domingo, 15 de marzo de 2020

El confinamiento.








Los fotogramas aparecen como una narrativa,
aunque quizás no hay narrativa.
Como un guión,
aunque quizás no hay historia, ni espacio,
ni tiempo.
Pero en el sueño sí parece que se desarrollan los acontecimientos,
con lógica o sin ella.


Ahí estaba, abrazada a una duna del desierto,
aún el calor del sol en el cuerpo de arena,
confortando ese otro cuerpo,
el abdomen y el tórax
y los brazos abiertos.
El abrazo suave de la duna caliente y moldeable
donde su cuerpo deja huellas.

Ahí está, tendida boca abajo en el abrazo a la duna, sin miedo
(la duna, ni ella).
De pie, los brazos alzados a la luna creciente
y al sol que se va.
La entrega. La devoción.
Sentada en posición de meditación cuando la penumbra se extiende
para resaltar el abanico de colores de la estela del sol,
cuando ya se ha ido.
Sentada en el cuerpo de arena, tan flexible.
Extasiada.
La entrega.
La devoción.





Y de repente, la tormenta,
y esta vez no es de arena.
La amenaza, la muerte.
Las plagas bíblicas actualizadas.
El hambre, la guerra, el éxodo,
las poblaciones que huyen, sin refugio.
La enfermedad.
La peste como un rayo.
El confinamiento.

Ha cambiado el escenario pero no deja de ser otro retiro,
otra oportunidad.
Como si no hubiera aprendido lo que tocaba
y tuviera que repetir curso.

Con una diferencia.
En la catástrofe, esta vez,
las redes de solidaridad emergen con fuerza,
la gratitud, la interconexión.

Recibió ese wsp:

"Este confinamiento no parece tan confinamiento con esta red de solidaridad
y gratitud.
No siento el aislamiento.
Las 20h
y estalla un aplauso que se despliega por todas las calles, balcones, terrados y ventanas de mi barrio.
Por el personal sanitario que nos cuida,
los equipos de limpieza de los hospitales,
de los metros y autobuses,
las trabajadoras de los supermercados.
Un ejército de paz.
Muy presentes también las personas sin hogar que no pueden decir
#yomequedoencasa
Como siempre en las grandes crisis, los cuidados
es lo que mantiene con vida a la humanidad.
Ya está aquí el aplauso,
resonando con fuerza en mi ciudad".






Otro retiro.
Hace unos días era la conexión con el cosmos, hasta desaparecer.
Ahora es la humanidad,
dignificándose a sí misma.
La misma inmersión.
Hasta desaparecer.

Otro retiro.
El escenario parece que ha cambiado pero igual toca parar,
respirar, comprender.
La entrega.
La devoción.






4 comentarios:

  1. Con lo bien que estabas en el desierto lejos del virus de marras...pero bueno, "nosotros" ya estamos acostumbrados al confinamiento, sabemos sacarle provecho y disfrutarlo hasta que se acabe. Además yo tengo perro;))
    Abrazote!!!

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  2. Jajajajaja!...
    Pues sí, estaba muy bien en el desierto.
    Y aquí también, como tú pero sin perro y sin las salidas que nos regalan.
    Un fuerte abrazo y a disfrutar cuidándose!

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  3. Gracias Marie, como siempre es hermoso leerte ❤️

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  4. Gracias a ti también, Peca.
    Espero que estés muy bien, tú y tu entorno.
    Un abrazo.

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