sábado, 9 de julio de 2022

El asombro ante lo cotidiano.

 


El amigo dijo:
Entiendo la teoría.
Entiendo la importancia del amor
y cómo cambia la experiencia de la vida.
Pero a veces simplemente no está, como un grifo seco.
Por más que lo abras no brota el agua.
Y hasta el grifo mismo acaba secándose, 
como si estuviera a punto de descomponerse en pedazos.
Y sientes que no puedes hacer nada por evitarlo.
La pregunta es:
Cómo enamorarme de lo que aparece en mi vida, con amor radiante, explosivo?
Cómo parar este relato de desinterés
y aburrimiento
por "este mundo"?

Ella pensó que quizás la pregunta estaba mal planteada.
Prueba de esta manera:

Cómo no apreciar este día fresco,
la lluvia suave a ratos,
el piar de las golondrinas y el silbido de los vencejos.
El trayecto por el puerto al mar en bicicleta,
la calle fácilmente transitable, sin muchedumbres de paso.
Tu sonrisa al hablarle a G, para compensar esa tensión que sientes.
La  victoria del amor.
Las nubes viajeras, grises
y blancas de luz al otro lado.
El sonido de la lluvia que de repente estalla, otra vez.
Los vencejos no se acobardan y continúan su vuelo.
El aire un poquito más fresco.
El olor de la tierra mojada.
Los estiramientos en la terraza, frente al mar,
cuidando este cuerpo, tan aliado, tan cómplice.
Cómo no agradecerle a este cuerpo su servicio, 
a tu paso por esta vida.
Entrar en el mar bajo la lluvia fina, 
desplazarte en la piscina, ligera, sin prisa.
Limpiar el cuerpo y la mente bajo una ducha cálida, abundante
y reparadora.

Cómo no darle gracias a la vida por este "no-dolor de muelas",
por estas piernas para caminar montañas,
por estos ojos para ver atardeceres,
la salida y la puesta de la luna.
Por ese cuarto,
por esa cama desde donde se te regala la trayectoria de la luna en la noche,
desde la almohada, sin esfuerzo.
Por este olfato con el que hacer el amor con la lluvia y la tierra,
cuando se funden,
con el cuerpo invisible del romero y la mimosa
y las algas de mar.
El olfato para hacer el amor, para absorber
el cuerpo sutil de otros cuerpos.
El olfato es un órgano aún más poderoso que la piel
que te permite el contacto con el mundo.
La piel te permite el contacto superficial, la caricia, 
el abrazo.
El olfato hace posible la fusión,
la integración,
tú en mí, yo en ti.
Ya sin barreras.


Prueba a contemplar lo que aparece de verdad,
como si fuera la primera vez
(que lo es, la única
e irrepetible),
desde el corazón,
con el asombro original.

Prueba.
Y a ver qué pasa.




sábado, 2 de julio de 2022

La soledad y el amor.

 


La soledad también encierra una oportunidad muy valiosa.
La misma que cualquier otro tipo de relación, o de interacción.
Aprender a amar.

Por un momento, podemos pensar que para eso necesitamos a los demás seres,
y ésa es, de hecho, una puerta.
Pero en la soledad también te relacionas con alguien
y quizás es la relación más complicada de todas,
el reto más difícil.
Aprender a estar en tu propia compañía,
a sentirte suficiente,
aún más, en plenitud,
con ese yo-misma.
Reconocer las luces y sombras sin juicio ni castigos.
Comprender, conocer.
Llegar, a través de esa relación, a la no-relación.
Llegar a Dios.
Al reconocimiento de ser Dios mismo.




Como en cualquier otra relación
(con tu madre, con tu hijo, con tu amiga, con tus parejas),
la soledad te ofrece la oportunidad
de aprender a amar.
Y, después de todo, eres la persona con la que, sin duda,
vas a pasar el resto de esta vida.
Más te vale aprender a conocerla, comprenderla,
ver cómo se disuelven los juicios, rechazos y culpas.
Reírte con ella, con ternura y compasión.

Si todas las demás puertas se cierran, 
siempre tienes una oportunidad para aprender a amar.
La más difícil de todas, el mayor reto.
Así que no tienes excusa.

