Cuidado con caer en el especismo,
otra manifestación más del egocentrismo y la separación discriminatoria.
Ha habido épocas (o quizás hoy todavía) en que algunas religiones consideraban que las mujeres no tenían alma
y no podían acceder al reino de Dios.
O que los animales no tienen la posibilidad de manifestar la iluminación.
Y qué decir de las plantas, o el reino mineral.
Sólo los seres humanos disponen de las condiciones, desde algunos puntos de vista.
Los únicos "bodisatvas de la tierra",
compartiendo todos ellos sin excepción la semilla de la budeidad,
más o menos oculta pero latente.
Personalmente, no encuentro bodisatvas más ilustrativos que los árboles, y por extensión el mundo vegetal.
Las plantas absorben el dióxido de carbono para su propio alimento, lo transforman
y lo devuelven convertido en oxígeno.
Realizan la práctica budista de tomar y dar, naturalmente y sin esfuerzo.
Toman el veneno que producimos (especialmente los seres humanos pero no sólo ellos)
y lo convierten en el oxígeno que permite la supervivencia de millones de especies vivas,
incluida la especie humana.
No tienes que buscar budas inspiradores, héroes y heroínas,
ahí están las plantas, rodeándote, envolviéndote, permitiéndote vivir.
Si quieres sentirte en una Tierra Pura no hay lugar para la discriminación, o la separación.
Todo es el cuerpo de Dios.
El Nirmanakaya, Buda manifestado en todas sus formas, infinitas.
El loto es el cuerpo de Buda
y las aguas estancadas de donde surge también.
Su hogar, su santuario, sus nutrientes
(las diferentes situaciones que aparecen en tu vida,
a veces te gustarán más, otras menos)
son el cuerpo de Buda.
Quién te dice que el océano no es el cuerpo de Dios?
O el agua evaporada en el aire, las nubes, la lluvia que permite la vida.
Todo es el cuerpo de Dios.
El Nirmanakaya.
Y no hay lugar para la separación. O para la discriminación.
Y el orgullo, la arrogancia,
que me separan para ganar privilegios,
nunca nace de la sabiduría.
Me refiero a la existencia que conozco, la que habito en estos momentos.
Las condiciones de que dispongo aquí y ahora
para comprender, para las realizaciones, para la liberación.
Cuando contemplo a la gata de mi hija o la de mi amiga
puedo pensar que están en un nivel zen muy superior al mío,
pero quizás es solo una percepción. O no.
Eso no quiere decir que no considere
la preciosa existencia gatuna.
Y me sirve como inspiración.
Quizás como cualquier imagen de Buda, o incluso más.
Todas las formas manifestadas cuentan con sus condiciones
y sus posibilidades,
estoy convencida de ello.
Pero la que a mí me toca aprovechar
es la experiencia que habito,
esta preciosa existencia humana.
Y no hay contradicción.



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