jueves, 26 de marzo de 2020

Meditación en la noche.








Tandava.
Primera noche de luna creciente.
Contemplando la trayectoria de la luna
que desaparecía por donde se fue el sol.
La misma puerta de salida.
Apenas dos horas más tarde.


En la cima de su propia duna.
Tandava.
La veneración,
al paisaje de cielo
y tierra.


Las nubes viajeras como copos de algodón.
Venus.
Más abajo, el primer trazo de luna creciente.
La vio desaparecer por detrás de otra duna,
dos horas después de la puesta de sol,
la misma trayectoria,
la misma puerta de salida.

La veneración a ese yo con forma de cosmos
desde la cima de su duna particular,
rodeada de dunas.
Aquí, las montañas de arena se llenan de luces al caer la noche,
como luciérnagas.






Así recibe a la noche cada noche, en el confinamiento.
Se trajo la experiencia guardada en la mochila, en los pulmones,
en el vientre
(aquellos abrazos a la montaña caliente, absorbido el calor
y el cuerpo de arena).
En el corazón.

El desierto ya forma parte de su paisaje interior.
El desierto es ya su cuerpo.
Nunca tuvo otro cuerpo tan suave,
la piel de arena fina.

Ella es el desierto.
La luna creciente al caer la tarde,
los brazos alzados como un camino.
El sol que se va y la estela de luces y colores.
El camino abajo y el camino arriba
y abajo,
de vuelta al campamento
en la penumbra nocturna.
La hoguera que señalaba el hogar.
Cuando cada paso era su hogar.
Y era su cuerpo.

Aquí está, todo ello,
habitando con ella
este confinamiento.


(Armand Amar & Levon Minassian)






1 comentario:

  1. Hola compañera, aunque no es un mandala budista como tal, a mi me funciona muy bien el de Carl Jüng de su libro rojo.

    https://mandalasparacolorear.eu/mandalas-budistas-para-meditar/

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