Este mundo no es para débiles.
Esta vida no es para débiles.
Y si lo eres o no, si tienes que hacer esto o lo otro, la ansiedad de las decisiones,
no vienen al caso. No tienen cabida.
No eres débil, ni siquiera cuentas con esa opción.
Ya en su momento, aprender a respirar por primera vez en esta vida no fue fácil, y lo hiciste.
Comer, tragar, digerir, hablar, caminar, no hubo nada que fuera fácil.
Y lo hiciste.
Ésa es la primera evidencia: eres fuerte. Y no tienes otra opción.
La segunda evidencia es que cuentas con el apoyo y la generosidad de la tribu.
Te dieron techo, comida, te vistieron
y te enseñaron casi todo lo que sabes.
Miles de veces te salvaron la vida.
Y tú hiciste lo mismo, de una manera u otra.
Por consiguiente, eres fuerte:
ningún viento huracanado te va a tumbar, ninguna tempestad.
Y la compasión, la solidaridad y el amor son como tu primera piel,
las has respirado desde los inicios
y las has devuelto de la misma manera, como un impulso natural,
porque forma parte de tu naturaleza.
Así que cuando te sientes perdida
o buscando fuera la fuerza y el amor del que crees carecer,
echa un vistazo a tu propia trayectoria personal.
Eres amor rodeada de amor, inmersa en el amor,
como el pez que a veces se pregunta dónde estará ese bien tan preciado al que llaman agua.
Y la fuerza para afrontar cualquier eventualidad te acompañará siempre.
Aun cuando se te olvide.
Aun cuando te sientas desfallecer.
Es sólo un descanso.
Reparador.
Y ya está amaneciendo el nuevo día.


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