domingo, 27 de diciembre de 2009

Adiestramiento de la mente en ocho estrofas.







Con el nuevo año, en Barcelona vamos a empezar un nuevo curso del Programa Fundamental
que tendrá lugar los martes y jueves, basado en el libro "Ocho pasos hacia la felicidad"
(El modo budista de amar).
El libro es un comentario al
"Adiestramiento de la mente en ocho estrofas", de Langri Tangpa, que dice así:


Con la intención de alcanzar
la meta última y suprema,
que es incluso superior a la gema que colma todos los deseos,
he de estimar siempre a todos los seres.

Cuando me relacione con los demás
he de considerarme la persona menos importante
y con una intención perfecta
estimarles como objetos supremos.

He de examinar mi continuo mental en todas mis acciones
y en cuanto surja una perturbación mental
que me conduzca a mí o a los demás a actuar de una manera inapropiada,
he de evitarla y oponerme a ella con firmeza.

Cuando me encuentre con seres desafortunados
oprimidos por el mal y los grandes sufrimientos,
he de estimarles como si fueran
un valioso tesoro difícil de encontrar.

Incluso si alguien a quien he beneficiado
y en quien tenía grandes esperanzas
me perjudicara sin razón alguna,
he de considerarlo como mi guía espiritual.

Cuando alguien, por celos,
me cause daño o insulte,
he de aceptar la derrota
y ofrecerle la victoria.

En resumen, que directa o indirectamente
ofrezca mi ayuda y felicidad a los maternales seres
y tome en secreto
todas sus desdichas y sufrimientos.

Además, que gracias a estas prácticas del método,
junto con una mente que reconoce que todos los fenómenos son ilusorios,
y limpia de las manchas de las concepciones de los ocho extremos,
me libere de la prisión de las apariencias
y concepciones erróneas.




viernes, 18 de diciembre de 2009

La ecuanimidad.







La ecuanimidad es necesaria para tener una mente apacible todo el tiempo; de otra manera, mi mente se ve arrastrada por apegos, aversiones, indiferencia, etc.

Por qué tendría que abandonar estos pensamientos desequilibrados?
En primer lugar, porque son exagerados y no se adecuan a la realidad,
y, además, porque
nos hacen daño.

Tanto el apego (poner el foco de atención en las supuestas "maravillas" de alguien o algo) como la aversión (centrarse en lo que te disgusta) no son más que una proyección equívoca de la mente que está basada en la exageración.

¿Crees que el amor, el odio, la felicidad, la paz, la tristeza o el rechazo son sentimientos?
De acuerdo. Pero busca: detrás de cada uno de ellos encontrarás un pensamiento. Un punto de vista. Una designación personal.

Si hay que designar -dice Lochani-, designemos de una manera beneficiosa, que no desequilibre tu estado mental.
Cómo? Con ecuanimidad.
La ecuanimidad consiste en un sentimiento de afecto, amistad y cercanía hacia todos los seres.


Los sentimientos desequilibrados de apego, aversión e indiferencia nacen de pensamientos exagerados que no se adecuan a la realidad.

Todo eso está muy bien y supongamos que decido actuar de una forma equitativa y ecuánime, con amabilidad y respeto hacia todos los seres. Pero, ¿cómo ignorar esa conexión que siento hacia unas personas y no hacia otras, incluso en un mero encuentro fugaz?
Lochani dice: esa conexión (esa atracción) o esa aversión nacen de impresiones kármicas, por experiencias anteriores (puede que incluso de otras vidas), pero tanto tu experiencia actual como las del pasado están basadas igualmente en pensamientos exagerados y equivocados.
Libérate de las cadenas del karma.

Y esto me hace pensar...
Es curioso cómo tendemos a vestir con un halo de romanticismo las conexiones profundas que, sin saber por qué, sentimos con ciertas personas. Lazos profundos que nacen de zonas insondables, tal vez de otras vidas, ese misterio.
Pero, sea como sea, de otras vidas o no, esos odios y apegos surgen, igualmente, de pensamientos exagerados y equivocados.
Identifícalos, contémplalos, investiga en ellos, si quieres. Pero, en última instancia, no les des más credibilidad que a los engaños presentes.

Y libérate de las cadenas del karma.

jueves, 17 de diciembre de 2009

El yoga de la purificación de los seres migratorios.



Qué ocurre cuando te fijas en los defectos de alguien?
Acaba cayéndote fatal, verdad? -pregunta Chokga.
Pruébalo.
O mejor no,
no te molestes, ya lo hemos probado bastante durante toda nuestra vida.

Ahora, probemos a fijarnos en sus buenas cualidades.
Qué pasa?
Te produce un tipo de afecto que te ensancha el corazón.
Le aporta alegría a tu vida.

Tú decides.

Empequeñecer a las personas que te rodean, las situaciones, las circunstancias.
O agrandarlas.
Tú decides el mundo en el que quieres vivir.


Es como la versión sutra del yoga de la purificación de los seres migratorios.

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martes, 15 de diciembre de 2009

Vivir con Tara.





Celebración del dharma en Málaga, aprovechando el puente del 4 al 8 de diciembre.
Cualquier excusa es buena para retirarse a meditar y estudiar unos días en el Hotel Kadampa, en Andalucía.
Cualquier excusa es buena para estudiar y meditar con Chokga.
Da igual el sitio y con quién, cuando se trata de la iniciación de Tara.
Y en este caso se daban los tres elementos.

Un paso más de crecimiento, unos centímetros cúbicos más grande. Otra experiencia inolvidable que proteger. Otro capítulo con sentido en esta existencia humana.
De vuelta a Barcelona, cómo no compartir la experiencia con el pequeño grupo que asiste a mis clases semanales?

Conocimos un poquito más a Tara, la madre iluminada, la historia común ("De ahora en adelante hasta que alcance la iluminación siempre tomaré un cuerpo femenino, y cuando me convierta en Buda también apareceré en una forma femenina")
y la no común (de las lágrimas del compasivo Avalokiteshvara que caen sobre una flor de loto, aparece Tara, "No desfallezcas, yo te ayudaré").
Tara, la rápida, la madre, la sabiduría de todos los budas.

http://reflexionesdeunaestudiantebudista.blogspot.com/2009/10/abrir-el-foco-y-dejar-que-los-cambios.html


Traer el resultado al camino.

Nos acercamos a ella, en su vocación de servicio, su bodichita, la Liberadora Suprema.
Porque estimo a los demás y quiero ayudarles y liberarles del sufrimiento, por eso quiero convertirme en Tara.
Traer el resultado al camino, en eso consiste la iniciación.

Desde el punto de vista mahayana, el principal objetivo consiste en liberarse de la estimación propia y desear ayudar a todos los seres. Desde el punto de vista tántrico, lo que importa en última instancia es la liberación de las apariencias ordinarias y el yo ordinario. Purificar nuestras apariencias ordinarias/convencionales del cuerpo, palabra y mente.

Y puede que te preguntes: ¿Por qué tengo que dejar de considerarme un ser ordinario?
Porque mientras que sigas designando "yo" en este cuerpo y mente contaminados, vas a sufrir.

Tras comprender esto, empiezo a designar "yo" sobre unas bases no contaminadas: Tara.
Y, así, podemos decir con la sadhana: "Poseo la claridad de mi yídam".

A partir de aquí, nos comprometemos a mantener a diario una práctica formal (la meditación propiamente dicha) y una práctica informal, en la vida cotidiana.


La práctica cotidiana.

Cómo?
Siente que tu guía espiritual (Tara) está en tu corazón.

Ante cualquier sensación agradable (el perfume de una flor, la contemplación de un bello paisaje, tu música preferida, comer o beber...), se la ofreces a tu guía espiritual en tu corazón.
Ante cualquier placer que aparece en tu camino, buscas a Tara: Eh, Tara, mira qué tenemos aquí, no te lo pierdas... Y realizas la ofrenda a Tara, en tu interior.
Así que ya sabes: vete rápido en busca de un objeto de placer y practica...

¿Y qué hacer cuando surge una experiencia desagradable?
Practicas la paciencia y se la ofreces a tu guía. Recuerdas: así es samsara, los problemas externos siempre están... y vuelves a tu yídam en tu corazón.
Y le ofreces tu paciencia.

¿Ante las apariencias neutras?
Recuerda la vacuidad: todo lo que aparece son meras apariencias, como en un sueño.
Y se lo ofreces a tu yídam, en tu corazón.

