
A mí también me hace reír y,
de paso,
me resulta una inspiración para la práctica de la ecuanimidad:
"En cierta ocasión, un matrimonio vivía con su hijo y su nuera en la misma casa, detrás de la cual había un estanque.
Al padre le gustaba mucho pescar en él y cada día solía llevar pescado a casa para cenar. Un buen día, llegó un forastero, se enamoró de la nuera y acabó convirtiendo adulterio con ella. Cuando el hijo se enteró de lo ocurrido, mató al hombre. Puesto que el forastero había generado mucho apego por la mujer, renació como su propio hijo. Poco después, la madre falleció y, como estaba tan apegada a la casa y a su familia, renació como el perro de la casa. Más tarde, murió el padre y, puesto que le gustaba tanto pescar, renació como un pez en su propio estanque. Entonces el hijo salió a pescar y este mismo pez fue su pesca. Lo llevó a casa y su mujer lo asó para cenar. El perro olió el pescado y se acercó a comer los restos. Mientras el hijo se comía el pescado que había sido su padre, acunaba a su propio hijo que había sido su enemigo y echaba fuera a patadas al perro que había sido su madre.
Shariputra presenció la escena con su clarividencia y declaró: El samsara me hace reír!
Debido a que nuestras relaciones con los demás son tan variables, no hay por qué apegarse demasiado a los familiares y amigos ni por qué ser hostiles con nuestros enemigos. Todas estas relaciones cambiarán, sólo es una cuestión de tiempo".
De El camino gozoso de buena fortuna.
Gueshe Kelsang Gyatso.
Editorial Tharpa.
Gueshe Kelsang Gyatso.
Editorial Tharpa.










