jueves, 13 de agosto de 2015

Sobre el amor.





Desde que estudió por primera vez "Ocho pasos hacia la felicidad" (el modo budista de amar), de Gueshe Kelsang Gyatso, decía que ése era "el libro más revolucionario que había leído nunca".
Pasó por la lectura, contemplación, meditación y la práctica de cada una de las ocho estrofas de Langri Tangpa hasta que se había sentido integrarlas, a un nivel u otro.
Desde el primer momento, había visto cómo se transformaba su vida externamente, sus relaciones, las situaciones, su mundo. Y era porque había cambiado algo internamente. De hecho, sentía que era otra persona, como acabada de nacer. Otra. La prueba de la impermanencia, de la resurrección continua, permanente, y de que la muerte existe en la misma medida en que no existe.

Pasado el tiempo, cada vez que sentía desfallecer la intensidad y la calidad de su amor (lo sabía cuando aparecían las señales de la preocupación y el miedo, y la alegría se debilitaba) volvía a la lectura de "el modo budista de amar", como la fuente mágica donde saciar su sed y recuperar la energía.

No se cansaba de repetirlo, aun cuando ya no formaba parte de esa tradición, de esa estructura física.
(En realidad, nunca podría abandonarla, por más que se lo pidieran, porque ya estaba mezclada con su propio ser, físico, mental y espiritual, junto con otras tradiciones, con otras experiencias, unificadas, formando parte de su adn más profundo).

Pasados los años, seguía pensando que las ocho estrofas de Langri Tangpa era la creación más revolucionaria que había conocido nunca. Y lo hacía saber cada vez que tenía la ocasión de compartirlo.






Entonces apareció en sus manos ese libro de entrevistas a religiosas cristianas ("Monjas", de Laia de Ahumada). Esbozos de biografías, vidas de auténticas heroínas anónimas, la ilustración viva de "La guía de las obras del bodisatva", de Santideva, y de las ocho estrofas de Langri Tangpa.

Dónde habían aprendido estas mujeres a igualarse, cambiarse, la gran compasión, aceptar la derrota y ofrecer la victoria, tomar y dar, y hasta liberarse de las apariencias y concepciones erróneas?
Cómo habían conseguido, no sólo entregarse a los demás, y a la vida misma, sino incluso mantener su "enamoramiento" vivo con el paso de los años, y dejar que se fundiera con su vida y con su muerte, con su rendición, como si todo fuera una misma cosa?


Cómo era posible que supiera tan poco de su propia tradición
y nada de la realidad de las monjas cristianas,
sus vidas y sus obras, externas e internas?




"Quien ha hecho el esfuerzo de ir hasta el fondo de la propia tradición religiosa, no tiene miedo de entrar en otra", decía Berta Meneses, monja filipense, licenciada en químicas y teología, profesora de matemáticas e informática, conferenciante y maestra zen.
Tal como Thich Nhat Hanh invocaba la interespiritualidad y el interser,
y Siddharta (de Hesse) reconocía que "quien ha encontrado, ya puede aceptar cualquier doctrina, cualquier camino u objetivo; a esta persona ya no le separa nada de los miles de seres que ya viven en lo eterno, que respiran lo divino".

"Antes que cristianas, sed humanas", había dicho Magdeleine, fundadora de las Hermanas de Jesús de Carlos de Foucauld.
Y así lo recordaba la monja Pilar Sauquet i Muntal, temporera del campo y antigua activista social en el desierto argelino, el pueblo palestino de Gaza, la Guerra del Golfo y la Intifada, entre otras batallas.
"En medio de un crimen de la humanidad se pueden vivir cosas eternas", decía la monja, actualmente trabajadora del campo en campañas agrícolas de temporada, nómada en su propio país, junto a las mujeres musulmanas y otras inmigrantes.
Así era la vida de la monja que aspiraba a "vivir a fondo hasta el final".

Como la carmelita Mariàngels Segalés, enfermera de profesión, que había optado por vivir y dormir en la calle, junto a las personas sin hogar, porque en el denominado cuarto mundo también hay necesidad de acompañamiento y amor.