Vivir cada día como Tara, junto a Tara, en tu corazón. En esto consiste tu práctica informal.
¿Se te ocurre mejor compañía?

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viernes, 11 de diciembre de 2009

El dolor, la impermanencia, la mortalidad.










  • A veces te sientes como una gacela herida
    (la vida te ha herido donde más te duele, en lo que más quieres).
    Y está bien así.

    Te mueves con tu dolor, ralentizado el movimiento,

    receptiva y sensible al dolor ajeno,
    humilde en tu vulnerabilidad, consciente de la fragilidad
    que compartes.

    Son las lecciones de la vida que nos recuerdan
    nuestra mortalidad.

  • (De "Notas para una adolescente")

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    martes, 8 de diciembre de 2009

    Buda y los maras.


    A veces aparecen experiencias en tu vida que no te resultan agradables.
    Tal vez se muere alguien querido; tu pareja se va; tu mejor amigo sufre una profunda depresión y sufre; tu hermana no le encuentra el sentido a la vida y duele; tu hijo adolescente hace añicos todos los proyectos previamente compartidos y aparece con un espejo en las manos que refleja tus caras más monstruosas...
    Puede incluso que aparezcan todas de golpe y algunas más: una molesta enfermedad que designan crónica, la vejez, una crisis que produce alucinaciones y un cuerpo que no funciona... Todo
    de golpe.
    Puedes hundirte en la desesperación, "no puedo más".
    O puedes contemplarlo todo como Buda debajo del árbol, observando las apariciones de los maras, que llegan como poderosas pesadillas que hacen ruido para arrastrarnos -pero no lo consiguen-, se debilitan
    y se van...

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    martes, 1 de diciembre de 2009

    Las instrucciones de Buda son un consejo personal.


    A veces, en el transcurso de una clase o de una meditación (sobre la renuncia, la estimación propia subyacente en el sufrimiento, etc.), es inevitable que alguien, o una misma, piense en los sufrimientos ajenos, los profundos sufrimientos ajenos, como los fuertes dolores crónicos, las criaturas abusadas, las experiencias en los campos de concentración, etc. Mi sufrimiento en el primer mundo puede no ser nada o casi nada, tendemos a pensar, pero ¿y todas esas personas que están viviendo terribles situaciones de abuso y explotación? ¿Dónde se encuentra el egoísmo en ese sufrimiento?
    Suena tan cruel e injusto.
    A veces, algunas instrucciones budistas suenan muy duras, crueles e injustas, al principio.

    Y, entonces, Lochani y Rabjor responden: las instrucciones de Buda son un consejo personal.
    Esto quiere decir que, cuando tú las escuches, las instrucciones van dirigidas a ti y a nadie más que a ti, para que tú las apliques a tu propia experiencia.
    Investiga, cuando sea el caso, sondea en tu sufrimiento personal, observa lo que encuentras y analízalo.
    Buda dice: no tienes que creerte lo que digo, pruébalo, experiméntalo.
    Y, si te sirve, aplícalo y crece.

    Pero a menudo tenemos la actitud escapista (creemos compasiva) de pensar en los demás: esto lo debería escuchar mi novio, mi hija -cualquiera menos yo. ¿Y qué hay de las personas que son violadas y abusadas? ¿También son egoístas?

    Las enseñanzas de Buda son para que tú las apliques a tu experiencia personal. Y cuando se las plantee una persona que vive experiencias de abuso, entonces se tratará de la aplicación personal para ella, y de poco vale si ella responde: vale, yo puedo aplicar esto y me funciona, ¿pero qué hay de todas esas personas que han sufrido horrores en los campos de concentración? ¿También son egoístas?

    El egoísmo también mata y la compasión libera
    incluso en las cárceles.

    Yo he tenido la oportunidad de hablar con algunas de estas personas que han vivido una dura experiencia en campos de concentración, abusos y violaciones, para un extenso reportaje sobre las mujeres en los campos de concentración nazis. Y por ellas supe de la lucha que llevaban a cabo desde las prisiones, los sabotajes en su trabajo asignado de fabricar armamento. Mujeres que han visto morir a decenas de otras mujeres, criaturas y hombres a su lado. Pero era el sentido de misión, y de hacer algo bueno para los demás desde su situación, aun una situación límite y extremadamente peligrosa, lo que les proporcionaba la fortaleza y el ánimo para levantarse cada día. Y un enorme espacio de libertad dentro de ellas aun en la peor de las situaciones. Sólo el sentido de misión y compromiso con los demás vencía al miedo y a la muerte.
    Una persona separada, fragmentada, encerrada en sí misma, difícilmente encuentra la fuerza para sobrevivir en las peores condiciones.
    Lo creen así, también, Neus Català, Boris Cyrulnik, Viktor Frankl y una larga lista de personas que han pasado por las peores experiencias.


    Cuando escuches una instrucción budista, no te vale de nada pensar si puede ser útil para otra persona en peor situación que tú porque eso sólo podrá decidirlo ella.
    Aplícalo a tu vida e investiga.
    Sólo desde tu propia experiencia podrás saber qué funciona y qué no y con qué cuentas para ayudarte a ti misma y a los demás.

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    jueves, 26 de noviembre de 2009

    La renuncia, el samsara, el nirvana.



    Nuestra mente es como una herida abierta debido a la estimación propia, dice Lochani. Siempre que hay sufrimiento, busca dentro de ti y encontrarás el egoísmo.

    Sin egoísmo no existe sufrimiento.
    Y la única alternativa que funciona es

    la renuncia.

    La renuncia.
    La renuncia no consiste en abandonar las cosas, las personas, el entorno.
    ¿A qué renunciamos? Al sufrimiento.
    La renuncia es una mente de sabiduría que comprende que no es posible ser feliz con este cuerpo y esta mente; que necesitamos liberarnos de esta prisión, de este sueño, de esta apariencia kármica.
    Esta apariencia es nuestro samsara, nuestra mente contaminada con un apego profundo a nuestros engaños.
    La mente de renuncia quiere liberarse del sufrimiento, comprende que tiene su base en la estimación propia y la quiere abandonar.


    Alcanzar la mente de iluminación no es difícil, lo difícil es generar el deseo de renuncia.


    El samsara.
    Samsara no existe fuera de mi mente. Samsara es mi mente contaminada por el veneno profundo de los engaños;
    el peor, mi estimación propia.

    Por qué no puedo ver algo agradable, contemplarlo, disfrutarlo
    y ya está, sin querer hacerlo mío (apego)?
    Por qué cuando veo algo desagradable me molesta, lo rechazo,
    me duele (aversión)?
    Por ignorancia. La ignorancia es una mente que se aferra al yo y lo estima por encima de todo. No ve las cosas como meras apariencias, como sueños.
    El sufrimiento siempre procede de la mente ignorante del egoísmo.


    Cuando te liberes de los engaños, nada tendrá el poder de hacerte sufrir: ni la enfermedad ni la vejez ni la muerte. Ni ninguna otra pérdida.


    El nirvana.
    Nirvana significa extinción. La extinción del sufrimiento.
    Nirvana es un estado que se caracteriza por una profunda paz
    de manera permanente, liberada del egoísmo y las demás perturbaciones mentales.
    Cómo? Con la práctica de los tres adiestramientos superiores:
    la disciplina moral, la concentración y la sabiduría.

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    La vida es sueño.



    Como me llevaba la contraria, contrariada,
    pensé: eres como una garrapata,
    aferrado a tu realidad
    triste, fea y sufriente.
    Y entonces pensé que él me respondía:
    Y tú, qué eres?
    Y respondí, pensando:
    soy otra garrapata
    aferrada a mi realidad
    triste, fea y sufriente.
    Pero a veces suelto
    un poco, sólo un poco,
    y advierto que soy un sueño soñando dos garrapatas.

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    viernes, 13 de noviembre de 2009

    Morir en navidad.



    Se acercan las navidades y resulta una época apropiada para pensar en la muerte.
    Porque son fiestas religiosas, tal vez, y en el fervor espiritual ya se sabe que nacer, morir, todo lleva al mismo sitio; porque de alguna manera se potencia el amor (que las llamadas consumistas no consiguen paliar del todo), y amar te acerca a la vida y a la finitud de la vida; porque te hace más consciente de la soledad y de la impermanencia.
    A mí personalmente, la aproximación de los días de navidad y fin de año siempre me ha llamado a hacer balance y a pensar en la vida que se acaba y en la vida que empieza.
    Quizás también (todo hay que decirlo) porque mi padre murió en una fecha próxima a las fiestas de navidad, cuando yo tenía 11 años.
    Quizás este año, especialmente, porque mi madre se ha ido cuando ya nos hallábamos en la antesala de los preparativos de navidad.

