viernes, 20 de abril de 2018

El sueño que nos distrae.







Cuidado con el sueño, como una abducción.
Como una hipnosis que secuestra tu conciencia.
Cuidado con el sueño, cuando te lo crees.
Lo peor para ella no es el sufrimiento que causa, si sufres o no,
lo peor es la distracción.

Mientras estás resolviendo problemas del sueño, no estás en la contemplación.
Has dejado la casa del amor y la entrega y la plenitud
y te has ido de viaje por un relato de aventuras.

Las aventuras están bien, el viaje, si lo vives como una especie de "pilgrimage",
una peregrinación.
Cuando te vas por el mundo en un viaje de autodescubrimiento, en busca de ti misma,
acabas descubriendo a Dios. La Verdad. La Vida.
En eso consiste el autoconocimiento,
en descubrir ese "Yo".





Así que vivir el sueño no es el problema, para ella,
Si tienes presente que es un sueño,
como un viaje de peregrinación
lleno de aventuras que te van desvelando capa tras capa,
en el proceso de autoconocimiento.

El sueño es ese viaje,
como una película kármica llena de significados.

Pero si te mantienes "con los pies en la tierra",
con las raíces en casa (la paz, la plenitud)
el sueño perderá su efecto abductor o de hipnosis.
El sueño te resulta revelador
pero sabes que no es todo.
Contemplas la película desde la paz del hogar,
la plenitud que ya eres.
Y el fervor de la película no conseguirá que lo olvides.

Que mi sueño no me distraiga demasiado, pensó.
Que tu sueño sea revelador, que te conduzca a la comprensión y la libertad
que ya eres
-deseó, como una oración.





miércoles, 18 de abril de 2018

Todo está aquí.






Nada que hacer,
ningún lugar
a donde ir.
El mejor lugar del mundo es aquí mismo.
Suenan variantes del canto de la tórtola, desde la antena en el terrado,
calla, y echa a volar.
Las gaviotas planean.
Un coro de gorriones anidan en los árboles del Montjuic.
La ropa blanca tendida al sol,
el karategui desprende un olor limpio, después de la práctica de anoche,
blanqueado al sol.
Las toallas que la envolvieron al salir de la piscina, bajo las estrellas y una línea de luna en fase de disolución.
Las fundas de las almohadas acompañarán su sueño esta noche con olor a montaña y sol radiante.




Podría haber sido un gran día de mar y brisa de primavera, tal como había planeado,
pero subió a tender la ropa y evocó el lema de su taza favorita:
El mejor lugar del mundo es aquí mismo.

Acercó la hamaca a la sombra, entre macetas, y se sentó a contemplar las nubes
y a escuchar la orquesta del silencio.
El silencio atronador, también en la realidad histórica, o relativa, el sueño kármico.

Se llevó la copa de cerveza a los labios. Un perro ladra.
A su lado, en el suelo, encontró unas líneas de la contraportada del libro de Consuelo Martín, encerrado en la bolsa:
"¿Estamos dormidos o despiertos?
La vida lúcida, ¿es posible?"

Como marcalibros, sobresale la imagen de Prajnaparamita:
"Abre los ojos de la Sabiduría".

Ella cierra los ojos un instante y contempla
hacia dentro.
El mejor lugar del mundo es aquí mismo.
Todo está aquí.






Evoca aquella revelación mientras tomaba un helado después de la cena.
Subió a este mismo terrado a degustar el postre bajo las estrellas
y de repente vio todos los fotogramas en este mismo lugar:
ella y su helado,
aquel bebé naciendo a este mundo,
su propio cuerpo gastado y soltado,
la muerte de su madre,
la madre niña,
la abuela dando a luz a la madre...
Todo está aquí -reconoció.
Y desde entonces, su vida pasó a ser otra cosa.

Todo está aquí.
Lo que pareció ocurrir
y también lo que pareció no ocurrir.

Todo está aquí.

Y dejó de correr de un lado a otro.





sábado, 14 de abril de 2018

El silencio atronador.






Llueve.
Gris, y las gotas de lluvia repiquetean sobre el techo de cristal de la galería.
Los sonidos del silencio hoy son la lluvia y el tictac del reloj,
y el crujir a veces de la mesa o las hojas de la libreta donde escribe.
Y quizás la presencia de este organismo presente, la sangre en las venas,
la respiración,
esta red de autopistas con paradas abastecedoras
que mantienen en funcionamiento este cuerpo.

A veces, el canto de una tórtola, desde su cobijo.