Y, en cualquier caso, por muchas relaciones que establezcas,
siempre aparecerá el momento en que te tocará estar contigo misma,
al final del día o al principio,
o en el transcurso, en cualquier instante
-a menudo te coge por sorpresa.
El ensayo preciso para el instante final,
tal como llegaste a este mundo.


La soledad es
la prueba del algodón de si el amor del que hablas,
el que dices sentir hacia fuera,
es realmente amor
o requiere otro nombre.
Porque cuando se trata de amor, éste se proyecta en todas direcciones.
No queda ni un solo rincón, 
por oculto que parezca,
al que no pueda llegar.

Y esto te incluye también a ti misma.




miércoles, 29 de junio de 2022

La presencia.

 


El "momento de gloria" aparece en el preciso instante en que acabo de hacer algo:
apago la tele, cierro el libro,
voy por el pasillo de un sitio (lo anterior) a otro (lo siguiente)...
Es decir, en la pausa.
Por qué es solo un instante?
Porque inmediatamente después me pongo a generar otro relato,
me enfoco en otra "acción", otra actividad,
aunque sea solo pensada.



Había ido a ver a su amigo enfermo y éste le dijo:
No necesito nada, precisamente lo único que tengo que hacer es descansar
y no hacer nada.
Todo un reto para mí.
Justo lo contrario de lo que te pasa a ti -añadió, con una sonrisa.

Ella pensó que había dado en el clavo.
Su reto era hacer las cosas con la misma actitud que cuando no hace nada,
con disfrute y contemplación,
sin prisa por acabar para volver a estar en la no-acción,
en la quietud y en la presencia.
Su reto era llevar la quietud y la presencia a la acción,
a las actividades ordinarias,
y a las extraordinarias también.
Después de todo, no hay nadie ni nada que la esté empujando ahí atrás.
Por qué empujarse ella misma?


Tomó nota:
Si lo que importa es el momento de gloria,
la experiencia de la plenitud,
la apertura, esa fascinación,
deja de construir acción y relatos
en el hacer
y en el no hacer.

Allá donde estés: la apertura,
la presencia.




sábado, 18 de junio de 2022

El romance contigo misma es un romance con Dios.

 



En la meditación budista se considera de gran importancia la vigilancia
y la retentiva mental.
La vigilancia consiste en prestar atención a lo que sucede en la mente,
tomar conciencia.
La retentiva mental trata de recordar,
el objeto de meditación, por ejemplo,
en el que quieres centrar la concentración
unipuntualizadamente.

Se centró en la retentiva mental, de momento.
Su objeto de meditación: el amor.

Abrió apenas los ojos, de regreso de un sueño profundo.
Las gaviotas planeaban al otro lado del marco del balcón,
anunciando el despliegue de luz de un día claro.
Resucitó la experiencia de despertarse enamorada.
Un nuevo día para vivir
enamorada,
para compartir.
Miró a su alrededor y encontró su propia compañía.
Un nuevo día de verano para compartir
el aire aún fresco en la sombra,
la ofrenda del desayuno,
la cafetera y la taza de frutas,
la brisa verde del Montjuic,
el canto de los pájaros.

Volvió a centrarse en la experiencia: el amor,
la alegría de vivir
este nuevo día.
Si lo sientes, lo sientes.
No importa tanto quién o qué la activa
(un simple avatar generoso, una herramienta,
una forma convincentemente real).
Lo que importa es la experiencia.

Decidió recordar,
evocar,
hacer espacio.
Como quien saca del trastero un viejo objeto olvidado,
lleno de polvo,
aparentemente mutilado, inservible.
Lo limpias, lo arreglas
y lo vuelves a poner en circulación.




jueves, 16 de junio de 2022

El amor no dual.

 


El aire suave y fresco en la piel,
la brisa de la montaña como una caricia,
como un abrazo.
Parece que los árboles están allá a lo lejos
pero su caricia está aquí mismo.
No hay un "aquí" ni un "allí" para su experiencia del árbol.

El baño en el mar es un abrazo de despertar,
a veces incómodo en el encuentro
o antes del encuentro,
la entrega durante,
la resurrección después.
Naciste nueva,
inundada de alegría y fortaleza,
llena de energía.

El abrazo envolvente de la piscina cálida,
como volar en un mundo sin gravedad,
la danza sin cuerpo,
como agua vertida en agua.
Desplazarse en el cosmos, como agua fundida en agua.