"No quiero nada, mi camino es el abandono", decía la ermitaña Maria Lluïsa Cortés, música de formación y profesión.
"Con total abandono, sí, sin querer imponer nada; así siempre tienes paz".
Cuánta energía volcada en el tener, cuando la vida provee de todo lo que necesitas, y enormemente más.
No te disperses en distracciones.
Y del vestido, por qué os preocupáis? Fijaos cómo crecen los lirios en el campo, no se afanan ni hilan (Mt 6, 28) Así que no os inquietéis diciendo: Qué comeremos? Con qué nos vestiremos?




La ermitaña Montserrat Domingo buceaba por las entrañas divinas "donde el grito del búho real que resuena por la sierra tiene tanto valor como la oración, porque todo está lleno de Dios". Décadas de retiro en soledad. "No tengo miedo de Dios, que sabe como soy; ni de las personas, que matan el cuerpo pero no pueden quitar la vida (Mat. 10,28), ni de los animales, porque si no les haces daño, ellos tampoco te lo hacen".
"No he venido aquí para encontrar mejor a Dios, no he venido porque esté más cerca de él; lo puedo encontrar en cualquier lugar, entre las personas... La ermita eres tú y, allí donde estás tú, está la ermita".




Todas estas monjas, heroínas anónimas, bodisatvas en acción, tenían tanto que enseñarle, tanto que inspirarle.
Cada una de estas mujeres, cada historia, cada vida,
un profundo ejemplo de entrega, cambiarse, gran compasión, tomar y dar, ofrecer la victoria en cualquier situación y aceptar la derrota siempre.
Confianza en la vida, entrega, rendición.
Rendición a la vida amada.
Rendición al Amado.
Enamoramiento infinito.

"El resultado es la paz y el gozo interior, y una conciencia de unidad con toda la humanidad que no permite excluir a nadie de la mente ni del corazón; es como un océano profundo donde puedes sumergirte y sentir que todos estamos en todos. Es una maravilla!".
Lo decía la monja cisterciense Carme Sardà i Tort, iniciada en la meditación con el psicólogo catalán  Antoni Blay, considerado el precursor de la Psicología Transpersonal.


Qué poco sabía de las monjas de su propia tradición!


Comprendió que "el modo budista de amar" no era exclusivo de ninguna tradición.
El modo budista de amar era el modo de amar de todas las tradiciones, de todas las experiencias, humanas y no humanas.
Porque el amor es lo que es.




Miró su libro de cabecera a lo largo de las últimas décadas, "Ocho pasos hacia la felicidad".
"Monjas", "Espirituals sense religió", de Laia de Ahumada.
Los haikus japoneses, los poemas sufis de Rumi.
Los cómics zen, las sadhanas tántricas.
Tenía tanta suerte de que su vida estuviera llena de tantas lecturas inspiradoras
y vidas inspiradoras!

En las religiones y fuera de ellas.
Porque la vida es un libro de dharma. (el budista Milarepa)
Porque la oración es todo el día y toda la noche, y todo lo que aparece ante tus ojos (la cristiana Montserrat Domingo).
"Todo es oración".





domingo, 9 de agosto de 2015

Qué historia te estás contando?





En el tren, preciosos paisajes de mar tras la ventanilla.
Al otro lado, pueblos costeros llenos de vida.

L. y A. intercambiaban impresiones sobre el último taller de psicodrama donde habían coincidido, un híbrido entre constelaciones familiares y la sanación del niño interior.
Ahondaban en las profundidades de los conflictos aparecidos, interpretaciones, técnicas, juegos y anécdotas sobre las diferentes actitudes y reacciones que aparecieron en el escenario del taller de fin de semana.
De qué te ríes?, le preguntó L. a M., que escuchaba en silencio.
¿Me río?, dijo M. Bueno, creo que estaba recordando a mi maestro de kárate, ayer, tras la última clase antes de las vacaciones, aleccionándonos sobre la simplicidad.
Si vais a pasar las vacaciones en Haway, está bien. Y si os quedáis en casa, está bien también. Os preparáis un bocadillo y os pasáis el día en la playa, como cualquier turista que ha volado medio mundo para llegar hasta aquí. O en la montaña. O en el parque de la esquina. Simplificad y disfrutad de lo que tengáis. A veces tenemos la cabeza llena de tantas cosas, tantas preocupaciones, miedos, frustraciones, tantos líos, que nos nublan la vista y no nos dejan respirar. Simplificad.





