domingo, 4 de octubre de 2026

Sobre la felicidad absoluta y la felicidad relativa.

 


Cuando sale el tema de la felicidad en las conversaciones es bastante habitual que surjan comentarios del tipo "Yo en la felicidad no creo, solo hay momentos", o bien "La felicidad no importa tanto, lo que importa es la funcionalidad en la vida diaria", "La felicidad está sobrevalorada", y cosas así.
Esto la hace recordar su viejo mantra de adolescencia y juventud:
"La felicidad no es importante, lo que importa es la sabiduría".
En su trayectoria vital (especialmente en la infancia) había enfrentado algunas experiencias de pérdidas importantes y duelos que la llevaron a decidir a muy temprana edad que lo que importa es ser fuerte, aprender a adaptarse a las nuevas situaciones, seguir adelante.
Lo que importa no es la felicidad sino la sabiduría.
Entonces sonó esa canción en un concierto en el Casal de La Floresta.
Bailaba, muy distraída de consideraciones profundas, cuando escuchó:
"Si tú no tienes felicidad, de sabio no tienes ná".
Y fue como una realización inesperada, en el sitio y el momento menos "espiritual".
Desde entonces pone tención en su experiencia de "felicidad" en cada momento,
especialmente cuando parece que las cosas no van bien.
Es como la prueba del algodón de la sabiduría.
Si tú no tienes felicidad, de sabia no tienes ná.

Su amigo insiste en que la felicidad no existe, solo hay momentos de bienestar
que luego se esfuman.
Es lo que ella considera la "felicidad dependiente" o felicidad relativa.
Esos momentos de paz o alegría momentánea cuando se cumplen tus deseos
(consigues un trabajo o una pareja que perseguías, apruebas un examen,
te compras algo que te gusta, te deja de doler la espalda
o te reconcilias con alguien que quieres en tu vida).
La felicidad que depende de que algo ocurra o no.
Y también está la felicidad absoluta, que ocurre porque sí, en cualquier circunstancia,
incluso si no te toca la lotería, si pierdes el móvil o te rayan el coche 
o te diagnostican una enfermedad.
Esa actitud que pasa por la vida como una aventura contemplativa,
la celebra porque es lo que se manifiesta, en cualquier situación,
consciente de la transición.

Y luego está ese puente entre la felicidad absoluta y la felicidad relativa.

Cuando decides poner la atención en las cosas que te hacen feliz
también sigue siendo una felicidad dependiente o relativa;
no depende de lo que aparece sino de lo que evocas,
y eso ya te otorga cierta libertad.
Pero aún dependes de algo.
Todavía en esa dualidad.

Aun así, es un paso que no hay que despreciar.




domingo, 20 de septiembre de 2026

Lluvia de bendiciones.



Después de la lluvia del día el cielo se viste de tonos rosados y naranjas, azules y grises.
Y el aire multicolor invade el estudio, de balcones abiertos.

Aquella vez compartía con sus amigas una comida en una terraza de Cabo de Gata.
Una paella y un buen vino en las copas, todo era motivo de celebración.
Y entonces apareció ese dolor como navajas en el vientre.
Los vómitos, los intestinos inmovilizados.
El dolor agudo como puñales.
Alguien dijo, hay que ir a Urgencias.
Y echaron a andar por el paseo marítimo camino del coche.
Y entonces aquella explosión de fuego en el cielo y en el aire, teñido de rosas y violetas,
envolvente.
Se tumbó en un banco a contemplar el milagro.
"Niña, qué haces ahí? Pero no te estás muriendo?"
Ella sonrió, sin fuerzas para dejar oír su voz:
Si me estoy muriendo, éste es un lugar tan bueno como otro cualquiera.
O quizás no hay otro mejor.

Aun en la muerte, o en el dolor profundo, 
aun entonces puedes percibir los milagros que te rodean.
Las lluvias de bendiciones.

Que sea capaz de contemplarlas, y celebrarlas,
también en el momento de la partida.



viernes, 18 de septiembre de 2026

La iluminación no pasa por el especismo.

 


Cuidado con caer en el especismo,
otra manifestación más del egocentrismo y la separación discriminatoria.
Ha habido épocas (o quizás hoy todavía) en que algunas religiones consideraban que las mujeres no tenían alma
y no podían acceder al reino de Dios.
O que los animales no tienen la posibilidad de manifestar la iluminación.
Y qué decir de las plantas, o el reino mineral.
Sólo los seres humanos disponen de las condiciones, desde algunos puntos de vista.
Los únicos "bodisatvas de la tierra",
compartiendo todos ellos sin excepción la semilla de la budeidad,
más o menos oculta pero latente.
Personalmente, no encuentro bodisatvas más ilustrativos que los árboles, y por extensión el mundo vegetal.
Las plantas absorben el dióxido de carbono para su propio alimento, lo transforman
y lo devuelven convertido en oxígeno.
Realizan la práctica budista de tomar y dar, naturalmente y sin esfuerzo.
Toman el veneno que producimos (especialmente los seres humanos pero no sólo ellos)
y lo convierten en el oxígeno que permite la supervivencia de millones de especies vivas,
incluida la especie humana.
No tienes que buscar budas inspiradores, héroes y heroínas,
ahí están las plantas, rodeándote, envolviéndote, permitiéndote vivir.

Si quieres sentirte en una Tierra Pura no hay lugar para la discriminación, o la separación.
Todo es el cuerpo de Dios.
El Nirmanakaya, Buda manifestado en todas sus formas, infinitas.
El loto es el cuerpo de Buda
y las aguas estancadas de donde surge también.
Su hogar, su santuario, sus nutrientes
(las diferentes situaciones que aparecen en tu vida,
a veces te gustarán más, otras menos)
son el cuerpo de Buda.
Quién te dice que el océano no es el cuerpo de Dios?
O el agua evaporada en el aire, las nubes, la lluvia que permite la vida.
Todo es el cuerpo de Dios.
El Nirmanakaya.
Y no hay lugar para la separación. O para la discriminación.
Y el orgullo, la arrogancia,
que me separan para ganar privilegios,
nunca nace de la sabiduría.





