miércoles, 5 de abril de 2017

Vivir como una oración.






Sobremesa, y qué decir!
Descorchó una botella de vino tinto, local, eco.
Arroz/paella, cocinada con agua de mar, y limón.
Cerraba los ojos mientras se disolvían los granos en su paladar.
Ensalada de lechugas, remolacha fresca, albahaca y cebollinos de sus macetas en el balcón.
Cada bocado no era un orgasmo
pero sí un entregado disfrute apacible.
No puede dejar que las plantas se marchiten bajo el sol o la lluvia, qué pérdida imperdonable!

Atardece y en un par de horas la esperan en el concierto.
Antes, recogerá la ropa tendida en el terrado.
Tan sugerentes, el sol y las montañas que la rodean.
No puede ser tímida y callarlo, que esto es la felicidad.

Dobla la ropa seca.
Es el momento del postre. Helado y chocolate.
Camino del salón, se deja embriagar por los aromas de la casa limpia.





El mejor retiro es su propio hogar.
El silencio de su casa.
El "sonido atronador" del silencio de su casa.
A veces duda:
¿Me estoy sepultando en vida, esta tendencia al no-hacer, el disfrute solitario, la ofrenda solitaria?
Hoy por hoy, desecha la idea.
Prepara meticulosamente las ofrendas en la cocina y en la mesa.
Los espárragos verdes sobre un plato de dibujos de Bohemia -de la tienda de viejo del marroquí del Raval.
Las hojas finas de cebollino cortadas de su maceta, en el balcón.
La remolacha cruda.
La albahaca sobre las hojas de las lechugas que compra en el mercadillo callejero de los sábados.
Evoca a su amigo cuando le dijo algo así como que ella estaría en las hojas de albahaca disolviéndose en su paladar.
Y en los espárragos verdes, piensa ahora,
y en las hojas violetas de la remolacha, y en el olivar.
Cómo podría distribuir su cuerpo tanto, tanto,
como para nutrir cada uno de los alimentos con los que ella se fundió?

Tan llena de gratitud
que el amor la desborda.
Nunca habrá forma de devolver lo regalado, lo sabe.
Se siente Tara recibiendo ofrendas, sin parar,
Prajnaparamita, Vajrayoguini.
No necesita más.
Y sin embargo, cada paso es otra ofrenda.
Coger la bicicleta, inhalar el mar,
la entrega en su práctica de artes marciales.
Pedalear en la noche bajo la luna creciente, bordeando el puerto,
absorbiendo el perfume del suelo húmedo por la lluvia.
Esta vida tan llena, tan llena.
Volver a casa. Tenderse bajo el edredón a leer palabras evocadoras. inspiradoras,
y entregarse a la mente sutil, tan profunda.
Tan profunda...




sábado, 1 de abril de 2017

La adicción al sufrimiento.






Amaneció sol de primavera, abriéndose, inspirador.
Volvió a la cama a semimeditar, mente sutil.
Contemplación desde el silencio.
Cuando se levantó, el cielo amenazaba lluvia, oscuros nubarrones.
Después de la higiene habitual (cara, ojos, boca, nariz y manos),
preparó el desayuno como una ofrenda.
El tictac del reloj poniéndole ritmo a la lluvia, si lo necesitara, mientras degustaba el café, el bizcocho casero de algarroba y frutos secos, las fresas.
El cielo había aclarado cuando cogió la bicicleta, bordeando el puerto hasta la playa.
Encontró un mar de olas suaves, limpio (aun después de la tempestad de la noche, sorpresa), piedras bajo las plantas de los pies.
Y un cielo de tonos grises y azules y blancos y más grises.
La luz como el ojo de Dios filtrándose entre los claros.
El agua fría, un abrazo de despertar.
Luego, la piscina exterior, climatizada, la arropó como un balneario cálido, por el contraste, mientras hacía un largo tras otro, a veces en la superficie, a veces en las entrañas cálidas.
Emergió del agua y se dirigió a la hamaca donde había dejado la toalla y la bolsa de la ducha, húmedas por la lluvia suave.
Y se cruzó con esa conversación:
"Son dos caminos diferentes, que te llevan a lugares diferentes."
Sonrió.