Ella dijo: Ése es un camino, no?
Las técnicas de exploración interior, todo eso es otro camino Y está bien. No es incompatible. Muchas veces funciona. Pero en cualquier momento hay que soltar, no?
Cuidado con pasarse la vida deshaciendo nudos.
Se puede acabar convirtiendo en otra forma de vida.





Después de la última clase de kárate, en la cena de despedida, un compañero de mesa, recién separado de su pareja, le contaba que había conocido a una mujer que le gustaba mucho. Pero tendrías que ver su casa, decía, desorden por todas partes, en su habitación, en su coche. Como su cabeza. Está hecha un lío. Yo la ayudo en muchas cosas prácticas, porque le va bien recibir ayuda, pero no me implico sentimentalmente, o sexualmente. Ella dice que nunca ha conocido a un hombre como yo, tan caballero. Pero lo que ocurre es que no me quiero involucrar en una relación con alguien que tiene la cabeza llena de líos.




Pero a veces hay que afrontar los nudos emocionales y resolverlos, dijo A.
Claro, dijo M. No es contradictorio.
Sólo digo que cuidado con pasarse la vida deshaciendo nudos. Ya sabes eso de que las tareas mundanas no se acaban nunca. Y los nudos tampoco. Si nos dedicamos a buscar nudos.
O a liarlos.




A veces toca identificar nudos emocionales, deshacerlos y sanarlos, dijo ella.
Y a veces me resulta agotador y suelto y tomo el atajo, el camino más corto.
Y simplemente me pregunto:
Qué historias te estás contando?
Sobre mí, sobre mi vida, sobre lo que me ocurre y sobre lo que siento y por qué.
Qué historias te estás contando? Qué guión estás construyendo? Qué película?
Sobre mí.
O sobre los demás.
Y cuando veo todo lo que estoy creando a fuerza de contármelo, a veces se debilita, pierde fuerza y credibilidad.
Y es un respiro.




Hasta que vuelvo a contarme alguna otra historia.
Y me veo otra vez. Dando luz a nuevas, o viejas, películas.
Creando karma.
Manteniendo el proyector en movimiento.

Contándome historias.




viernes, 17 de julio de 2015

Interespiritualidad.








Sidharta no había querido quedarse con el maestro Buda Gautama, a pesar de ver en él la compasión y la sabiduría.
No se quedó entre sus seguidores porque sentía que no se podía despertar a través de una doctrina, de una tradición, como el mismo Buda no había despertado a través de ninguna doctrina.
Así que le escuchó, le amó, y después se alejó para seguir su propio camino.
Con el paso del tiempo, Buda volvió a pasar por su camino y él quiso verlo.



Su amigo Govinda le preguntó si había cambiado de opinión respecto a Buda y Sidharta le dijo que no.

"El que realmente quiere encontrar, y por ello busca, no puede aceptar ninguna doctrina.
Pero el que ha encontrado, ya puede aceptar cualquier doctrina, cualquier camino u objetivo;
a éste ya no le separa nada de los miles de seres que ya viven en lo eterno, que respiran lo divino".

Quien ha encontrado, puede relacionarse con todos los seres, con todas las doctrinas,
Da igual el camino seguido.
Ya no juzga ni discrimina.
Ya nada le separa de ningún ser.




(Siddharta. 
De Hermann Hesse).













miércoles, 15 de julio de 2015

La danza.







Hace calor, sí -dijo ella.
Mi organismo se adapta al calor porque hace calor.
No me quejo. No deseo que sea de otra manera.
No anhelo la llegada del otoño;
por qué voy a querer empujar la rueda del tiempo, acelerar el ritmo del proyector?
Si acaso, en la sensación de calor evoco anteriores experiencias de calor en otros lugares
(el desierto de Almería camino de la Isleta del Moro, los mediodías norteafricanos en una plaza frente al té de menta o el zumo de mango recién exprimido en La Habana).
El calor de hoy trae a mi experiencia el calor de antaño en situaciones de libertad y plenitud.
Aparecen solas. No hago nada por atraerlas.