PD:

Cuando hablo de la preciosa humana no estoy diciendo "la superior existencia humana".
Me refiero a la existencia que conozco, la que habito en estos momentos.
Las condiciones de que dispongo aquí y ahora
para comprender, para las realizaciones, para la liberación.
Cuando contemplo a la gata de mi hija o la de mi amiga
puedo pensar que están en un nivel zen muy superior al mío,
pero quizás es solo una percepción. O no.
Eso no quiere decir que no considere
la preciosa existencia gatuna.
Y me sirve como inspiración.
Quizás como cualquier imagen de Buda, o incluso más.
Todas las formas manifestadas cuentan con sus condiciones
y sus posibilidades,
estoy convencida de ello.
Pero la que a mí me toca aprovechar
es la experiencia que habito,
esta preciosa existencia humana.
Y no hay contradicción.





jueves, 10 de septiembre de 2026

La preciosa existencia humana.

 


La visita del otoño.
El cielo cubierto, el aire en las plantas de las terrazas
y colándose por el balcón.
Un día perfecto para andar los dos caminos:
la subida en la montaña, verde, húmeda, revitalizada, desprendiendo sus aromas,
y el baño en el mar,
nadar en la piscina bajo un techo de nubes y vuelos de gaviotas.
El mismo aire que hace danzar las hojas en sus ramas la empujó a la inmersión en el mar,
cuando el cuerpo se hace menos pesado y parece que se diluye en parte,
como agua vertida en agua.
La playa desierta, el escenario vaciado.
El mismo océano, de las mil caras.
La visita del otoño, abriendo paso al invierno,
cuando su relación con el mar se hace más privada y profunda
cuando parece que manifiesta su ser más oculto.

Anoche mismo salía del cine y la recibió en la calle una oleada de aire caliente,
el abrazo del verano, todavía,
como un desafío al vértigo del paso del tiempo.
Celebró la presencia persistente del verano y todas sus evocaciones.
La noche sin embargo fue inquieta.
Percibía movimientos en el cosmos, aproximándose.
Más tarde la lluvia suave como una nana, acunándola. Y aun así inquieta.
Y luego la tormenta.
Y luego nada, el silencio, la quietud.
El gris apacible.
La bicicleta por el puerto al mar, del mismo color que el cielo,
hoy sin horizonte que les separe.

Recuerda aquella vez que fue a visitar a una amiga enferma.
Previsiblemente al final del trayecto, este tramo le estaba resultando muy duro.
"Cómo me arrepiento de no haber aprovechado el tiempo para realizar la vacuidad!",
dijo, con una voz débil, apenas audible.
"Sed diligentes", dice Thich Nhat Hanh,
que dice que dijo Buda Shakyamuni también en el momento de su paso al nirvana.
Llegada a este punto siempre retoma la inspiradora meditación en la preciosa existencia humana.
No sé otras, pero esta experiencia humana tiene el gran valor, el gran sentido,
de ofrecerte la oportunidad de comprender de qué va esto.
Y de decidir.
¿Optas por la adicción al sufrimiento?
Perpetuar, cronificar, instalarte en samsara, como una zona de confort.
¿O bien eliges la liberación, la celebración, la vida tal como es,
la vida/muerte, de nadie, del no-yo?
Quién vas a ser en este sueño?
Aún estás a tiempo de decidir,
mientras habites esta preciosa existencia humana.




viernes, 4 de septiembre de 2026

El dedo que señala la luna es solo un dedo.

 


Que el mapa del tesoro no te distraiga.
Que el dedo que señala la luna no se lleve toda tu atención.
El dharma son las enseñanzas, sí,
pero sobre todo es tu experiencia, tu realización personal.
Una imagen de Buda, el gohonzon, sólo son recordatorios externos,
el dedo que señala la luna, no la luna misma.
Que no te despisten.

"Si encuentras a Buda, córtale la cabeza",
dicen que dijo el maestro Linji.
Que una realización (esa visión reveladora) no se convierta en un concepto.
Cuando una barca te ayuda a cruzar a la otra orilla,
luego la dejas allí mismo, justo al llegar,
no la cargas el resto del viaje.
Que el mapa del tesoro no te impida ver los tesoros allí donde estás.

Cuando abrió los ojos esta mañana ya sabía la hora sin mirar el reloj.
Aún el silencio, cuando los pájaros no han alzado su canto para recibir al sol.
Los sonidos del silencio, la luz que desprende la oscuridad 
de ese preciso instante.
No necesitaba una brújula par saber donde estaba.
Rodeada de tesoros como una lluvia de bendiciones.
La luna decreciente aún alta en el cielo despejado, acompañándola en su baño en el mar.
El fresco del amanecer en la piel, el tahini recién hecho, las fresas, el café.
Los tesoros ya, aquí mismo.
No hay que esforzarse demasiado para comprender el mapa, la búsqueda;
el tesoro no está al final del camino.
Está aquí mismo.





sábado, 29 de agosto de 2026

El viaje continúa, de vuelta a casa.

 


Las 22,20h.
La noche oscura y desierta, en tierra de nadie.
Una hora esperando el tren, el andén vacío.
Seguramente habría sido mejor buscar otra vía de regreso.
O no.
En tierra de nadie se impone la quietud y la contemplación
de lo que acontece.
Ya pasa de las 22,22h.
Está cansada, y pesada.
El día le sentó regular, piensa.
Pero también aparecieron cosas para celebrar.
Las 22,23h y llega el tren.
La luna llena.
La luna llena en el trayecto de la masía al tren.
La luna llena.
La masía.
Dentro de la sala de meditación, el tantra.
Retiro de alto yoga tantra.
Silencio. Concentración.
Tocando la mente iluminada.
La luna llena. La masía. El tantra.
Todo se ha quedado allí.
Y yo qué me traigo?, se pregunta.
La luna llena (se viene con ella,
al otro lado de la ventanilla del tren).
El tantra.
La masía.

Lo ha visto todo pequeñito.
En su memoria era más grande.
Como cuando, de adulta, vuelves a las calles de tu infancia,
donde tenían lugar los juegos y todo lo demás.
Como si los escenarios hubieran encogido.
La entrada al templo era más pequeña que en el recuerdo.
La sala de meditación acogía a un público reducido.
Los pasillos a los lados, que tantas veces recorrió, se habían acortado.
Y el comedor, qué había pasado con el comedor? Acaso era otro?
Y la terraza, lo mismo.
¿Fue allí donde se celebraron tantos encuentros multitudinarios?
Lo que la maravilló fue el paso confiado de las familias de jabalíes, entre las mesas,
entre las habitaciones dispersas en el exterior.
Esa convivencia sin conflicto.
Esa presencia era nueva.