    Morir en navidad. Un momento tan bueno como otro cualquiera.

    Cuando una persona se va queda su ausencia, así que no se va del todo. Queda su sombra (o su luz) en el rincón del sofá donde solía sentarse, en el pasillo que caminaba a su habitación, en los olores que perduran en su cuarto, en sus cosas. Tengo que decirlo, pero hasta la fecha nadie ni nada ha conseguido hacerme creer en la muerte.
    ¿Cómo creer en la muerte cuando la presencia de quienes se han ido es tan poderosa?
    Puedes responderme que su presencia es poderosa sólo cuando se acaban de ir; su presencia/energía permanece al principio, pero luego acaba diluyéndose, como todo. Sin embargo, el hecho es otro: su existencia continúa cuando se acaban de ir y siempre, mientras tu memoria siga viva.
    Y no tengo motivos para creer si sobreviven o no sobreviven a tu memoria.

    El viaje de vivir, el viaje de morir.

    Vemos cada noche las estrellas que hace miles de años dejaron de existir y no vemos a todos esos compañeros de viaje que simplemente cambiaron de forma de existencia.

    Para mí, la muerte es como un viaje. Pero es que la vida es como un viaje. También. ¿Dónde está la diferencia? En que mientras compartimos viaje en esta nave, en este sueño, creemos que sabemos dónde estamos y cuando alguien se va perdemos su pista. Ya no está aquí.
    Como el viajero que deja su habitación de hotel.
    Como quien cambia de casa, o más aún, de ciudad, de país. Yo lo he hecho algunas veces. Partir de cero. O de casi-cero. Siempre te llevas lo que llevas dentro. Tus recursos personales, tus aprendizajes. Tus habilidades para hacer camino en el nuevo mundo, en la nueva vida.
    Ahora es otra persona quien se va, y no dijo adónde. Probablemente no lo sabía ni ella misma. Pero ahí está, en algún lugar, con sus aprendizajes, abriéndose camino en un nuevo sueño. Soñando otro sueño.
    Y en éste quedamos los que quedamos. Viviendo este sueño. Conviviendo con los tripulantes de esta nave, que aún no dejaron el barco, y con las huellas de los que se fueron.

    Nadie ni nada puede arrancar lo que ya existe en la memoria, ni siquiera una lobotomía. Lo que existió siempre seguirá existiendo en algún lugar. Dentro y fuera.
    Dentro, en tu experiencia, en el amor que nunca cesa. Los que se fueron ya forman parte para siempre de tu experiencia de amor, que te transcenderá y no cesará nunca.
    Y fuera. La energía que produjeron, sus pensamientos, sus palabras, su olor, las partículas y ondas que dejaron en todo lo que tocaron, en tu piel. Mis ojos no lo ven porque la anatomía de mis ojos y de mi cerebro no me permite captarlo todo, es así de limitada. Pero aquí sigue su sombra. O su luz. Conviviendo con nuestras luces y sombras.

    Así que aquí nos quedamos, viviendo esta nueva navidad. Los que nos quedamos y los que se fueron. Exactamente igual que cada año. Igual que siempre.


    http://www.youtube.com/watch?v=f_cxtm3AmaE&NR=1


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    domingo, 8 de noviembre de 2009

    Qué le ha aportado el Dharma a tu vida diaria?


    Hay quienes consideran el budismo como una religión, o un camino espiritual, o una forma de vida, una filosofía, una ciencia de comprensión de la mente, o bien todo eso y más.

    Como cualquier filosofía, constituye una explicación de la vida; como cualquier ciencia, nos dice cómo funciona algo, en este caso, la mente humana y la vida en sí misma. Y esta interpretación de las cosas nos conduce a una ética y unos valores específicos que se manifiestan en la forma de vida.

    Por eso, el dharma siempre tiene una influencia en tu forma de entender el mundo y en tu vida cotidiana.

    Hemos preguntado sobre ello a algunos practicantes y esto es lo que nos han respondido.


    (Os invitamos a que compartáis, en los comentarios, vuestra experiencia con la meditación y cómo os ha influido en la vida cotidiana).



    Testimonios.


    "Siempre que practico, siento tranquilidad interior y la sensación de que el tiempo es aprovechado significativamente”.


    Para responder esta pregunta debería recordar cómo era mi vida antes de conocer el dharma.

    Recuerdo que en esa etapa de mi vida había mucho sufrimiento mental; este sufrimiento se manifestaba de diversas formas (soledad, enfado, celos, depresión, confusión, tristeza…). Recuerdo que en mi interior había siempre un anhelo de maduración, de crecimiento; siempre tenía la sensación de que los años pasaban, mi cuerpo crecía, pero mi mente permanecía con los mismos pensamientos de siempre y una sensación permanente de estancamiento.

    Viendo cómo era mi vida antes de conocer el dharma, es muy fácil contestar a tu pregunta. El dharma ha sido y es un antídoto para todos esos estados mentales que bloqueaban y todavía (en menor medida) bloquean mi felicidad y la de la gente que me rodea. El dharma (siempre que lo practico) me da tranquilidad interior, sensación de que el tiempo es aprovechado significativamente. Es el polo opuesto a mi estado mental anterior.

    De todas maneras, el proceso es lento. Los malos hábitos son rebeldes y no se dejan vencer fácilmente. Crear lo nuevo en la mente (el dharma) requiere de fe, paciencia y esfuerzo. Así, creo que mi vida actual es una fluctuación de estos dos estados.

    El dharma, poco a poco y de forma segura, va ganando terreno en mi mente y espero que con el tiempo las otras mentes irán cediendo al poder de las bendiciones de los budas. Hasta que llegue ese momento, mi vida, mi mente, tiene esta dualidad entre lo virtuoso y positivo y los engaños y negativo.

    (Ramón Carballo)



    “Ilusión, certezas, protección, disciplina, estabilidad mental”.


    Ilusión.

    Había buscado en muchas partes y no funcionó.

    Hice lo que se suponía que había que hacer para ser feliz (los estudios, el trabajo, casarme…) y otras no tan lícitas. Buscaba donde podía. Y al final perdí la ilusión.

    El dharma me da respuestas a las pregustas claves sobre la vida.

    Me da certezas. Protección.

    Me da la verdad.

    ¿Cómo se manifiesta todo esto en mi vida diaria?

    Las cosas que hago tienen más sentido. Intento que todo lo que hago vaya encaminado a este objetivo. Y eso le da sentido a mi vida.

    Por otra parte, ya no me pongo tan arriba a mí mismo en la escala de valores; tengo más en cuenta a los demás.

    También le aporta disciplina.

    Y me siento más libre porque controlo un poco mejor mi mente.

    Antes me deprimía mucho y luego me sentía en las nubes; muchos altibajos que me agotaban. Ahora tengo más herramientas para mantener cierta armonía y estabilidad.

    (Xavi Puerta)




    “Si no puedes ayudar a los demás, por lo menos deja de fastidiar”.


    Pues supongo que me ha aportado muy poco, porque no practico demasiado.

    Y además, con mi falta de comprensión, creo que no le saco mucho partido.

    Pero con el tiempo, y a pesar de mí mismo, creo que tengo algo más de sensatez a la hora de hacer las cosas.

    Quiero decir que a veces me parece que se reduce mi egoísmo y puedo ser más objetivo. Con menos egoísmo, puedes tomar decisiones más correctas, que benefician a todos, y eso te aporta más tranquilidad.

    En este sentido, creo que ahora me siento un poco más responsable de las cosas, de lo que siento, y ya no culpo tanto a los demás. Y, claro, así te enfadas menos. El egoísmo altera mucho.

    Aún no he llegado a eso de querer o poder beneficiar a los demás, así que, de momento, intento hacer daño lo menos posible. Como le escuché a alguien: “Si no puedes ayudar a los demás, por lo menos deja de joder”.

    (E. G.)




    “Dirección, identidad y consciencia”.


    El dharma me ha aportado dirección, identidad y consciencia de mis limitaciones.

    Ahora siento que tengo más dirección porque tengo más claro qué es lo importante por encima de lo superfluo.

    Mi identidad ya no la veo sólo relacionada con esta vida, sino que me veo como un continuo que sigue en otras vidas, y tengo presente ese referente en todo lo que hago.

    Y la conciencia de mis limitaciones me aporta humildad.