El amigo dijo:
Para aprender a amar necesitas una pareja.
Y a ella le recordó a la hermana Estrella,
aquella monja de clausura, tan enamorada de Jesús,
la alegría emergiendo en la luz de su sonrisa y su mirada:
Necesitas a Jesús (le dijo), 
sólo te puedes enamorar de un hombre.
Cómo te vas a enamorar de un árbol, de una mosca?

Desde la mirada dual necesitas una forma para amar.
Y no cualquier forma:
una forma humana, si es posible,
o algo que se le acerque.
Un animal de compañía, una planta.
Pero no cualquier animal o planta.
Tu animal de compañía, 
tu planta.



La amiga dijo:
El amor por mi hijo es lo que más se acerca a la experiencia de amor puro.
Ella pensó:
¿El amor por el hijo o el amor por el "mi"?
¿El hijo de la vecina o de cualquier madre
es lo que despierta mi amor puro
o es el "mi" lo que pone en movimiento
esa emoción?
Y si es el "mi" (mi hijo, mi gata, mi planta),
¿puedo reconocer ahí el amor puro
o hay otras cosas?

Su hija le dijo una vez:
Recuerdo que cuando era pequeña me ponías lo mejor en el plato.
Y ella sintió tanta vergüenza.
No lo hagas tú nunca, por favor, no copies eso,
sé más ecuánime.
Ella no veía ahí ningún gesto de amor
solo de apego por lo "mío".

Años más tarde, llegaron a casa aquellas dos estudiantes extranjeras,
con ciertas necesidades.
Y veía en ellas a su hija
(también de viaje por el mundo en aquellos momentos).
El amor por su hija se proyectaba en ellas.
Después de todo, eran las hijas de alguien.
Ahí sí reconoció el amor.

Las señales de amor no solo se dan en lo que haces
o sientes por la otra persona
sino en cómo se proyecta en todas direcciones.

El amor nunca es exclusivo, por definición,
ni excluyente.
El amor siempre es integrador.
Y transcendente.




martes, 14 de junio de 2022

La experiencia de Dios.

 



Desde esta atalaya, el mundo se despliega.
Un extenso paisaje de cielo;
de un azul claro sobre el mar,
de nubes blancas sobre el horizonte de montañas.
Pulmones verdes de arboledas a lo largo de las calles
y en las plazas,
abanicando un sinfín de otros santuarios personales.

Desde la atalaya, en compañía de este calor interno.
El dolor muscular y en las articulaciones
a veces se suaviza;
a veces, como agujas en los poros,
cuando una parte del cuerpo toca otra superficie (la cama, el sofá),
reclamada para el descanso.
Este cansancio físico.
Este sopor como un acceso fácil a la mente sutil,
a la transcendencia.

No hay ni una sola puerta
que no te lleve a Dios.

La alegría, el dolor,
la salud, la enfermedad,
la energía, la debilidad,
cada experiencia
una oportunidad
para encontrar a Dios.



sábado, 4 de junio de 2022

El sueño lúcido.

 


Sólo hay que entregarse
y esperar pacientemente.
Soltar todas las armas,
todos los recursos y aspiraciones del pequeño yo
(tú dices que no existe, pero funciona).
Y esperar.
Pacientemente.
Sin forzar nada,
sin técnicas ni métodos,
ni siquiera de ésos comúnmente llamados "espirituales".
Como cuando aguardas en esa cita importante
y miras por donde tiene que aparecer:
aquí dentro, ahí fuera, lo mismo.
Nada que hacer, ningún sitio a donde ir.
Ningún otro interés.
Ningún refugio
(ni quiera Buda, el dharma y la sangha).
Te quedas a la intemperie, completamente expuesta.
Sin refugio.
Sin techo que te cobije ni suelo que te sostenga.
Como cuando jugabas a aquello de "yo ya me he ido".
Te quitas de en medio
y dejas sitio a lo nuevo.
Simplemente te quitas de en medio.
Haces lo que tienes que hacer en este sueño lúcido,
tus supuestos compromisos kármicos.
Los entretenimientos de este viaje, la aventura.
El sueño.
Lúcido.


No siempre es fácil.
Entregarse.
Quitarse de en medio.
Yo ya me he ido.
La apertura.
La confianza.
No siempre es fácil.
Y a veces lo es.

Simplemente
sucede.