Celebra esta vida que se manifiesta y alza su taza de café al cielo decorado de nubes blancas de algodón.
Celebra el aire suave en la piel a la sombra de la mañana, en el terrado;
el canto de la tórtola al vuelo, al aterrizar.
El sonido del saxo tenor volando desde algún balcón vecino al suyo.
Celebra el sabor del mango deshaciéndose en su paladar.
En aquella ocasión, la maestra dijo:
"M. está borracha de bendiciones".
Así se siente hoy también, después de verla, en su templo.
Le gusta saber que existe, lo celebra.
Celebra la luna llena en el trayecto a casa, cuando la casa de ella
ya no es su casa.
Incluso celebra el cansancio, tan abatida.
Dejó al amigo en su templo, a sus cuidados.
"Ya veo que al final del camino vas a tocar la iluminación", le dijo, en tono de broma,
y él se rio.
Incluso ella misma la ha tocado, tanto amor.
Celebra la vida que aparece en su vida.
El canto flamenco de alguna radio,
la voz rota, femenina, desplazándose en el aire.
Pedalear por el puerto cuando las nubes amables se interponen
y la protegen del sol;
el baño en el mar al amanecer;
nadar como una meditación, en la piscina,
contando como respiraciones los largos que van y vienen.
Celebra la inspiración que le regalas, saber que existes.
Regresará a verte,
como una fuente que nutre su energía
más sagrada.


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