Qué se lleva consigo?
La luna llena.
La masía.
El tantra.
La inspiración.
Las antiguas experiencias de plenitud, renovadas.
Renovadas todas las iniciaciones que atravesó.
Más que una lluvia de bendiciones, una tormenta
que arrastra lo que tiene que arrastrar,
movilizadora.

Otro viaje.
La esperaba otro viaje, de vuelta a casa.




jueves, 27 de agosto de 2026

Celebrar la vida.

 


Celebra esta vida que se manifiesta y alza su taza de café al cielo decorado de nubes blancas de algodón.
Celebra el aire suave en la piel a la sombra de la mañana, en el terrado;
el canto de la tórtola al vuelo, al aterrizar.
El sonido del saxo tenor volando desde algún balcón vecino al suyo.
Celebra el sabor del mango deshaciéndose en su paladar.
En aquella ocasión, la maestra dijo:
"M. está borracha de bendiciones".
Así se siente hoy también, después de verla, en su templo.
Le gusta saber que existe, lo celebra.
Celebra la luna llena en el trayecto a casa, cuando la casa de ella
ya no es su casa.
Incluso celebra el cansancio, tan abatida.

Dejó al amigo en su templo, a sus cuidados.
"Ya veo que al final del camino vas a tocar la iluminación", le dijo, en tono de broma,
y él se rio.
Incluso ella misma la ha tocado, tanto amor.

Celebra la vida que aparece en su vida.
El canto flamenco de alguna radio,
la voz rota, femenina, desplazándose en el aire.
Pedalear por el puerto cuando las nubes amables se interponen
y la protegen del sol;
el baño en el mar al amanecer;
nadar como una meditación, en la piscina,
contando como respiraciones los largos que van y vienen.
Celebra la inspiración que le regalas, saber que existes.
Regresará a verte,
como una fuente que nutre su energía
más sagrada.





martes, 25 de agosto de 2026

El viaje como una peregrinación.

 


La rutina, a veces, tiene el poder de marchitarte un poquito,
como las flores cuando pierden su frescor.
Por eso va bien salir de tu zona de confort;
como en un viaje, por ejemplo.
Hay muchos tipos de viajes, geográficos también.
Cuando sales de tu mundo conocido y exploras algún otro que te resulta "exótico",
con un sistema de vida diferente, donde no sabes tantas pequeñas cosas esenciales de la vida diaria,
te das cuenta de que dependes en gran medida de la amabilidad de la gente.
Y cuando regresas a tu casa observas que sonríes más,
eres un poco más paciente que antes
y quizás causas menos conflictos por pequeñeces.
También puede que mires tu entorno con otros ojos, como la viajera con la que te cruzas por la calle
y ve lo que tú ves por primera vez,
percibe los olores del nuevo lugar, los colores, la luz,
incluso el paisaje celeste.
No es el mismo cielo el que contemplas en Barcelona que el de las altitudes de Shianggelila, por ejemplo;
los dos son hermosos, pero diferentes.

Caminando por los pueblos semidesérticos del lago Erhai, una niña de la etnia naxi salió a la puerta de su casa y nos miraba como a extraterrestres.
Su madre, originariamente del Himalaya, salió y nos invitó a ver su casa.
"Pienso que si venís de tan lejos, atravesando tantos kilómetros, molestias e incomodidades
es porque os interesa conocer nuestra cultura", dijo.
No fue la única que nos invitó a conocer el interior de su casa y sus costumbres.
Pensé que su concepto del turismo y el mío, residente en Barcelona, también eran diferentes.
Pero asumí la lección.

Estoy contenta de volver a casa, aprecio mucho la rutina que conforma mis días,
los templos que habito,
pero haré lo posible por no perder la bondad que he contemplado,
la confianza, la generosidad.
Que me impregne, que se quede estabilizada en mi mirada,
en el río que corre por las venas, en los tejidos
de este cuerpo.
Que no se diluya.
Si es posible.



jueves, 16 de julio de 2026

La oración.

 


Todo el mundo reza,
solía decir el maestro cuando alguien le comentaba que lo suyo no era la oración.
Todo el mundo reza, decía Rabjor:
"Que me toque la lotería", "Que apruebe el examen", "Que mi equipo meta un gol"...
Todo el mundo lanza al universo fuertes deseos, de vez en cuando.

En los últimos tiempos ella se descubría invocando la energía vital.
Deberías precisar más, identificar objetivos más concretos,
le sugerían algunas personas con más experiencia en la práctica.
Pero ella sentía que no había nada más concreto que la energía vital.
La energía vital le daba alas, como en el anuncio.
Confianza, alegría. Coraje.
Con energía se sentía capaz.
En la vida y en la muerte: la entrega, "hágase tu voluntad".
Lo contrario, cualquier resistencia, es irracional, la batalla perdida.

"Myoho", en el budismo Nichiren del Sutra del Loto,
se refiere a la "ley universal que rige todos los fenómenos de la vida/muerte".
(Entre los significados del ideograma Myo:
mística, insondable, universal, pero también vida;
ho: ley, y también muerte).
Myoho se refiere a la inteligencia de la Vida, que se manifiesta en todos los fenómenos
(aparecen cuando se dan las condiciones y desaparecen de la misma manera),
tanto en tu trayectoria personal cotidiana como en el Cosmos.

Otras tradiciones budistas lo llaman "Dharma",
para referirse tanto a las escrituras como a tu experiencia personal
y al acontecer de la vida/muerte.
Buda no inventó nada, y nunca reclamó derechos de autor.
El budismo (despertar) simplemente se refiere a eso: ver, comprender
cómo funciona el maravilloso acontecer de la Vida
manifestada en todos los fenómenos.

Myoho, Dharma. En el cristianismo lo llaman Dios
y en otras tradiciones de otra manera.
Yo diría que todas esas designaciones se refieren más o menos a lo mismo.
El peligro reside en la mente conceptual, cuando cosifica Eso sin nombre
a partir de todos sus nombres.
Por eso el maestro Linji decía:
"Si encuentras a Buda, córtale la cabeza".
Si empiezas a ver a Dios como un hombre barbudo que habita en las nubes,
córtale la cabeza.