Anoche, tras el grupo de estudio, decidieron extender el compartir con una cena ligera.
Alguien preguntó:
Qué es lo que os altera, todavía?
J dijo: "Que me hablen mal, las malas maneras, los gritos, las demandas, las exigencias."
Y ello dio lugar a un debate sobre el habla amorosa y la escucha profunda.
¿Y a vosotras?
L dijo: "Las expectativas, en especial las expectativas de felicidad".
Y debatieron sobre la tiranía de la idea de la felicidad, tan lejana.
M dijo: "El apego al malestar, la adicción al sufrimiento."

En mi experiencia, dijo L, la felicidad, la plenitud y la paz, tienen más que ver con la presencia, con la atención plena, que con las expectativas.
De hecho, no tienen nada que ver con las expectativas.
Yo creo que se trata más de darse la oportunidad de ver que ya están aquí.
Como abrir los ojos, o abrir una puerta.
Parece que tenemos más costumbre de abrir la puerta de la tristeza, la frustración, la rabia...
Pero la puerta de la satisfacción, la plenitud y la alegría, también está aquí.

M escuchaba atentamente y asentía:
El problema es que tenemos más apego al malestar que al bienestar, y por eso el malestar está más presente en nuestra vida cotidiana.

Desde la práctica del malestar y la adicción al sufrimiento, las expectativas de felicidad son pura palabrería. Marear la perdiz, simple autoengaño.
Es como decir que quieres aprender latín mientras te pasas los días practicando inglés.


Cómo es posible que nos aferremos más al sufrimiento y la insatisfacción que a la plenitud y la celebración y la alegría?
He oído en alguna parte que el ego necesita nutrirse de todos estos líos para sobrevivir.
Quizás es nuestra identificación con el ego lo que da lugar a esta práctica cotidiana de la frustración y el malestar, la adicción al sufrimiento.

Quizás.

Pero son dos caminos diferentes, que te conducen a lugares diferentes.

Ya...






Y allí siguieron,
degustando el vino,
los pinchos de verduras,
el silencio,
el amor
y la compañía.




viernes, 24 de marzo de 2017

La renuncia.






Le gusta su casa.
Subir al terrado a recoger la ropa y encontrar sus paseos por Collserola y las meditaciones en la iglesia del Tibidabo.
Y más cerca, el pulmón verde, cotidiano, de la montaña de Montjuic.
La ciudad rodeada por las montañas y el olor a salitre del mar cercano,
y el planear y el graznido de las gaviotas,
que a veces permanecen como estatuas, inmóviles y silenciosas, en las barandas.

Le gusta el olor a ropa limpia.
Bajar por la escalera y celebrar que aún tiene piernas.
Quizás no pueda ejecutar los mae geris y mawashis, y los ushiros, como antaño,
ni probablemente podría seguir a Inma en la práctica del Tog Chöd, que le fascina.
Ya lo sabe, que la cadera y la rodilla a veces se quejan tímidamente,
que sus piernas pesadas le quieren decir algo que aún no alcanza a descifrar.
Pero aún tiene piernas para pedalear la bicicleta y nadar,
para caminar,
y para subir y bajar las escaleras al terrado.
Le gusta tener piernas.

Le gusta el olor a amaranto recién tostado que perfuma la casa
y la recibe al abrir la puerta.
El aroma a jazmín en el baño.
Incluso le gusta el vinagre y el bicarbonato contrarrestando la larga historia de las viejas cañerías.
Y el perfume a naranja y azahar en el pasillo.

Le gusta el silencio. Y la aparente soledad.
Y los sonidos del silencio.
El "estruendo del silencio", como lo llama Thich Nhat Hanh.
Y la abundancia de la soledad, la multitud de presencias, las conexiones infinitas.