    ¿Cómo se manifiesta todo esto en mi vida diaria?

    A nivel físico, mi cuerpo ha cambiado; disfruto de más flexibilidad física que la que tenía hace un año, antes de conocer el dharma.

    Y tengo más tolerancia hacia las circunstancias externas. Mis relaciones son mejores y soy más eficiente en mi trabajo.

    ¿Por qué? Creo que por la flexibilidad mental, que hace que me adapte mejor a las situaciones. Y porque tengo más paciencia, debido que al conocer mis perturbaciones mentales entiendo mejor a los demás, que también las tienen. Antes condenaba más a las personas, ahora separo sus engaños de lo que son ellas mismas, su identidad.

    (Luis Marcos Pérez)



    jueves, 5 de noviembre de 2009

    Aceptar la derrota y ofrecer la victoria.


    Seguimos con el adistramiento de la mente para convertir las dificultades en oportunidades de crecimiento (loyong)
    y en la última clase en el Poble Sec reflexionamos y practicamos la meditación de aceptar la derrota y ofrecer la victoria.
    En principio, no suena muy atractivo, verdad?
    ¿Es que vamos a ir ahora de perdedor@s por la vida?
    Pues no se trata de eso exactamente, no.
    Cuando hablamos de aceptar la "derrota" nos referimos a aceptar el dolor, las molestias o las dificultades que aparezcan en nuestra vida. Cuando duele, duele. Y aceptarlo es el primer paso para superarlo, para tomar las decisiones adecuadas, para seguir adelante.
    ¿Te niegas? ¿Te resistes?
    Siempre tienes otras alternativas, dice Rabjor: cabrearte
    o deprimirte.
    Pero toda esa energía que vas a malgastar en depresiones y enfados
    sin duda te sería más útil utilizarla en afrontar la situación y tomar decisiones.
    (A menudo no nos queda la energía que necesitamos para seguir adelante porque la hemos derrochado previamente en cavar el hoyo del victimismo y la amargura).

    Así que más nos vale aceptar la derrota (los reveses de la vida) con paciencia.
    Y valentía, si es posible.
    Sin resistencias, sin odios ni resentimientos.
    Y, sobre todo, sin arrastrar o atacar a quienes nos rodean.

    En ciertos experimentos, colocan a dos ratas en una jaula y, cuando sueltan una pequeña descarga eléctrica sobre el suelo donde se encuentra una de ellas, ¿sabéis qué sucede? La rata que se ha sentido agredida agrede a la otra.
    ¿Os suena? ¿No es eso lo que hacemos habitualmente en nuestra vida?
    Cuando nos sentimos mal (me han ignorado, atacado, me duele algo, he sufrido una injusticia), tendemos a pagar nuestras rabietas (nuestra bajísima tolerancia a la frustración) con la persona o personas que tenemos más cerca. Las que están a nuestro lado. Curiosamente, en las que nos apoyamos.
    Lo cual significa no aceptar la derrota
    y ofrecer la derrota.

    Ofrecer la victoria consiste en cuidar a quienes nos rodean, que ciertamente no son responsables de nuestro malestar. Ser amables. Tener consideración por los demás. No amargarles la vida sino, por el contrario, desear su felicidad.

    Lo bueno de sufrir es que te conecta con el sufrimiento ajeno. Lo bueno de sentir la propia vulnerabilidad es que te hace consciente de la vulnerabilidad de los demás seres, su fragilidad. Y vuelves a recordar las palabras del filósofo:
    Sé amable con quien quiera que te cruces porque está librando una gran batalla.

    Acepta la derrota, cuando te toque.
    Y ofrece siempre,
    siempre,
    la victoria.

    Te ayudará a recuperarte más fácilmente de los golpes de la vida.
    Te ayudará a ser más feliz.

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    domingo, 25 de octubre de 2009

    Tira p' alante.





    Chokga, la directora nacional de la NTK e
    n España, estuvo en Barcelona para hacer un curso sobre los tres aspectos principales del camino -renuncia, compasión y sabiduría-, la síntesis o cimientos del camino espiritual.
    Si vives en Madrid, no pierdas la oportunidad de visitar el Centro Budista Vajrayana (C/ Fábrica, 8, 28220 Majadahonda), donde Chokga es maestra residente, y asistir a algunas de sus clases, retiros o cursos de fin des semana. O aprovecha su visita al centro de tu ciudad, cuando acude a dar algún curso.
    La cercanía, sencillez, afecto, ecuanimidad y sabiduría que transmite te impactarán, sin ninguna duda, haciendo que sus enseñanzas te lleguen de una forma muy especial.

    En otro momento haremos una síntesis de las enseñanzas que impartió (profundas y sin desperdicio), pero aquí quiero hacer notar su actitud pragmática y racional, positiva y sin tiempo para dar de comer al ego, ni en sus alegrías ni en sus miserias. Lo hecho, hecho está y ahora mira hacia adelante, que el camino es largo y queda mucho por hacer.

    Tira p' alante.

    Chokga nos habló, entre otras muchas cosas, de cuando sentimos el orgullo de las cosas bien hechas, o cuando alguien nos felicita o cualquier otra situación que infla nuestro ego. Está bien, dice, acéptalo pero no le des más vueltas. Cuando observes que tu estimación propia se regodea más de la cuenta en su vanidad, le dices: vale ya, ahora tira p'alante, que hay mucho que hacer.

    Y lo mismo cuando el ego se siente abajo, pobrecito de mí, qué mal lo hago, no sirvo para nada, nunca lo conseguiré, etc. etc. Vale ya, lo has hecho fatal, ya te he oído, ahora: tira p'alante, que aún quedan muchas cosas por hacer.

    Da igual lo bien o mal que te hayan salido las cosas hoy, las alabanzas o críticas que recibas, las alegrías o disgustos que te haya dado el día, ya han pasado. No te quedes enganchada.Tira p'alante con tu mejor sonrisa, con toda tu energía, como si acabaras de nacer. Tira p'alante y céntrate en lo que toca ahora, que el camino es largo y aún hay mucho por hacer.




    miércoles, 21 de octubre de 2009

    Aplicar la misma vara de medir al sufrimiento propio que al ajeno.


    Hemos abierto una nueva rama (clases de meditación) del centro budista Mahakaruna en el Poble Sec, en Barcelona.
    En una de las salas interiores de la tienda naturista Madre Naturaleza (C/ Margarit, 29), todos los lunes a las 7,30 nos reunimos para meditar y contemplar algunas instrucciones budistas.


    En estos momentos estamos poniendo los cimientos de una ciudad interior o, si quieres, una isla de paz. Puedes ponerle un nombre, si lo deseas -yo le llamo Keajra, la Tierra Pura de las Dakinis.
    Cada vez que nos encontramos, ponemos unos cuantos ladrillos más y vamos definiendo el trazado del mapa de la "ciudad de la alegría" personal, cada cual la suya. En cada meditación, esta isla interior se hace un poco más definida, más completa, más real.
    Y más fácil resulta volver a ella en cualquier momento del día, en cualquier situación -mientras esperas el autobús o en medio de un conflicto.

    Y así, cada persona se constituye en arquitecta de su propia mente y de su propio mundo, de una forma consciente, libre y responsable.


    Cada estado mental tiene su causa en un estado mental anterior.

    Como dice Rabjor, los pensamientos que surgen en cada momento son producto de las semillas que antes hemos plantado y ahora germinan en la mente; con la meditación, queremos sembrar semillas que hagan brotar la paz y la alegría, no sólo en el momento sino también en el futuro.

    En la última clase, durante la meditación en "igualarnos", surgía la duda de si se puede entender como una forma de resignación, cuando te enfrentas a una situación que no deseas -mal de muchos, consuelo de tontos. Así que reflexionamos sobre la diferencia entre la resignación y la aceptación y, sobre todo, la compasión. Y quedó claro que contemplar el sufrimiento de los demás (y tomar conciencia de que compartimos el mismo sufrimiento, en dosis más o menos reducidas o extensas, dependiendo del momento), lejos de resignarnos y conducirnos a la pasividad, es una manera de generar compasión y empujarnos a la acción definitiva.
    Se trata de no negar el sufrimiento propio cuando aparece sino de utilizarlo para conectarnos con el sufrimiento de los demás y aplicar la misma vara de medir al sufrimiento propio que al ajeno, en lugar de dramatizar el nuestro y menospreciar el de los demás.
    Contemplar nuestro sufrimiento como si se tratara del del vecino nos ayuda a vivir nuestra experiencia de una forma menos dramática, más objetiva y racional.