A veces, ponemos a prueba nuestra fe en las oraciones de corto alcance,
pequeños deseos egocéntricos, para mi bienestar y de los míos, de lo mío.
Y la hipnosis se refuerza (en budismo se le llama ignorancia),
esa abducción kármica.
Hasta que empiezas a identificar tu yo como algo más grande,
la Vida misma, Myoho.
Daisaku Ikeda dice:
"No se encierren en su propio caparazón,
esfuércense en los proyectos más elevados,
con el deseo de ayudar, contribuir a la sociedad
y al género humano".
Y a todos los géneros también.

Hacerse grande hasta disolverse
como agua
vertida en agua.





sábado, 11 de julio de 2026

Sobre el miedo (2)

 



Quien dijo aquello de "Yo soy yo y mis circunstancias"
también podría haber dicho "Yo soy yo y mis miedos".
Aquello a lo que le tienes miedo casi nunca está aquí, sólo lo evoca.
Temes a ciertas posibilidades de futuro.
En el caso de que se manifiesten, nunca es tan duro como en tu imaginación.
Y tú nunca eres tan débil como crees.
Todo lo que se manifiesta lo afrontas.
Raramente algo te tumba,
excepto lo que creas en tu imaginación, que te debilita hasta desfallecer.






domingo, 28 de junio de 2026

El miedo.

 


Si el miedo te conduce a la muerte, a hacer la paces con la muerte,
entonces el miedo es un buen aliado.
No porque te ayude a evitar lo inevitable,
no tanto porque el miedo te ayude a prevenir posibles riesgos y te proteja,
como suele decirse,
sino porque te reconcilia con la vida/muerte
(también lo llaman "myoho", la ley universal),
cuando no tiene sentido oponer resistencia, que solo empeora las cosas.

El miedo también puede ser un aliado, si lo exploras a conciencia.
Miras a tu alrededor, ves lo que es la vida que percibimos:
una sucesión de apariciones y extinciones,
y el acontecer sigue aconteciendo, imperturbable.

Cuando consigues ver a Dios en todo lo manifestado,
un retiro es una luna de miel;
despertar al día, o la noche, un abrazo;
el dolor físico o cualquier dificultad, un entreno que te hace más fuerte,
cuando el dolor y la dificultad desaparecen 
y se convierten en un paseo inspirador.
Y la muerte "el abrazo supremo" tántrico, la unión definitiva,
cuando sueltas la mochila de conceptos (ese yo tan pesado)
como una piel muerta
y te disuelves feliz, "como agua vertida en agua".

El miedo, si lo investigas a fondo, 
puede conducirte a la liberación.




domingo, 14 de junio de 2026

La práctica de comer.

 


Quedar para comer no es un acto social, sin más.
Es un encuentro, un compartir, una comunión, una celebración de acción de gracias.
Como una eucaristía.
No siempre lo vas a vivir en su plenitud, probablemente;
oscilan los niveles de conciencia y presencia,
según las condiciones del momento (mayormente internas y personales).
Pero es importante no olvidar que un encuentro para comer puede ser todo eso.

Previamente, en casa, cada persona prepara el plato que quiere aportar,
hace las compras o busca los ingredientes en su huerta
y los cocina con amor.
Mucha gente comenta que cocinar es un acto de amor. Lo es.
Cuando llegamos al lugar de encuentro (la casa de alguien del grupo, que la ofrece también con amor),
continúan los preliminares.
Todo el mundo colabora preparando la mesa, como una ofrenda.
Con orden y limpieza creamos un hermoso cuadro, como un mandala de arena
que unos minutos más tarde desaparecerá.
En los preliminares, mientras preparamos la mesa, como un altar,
nadie mete la mano en los platos ("Voy a probar las croquetas",
"Qué ricas las aceitunas!", "Qué hambre tengo!").
No abrimos la puerta a la avidez ni a los apegos,
ni al egoísmo del "yo primero".
Disfrutamos de los preliminares, los preparativos, la creación.

Cuando todo está preparado y todo el mundo se ha sentado (incluida la persona anfitriona),
quizás alguien lea las cinco contemplaciones de Thich Nhat Hanh, como un recordatorio.
"(1) Esta comida es un regalo del universo entero:
de la tierra, del cielo, de numerosos seres vivientes
y del trabajo arduo y amoroso de muchas personas.
(2) Comamos con gratitud y plena consciencia para ser dignas de recibirla.
(3) Reconozcamos y transformemos nuestras formaciones mentales insanas,
especialmente la avidez,
y aprendamos a comer con moderación.
(4) Mantengamos viva nuestra compasión,
de forma que reduzcamos el sufrimiento de los seres vivos,
dejemos de contribuir al cambio climático
y ayudemos a curar y preservar nuestro precioso planeta.
(5) Aceptamos este alimento con el fin de nutrir nuestra hermandad,
construir nuestra comunidad
y alimentar nuestro ideal de servir a todos los seres."
Seguidamente brindamos, "Salud!".
Y a celebrar.

Si no cuentas con ningún texto o frase inspiradora,
puedes pasar directamente al brindis de celebración,
con tus mejores deseos y presencia.
Una forma como cualquier otra de bendecir la mesa.

Durante la comida, intentamos mantener conversaciones nutrientes,
que eviten las confrontaciones y disputas.
No queremos digerir malos rollos.
Porque con el bocado que te llevas a la boca,
también te alimentas de las emociones latentes.
Intentamos estar presentes, celebrar,
saber de las personas con las que nos encontramos;
hablar con palabras amorosas, desde el corazón
(sin ideologías, políticas, religiosas o de cualquier otro tipo,
que nos puedan alterar o separar),
y en una respetuosa escucha profunda.
No interrumpimos ni queremos tener más razón.
Queremos aprovechar la ocasión del encuentro para estrechar vínculos,
para estabilizar y profundizar en el amor.
Dentro de un rato, quizás un par de horas, tres o las que sean, nos vamos a separar
y queremos disfrutar el tiempo al máximo
y cuidar la estela que nos dejará en el recuerdo.