La sinfonía del silencio.
Thich Nhat Hanh le llama "el silencio atronador"
-escribe esto y la lluvia se hace fuerte, poderosa, amenazante incluso, atronadora.






Piensa que la expresión "silencio atronador" se refiere quizás a que está lleno de significado y comprensión,
rebosante de contenido,
lo que podría parecer a priori que es mero espacio vacío.

El silencio como una puerta al infinito, el infinito mismo.

Consuelo Martín dice que la contemplación te permite salir de la zona de confort de lo conocido,
del mundo limitado de la percepción kármica personal y colectiva,
para conectar con lo desconocido,
con la plenitud definitiva.

Como morir.

Ella sospecha que es entonces cuando descubres eso que ha oído tantas veces sobre que "la muerte es una ilusión"

Que la contemplación te permite salir del mundo limitado de los sentidos,
de esta percepción e interpretación kármica,
para dar el salto a lo desconocido.
Como morir.
Cuando descubres que la muerte no existe.




domingo, 8 de abril de 2018

Amanecer.






Ha sido un interesante entretenimiento. Pero tampoco era para tanto. Tanto celebrar.
Puede que lo hiciera por aburrimiento, por esa necesidad del ego de sentirse importante. Qué manera de sublimar!

Ella se va creyendo que tiene un amor maravilloso a su lado, y tres hijas que la necesitan.
Y aún así se va relajada y feliz, delegando.
Este barco continuará su marcha sin ella, tan bien como con ella.
Pero, yo?, pensó.
No tengo nada "maravilloso" a mi lado, ninguna ficción. No de ese tipo.
Su presencia o su ausencia podrían pasar igualmente desapercibidas.
Las gaviotas, las tórtolas, el terrado.
Absolutamente indiferentes a su presencia o no.
Los árboles de la montaña del Montjuic, como abanicos abanicados por el viento.
Conmigo o sin mí, piensa.
Nadie la echará en falta demasiado
y a nadie echará en falta ella.
Y no le duele esta libertad.
Dice: Gracias, Vida, por ponérmelo tan fácil, siempre.
Y cierra los ojos.




Le gustaría vivir en meditación permanente, esta ebriedad.
Esta locura estabilizada.
Este desapego, esta libertad.
Si hay algo que desea, es sólo eso: esta lucidez estabilizada.

Quizás te parece triste, o cobarde.
Pero ella podría decir, como Neruda: Confieso que he vivido. Este sueño.
Confieso que he soñado.
Ahora le gustaría vivir, el resto de la vida que le queda, despierta.
Desde la muerte. Vivir. Despierta.
Esto mismo aquí y ahora.
Estabilizado.
Si algún tipo de permanencia fuera posible.

Corre un aire suave y fresco por debajo de un cielo cubierto.
Y a ratos tímidamente se filtra el sol.
Aún aquí.
Aún aquí, ahora.





lunes, 2 de abril de 2018

La ola medita en la muerte.







La práctica de la meditación en la muerte va cambiando conforme tú misma vas transformándote.

Al principio, el planteamiento surge de la experiencia de la hipnosis en la que me encuentro.
Contemplo la muerte propia, como si algún día fuera a dejar de existir,
como si hoy mismo existiera.
Medito desde la ola con la que me identifico, no desde el océano que soy.
Esta ola que nace, se alza (brusca o suavemente, clara o turbia),
realiza su trayectoria y acaba muriendo suavemente en alta mar,
rompiéndose contra las rocas o acariciando la orilla.
Fin.

Desde la ola separada que te sientes, tal vez contemplas el final con tristeza, miedo, angustia o algo peor.
Déjala entonces. Puede que no sea el momento para esta meditación.
En ese caso, podrías elegir meditar en el amor, igualarte, la compasión, dar o tomar.
Son meditaciones que con el tiempo y la práctica van reduciendo la sensación de separación y te van haciendo más consciente de la interconexión.
Que ser (o vivir) no es ser aisladamente, sino "interser".
Que nada puede ser separado de las causas y condiciones.
Que la ola sólo puede aparecer y mantenerse por la fuerza de otras olas,
el viento, las corrientes marinas
y, sobre todo, por su esencia misma de agua, de mar.
Compartes la misma naturaleza que todas las demás olas.
Surges del agua y te disuelves en el agua.
La ola puede nacer y morir un millón de veces
pero nunca deja de ser el agua que es.





