero a veces hay más beneficios,
cuando sirve de inspiración a alguien capaz de ir más allá,
ver más profundamente,
llegar a donde tú aún no has llegado
y quedarse.




jueves, 12 de febrero de 2026

Todo está aquí.

 


Van colándose señales de la primavera, lentamente,
pasito a paso, cada vez más cerca.
Una mañana no conectas la estufa para el desayuno.
En la banda sonora del amanecer se unen nuevos cantos, unos mirlos, algunas golondrinas.
La luz del día se queda más tiempo
y la de la noche se hace esperar un poco más.
El aire huele ligeramente diferente,
como si hubieran liberado polvos mágicos, evocadores.
Todo está aquí.
Lo descubrió un día, una noche, cuando subió al terrado después de la cena,
a degustar el helado con vistas al cielo, la luna.
Sintió el instante tan profundamente, ese ahora, tan intenso, tan pleno,
tan lleno, que vio también el momento de su muerte, aquí mismo,
y la muerte de su madre, y el nacimiento de su madre también.
Lo vio como infinitos fotogramas desplegados aquí mismo,
como un caleidoscopio de infinitos escenarios.
Todo está aquí.
Cuando hablamos del "aquí, ahora" no es un instante en el tiempo lineal, lo engloba todo.
No solo tu trayectoria histórica personal.
Todas las vidas antes que tú y después que tú.
Todos los escenarios, los manifestados y los potenciales.
Así que todo está aquí:
cuando parece que aún estás
y cuando parece que ya no estás.
El milagro de la vida y la muerte, la "ley universal".
Nam Myoho Renge Kyo.




lunes, 9 de febrero de 2026

La presencia.

 



La luna llena en el marco de las vidrieras de la galería,
alzándose desde el lecho de mar.
Es el tiempo de la luna.
Al otro lado, el futón para el descanso con vistas a la montaña.
Aquí la iglesia iluminada coronando la cima de la montaña, como una antorcha encendida.
Y la voz del viento.
En su paseo celeste nocturno, la luna llegará al horizonte de montañas
y proyectará sus haces plateados por los balcones,
acariciando los edredones sobre el futón
y sacándola del sueño, antes del amanecer.
Las palomas, gaviotas y tórtolas madrugan con ella para despedir a la luna
antes de que se acueste en su lecho de montañas
y darle la bienvenida al sol que emerge del océano
y abre las puertas al nuevo día.
Una noche más.
Un día más por delante, que espera vivir despierta.
La Presencia.