    No hay nada que nos haga sufrir más que nuestro propio egocentrismo y la estimación propia.


    Protege tus realizaciones, fortifica tu nueva ciudad.

    Y una vez que hayas meditado en ello con concentración y sinceridad, considera la importancia de proteger las realizaciones que tengas, las experiencias profundas (de paz, amor afectivo, compasión, vacuidad...) que surjan en la meditación, por pequeñas que te parezcan. Volver a ellas, visitar la ciudad una y otra vez, significa darle vida y hacerla grande y fuerte.

    La mayor parte del tiempo lo pasamos protegiendo los pensamientos destructivos y repetitivos (es la repetición automática, consciente o inconsciente lo que los hace fuertes) y, sin embargo, dejamos que se pierdan en el olvido las mejores experiencias de nuestra vida, especialmente las internas, por considerarlas poco importantes o inexistentes, producto de la fantasía.
    Craso error.
    En lugar de eso, a partir de ahora, esfuérzate en hacer un registro de la nuevas experiencias de expansión de la conciencia e irás fortificando tu ciudad interior, de la alegría, acudiendo a ella una y otra vez.

    martes, 13 de octubre de 2009

    Igualarse con el loyong.









    El loyong consiste en el adistramiento de la mente para convertir las dificultades en el camino espiritual.
    Cualquier situación que surja en tu vida, por difícil o dolorosa que sea, puede ser transformada y convertida en motor de crecimiento personal, espiritual y expansión de la conciencia.

    La primera meditación del loyong consiste en igualarse con los demás.
    ¿Igualar qué?, pregunta Rabjor, para responder: igualar el amor que siento por mí mismo con el amor que siento por los demás.
    Por qué? Porque el amor obsesivo por uno mismo te conduce a la depresión, a la frustración, a la insatisfacción permanente: nunca tienes bastante. Con el yo por delante tienes garantizado el sufrimiento de por vida y las malas relaciones con tu entorno.

    Sin embargo, cuando tu prioridad es la felicidad y la libertad de la otra persona, difícilmente tendrás problemas con ella. Por el contrario, su gratitud le hará interesarse por ti, aunque ése es un efecto secundario que tú no persigues ni necesitas para ser feliz.

    Cómo meditar en igualarse?
    Rabjor lo explicaba con sencillez ayer, en los inicios del curso sobre el loyong.
    Con cualquier persona con la que te relaciones (en la familia, en el trabajo, en la calle) o con la que te cruces, piensa: así como yo quiero ser feliz y no sufrir, esta persona desea lo mismo; desde este punto de vista, somos exactamente iguales.
    Con cualquier persona con la que te relaciones, especialmente en los conflictos, reconoce desde lo más profundo de tu corazón: esta persona tiene derecho a la libertad y a la felicidad. Y actúa en consecuencia, como si estuviera en tu mano aportarle, en la parte que te toque, un poquito de felicidad y de libertad. O, al menos, respeta su derecho.

    Finalmente, aquí tienes una pequeña oración que, con la práctica, puede llenar tu mente-corazón de alegría, amor y, no lo dudes, sabiduría:


    "Nadie desea el menor de los sufrimientos
    y nadie se contenta
    con la felicidad que posee,

    entendiendo esto,
    ruego tus bendiciones
    para hacer felices
    con alegría
    a los demás".











    Foto:
    Gueshe Langri Tangpa (1054-1123 d. de C.) fue un bodhisatva kadampa famoso por su compasión y su realización completa del adiestramiento de la mente (Loyong). Compuso el texto Ocho estrofas del adiestramiento de la mente, del cual se puede encontrar un comentario en el libro Ocho pasos hacia la felicidad, de Gueshe Kelsang Gyatso, Ed. Tharpa.


    domingo, 11 de octubre de 2009

    Proteger la alegría.

    A veces, haces lo que tienes que hacer, actúas conforme a tu disciplina moral, el modo de vida que quieres seguir, pones en práctica la consigna de cambiarte por los demás.
    Es muy fácil, dice Geshe-la, sólo tienes que cambiar tu objeto de estimación: dejas de estimarte a ti misma sobre todos los demás para estimar a los demás.
    Tanto tiempo persiguiendo la felicidad dándole de comer al ego para acabar comprendiendo que ése no es el camino. Así que cambias el camino y, sorpresa, resulta que ahí estaba la felicidad. El bienestar, la paz profunda. De repente es como si las energías se equilibraran y todo pasa a estar en orden y las fuerzas de la vida se ponen a tu favor. Un efecto secundario con el que no contabas, pero todo está en orden.

    Eso ocurre a veces, y a veces no. A veces haces lo que debes guiada por el buen corazón y la vida no te premia. ¿Injusto? la ley del karma dice que no existe la injusticia, que todo tiene una causa y un efecto.
    Tú haces lo que debes y cuando te crees grande la vida se pone en tu contra. Y es una lección de humildad. No eres tan grande. Y aún tienes tanto que purificar... Aún tienes tanto que aprender. ¿Acaso hacías lo que debes sólo por la recompensa? Practica paciencia y humildad. Y sigue tu camino.

    Y a veces es mejor aún. A veces haces lo que debes y la vida no te premia y parece que nada funciona en tu mundo, pero a ti te da igual. Permaneces en la alegría, tanto como cuando las cosas parece que funcionan. Permaneces en la paz y en la estimación y en la alegría, da igual cómo la vida te responda.
    Y cuando contemplas tu alegría abrazando las dificultades, o la fortuna, da igual, entonces tu alegría se hace gigante.
    Y sospechas que ahora sí, empiezas a ser libre.

    sábado, 10 de octubre de 2009

    Abrir el foco y dejar que los cambios sucedan.


    ¿Conocéis la historia de Tara?


    Avalokiteshvara, el buda de la compasión, está ocupado en su trabajo de liberar a los seres del sufrimiento -visualízalo como quieras: saca a los seres de los infiernos; purifica sus mentes y su mirada para que se den cuenta de que, en realidad, ya están en el paraíso y el sufrimiento no es más que una alucinación…
    Pero por muchos millones de seres que salve, nuevos seres sufrientes aparecen.
    En un momento dado, siente que es una misión imposible y desfallece y brotan las lágrimas de compasión y de impotencia.
    Una de esas lágrimas cae sobre una flor de loto y de ella surge Tara, la madre de todos los budas: “No te preocupes –dice-. Yo te ayudaré. Lo conseguiremos”.

    Cuando escuché la historia por primera vez, yo también me sentí conmovida –y es que la Gran Compasión siempre llama a la compasión, aunque sea en minúscula.

    Tara (la Tara verde) es la buda que tiene una pierna en posición de meditación y la otra extendida, dispuesta a levantarse, dispuesta a la acción.
    Tara es ese ser, esa situación, esa persona (quizás una misma) que aparece siempre que desfalleces y estás a punto de tirar la toalla -no puedo más, esto me desborda.
    Entonces aparece Tara (quizás una misma, dentro de una misma), como el ave fénix, te tiende la mano para que te levantes, caída donde estás, y dice: lo conseguiremos.

    Me gusta pensar que soy un instrumento de Tara cada vez que alguien que quiero (en realidad, cualquier persona) se siente sin fuerzas o sin salida.

    No te preocupes demasiado si el dolor te lleva a las lágrimas, esa catarsis; en lugar de eso, entrégate y felicítate porque es el paso previo a la transformación, casi siempre. Si dejamos que nuestra naturaleza se transforme.

    Claro que podemos. Claro que lo conseguirás, dice Tara. Puedes estar bien segura de eso. Porque tienes dentro todos los recursos que necesitas para ello. Y algunos más.

    Pero hay que abrir el foco, porque a veces lo que creemos que necesitamos y por lo que luchamos tanto y sufrimos tanto no es lo que nos va a salvar.

    Y hasta puede que sea el error de perspectiva que nos mantiene atrapados.

    jueves, 8 de octubre de 2009

    La meditación, la transformación.


    El objetivo de la meditación es la transformación personal.
    El yo que inicia la experiencia meditativa no es el mismo que la termina. La experiencia cambia el carácter mediante un proceso de sensibilización que nos hace más atentos a nuestros pensamientos, palabras y actos. Con ella, la arrogancia se evapora, los antagonismos se diluyen y la mente se torna calmada y quieta. La vida se asienta. Por eso la meditación hecha correctamente nos prepara para afrontar las subidas y bajadas de la vida, reduce la tensión, el temor y las preocupaciones. Se calma la agitación y la pasión se modera. Las cosas empiezan a situarse en el lugar que les corresponde y la vida flota en vez de hundirse. Todo esto sucede por medio de la comprensión y el discernimiento.

