domingo, 20 de septiembre de 2026

Lluvia de bendiciones.



Después de la lluvia del día el cielo se viste de tonos rosados y naranjas, azules y grises.
Y el aire multicolor invade el estudio, de balcones abiertos.

Aquella vez compartía con sus amigas una comida en una terraza de Cabo de Gata.
Una paella y un buen vino en las copas, todo era motivo de celebración.
Y entonces apareció ese dolor como navajas en el vientre.
Los vómitos, los intestinos inmovilizados.
El dolor agudo como puñales.
Alguien dijo, hay que ir a Urgencias.
Y echaron a andar por el paseo marítimo camino del coche.
Y entonces aquella explosión de fuego en el cielo y en el aire, teñido de rosas y violetas,
envolvente.
Se tumbó en un banco a contemplar el milagro.
"Niña, qué haces ahí? Pero no te estás muriendo?"
Ella sonrió, sin fuerzas para dejar oír su voz:
Si me estoy muriendo, éste es un lugar tan bueno como otro cualquiera.
O quizás no hay otro mejor.

Aun en la muerte, o en el dolor profundo, 
aun entonces puedes percibir los milagros que te rodean.
Las lluvias de bendiciones.

Que sea capaz de contemplarlas, y celebrarlas,
también en el momento de la partida.



viernes, 18 de septiembre de 2026

La iluminación no pasa por el especismo.

 


Cuidado con caer en el especismo,
otra manifestación más del egocentrismo y la separación discriminatoria.
Ha habido épocas (o quizás hoy todavía) en que algunas religiones consideraban que las mujeres no tenían alma
y no podían acceder al reino de Dios.
O que los animales no tienen la posibilidad de manifestar la iluminación.
Y qué decir de las plantas, o el reino mineral.
Sólo los seres humanos disponen de las condiciones, desde algunos puntos de vista.
Los únicos "bodisatvas de la tierra",
compartiendo todos ellos sin excepción la semilla de la budeidad,
más o menos oculta pero latente.
Personalmente, no encuentro bodisatvas más ilustrativos que los árboles, y por extensión el mundo vegetal.
Las plantas absorben el dióxido de carbono para su propio alimento, lo transforman
y lo devuelven convertido en oxígeno.
Realizan la práctica budista de tomar y dar, naturalmente y sin esfuerzo.
Toman el veneno que producimos (especialmente los seres humanos pero no sólo ellos)
y lo convierten en el oxígeno que permite la supervivencia de millones de especies vivas,
incluida la especie humana.
No tienes que buscar budas inspiradores, héroes y heroínas,
ahí están las plantas, rodeándote, envolviéndote, permitiéndote vivir.

Si quieres sentirte en una Tierra Pura no hay lugar para la discriminación, o la separación.
Todo es el cuerpo de Dios.
El Nirmanakaya, Buda manifestado en todas sus formas, infinitas.
El loto es el cuerpo de Buda
y las aguas estancadas de donde surge también.
Su hogar, su santuario, sus nutrientes
(las diferentes situaciones que aparecen en tu vida,
a veces te gustarán más, otras menos)
son el cuerpo de Buda.
Quién te dice que el océano no es el cuerpo de Dios?
O el agua evaporada en el aire, las nubes, la lluvia que permite la vida.
Todo es el cuerpo de Dios.
El Nirmanakaya.
Y no hay lugar para la separación. O para la discriminación.
Y el orgullo, la arrogancia,
que me separan para ganar privilegios,
nunca nace de la sabiduría.





PD:

Cuando hablo de la preciosa humana no estoy diciendo "la superior existencia humana".
Me refiero a la existencia que conozco, la que habito en estos momentos.
Las condiciones de que dispongo aquí y ahora
para comprender, para las realizaciones, para la liberación.
Cuando contemplo a la gata de mi hija o la de mi amiga
puedo pensar que están en un nivel zen muy superior al mío,
pero quizás es solo una percepción. O no.
Eso no quiere decir que no considere
la preciosa existencia gatuna.
Y me sirve como inspiración.
Quizás como cualquier imagen de Buda, o incluso más.
Todas las formas manifestadas cuentan con sus condiciones
y sus posibilidades,
estoy convencida de ello.
Pero la que a mí me toca aprovechar
es la experiencia que habito,
esta preciosa existencia humana.
Y no hay contradicción.





jueves, 10 de septiembre de 2026

La preciosa existencia humana.