La meditación en la muerte va transformándose con la práctica.
Ella recuerda que la primera vez que anunciaron que harían la meditación en la muerte, se sintió ilusionada como si la fueran a llevar al viaje más alucinante.
Iba a practicar el soltar absolutamente,
soltar todos los lastres (psicológicos, emocionales, físicos),
iba a transcender los límites de esta realidad conocida,
aunque sólo fuera por unos minutos, en meditación.

También podría ser que sientas vértigo y mucho miedo a lo desconocido,
al vacío, al no-ser.

En cualquier caso, lo estamos viviendo desde la ola.
Desde el yo separado que se identifica con este pack cuerpo-mente.
No importa.
Lo que importa es si esta meditación nos transforma,
si cambia nuestro orden de prioridades.




Tener la muerte presente en tu vida quizás te induzca a cambiar tu agenda,
a dejar de hacer cosas innecesarias que te hacen sufrir,
o simplemente se llevan tu tiempo y tu energía, que desearías emplear en otra cosa.
Puede que incluso se aligere un poco tu agenda,
y el "aburrimiento" ya no te asuste.
Puede que se reduzca tu estrés, que pierda importancia la aprobación ajena,
que dejes de buscar el amor por ahí fuera, porque has encontrado una "cocina mágica" en tu interior que no deja de cocinar los platos de amor más exquisitos, día y noche,
y en esa abundancia ya no necesitas venderte por unas migajas.

La meditación en la muerte puede ser liberadora aún desde la ola,
desde el yo separado que cree que va a morir.




Si con el tiempo dejas de designar "yo" en este pack cuerpo-mente
con el que ahora te identificas,
si "yo" pasa a ser el agua que aparece en múltiples formas,
en ese caso y gradualmente,
la experiencia de la meditación en la muerte irá cambiando también.

Y lo mismo le ocurrirá a la forma en que afrontas tu "preciosa experiencia humana".





domingo, 1 de abril de 2018

Meditación en la preciosa existencia humana.






La meditación en la muerte
me conduce inevitablemente a la meditación en la preciosa existencia humana.
La investigación sobre el auténtico significado de la vida humana.

Indagamos.
¿Se trata de ahorrar dinero, conseguir un "buen" trabajo, tener éxito social,
la salud, tener una familia o disfrutar de la independencia y la soledad...?
Ponle nombre. Lo que es prioritario en tu vida.

Quizás llevo toda la vida detrás de esas zanahorias (sacar el curso, acabar la carrera, buscar un trabajo, dejarlo, cambiar, tener una pareja o no, jubilarme o no...), una detrás de otra,
y sé por experiencia que en ningún caso el hecho de conseguir mi objetivo me garantizaba la felicidad, sino la insatisfacción que intentaba superar persiguiendo nuevos objetivos, con el mismo resultado.
Con el tiempo y la acumulación de "conquistas", quizás fueron apareciendo más y mayores miedos.
A perder. A perderme.

Quizás el auténtico sentido de la vida no va por ahí.
Y esta experiencia humana me ofrece la oportunidad de despertar,
salir de esta hipnosis
y reconocer
que nunca he estado encadenada
más que por mi propio sueño.

La meditación en la preciosa existencia humana nos lleva a realizar un sentido diferente:
el auténtico significado de esta vida pasa a ser la iluminación
o el despertar.





Y a partir de ahora ya no será tan traumático si pierdes tu trabajo o al ser más querido,
si ganas la lotería o pierdes la salud.
Lo importante es que en cualquier situación aún tienes la oportunidad de "despertar",
de liberarte de la influencia del "sueño".

Una vez que has realizado la meditación analítica en la preciosa existencia humana, te concentras en la experiencia de apreciación de la magnífica oportunidad con la que cuentas para la liberación y el despertar.
Y tomas la determinación de vivir en consecuencia.





Esto no significa que vayas a dejar de tener una serie de objetivos mundanos.
Podría ser que algunos cambien, al cambiar tus prioridades;
pero en cualquier caso, tendrás los que tendrás.
La única diferencia es que es posible que los vivas de forma diferente,
con menos apego y obsesión.

Da igual lo que hagas o lo que aparezca en tu vida,
la meditación en la preciosa existencia humana te lleva a valorar esta experiencia,
a abrir tu atención a las oportunidades y enseñanzas de cualquier situación,
no importa si se adecuan a tus deseos y los planes previstos. O no.
La vida sabe.
Y aún tienes esta magnífica oportunidad para
reconocer la maravillosa Verdad,
despertar
y liberarte de la hipnosis
y los miedos
que te encadenan.




jueves, 29 de marzo de 2018

La meditación en la muerte.