Se dice que cocinar es un acto de amor, y lo es.
Pero comer también es un acto de amor, una experiencia física, un intercambio.
El planeta en tu plato, así como la energía de las comensales,
se disuelven en ti y tú te disuelves en ella.
Eso en cuanto a las comidas en grupo,
que pueden ser mucho más que un mero acto social.
En solitario es aún más fácil
(quizás con menos riesgo de confrontación y conflictos,
si no aparecen pensamientos saboteadores).
A solas puede ser un acto de amor con Dios, 
manifestado en el plato y la copa (esa eucaristía).
En grupo es un acto de amor con Dios manifestado en el plato y la copa
y los seres que te acompañan.

Quedar para comer puede ser mucho más que un simple encuentro social,
es un acto de amor sagrado.




domingo, 7 de junio de 2026

La ley universal.

 


Como la luna. También la luna.
Ahora decreciente, día a día, noche tras noche, más cerca del final,
cuando parece que desaparece.
Parece que no está.
Y entonces ahí está, otra vez,
como un hilo fino, creciente.
Día a día, noche a noche, más cerca de la plenitud.
Y luego decreciente.
Cambian las condiciones, crece o decrece,
parece que está y parece que no está.
Pero la luna es la misma, siempre está ahí.
Visible o invisible para mis ojos, creciente o decreciente.
Igual la vida. Y la muerte.
Y todos los fenómenos, los seres, las situaciones, las vivencias.
Como un juego de magia. Jugando al escondite.
A veces el asombro.
Y a veces el cansancio, la llamada de la disolución.
Y a veces el asombro
en la disolución misma.




sábado, 23 de mayo de 2026

El aburrimiento.

 


El día es largo y vacío, tan lleno como en un retiro.
Qué hacía ella en esos retiros de semanas enteras en soledad?
El día por delante, abierto, lleno de posibilidades.
"Vacío" siempre significó "tan lleno".
Algún libro para leer, como una guía.
La libreta para escribir.
Los ojos para contemplar. Los oídos para escuchar la voz de la vida.
La piel para sentir el aire y el sol, o la luna, el abrazo.
El olfato para respirar el cosmos y sus manifestaciones:
el tomillo, el romero, los átomos de cuerpos distantes,
la primavera quizás, los efluvios de la tierra.
El paladar para degustar las ofrendas en la mesa, o en el camino,
cuando el amigo recogía los madroños maduros en los árboles
y se los obsequiaba en la palma de la mano.

Imagina que de repente la programación del día en la agenda echa a volar como fuegos artificiales,
los eventos previstos se desconvocan y tú decides no dar forma a un plan B,
desplegado el variado abanico de posibilidades.
Dices "aquí me quedo".
A navegar el no-hacer, quizás el aburrimiento, el día, tan largo, cuando nada lo ocupa.
Como en un retiro.
Simplemente vivir, presente.
Consciente, de la respiración, ese intercambio con el cosmos;
consciente de este cuerpo en vías de reparación, sin interferencias,
y de este cuerpo más grande, el aire en las hojas de las plantas en los terrados,
el planear de las gaviotas, las tórtolas en el balcón.
La voz del viento suave se une a los trabajos mundanos,
el motor del mundo, imparable.

Lo que tú llamas aburrimiento para mí es un cofre lleno de tesoros.
Cada evocación del aburrimiento, cada aproximación,
anuncia un parto nuevo.

En el espacio azul ya comienza a dibujarse la primera línea de luna creciente.
La luna creciente.





domingo, 17 de mayo de 2026

Sobre el coraje y la visión clara.

 


Domingo. Soleado. Primavera. El aire suave en las plantas.
Coreografías de los pájaros, y cantos.
Hay piernas que caminan por la montaña, pedalean
y nadan en el mar o en la piscina.
Y hay piernas débiles, que no sostienen, pierden el equilibrio
o pasean en sillas de ruedas empujadas por manos firmes.
Y hay manos temblorosas, deformadas y doloridas por la artritis, o por cualquier otra cosa.
Y hay cuerpos frágiles que no se mantienen sentados
y se abandonan en camillas, en los hospitales,
y no echan de menos el aire libre, indiferentes al sol de primavera
o la lluvia o el viento.
Todos los mundos están en este mundo y todos los reinos en esta vida.
El infierno y la libertad, el disfrute, el dolor,
el desánimo, la indiferencia.
En este viaje lo tocaremos todo, o casi todo: el amor, la hostilidad,
la admiración y el rechazo, la crueldad y la generosidad.
Todo será manifestado.
La cuestión es cómo pasarás por ello,
si lo vivirás con ecuanimidad y abrazos de bienvenida
o con la inquietante mirada dual de apegos y aversiones,
aportando más dolor al dolor, si lo hubiera. Cuando aparezca.
Hoy toca la vulnerabilidad y mañana la ilusión de ser intocable.

Que el coraje y la visión despierta te acompañen
en cualquier circunstancia.





viernes, 1 de mayo de 2026

Sobre la arrogancia.

 


Algunas religiones tienen el compromiso, incluso la misión, de apostolar -con diferentes nombres.
Es bien conocida la agresiva evangelización histórica del cristianismo en el mundo.
Pero no es la única.
Oficialmente se supone que se trata de un convencimiento profundo de poseer la única verdad
y conducir a las personas a su salvación, incluso contra su propia voluntad,
y aunque les vaya la vida en ello.
La salvación del alma por encima de la salvación del cuerpo, en muchos casos,
y de la libertad de pensamiento, y la libertad de elección.
En teoría, esta insistencia dogmática se realiza por tu bien, con la mejor de las intenciones,
para que puedas ser feliz en el camino correcto
y también para construir un mundo mejor.
Aunque también podría haber algo de aspiración de poder, en algunos casos.
A mayor número de fieles, más poder social, económico y político. Mayor control.