Así, el calor de hoy genera la experiencia de viaje, libertad y plenitud.
Da igual si está en el supermercado, fregando los platos, esperando turno en la sala para la ecomamografía de control o haciendo gestiones supuestamente molestas.
El calor como hilo conductor a la plenitud.




Podría ser el recogimiento del frío.
O la embriaguez del café de la mañana.
O la inspiración de la copa de vino como una lluvia de bendiciones sobre el ágape, la ofrenda del universo en su mesa.
O el mudra.
O la ausencia de mudra, como una danza de dakinis en este mandala corporal.
Que dancen.
Que no paren de bailar.
Que sigan danzando hasta morir
de amor,
entrega
y vacuidad.



lunes, 13 de julio de 2015

El orgullo.






Su amiga de la sangha le dijo:
Mi gran problema es el orgullo.
El orgullo? Qué clase de orgullo?, preguntó ella.
El orgullo de saber, de ser especial, de tener realizaciones espirituales, respondió la amiga en voz baja.
Ah, ese orgullo! Eso no es un problema.
La amiga la miró como si no entendiera.
Es un orgullo fácil de desmontar, dijo ella.
Cómo?, preguntó la amiga con la mirada.
La vida tiene sus recursos. En cualquier momento te toca empezar a sufrir, la prueba de que no sabes tanto. Orgullo desmontado.

Si sufres (te preocupas, tienes miedo, te deprimes, te frustras o simplemente te aburres),
tus realizaciones no valen nada -sonrió ella.
No hay nada de qué presumir.
Orgullo desmontado.
Recuerda la vieja canción:
Si tú no tienes felicidad, de sabia no tienes ná.  :)

Aun cuando te crees iluminada, la vida se encarga de darle la vuelta a la tortilla cuando menos te lo esperas, para que seas consciente de tus zonas de oscuridad.
Muchas veces la "iluminación" que interpretamos es sólo un pequeño cuarto iluminado.
Pero aún quedan muchas estancias en la oscuridad, o en la penumbra.
A veces.

Y a veces no.
Pero si tienes una cierta sabiduría, te garantizo que no aparecerá el orgullo, al menos no esa clase de orgullo.
Así que el orgullo mismo es la prueba de que no hay motivo para orgullo alguno.




martes, 7 de julio de 2015

Este mundo es la verdad misma.





(De Shobogenzo.
Tesoro del Verdadero Ojo del Dharma.
Volumen 1.
Autor: Eihei Dogen).



Keisei-sanskiki.


Keisei-sanshiki significa "las voces del valle del río y la forma de las montañas".
(Kei: valle del río;
sei: sonido o voz;
san: montaña;
shiki: forma).

Para el budismo, este mundo es la verdad misma.
La naturaleza, que es el lado material de la realidad,
siempre manifiesta la ley del universo.
Así, desde los tiempos antiguos, se dice que los sonidos de los ríos y la forma de las montañas son la enseñanza y el cuerpo del Budha Gautama respectivamente.


Las voces del valle del río son la ancha y larga lengua del Budha;
la forma de las montañas no es otra que la de su cuerpo puro.
A través de la noche, ochenta y cuatro mil versos.
Otro día, cómo podría contárselo a otros?





A menudo nos engañamos buscando la Tierra Pura (la alegría, la felicidad) en otro sitio.
Lo hacemos en nuestra vida cotidiana, mundana,
y en nuestra vida espiritual.
Como si la felicidad, el objetivo o el sentido de nuestra vida estuviera siempre en otro lugar.

Pero el maestro Linji enseñó:
"Hay peregrinos que suben al monte Wutai para hallar a Manjusri. Eso es un error.
Cómo puede estar Manjusri sólo en Wutai san?
Eso significa que no está en otras montañas, como Putuo, porque allí sólo se encuentra Avalokiteshvara.
Ni en el monte Emei, porque es la casa de Samantabadra.
Pero no es así.