    La meditación agudiza el poder de concentración y raciocinio. Paso a paso se hacen más claros los propios motivos y mecanismos subconscientes, la intuición se desarrolla, la precisión del pensamiento se afina y gradualmente se llega al conocimiento de las cosas tal y como son en realidad, sin prejuicios ni espejismos. ¿Y todo eso es razón suficiente para realizar el esfuerzo de meditar?
    En realidad, todo lo anterior sólo son promesas escritas en un papel. Sólo hay una manera de saber si la meditación vale la pena: aprender a hacerla correctamente y practicarla. Verlo por uno mismo.

    Henepola Gunaratana.

    viernes, 25 de septiembre de 2009

    Por qué meditar?


    Muchas personas se proponen empezar a meditar alguna vez con el objetivo de relajarse.
    Y sí, ésa es una respuesta: meditar para relajarse.

    Pero hay más.
    Meditar para descansar, de verdad, para descansar la mente.
    A lo largo del día casi siempre encontramos algún momento para descansar el cuerpo, sentarnos, incluso tumbarnos, darle de beber, darle de comer, etc. Pero generalmente la mente continúa en movimiento, con su cháchara imparable, aun cuando el cuerpo está quieto. Incluso cuando dormimos. El cuerpo descansa, sí, pero la mente no deja de trabajar, generando sueños, a veces pesadillas que agotan nuestra energía.
    En la meditación, buscamos el silencio, parar, descansar la mente.

    Pero aún hay más: meditar para aprender a concentrarse.
    Una vez que sabemos que cada pensamiento es un camino, que hay pensamientos que producen paz y otros que generan perturbaciones, tormentas y hasta tsunamis en nuestro estado de ánimo, quién no desearía parar los fatídicos pensamientos obsesivos y rumiantes que producen estrés, preocupaciones, miedo, dolor…? Si aprendemos a concentrarnos en lo que queremos e ignorar (o dejar para su momento) lo que nos perturba o distrae, obtendremos el control de nuestra mente. Controlaremos la mente en lugar de dejar que los pensamientos negativos y caóticos controlen nuestra vida.

    Y todavía hay más: meditar para instalarnos en la paz, dentro y fuera de la meditación, en nuestra vida diaria.
    A través de la concentración, del control mental y de los pensamientos positivos (de amor, alegría, empatía), podremos crear una isla de paz en nuestro interior y aprenderemos a quedarnos en ella, durante la meditación formal. Y a volver a ella cada vez que queramos, a lo largo del día, cuando los acontecimientos tienden a arrastrarnos.

    Y (siempre hay más –en la meditación siempre hay más) qué decir de las experiencias de expansión de la conciencia? La fusión, la unidad, la vacuidad, el gran gozo, un pasito más cerca del despertar –de este sueño de los engaños....

    Hay muchos motivos para meditar: la relajación, el descanso, desarrollar la concentración, generar paz interior, expandir nuestra conciencia...
    Elige el tuyo, para empezar.
    Como dice Mariana Caplan, el camino espiritual en sí es inteligente; no importa lo que te lleve a empezar, el camino te llevará a donde te tenga que llevar.

    martes, 18 de agosto de 2009

    Camino del templo.






    Camino del templo
    para la última meditación del retiro de verano,
    tomo un camino paralelo al camino;
    entre los árboles del bosque, el cauce de un riachuelo dirige mis pasos.
    Silencio.
    Un obstáculo –una piedra- en medio del lecho del río
    produce el sonido
    que inspira mi meditación.
    Sin obstáculos, el río carecería del sonido
    del agua
    al pasar.
    Y el río se quedaría sin voz.

    Sin voz,
    el río no inspiraría mi meditación.
    Así es como los obstáculos, a menudo,
    le dan vida a las cosas.
    Y producen nuevas cosas.

    jueves, 9 de julio de 2009

    Aprender a disfrutar el gran gozo de la vacuidad.



    Ya lo has oído muchas veces: ni la felicidad ni el sufrimiento están fuera ni dependen de lo que pase fuera; son una experiencia interna que desarrollas con la práctica. Y la costumbre (de lo que tiendes a sentir) es lo que los acaba haciendo parte de ti.
    Tanto si eres una persona feliz o desgraciada, tiene más que ver con tu manera de ser que con lo que ocurra en tu vida.

    Recuerdo que al principio de asistir a las clases de meditación solía pensar que intentar mantener una disciplina (un comportamiento de acuerdo a unos valores de respeto a los demás) no sería tan difícil, pero cuando se hablaba de experiencias como el amor, la compasión universal o el gran gozo…ésas eran palabras mayores.

    En qué inspirarse para desarrollar el amor o el gran gozo, si los días van pasando llenos de trámites y poco más -poco espacio para el amor o, más difícil todavía, el disfrute en sí mismo, que es la piedra angular del tantra.

    Y entonces fue cuando leí aquello (sólo cuando una lanza una pregunta al universo le llega la respuesta):
    "Así como el fuego acaba consumiendo la leña que lo produce, deja que el gozo que experimentas consuma el objeto de apego que lo induce" (traducción libre del inglés).
    O, dicho de otra manera: concentrarse en esa embriaguez de amor y expansión de la conciencia que experimentas en situaciones puntuales (ya sea ante una magnífica puesta de sol, la mirada de un bebé, el juego con tu consorte o los efectos de tu marca preferida de cerveza fresca), más allá de la circunstancia que la provocó.
    Reconocer el placer, el amor, el disfrute, cuando aparece y meditar en él, en tu experiencia interna, al margen de los colores de la puesta o la marca del helado que se deshace en tu boca -suéltalos, deja que éstos se disuelvan en la vacuidad mientras tú permaneces en tu experiencia de paz amorosa o gran gozo.
    No hay peligro de apego al objeto externo (que, de todas formas, ya pasó) porque tú no te has concentrado en él sino en tu experiencia interna, y ésta permanece y se desarrolla y se hace más profunda cada vez que vuelves a ella.

    El tantra te enseña a practicar y desarrollar el gran gozo en sí -porque, como nos dice Geshe-la: "no existe iluminación sin gran gozo".
    Te invita a meditar en la embriaguez de amor-unión-disolución (la unión del gran gozo y la vacuidad) que experimentas y que ya forma parte de ti. Y puedes volver a ella siempre que quieras (porque está en tu experiencia, en tu continuo mental) y no en el objeto o circunstancia que permitió que aflorara y que, como todo, continúa su transición, al margen de ti.

    Se trata de permanecer en el amor y dejar que lo impregne todo.

    .

    sábado, 20 de junio de 2009

    Los infiernos existen.



    Hoy he leído la noticia del ciberpederasta (o ciberdepredador, como le llaman) que buscaba chicas en internet, de entre 12 y 17 años. Se las ingeniaba para convertirse en su “amiga” virtual mientras introducía un “troyano” en su ordenador (un sistema de control, con acceso directo a toda la información de su disco duro), obtenía fotos muy privadas (de "amiga" a amiga) y acababa chantajeándolas bajo la amenaza de difundirlas, exigiendo desnudos o grabaciones embarazosas frente a la webcam.
    Niñas que lloraban mientras accedían a masturbarse frente a la cámara, pensando que así, finalmente, las dejaría en paz. Niñas que veían difundidas por el instituto y entre sus amistades sus fotos e información privada, si se negaban a ir a más. Que acababan dejando los estudios bajo la presión del acoso y el miedo, que se sumían en la depresión durante meses y hasta en la idea del suicidio.
    Unas 250 adolescentes han estado sufriendo esta pesadilla en silencio y en secreto durante los últimos meses.
    "Mamá, no aguanto más. La única salida que veo es suicidarme", le escribía una chica de 16 años en una carta a su madre después de 8 meses de habitar en los infiernos.


    Los infiernos existen.
    Escribo esto cuando preparo una clase sobre la meditación en los infiernos.
    El dolor que presenciamos a nuestro alrededor (y a veces en nosotr@s mism@s) es algo más que el humo que nos avisa de la presencia del fuego, algo más que indicios de que los infiernos existen. Es el fuego mismo.