Le gusta Tulku Lama Lobsan cuando dice:
"Puedes ir al cielo, o al infierno, o a donde quieras ir. Tú decides."
"No necesitas grandes cosas para ser feliz, puedes encontrar la felicidad en las infinitas cosas que llenan tu vida diaria".




Le gusta ser consciente de su poder.
Aún suenan en sus oídos los mantras que le recetó Mercedes:
I am powerful.
I am strong.
I am healthy.
I am abundant.
Y ella, que al principio la escuchaba con incredulidad y escepticismo
(tan resistente a la filosofía y las afirmaciones positivas),
como siempre, decidió darle una oportunidad
y ver qué pasa cuando se echan a un lado las creencias
y los prejuicios.

Le gusta el calor del verano, evocando el sol plomizo del desierto.
O cuando parece que ha vuelto el gris apacible del otoño.
Y cuando refresca más, y tirita al abrazo del invierno.
Y todo ello en primavera.

Le gusta la luz del atardecer.
La hora violeta, como un cuadro de blancos y azules y grises y rosas y anaranjados
y rojo de fuego.




Ya cuando empezó a descubrir el budismo le enseñaron que no debía renunciar al mundo
(cómo hacerlo, si es el regalo que te permite comprender, y despertar),
sólo había que renunciar al sufrimiento
de la confusión.

Cómo odiar el sueño que vives, tan lleno de señales, de oportunidades?
Qué desperdicio supondría!
Qué ingratitud!




Le gusta el sol de primavera en su estudio.
"Enamórate de la vida", dice Thich Nhat Hanh.
Tienes que vivir la vida enamorada, de la vida.
Y en ello está.





lunes, 20 de marzo de 2017

Primavera.







La nostalgia es una especie de duelo;
lo amado, ausente.
Al fin y al cabo, una forma de amor.
Como seres en otra dimensión, en otro mundo,
pero al menos eres consciente de su existencia
en un universo paralelo.
Irrebatible.
Cuántos mundos hay en este mundo!
Cuántas vidas en esta vida!

La primavera anuncia nuevos nacimientos.
Qué pereza el círculo imparable,
la rueda en continuo movimiento!
Y no te puedes quedar atrás porque la vida ya te empuja.

Lavar la ropa como los pensamientos sucios o usados;
tenderla al sol y al viento, airearla;
comer como un acto de fusión;
desarrollar tu trabajo;
alimentar tus relaciones;
descansar (permiso para no-hacer).
Volver a subirse al tren en marcha.

Y no te puedes quedar atrás
porque la vida
te empuja.





miércoles, 8 de marzo de 2017

Tu dolor es mi dolor.







"Cuando oigo tus gritos, si agudizo mi escucha, siento el susurro de tu sufrimiento. Te miro profundamente y comprendo que me resulta más fácil ver tu rabia que la mía propia.

Aceptando tu malestar, me acerco a ti, y me ayuda a comprender que los dos estamos ahí.

Cuando en mi comunidad, familia, grupo de trabajo o amistades hay enfrentamientos o conflicto, puedo notar el malestar que corre por mi interior. A pesar de que el problema (aparentemente) no vaya conmigo, aunque no sea yo la persona aludida, aunque nadie mencione mi nombre, yo estoy ahí, consumiendo dolor.

Cuando el conflicto estalla produce un estruendo terrible y, aunque sea sólo por el ruido que emite, nos ayuda a reconocer que algo no anda bien. 
Puede dar pereza o miedo, pero habrá que ocuparse de ello. 
Cuando el conflicto subyace oculto entre banalidades, posturas y discursos, un castigo se cierne sobre nosotros. Es el castigo de la incomprensión. Dolor sin nombre. Discusiones sin destino. Sufrimiento gratuito.