Queréis conocer a Manjusri?
Manjusri es la maravillosa función que tenéis ante vuestros ojos.
Siempre ha estado ahí. Ése es el Manjusri vivo."




A veces nos cuentan que esto que aparece ante nuestros ojos es Samsara, y que no es Manjusri, el Buda de la sabiduría.
Que son apariencias engañosas con la única función de hacernos sufrir.
Pero esa afirmación sólo es válida para un tipo de mirada, un tipo de mente abducida.

Hay otra mente que sabe que lo que aparece ante nuestros ojos es el cuerpo de Buda, es una realidad sagrada, una oportunidad para despertar.
Lo que ves es siempre el cuerpo de Buda.
Y lo que oyes es la voz de Buda.
Y si no lo ves no es porque no esté ahí; es simplemente que no lo ves.

No te dejes convencer de que donde estás es Samsara
y la Tierra Pura está en otra parte
y los Budas habitan en otro lugar,
porque esa creencia te impedirá verlos allá donde estás.
Allá donde están.




Se cuenta que Asanga se retiró a una cueva en soledad para meditar, decidido a no abandonar hasta ver a Buda Maitreya.
A veces se desmotivaba y salía de la cueva para no volver, pero siempre se encontraba con alguna situación que le hacía replanteárselo y, finalmente, volver a la cueva, a seguir meditando.
Pasados doce años de retiro en soledad, optó por darse por vencido y abandonó.
Al salir de su cueva, encontró una perra enferma tendida en el suelo, el cuerpo lleno de llagas cubiertas por gusanos que ya habían empezado a devorarla.
La compasión fue instantánea y le llevó a quitarle los gusanos uno a uno, con suavidad; según se cuenta, con la lengua, para no dañar a los gusanos.
Fue entonces cuando se dio cuenta de que la perra era el mismísimo Buda Maitreya.
Dónde has estado?, le preguntó el monje. He pasado doce años esperándote.
Siempre estuve a tu lado, dijo el Buda, lo que ocurre es que no me veías.




Manjusri, el Buda de la sabiduría, es la maravillosa función que tenéis ante vuestros ojos, dice el maestro Linji.
Siempre ha estado ahí.
Lo mismo que Buda Maitreya.
No los busques en otro sitio.

El hecho de que no los veas no significa que no estén aquí,
es sólo que no los ves.





Abre los ojos.
Porque todo está aquí.
Lo que llevas innumerables vidas buscando, ya está aquí.
Siempre ha estado aquí.

Y si sigues buscando en otro lugar, difícilmente podrás comprenderlo.




Durante treinta años, un viajero buscando una espada.
Cuántas veces han caído las hojas y germinado los brotes?
Tras una mirada a los melocotoneros en flor,
he llegado directamente al presente y no tengo más dudas.


domingo, 5 de julio de 2015

Caminar de noche en la montaña.





Disfruta del aire caliente, africano, que corre por la casa. Como un abanico que apacigua eso que llaman la ola de calor.
Hoy lo disfruta y siente que algo en su energía mental, y física, se ha vivificado.




Anoche regresó a casa pasadas las 3, de vuelta de la caminata nocturna por la montaña. Llena de retos.
A oscuras, con la única luz del cielo, a medias cubierto, y una luna tardía,
a oscuras pasaban por caminos, a veces atajos poco marcados;
a un lado la ladera que sube y al otro la ladera que baja, el precipicio lo adivinaba por las copas de los árboles en descenso.
A oscuras recorrieron trayectos que, viendo los detalles a la luz del día, quizás ella no se habría atrevido a pasar.
Pero, a oscuras, simplemente miraba donde ponía los pies y seguía avanzando.
Bañada por la gama de aromas de la montaña y el aire relativamente fresco en la piel.
Hubo un tramo que había que hacer sola
y por un momento, o varios, pensaba que se había perdido, porque no había camino y la montaña resbalaba.
Lo único que la mantenía tranquila y la animaba a seguir avanzando era la confianza en la guía.
Ella conocía bien el camino y nunca se habría atrevido a pedirles cosas que no pudieran hacer.