En esta tendencia generalizada, de vez en cuando aparecen algunas excepciones,
como la respuesta del monje zen vietnamita Thich Nhat Hanh cuando, en una sesión de enseñanzas y meditación, un joven le expuso su disgusto, e incluso resentimientos, hacia la religión católica a la que pertenecía por nacimiento y cultura, y expresaba sus deseos de hacerse budista.
El maestro hizo un ligero gesto de desacuerdo y le animó a que antes que nada se reconcilie con su propia tradición.
Es importante sanar nuestras raíces y nuestra relación con los ancestros, familiares, culturales y espirituales -dijo.
Una vez que hayas comprendido y sanado tus quejas y rencores, entonces podrás elegir libremente un camino espiritual que se adapte a tu momento.
Thich Nhat Hanh no se mostró proselitista ni captador de adeptos.
El Dalai Lama tampoco, cuando le hicieron una pregunta similar.
Concluyó diciendo que "su religión es el amor",
y es irrelevante si desde ese amor la persona se considera budista,
musulmana, cristiana o cualquiera que sea la etiqueta o su vía de práctica.

Tengo una amiga que repite a menudo la expresión "Sé la luz".
Allá donde estés, en la familia, en el trabajo, en el barrio o en las actividades de ocio,
sé la luz.
Sé el ser humano que quieres ser en el mundo en el que quieres vivir, aquí mismo, ya mismo.
Y si le sirve de inspiración a alguien, y decide explorar tu camino, que lo haga.
O quizás se animará a profundizar en el suyo propio, con aspiraciones muy similares.

No es indispensable atraer a más socios a tu club.
Y si crees que ésa es tu misión, quizás te estás colocando en una posición de superioridad
que, lejos de atraer, distancia.

He conocido algunas tradiciones espirituales a lo largo de mi trayectoria
y en todas ellas a practicantes "seniors", personas con largos años de experiencia.
Si me preguntas qué actitud despertaba mi admiración, y mi inspiración,
te diré que la humildad, en primer lugar.
Y también la capacidad de servicio.
En ningún caso ha sido la arrogancia de la autoridad de la "antigüedad" como miembro de la casa.
No ha sido el "yo sé", "yo estoy en posesión de la única Verdad",
"yo te voy a explicar cómo son las cosas", "yo te voy a salvar".
Ha sido la humildad y la mirada amorosa
que no necesita convencerte ni arrastrarte a ningún sitio.
"Aquí hay nivel", pensaba yo sobre la persona en cuestión. "Su práctica parece que funciona".
Y a veces mi curiosidad: Veamos de dónde se nutre, cuáles son sus fuentes.

Daisaku Ikeda habla de "los tres enemigos peligrosos":
los monjes y monjas arrogantes,
los laicos arrogantes
y los falsos venerables arrogantes.
En definitiva, guárdate de la arrogancia, de la ilusión de superioridad, allá donde estés
-se recuerda a sí misma.
Y presta atención, porque la peor de todas
es la arrogancia propia.




sábado, 25 de abril de 2026

El encuentro con Dios en la vida diaria.

 


Cuando la recibió la hermana Estrella la encontró bellísima, resplandeciente.
Luego la monja le confesaría, con una sonrisa cómplice en la mirada, que estaba enamorada.
De Jesús, de quién va a ser? -sonrió, lo suyo era una sonrisa estable, como parte de sus facciones.
Y cuánto tiempo llevas aquí, de monja de clausura?, le preguntó.
12 años, respondió la hermana Estrella.
¿12 años enamorada?!, exclamó ella.
Cada día más, rio la monja.
Durante los días de retiro en la celda prestada por las hermanas de Belén
tuvo la oportunidad de contemplar la misma alegría profunda en otras monjas del convento de clausura,
como un harén de mujeres libres y felices.

Ella siempre ha admirado el profundo gozo del misticismo.
Por ejemplo, en la meditación.
Luego, cuando hacía el amor, era como continuar con la meditación, más profunda,
en la disolución, en la vacuidad, en el amor universal.
Como agua vertida en agua.
"In love we desappear", dice Leonard Cohen.

Siempre ha admirado el disfrute profundo en la experiencia de plenitud.
En el silencio de los retiros con la sangha humana,
y en los retiros en soledad
con la sangha de aves y plantas, árboles, montañas, nubes, estrellas,
salidas y puestas de la luna y el sol.
La intensidad de la plenitud, el gran gozo de la vacuidad,
la unión con Dios, donde desapareces.
A veces es como una vida paralela, un mundo paralelo,
un universo paralelo.
Una experiencia de transcendencia de lo cotidiano.

Hasta que un día sintió que la auténtica prueba del algodón
tal vez sería encontrar la inspiración aquí mismo,
la belleza aquí mismo, el amor, aquí mismo,
en las formas que aparecen en este mundo, tal como son, sin transcenderlas.
Tocar el nirvana aquí mismo.
Encontrar a Dios en estas calles, en este paisaje,
en las caras y cuerpos con los que se cruza.



En la experiencia mística de transcendencia,
cuando te parece que estás en el camino espiritual,
el amor y el disfrute y la belleza lo tiñen todo, incluso el dolor.
Por ejemplo, un dolor de rodillas en zazen puede ser el abrazo de Dios,
la unión cósmica,
cuando te fundes y desapareces.
Cualquier dificultad en el camino espiritual es una oportunidad más
de gozoso encuentro con Dios, en el peregrinaje.
Entonces, qué sentido tiene establecer separaciones?
Aquí lo mundano, allí lo espiritual.
Aquí samsara, allá nirvana.
¿Y si cada dolor, cada dificultad en la vida diaria, aquí, en este mundo humano,
es una oportunidad también,
para el encuentro con Dios, tocar el nirvana?
Y lo mismo con las experiencias de alegría, de celebración o de paz.
¿Y si cambio la mirada para empezar a ver la Tierra Pura aquí mismo,
el camino aquí mismo?

Como siempre, decidió probar. Y a ver qué pasa.
Traer el camino a este mundo,
la belleza en la mirada para la contemplación de la vida cotidiana. 
Y a ver qué pasa.






viernes, 17 de abril de 2026

La alegría, el sufrimiento.