    En budismo, la dedicación de los méritos (por cada acción o intención positiva, o tras la meditación) es muy importante.
    Propongo que dediquemos los méritos (la energía positiva que generamos) cada vez que sintamos la paz y la alegría interior en la meditación, para que todos los seres que sufren (las niñas acosadas, violadas y asesinadas; las mujeres maltratadas que conviven durante largo tiempo con el enemigo en casa; los presos de Guantánamo y todas las personas torturadas en el mundo; las personas refugiadas de los países en guerra; las que sufren sequías y hambrunas; las que padecen dolores crónicos…) para que todos los seres que sufren en el mundo puedan sentir esa intensa paz y alegría que experimentas en meditación, de alguna manera, aunque sea por un instante, en medio de su sufrimiento.

    martes, 16 de junio de 2009

    Que tu mayor deseo sea la paz interior.


    Todo es cuestión de que te lo creas o no.
    A eso que te crees, le das poder; lo que no te acabas de creer de corazón, lo ignoras.
    Si crees que la felicidad y el sufrimiento dependen de lo que te pase, de las personas que te rodean, a eso le darás poder.
    Le darás el poder a lo que te pasa,
    dependerás de las personas que te rodean.

    Pero el budismo dice que la felicidad y el sufrimiento son estados mentales que están en tu interior
    y lo que pasa fuera son sólo condiciones para hacer aflorar esto que tú ya tienes dentro.

    Los problemas externos (del samsara), no vas a pararlos nunca
    porque siempre seguirán apareciendo, uno detrás de otro.
    Pero tus perturbaciones mentales (causas del sufrimiento) sí puedes reducirlas y eliminarlas.
    Y desarrollar tu paz interior, causa última de tu felicidad.

    El budismo dice: la causa de tu felicidad es tu paz interior;
    la causa de tu sufrimiento, tus perturbaciones mentales (odio, apego, ignorancia).

    Si de verdad te lo crees, siempre le darás prioridad a tu paz interior, por delante de cualquier anécdota que pase fuera.


    Protege tu paz interior más que tus posesiones materiales.

    Lochani dice:

    Cada vez que algo empieza a alterarme (una crítica, una decepción, las cosas no son como deseo, etc.) pienso:
    ¿Qué me importa más, esto o mi paz mental?
    Y mi malestar se reduce
    automáticamente.
    Porque cualquier cosa que no me guste (lo que piensen de mí, el inconveniente de perder un trabajo y tener que buscar otro, etc.)
    no es tan importante como mi paz mental, mi alegría interior.

    Así que vuelve a tu paz interior
    (protégela
    más que a cualquier posesión material o situación externa;
    mima tu paz mental, vuelve a ella)
    y haz lo que tengas que hacer
    desde tu alegría
    imperturbable.

    Vivir para crecer. Crecer para ser más felices.

    Rabjor dice:

    El sufrimiento te avisa de que hay perturbaciones mentales que no has pillado.
    Cada vez que sufres por algo, hay un apego detrás (a una persona o situación, a estar bien, a que ocurra lo que deseas), una aversión (todo lo que no quieres en tu vida) o indiferencia
    (el aburrimiento del sinsentido, quizás).

    ¿Sufres? Míralo de esta manera: la vida te presenta la perfecta oportunidad para detectar lo que hay en tu mente.
    Transforma esta experiencia en algo que te mejore.
    En el momento en que consigas sentirte bien ante una dificultad,
    te habrás convertido en un héroe o una heroína.
    (La verdadera heroicidad no consiste en matar o destruir seres o situaciones que de todas formas van a morir
    sino en destruir los engaños de tu mente, que nunca morirían de manera natural; por el contrario, cada vez se afianzan más y se hacen más grandes, si los dejas.)




    Y, así, dejarán de darte miedo los problemas y empezarás a acogerlos con alegría, como oportunidades de crecimiento.

    viernes, 5 de junio de 2009

    Sé feliz y haz felices a los demás.




    Por qué sufrimos?
    El budismo responde que la única causa es interna, no externa:
    la manera en que reaccionamos a las cosas, dirigid@s por nuestras perturbaciones mentales, nuestros engaños.

    Lochani dice:
    quieres ser feliz
    sin abandonar
    los pensamientos que destruyen
    tu felicidad
    y eso no es posible.


    Lo que más te hace sufrir es tu obsesión
    por el bienestar.

    Lochani nos confronta con una realidad ineludible:
    Quieres ser feliz en el samsara, y eso no es posible.
    (Samsara es una manera de mirar la vida, de relacionarse con la vida. Una actitud. Una mente perturbada).

    Lo que más sufrimiento te causa es dar por hecho que todo te tiene que salir bien aquí, en este mundo. Siempre.
    Que puedes tenerlo todo controlado a tu gusto y a tu favor.
    Que las personas que te rodean van a ser como tú quieres y hacer lo que tú quieres.
    Que el universo tiene un plan perfecto para que todo cuadre en tu vida. En todo momento.
    Y no es así.
    Y esperar que sea así, lo único que te garantiza es una sucesiva cadena de frustraciones, enfados, sufrimiento.

    Lo cierto es que en este mundo y en la realidad humana que vives, todo es muy frágil. Tu cuerpo es frágil, las situaciones de riesgo de accidentes, enfermedades y muerte son innumerables. El equilibrio familiar, profesional, con l@s amig@s, en cualquier tipo de relación, es muy frágil. Especialmente si las personas implicadas están dirigidas por el egocentrismo y el empeño en que las cosas sean exactamente como cada cual quiere que sean.
    Poco racional, si tenemos en cuenta que los deseos de cada cual difieren, porque todos ellos están dirigidos por su propio egocentrismo.

    No te engañes: lo que más te hace sufrir es ese deseo equivocado, imposible, de querer controlarlo todo, que todas las cosas que pasen en tu vida sean exactamente como tú quieres que sean.
    Lo que más te hace sufrir es tu obsesión por el bienestar.
    Lo que más te hace sufrir es tu obsesión por no sufrir.

    Buda dice: Relájate, hijo mío, y acepta las cosas como son, porque no puedes cambiarlas.
    Te enfrentas a efectos de causas anteriores, y eso ya ha pasado.
    Lo que sí puedes hacer ahora es aceptarlas con paciencia y crear causas beneficiosas que tendrán efectos beneficiosos.

    Lo único que depende de ti ahora es la manera en que decides reaccionar:
    Puedes elegir entre el enfado, odio, orgullo, resentimiento, victimismo…
    o bien, puedes aceptarlas con paciencia, amor y alegría,
    y aprovechar tu oportunidad de crear causas beneficiosas para efectos posteriores.

    Sé feliz practicando la paciencia
    voluntariamente
    y con alegría.

    Quieres ser feliz cambiando todo lo que te rodea, una y otra vez
    (a las personas, las situaciones),
    lo cambias todo excepto
    los pensamientos que destruyen tu felicidad.
    Y ése no es el camino.
    Lochani dice que la diferencia entre una persona espiritual y otra que no lo es reside en que la primera se esfuerza por cambiar su mente (destruyendo las perturbaciones egoístas) y la segunda sólo busca estar bien, aún esclava de su adicción al bienestar (que, inevitablemente, será causa de nuevos sufrimientos, antes o después).

    La consigna de una persona espiritual podría ser: Sé feliz y haz feliz a los demás.

    Sé feliz.
    Cómo?
    (Buda nunca nos deja colgados, dice Lochani: nos muestra el camino y, seguidamente, nos ofrece el vehículo).
    Practicando la paciencia.
    Cómo?
    Acepta lo que es,
    voluntariamente
    y con alegría.


    Y haz felices a los demás.
    Cómo?
    Con amor.
    Ese amor que te lleva a cuidarles,
    a recordar que tienen derecho a la libertad y a su propia felicidad
    y te induce a cambiar para ayudarles mejor.

    miércoles, 3 de junio de 2009

    Vacuidad vs. autoengaño.

    Pregunta a foro abierto.

    Cómo saber cuándo hacemos un buen uso de nuestra (por pequeña que sea) comprensión de la vacuidad y cuándo, simplemente, nos estamos escaqueando de la situación.
    Cuándo nos estamos evadiendo,
    cuándo nos estamos autoengañando.

    Rabjor dice:
    Cuidado, el ego es muy perverso, le da la vuelta a todo para autoprotegerse.
    Al Dharma también.
    Y cuando el ego manipula el Dharma, es muy peligroso.









    Como dice Mariana Caplan(http://www.crecejoven.com/mente/mariana_caplan/salud.php),
    el camino espiritual está lleno de trampas engañosas y más nos vale detectarlas y afrontar nuestros autoengaños con humildad.