Querida amiga:

Me preguntas por la meditación en la muerte
y en la preciosa existencia humana.

Para ponerte en contexto, tal y como las he aprendido yo, son dos prácticas que forman parte de las 21 meditaciones del Lamrim (las etapas del camino a la iluminación), en el budismo tibetano.

En este tipo de meditaciones, dedicamos un espacio de tiempo a la contemplación o reflexión sobre alguna de las enseñanzas (meditación analítica), hasta que esta investigación conceptual o razonamiento lógico nos conduce a la comprensión profunda y a la experiencia misma del objeto de la enseñanza (amor, renuncia, refugio, tomar y dar, apreciación de la vida, etc.)

En este momento de "realización" o experiencia profunda, soltamos el razonamiento, todo tipo de análisis conceptual, y nos concentramos en la experiencia misma, libre de conceptos (meditación de emplazamiento), para integrarla y estabilizarla, hasta que acaba convirtiéndose en parte natural de una misma.

Entre estas 21 meditaciones del lamrim o "etapas del camino" (refugio, karma, renuncia, ecuanimidad, igualarse, tomar, dar, la gran compasión, etc.) están la meditación en la muerte y la de la preciosa experiencia humana.





Para empezar, te sientas en tu posición de meditación y tomas conciencia de la quietud física y mental, sueltas todas las preocupaciones y gestiones pendientes (las que tenías antes y las que volverás a afrontar después de la meditación) y te planteas una motivación para esta práctica.
En el caso de la meditación en la muerte, la motivación podría ser tomar conciencia estable de que esta oportunidad se acabará en algún momento, reconocer la impermanencia de todas las cosas y aceptarla, soltar miedos, apegos, etc. Identifica tu propia motivación personal.
Y a partir de ahí te concentras en pensar (meditar) sobre la impermanencia.
Este personaje tuyo va a tener un final algún día, eso es seguro; en cualquier momento, tal vez hoy mismo.
No sólo voy a morir "yo" (este yo con el que me identifico) sino también todas las personas que amo, las situaciones, lo que poseo o creo poseer.
Es cuestión de tiempo.
Así que por qué no soltar ya mismo y liberarme de todos los sufrimientos que me causa este apego que me lleva a querer retener las cosas, una batalla perdida de antemano.

Dedico la mayor parte de mi tiempo a actividades para la comodidad física, la acumulación de bienes materiales, el éxito social, o para la fantasía de "seguridad" y bienestar o felicidad, que nada de esto me garantiza.
Lo único que me garantiza la felicidad es la liberación de todas esas necesidades engañosas.





Meditar en la muerte debería llevarte a establecer un orden diferente de prioridades en tu vida
y la liberación de un montón de necesidades que te hacen presa fácil del miedo y la esclavitud.

Esta "meditación analítica" en la muerte te podría conducir a un estado alegre y sereno de libertad y fortaleza, liberada de los apegos y miedos a perder (lo que ya has soltado de alguna manera).
Ligereza, desapego y desdramatización de las preocupaciones mundanas.

Te concentras en esta experiencia profunda de plenitud, confianza y serenidad.
Ahora sin necesidad de análisis conceptuales o pensamientos.

Simplemente te concentras en la experiencia de plenitud y libertad,
más allá de la hipnosis de la vida y la muerte.

En el momento en que pierdas la experiencia de plenitud, vuelves temporalmente a recordar el razonamiento analítico, la enseñanza sobre la muerte que te lleva a la experiencia de libertad.
Y ahí vuelves a quedarte, concentrada en la experiencia misma, sin palabras ni conceptos.





Se dice que las enseñanzas budistas (y también las 21 meditaciones del lamrim) son como un botiquín con diferentes medicinas para diferentes males o situaciones.
Hay medicinas que, siendo muy eficaces para un mal concreto, no son válidas e incluso podrían ser contraproducentes si las haces servir para otro tipo de padecimiento.
Del mismo modo, es aconsejable utilizar la meditación apropiada para tu situación particular en un momento dado.
Y si consideras que la meditación en la muerte podría llevarte a un estado de depresión o miedo, no es el momento de ponerla en práctica. Y quizás podrías elegir otra, en el refugio, la renuncia, igualarse con los demás, la gran compasión o cualquier otra adecuada para ti, aquí y ahora.




(Continuará.
Segunda parte en el próximo post)