 




Estar bien puede ser una bendición.
Que no te duela nada,
sentir el cuerpo como un aliado en este viaje, en esta aventura.
Contar con un techo y un espacio
que te protejan del calor, cuando los rayos de sol son hirientes,
o del viento y la lluvia que se despliegan implacables.
Tienes comida en la nevera y en la despensa.
Una red de afectos que te sostiene.
Capacidad de servicio, de ser útil, que le da sentido a tu vida.
Puedes hacer silencio y escuchar el canto de los pájaros al amanecer, y al atardecer, 
tus vecinas de siempre (las gaviotas, las palomas, las tórtolas)
y las recién llegadas, de visita en el barrio,
las golondrinas, los vencejos, los mirlos, las urracas,
que puedes escuchar porque aquí no llueven las bombas.
Ni inundaciones ni incendios.
Estar bien es una bendición.
Si eres consciente, si estás presente,
si tienes la capacidad de apreciar y celebrar.
Pero estar bien también tiene sus trampas, sus riesgos.
Por ejemplo, la soberbia, la arrogancia.
La dificultad (si de da) para comprender otras realidades. La altanería.
El distanciamiento.
El espejismo de un yo separado, superior.
Olvidarte del cuerpo que funciona y no celebrar,
de los regalos de la vida y no celebrar.
Como si fueran parte de ti, por derecho propio.
El reforzamiento del yo que imaginas.
La ilusión de eternidad -de lo que crees ser y lo que crees tener.
El autoengaño, la ignorancia.
La soberbia -repito-, la arrogancia,
la ilusión de superioridad sobre los más "débiles",
olvidando que también son tú misma, antes o después, incluso ya mismo.
La psicopatía que te hace inmune al sufrimiento ajeno, e incluso dañar,
a veces voluntariamente ("que aprendan")
y a veces inconscientemente, pero dañar.

Estar bien puede ser una bendición o una maldición,
depende de como lo vivas, cómo lo gestiones.
Y lo mismo con eso que consideramos "estar mal".
La fragilidad, la vulnerabilidad que te acerca a la experiencia de la muerte,
a la empatía, a la compasión que te hermana con el resto de los seres humanos,
con el resto de seres.
"Así que era esto".
Pongamos que sientes por primera vez un dolor de muelas,
o de lumbares, o los efectos de la quimio,
o la pérdida de un ser querido,
o los celos, el rechazo, la envidia, la ansiedad, la depresión.
"Así que era esto".
Entonces comprendes, no desde la cabeza sino desde el corazón.
Así que era esto.
Y quizás puedes llorar.
No por tu propio dolor, que estás sufriendo en estos momentos,
sino por el dolor compartido.
Así que era esto.
Y entonces, esta experiencia que te hermana
duele menos que como la vivías desde el egocentrismo y la separación.
Duele de otra manera.
De una manera que quizás incluso se acerca al placer,
el amor, la plenitud.

Eso que llamamos "estar bien", o "estar mal",
puede ser una bendición
o una maldición.
Depende de lo que hagamos con ello.




viernes, 3 de abril de 2026

No hay jerarquía ni privilegios entre los bodisatvas de la Tierra.

 


El Sutra del Loto considera que todos los seres son budas en potencia.
En realidad, somos budas en esencia, pero no lo sabemos debido al oscurecimiento mental,
esa obnubilación que genera la ilusión de ser separado.
Todos los seres somos manifestaciones de Buda,
moléculas del cuerpo de Dios. Dios mismo.
Desde este punto de vista, no existe discriminación, jerarquías ni privilegios
entre los seres que habitan este mundo.
Un monje o una monja en su monasterio
no debería ser objeto de devoción superior a cualquier otro ser del planeta,
solo porque haya elegido ese camino.
Es solo un camino, entre otros.
Una maestra en la escuela, cualquier persona en su trabajo,
o en su familia, o en el barrio,
hace la misma función que cualquier persona del clero:
"transmitir valores para la revolución humana" (la iluminación, la budeidad),
para construir un mundo de paz, 
en palabras de Daisaku Ikeda.
Para que la tierra que pisas sea la tierra prometida,
la Tierra Pura.
El paraíso no va a estar en el futuro si no lo empiezas a construir,
si no está ya mismo, aquí mismo.
Y el paraíso terrenal es el único que importa, mientras la Tierra sea tu morada.
Un monje, una maestra o una madre de familia tienen la misma función,
si son bodisatvas de la Tierra.
Y todos los privilegios y jerarquías de poder
o devocionales
están fuera de lugar.

Allá donde estés, hagas lo que hagas,
sé la luz.



lunes, 30 de marzo de 2026

Sin fe podemos caer en la apatía.

 


Persiguiendo el calor del sol, la huella del sol en casa.
Por la mañana en la galería, en la mesa del comedor;
al mediodía en el recibidor, en las habitaciones del pasillo;
por la tarde en el estudio y en su santuario más privado.
Persiguiendo el calor del sol cuando el frío te ocupa dentro.
Persiguiendo el abrazo, de la portada de la libreta de Klimt, como una promesa de confort.
"Sin fe podemos caer en la apatía".
En los tiempos difíciles, la confianza es una tabla de salvación que te mantiene a flote.
De otro modo, la apatía, la rendición.
La rendición como una derrota
guarda en sí misma otra cara de la moneda:
"Hágase tu voluntad".
Y, de alguna manera, es otro camino hacia la fe.
O al menos a la disolución del yo, el orgullo, ese orgullo.
La confianza, cuando echas manos de tus mantras más poderosos:
"Quítate de en medio", "Hágase tu voluntad" (qué otra cosa podría ser?).
Nam Myoho Renge Kyo.
El sutra del Loto, de la Ley Universal.
La rendición.
Fluir sin resistencia, con alegría, en medio de las aparentes adversidades.
Confiar.
Y fluir.
Como agua vertida en agua.

Hay que transformar el karma,
pero que sea con motivaciones colectivas.




martes, 17 de marzo de 2026

El karma como misión.



Llueve.
Las gaviotas no se dejan intimidar y planean en libertad.
Las tórtolas también salen a contemplar el paisaje cambiante,
se paran en sus lugares preferidos en los terrados y cantan.
La lluvia se une al coro con un canto suave, como una canción de cuna. 
Ella camina sin paraguas hasta la estación del bicing
y pedalea por el puerto hacia el mar, hoy menos poblado.
Nadar de espaldas en la piscina exterior,
bajo una coreografía de gaviotas bajo un cielo cubierto de nubes de tormenta
aparece como una contemplación de la vida misma, tan abundante.

A veces la lluvia, a veces el viento,
a veces el sol o la niebla.
La vida no tiene solo una cara.
A veces parece que fluye, a veces que se atasca,
a veces duele y a veces regala caricias, brindis y celebraciones.
Así es desde el punto de vista del yo soñado,
que no deja de ser otra manifestación de Dios, el Dharmakaya.