    .

    lunes, 11 de mayo de 2009

    Ver a los demás.




    Comprendo que esta enfermedad crónica
    de quererme a mí mismo
    es la causa que produce el sufrimiento que no deseo.

    Y ruego tus bendiciones para destruir este gran demonio del egoísmo
    que repudio como el objeto de culpa.


    No hay diferencia entre yo y los demás
    porque nadie desea el menos de los sufrimientos
    ni nadie se contenta con la felicidad que posee;
    comprendiendo esto,
    ruego tus bendiciones para hacer felices
    con alegría
    a los demás.

    jueves, 30 de abril de 2009

    Sobre el amor y el ego.







    Rabjor dice que el apego y la estimación propia (el egocentrismo) son como aferrarse a un hierro ardiente, o cubierto de espinos.
    Te quejas de lo que te duele. No paras de sufrir y de quejarte.
    Y Buda te dice: Suelta…
    Y tú dices: No puedo!! Me duele mucho!!!
    (A veces lo llamamos “amor”).

    Sólo tienes que soltar, pero te duele tanto que no puedes (¿!). Por si acaso te duele más (¿!)

    Y, a veces, en un momento de lucidez (o de meditación), lo comprendes: que tu dolor procede de tu agarre. Y entonces sueltas un poco, quizás un dedo, el dedo pequeño, tímidamente, por si acaso...
    Qué alivio!... dices.
    Pero luego se te olvida o vuelve el miedo, o el dolor (de los otros dedos, aún sujetos con fuerza) y vuelves a agarrarte aún con más fuerza al hierro ardiendo:
    Cómo duele! No lo puedo soportar!
    Y Buda dice:
    Sólo tienes que soltarte, pero nadie lo puede hacer por ti.
    Y tú repites: sí, pero es que no puedo, me duele demasiado!

    A mí me resulta muy familiar. No sé a ti…

    .

    lunes, 27 de abril de 2009

    Cambiar.







    ¿Podemos ser budistas sin parecer un “bicho raro” en esta sociedad? ¿Sin que la gente a nuestro alrededor, que queremos y que nos quiere, se sorprenda de nuestros cambios y no nos reconozcan y se preocupen?

    Nadie hace grandes cambios de la noche a la mañana.
    A veces sí, pero son las menos. A veces alguien se “ilumina” en un instante y todo cambia.
    Pero lo que suele ser más habitual son los pequeños cambios progresivos. Una persona escucha o ve algo que despierta alguna sabiduría interior que ya posee (alguna semilla sin madurar) y conecta y se hace una luz y comprende algo que ya era suyo, y de la cabeza pasa al corazón y algo cambia en su comprensión de las cosas y en sus relaciones y, quizás, hasta en sus hábitos. Empieza a dedicarle menos tiempo a algunas cosas que ya no son tan prioritarias y más a otras. Ese tipo de cambios.
    Pero eso nos ha pasado un millón de veces y no dramatizamos. No nos sentimos culpables por que nos vean como un “bicho raro”. Hemos cambiado de ciudad, de pareja, de trabajo, de costumbres, y nadie ha puesto el grito en el cielo. La vida es así, siempre en continua transición. Un millón de veces hemos hecho cambios rotundos en nuestra vida, rotundos, y no nos ha preocupado, ¿por qué va a preocuparnos ahora, si lo hacemos por el dharma?

    Por ejemplo, cuando dejamos una ciudad para ir a otra a estudiar. Cuando yo dejé mi casa y a mi familia en Almería para ir a estudiar en la universidad en Barcelona, con 18 años, los cambios en mi vida fueron radicales. Cuando decides ser madre, los cambios en tu vida son radicales. Cuando te vas a trabajar a otra ciudad, quizás a otro país, los cambios en tu vida son radicales. Sin duda mucho más obvios e impactantes (al menos exteriormente, socialmente) que cuando empiezas a meditar en la muerte, la compasión o igualarte con los demás.

    Los cambios que produce el dharma, la meditación, en realidad son internos.
    Tu egocentrismo se diluye; te cuestionas más a menudo si tu vida es significativa, si las cosas a las que dedicas tu tiempo y tu energía cada día son las importantes. Y eso puede producir cambios externos, claro. Pero la mayoría de las veces no necesitas dejar tu trabajo ni tus estudios ni tu familia; simplemente lo haces con otra “mente”, desde otra perspectiva y con otra actitud. Y los cambios que suelen ver a tu alrededor son sutiles y, ciertamente, no para mal.

    En realidad, yo diría que te conviertes en una persona más fácil en tus relaciones. Menos angustiada y egocéntrica, discutes menos, empatizas más. Puedes dejar de comer carne o no, dejar de fumar o no; pero también fue un "cambio” cuando empezaste a fumar o a beber alcohol. En vez de irte de vacaciones a quemarte al sol en la playa, a lo mejor decides ir a un retiro a meditar. Pero todo eso son opciones personales que no harán daño a nadie –y en cualquier caso, en muchos los casos diría yo, tu salud te lo agradecerá.

    No tengas miedo a los cambios que pueda producir en ti la meditación o el dharma; siempre has estado haciendo cambios en tu vida, no es ésta la primera vez.
    Simplemente, plantéate con sinceridad si los cambios son para bien o para mal: si tu vida se hace cada vez más significativa o menos; si tienes más control sobre tus pensamientos y emociones o no; si eres más sabia para transformar los obstáculos de la vida en oportunidades. En suma, si eres más feliz y sabes sacarle más provecho a tu preciosa existencia humana.
    Y toma las decisiones adecuadas.
    Eso es lo que realmente importa.

    Y si hay que hacer cambios, se hacen. Siempre lo has hecho así. Cada vez que has ido a por un objetivo (por trabajo, estudios, maternidad, etc.), has asumido los cambios necesarios, sin miedo a parecer un “bicho raro”.
    No empieces a tener miedo ahora a los cambios.

    martes, 14 de abril de 2009

    Igualarse.




    Existe un antes y un después de conocer el adiestramiento de la mente
    del Loyong.

    Podríamos resumirlo diciendo que se trata de transformar el sufrimiento propio en compasión por todos los seres: la empatía con el sufrimiento de todos los seres sintientes, tan profunda que desearías liberarles de su dolor, como lo siente un madre hacia sus criaturas.
    Hay dos factores claves en este adiestramiento de la mente:
    1. Cómo igualarse con los demás: recordar que cada persona desea ser feliz y no sufrir, exactamente igual que tú; no olvidar ni por un momento que la otra persona tiene derecho a la libertad y a la felicidad, igual que tú lo deseas para ti.
    2. Cómo transformar las circunstancias adversas en el camino espiritual.

    Chokga dice: recuérdatelo una y otra vez, en cada situación en tu vida, hasta que te familiarices con la idea de que cada persona tiene el mismo derecho que tú a la felicidad y a la libertad (a llevarse el mejor trozo del pastel, el mejor plato, el mejor sitio en el cine, ese ascenso en el trabajo que persigues, etc.). Hasta que surja naturalmente, parte de ti, de tu mirada. Te sentirás bien, porque te sentirás una persona más justa.
    Por otra parte, encontrarás muchas oportunidades para alegrarte, porque cada vez que no consigas lo que deseas te alegrarás porque alguien ha conseguido lo que desea. Y ell@s son más (tú eres sólo un@). Así que se te multiplicaran indefinidamente tus oportunidades de alegría -no sólo cuando te toca a ti.

    Y qué decir de las circunstancias adversas? No te faltarán. La vida está llena de ellas. Tú decides: victimizarte y lloriquear, o recordar a los miles, quizás millones de personas que están pasando por tu misma situación en estos momentos, o peor. No estás sol@. Cuando caes en la cuenta del dolor ajeno (mucho peor que el tuyo), surge el amor y te gustaría arrebatárselo. A eso le llamamos compasión.
    Las circunstancias adversas, además, resultan un buen entrenamiento para la muerte. ¿Te duele el dolor, el duelo, la pérdida? Cuando llegue el momento de dejarlo todo, probablemente será peor, aún dolerá más.
    Entrénate en soltar. En ser/existir sin necesidad de todo lo que tienes -y crees que forma parte de ti: tu imagen, tu reputación, tu casa, tu familia, tu trabajo, tu dinero, tu nombre, tu cuerpo…
    Suelta, deja de identificarte con un equipaje tan abultado y pesado.
    Aligera peso.
    Y te resultará mucho más fácil partir –llegado el momento.
    Y vivir. Ahora. Aquí.