Thich Nhat Hanh siempre nos recuerda que no va a ser fácil, que la hermandad es lo más bonito que podemos generar porque es un fruto exclusivo del árbol del amor.

Y de la dificultad surge su esplendor.

Nuestra práctica lleva adscrita la ilusión por la vida. Siempre tenemos la esperanza de que la compasión brote e invada los espacios oscuros de nuestras relaciones. Creemos en nuestra capacidad de amar, abrazar y entender que tu sufrimiento es mi sufrimiento.

Si no me hablas, me estarás castigando con el duro reto de la indiferencia.

Si me hablas de lo que no sientes, estarás traicionando nuestros corazones.

Si hablas descontroladamente, podrás distraer la razón, pero nunca a nuestro sentimiento.

Afrontar un conflicto no es tarea fácil, mil dudas y temores nos sobrecogen. 
Abrir nuestro corazón y buscar la comunicación sincera es el camino de la práctica de la Plena Conciencia."







lunes, 6 de marzo de 2017

Si sufrimos es porque no comprendemos la relación entre los objetos que percibimos y la mente.





Viento.
Crujen sutilmente las ventanas de madera.
Las puertas cerradas dan pequeños golpecitos.
El aire atraviesa los resquicios de los balcones y pasea libremente por la casa.

Le gusta que las ventanas no cierren herméticamente y que el interior de la casa se airee imperceptible, permanentemente, día y noche; el clima mediterráneo lo permite.

Sopla el viento fuera, cruje la madera dentro.
Y suenan los goznes de la puerta al ser empujada por una fuerza invisible.

Marzo y el Buda de la Medicina en el calendario.
El buda azul con el néctar que todo lo cura en sus manos.
El néctar que purifica la mente y hace caer la venda de los ojos.
Y puedes ver al fin.
Y comprender.





"Quien muera sintiendo compasión renacerá en una Tierra Pura.
Gueshe Chekawa quería renacer en los infiernos para ayudar a los seres sufrientes pero en el momento de morir comprendió que ya no podía proyectar infiernos.
La compasión le había purificado la mente y para él los objetos impuros como los infiernos habían dejado de existir.
Si sufrimos es porque no comprendemos la relación entre los objetos que percibimos y la mente."




Cerró el libro y volvió a contemplar los sonidos del silencio.
Y la noche oscura al otro lado de la ventana.
La iglesia del Tibidabo iluminada y a sus pies la noria de colores.
Como una ilustración de nirvana y samsara, la misma hipnosis.
Luces como luciérnagas salpicando la falda invisible de la montaña.





jueves, 23 de febrero de 2017

3ª Noble Verdad: el Nirvana en esta vida.






Quietud.
Día gris.
Un sol tamizado baña el decorado,
filtrándose por una capa densa de nubes.
El sol al otro lado de lo que la vista alcanza a percibir.
El sol siempre presente.
Da igual si lo ves, si lo sientes, o no.
Y la luna.

Prueba a ver el sol cuando la lluvia de polvo del sur no te deja
-se reta a sí misma.

Retentiva mental,
en terminología budista.
Recuerda.
Lo que ya sabes.
Que el sol siempre está ahí, en esta experiencia humana.
Lo veas o no.

Prueba a tocar el nirvana cuando tu cuerpo se descompone.

No deja de estar ahí porque llueva.
Con nubes, viento o nieve, lo veas o no, el sol permanece inmutable.
Y la luna.
No es tan difícil saberlo.

Retentiva mental.
Y vigilancia. Para detectar cuándo lo has olvidado.

3ª Noble Verdad:
el Nirvana existe.
La vida es Nirvana.
Lo sientas o no.
Sólo lo olvidas cuando la hipnosis egocéntrica de separación (2ªNV)
te conduce al sufrimiento (1ªNV).














(Este viernes tiene un compromiso familiar y se perderá la meditación con la sangha, en el Noble Óctuple Sendero, o la forma de vida para reconocer y estabilizar el Nirvana. En esta vida).