 


La visita del otoño.
El cielo cubierto, el aire en las plantas de las terrazas
y colándose por el balcón.
Un día perfecto para andar los dos caminos:
la subida en la montaña, verde, húmeda, revitalizada, desprendiendo sus aromas,
y el baño en el mar,
nadar en la piscina bajo un techo de nubes y vuelos de gaviotas.
El mismo aire que hace danzar las hojas en sus ramas la empujó a la inmersión en el mar,
cuando el cuerpo se hace menos pesado y parece que se diluye en parte,
como agua vertida en agua.
La playa desierta, el escenario vaciado.
El mismo océano, de las mil caras.
La visita del otoño, abriendo paso al invierno,
cuando su relación con el mar se hace más privada y profunda
cuando parece que manifiesta su ser más oculto.

Anoche mismo salía del cine y la recibió en la calle una oleada de aire caliente,
el abrazo del verano, todavía,
como un desafío al vértigo del paso del tiempo.
Celebró la presencia persistente del verano y todas sus evocaciones.
La noche sin embargo fue inquieta.
Percibía movimientos en el cosmos, aproximándose.
Más tarde la lluvia suave como una nana, acunándola. Y aun así inquieta.
Y luego la tormenta.
Y luego nada, el silencio, la quietud.
El gris apacible.
La bicicleta por el puerto al mar, del mismo color que el cielo,
hoy sin horizonte que les separe.

Recuerda aquella vez que fue a visitar a una amiga enferma.
Previsiblemente al final del trayecto, este tramo le estaba resultando muy duro.
"Cómo me arrepiento de no haber aprovechado el tiempo para realizar la vacuidad!",
dijo, con una voz débil, apenas audible.
"Sed diligentes", dice Thich Nhat Hanh,
que dice que dijo Buda Shakyamuni también en el momento de su paso al nirvana.
Llegada a este punto siempre retoma la inspiradora meditación en la preciosa existencia humana.
No sé otras, pero esta experiencia humana tiene el gran valor, el gran sentido,
de ofrecerte la oportunidad de comprender de qué va esto.
Y de decidir.
¿Optas por la adicción al sufrimiento?
Perpetuar, cronificar, instalarte en samsara, como una zona de confort.
¿O bien eliges la liberación, la celebración, la vida tal como es,
la vida/muerte, de nadie, del no-yo?
Quién vas a ser en este sueño?
Aún estás a tiempo de decidir,
mientras habites esta preciosa existencia humana.




viernes, 4 de septiembre de 2026

El dedo que señala la luna es solo un dedo.

 


Que el mapa del tesoro no te distraiga.
Que el dedo que señala la luna no se lleve toda tu atención.
El dharma son las enseñanzas, sí,
pero sobre todo es tu experiencia, tu realización personal.
Una imagen de Buda, el gohonzon, sólo son recordatorios externos,
el dedo que señala la luna, no la luna misma.
Que no te despisten.

"Si encuentras a Buda, córtale la cabeza",
dicen que dijo el maestro Linji.
Que una realización (esa visión reveladora) no se convierta en un concepto.
Cuando una barca te ayuda a cruzar a la otra orilla,
luego la dejas allí mismo, justo al llegar,
no la cargas el resto del viaje.
Que el mapa del tesoro no te impida ver los tesoros allí donde estás.

Cuando abrió los ojos esta mañana ya sabía la hora sin mirar el reloj.
Aún el silencio, cuando los pájaros no han alzado su canto para recibir al sol.
Los sonidos del silencio, la luz que desprende la oscuridad 
de ese preciso instante.
No necesitaba una brújula par saber donde estaba.
Rodeada de tesoros como una lluvia de bendiciones.
La luna decreciente aún alta en el cielo despejado, acompañándola en su baño en el mar.
El fresco del amanecer en la piel, el tahini recién hecho, las fresas, el café.
Los tesoros ya, aquí mismo.
No hay que esforzarse demasiado para comprender el mapa, la búsqueda;
el tesoro no está al final del camino.
Está aquí mismo.