A veces el miedo, a veces la entrega,
la amenaza o la confianza.
La contemplación del sufrimiento del mundo, que te tumba,
o bien te hace más fuerte, esa misión.

Esa misión.
Recuperar la esencia del linaje.
Pasar por esta aventura llena de piedras en el camino, sin desfallecer.
Piedras en el camino o flores y plantas aromáticas,
no hay una gran diferencia.
Recuperar la Visión.
Y la alegría.

Cuando hace inmersión, el invierno no es tan sobrecogedor
ni la noche tan oscura,
ni el agua del mar es tan fría como la imaginas desde el calor de casa.
La anticipación es lo que duele,
si llega cargada con su séquito de miedos, egocentrismo y debilidad.
Siempre eres más fuerte de lo que crees.
Y las noches oscuras encierran más luces
de las que esperabas.




sábado, 14 de marzo de 2026

El extremo del ir y venir.

 


Desde el punto de vista budista, no existe el ir y venir.
Los fenómenos (las cosas, las personas, las situaciones)
no vienen de un sitio y luego se van a algún otro sitio.
La impermanencia no consiste en ir y venir.
Cómo aparecen las cosas, entonces?
Pues eso: aparecen.
Cuando se dan las condiciones necesarias para que brote la planta, lo hace.
Tiene que estar la semilla, la tierra, los nutrientes, la lluvia, el sol, etc.
(que también han aparecido cuando se dan las condiciones).
Y cuando las condiciones, siempre en movimiento, dejan de estar,
la planta va atravesando otros procesos en base a ese nuevo conjunto de condiciones:
se pone mustia, cae, sirve de nutrientes para otros seres, o no.
La planta no nace y muere, no llega de algún sitio 
y se va a otro sitio.
Y lo mismo con las personas, animales, situaciones, etc.
Cuando se dan las condiciones un fenómeno aparece, un ser,
una persona, por ejemplo.
Si el óvulo estaba presente en el momento adecuado
para abrazar un espermatozoide superviviente,
si ambos eran suficientemente sanos y fuertes,
si la embarazada decide seguir adelante,
si la sangre, el oxígeno, los nutrientes maternos y demás están capacitados,
y un largo etcétera.
Parece que funciona un cuerpo sano, mientras se dan las condiciones, cambiantes,
y cuando las condiciones para la salud y la fortaleza dejan de estar ahí,
el cuerpo podría debilitarse e incluso dejar de funcionar.
Las condiciones son lo que hace que algo aparezca o desaparezca.
Por eso es tan importante prestar atención a las condiciones.
E, incluso, crear las condiciones, cuando está en tu mano,
para conseguir tus objetivos,
por ejemplo la salud física, y mental, la Visión, la fortaleza, la compasión, la bodichita.
El oscurecimiento mental, el miedo, el sufrimiento, samsara,
también han aparecido cuando se han dado las condiciones.

Así que la pregunta es:
Qué condiciones son las que genero?
¿Nutrientes para el miedo o bien para la confianza?
¿Para la experiencia de amenaza, resistencia, rechazo y odio,
o para la experiencia de amor?
¿Para la aceptación ecuánime, que hace posible la Visión,
o el egocentrismo dualista
que produce la nebulosa del oscurecimiento mental?

Decido prestar atención a las condiciones que genero,
a los nutrientes que aporto a la experiencia de esta vida humana.
También lo llaman karma.




lunes, 2 de marzo de 2026

La santidad.

 


Persiguiendo la santidad, el bodisatva.
Como un parto.
Una nueva vida que brota desde dentro.
No persigues nada fuera, no sigues los pasos de un buda externo.
No confundes el dedo que señala la luna con la luna misma.
La luna externa también es un dedo que señala la luna.
Dios como un parto.

Últimamente se fija mucho en las mujeres embarazadas y anticipa el dolor.
Qué las salva? Qué las protege?
Qué mantiene la alegría y la fortaleza en su rostro?
El amor, el sentido de misión.

La santidad como un parto.
Todos los partos son dolorosos, desde el punto de vista del yo que da a luz.
Abrirse a una nueva vida, una nueva manera de vivir,
el espíritu santo, el sambogakaya,
la experiencia del dharmakaya, la experiencia de Dios.
Siento, luego existo.
Persiguiendo la santidad que se entrega a Dios, donde no hay sufrimiento
porque todo dolor es una experiencia de redención, de disolución,
de unidad amorosa.
Una experiencia de amor.
El retorno a la fuente, desnuda.
Despojada de las vestiduras del miedo ya para siempre.
Desnuda y sin pecado,
de regreso al paraíso original.

(Traslación de los 3 cuerpos de Buda a la Trinidad:
Dharmakaya: verdadera naturaleza, el Ser universal, Dios.
Nirmanakaya: la manifestación del dharmakaya, el Hijo.
Sambogakaya: el cuerpo de deleite, la experiencia del dharmakaya, el espíritu santo).

https://reflexionesdeunaestudiantebudista.blogspot.com/2022/03/los-tres-kayas.html




viernes, 20 de febrero de 2026

Vacaciones significativas.

 


El día gris, de un gris claro, luminoso.
El fuerte viento se va a a descansar cuando se abre el día.
Las golondrinas y algunos mirlos se unen al coro habitual.
La agenda vacía, y por eso tan llena, tan abierta.
Un día para cuidarse, para cuidar el día,
para cuidar la vida, para contemplarla.
Un día para caminar sin prisa, para moverse sin prisa.
Que cada inhalación sea sanadora
y cada exhalación purificadora.
Que el karma pesado que arrastro se disuelva ante mis ojos,
que no lo nutra más, que no lo sostenga,
que se difumine en el aire, en el espacio vacío.
Y el miedo con él.
Un día para la presencia, la contemplación y la apertura.
Como un día de vacaciones.
Vacaciones significativas, lo llamaba el maestro.

Que no te asuste el aburrimiento, esa oportunidad de regresar a casa.
Da igual si lo buscas o no, si lo programas en tu agenda o no lo haces,
la vida llega igual cargada de regalos,
algunos te gustarán y otros menos,
pero eso es irrelevante, 
si lo afrontas desde tu refugio,
en la esencia
del Ser
que eres.
Sin distracciones equívocas.