viernes, 30 de diciembre de 2011

Por qué no comienzas el año perdonando?

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Un año más.


En el KMC de Barcelona entran en el nuevo año celebrando
las 24 horas de Tara, integrando,
después de una cena muy especial,
una meditación muy especial con un ritual muy especial para que
el año nuevo signifique un nuevo yo.
Año nuevo, nuevo yo.

(Yo me lo perderé. En cuerpo, aunque de alguna manera en mente estaré también allí, donde estará gran parte de mi familia más significativa).

Para mucha gente, el año nuevo, como la noche buena, como el día
de la madre, o del padre, como el 8 de marzo y todas las demás celebraciones, no son más que un día cualquiera.
Por qué no dar a luz un nuevo yo cada día del año? ¿O agradecer a la madre, o al padre, etc. etc.?
Sencillamente, porque no lo hacemos. Y si lo haces (si celebras, si aprecias, si luchas por la igualdad, la justicia y la felicidad) cada día de tu vida, te felicito
y me postro ante ti, como diría un buen amigo mío.
Y si no es así, no está de más que, al menos, un día al año
te lo recuerde.
Los ritos (especialmente los ritos de paso) han tenido su función en todas las culturas de todos los tiempos. Y por algo será.


Propósitos de año nuevo.














Muchas personas comienzan el año nuevo con un saco lleno de buenos propósitos, pequeñas o grandes cosas que mejorar. La más grande de todas es ser una nueva persona.
De todas formas lo somos,
cada día, cada segundo nace una nueva persona, aun sin percibirlo.

(La prueba está en que ya no existe el bebé que fuiste, la niña o el niño, la adolescente...
Cuándo ocurrió ese cambio, para pasar a ser la persona que eres hoy?
Si buscas un instante concreto no lo encontrarás, porque han sido todos los instantes de tu vida los que han cesado para dar lugar a uno nuevo. Lo que ocurre es que nos repetimos tanto que apenas resulta perceptible.
Hasta que pasa a ser perceptible).

Pero cómo puedo ser una nueva persona? Qué nueva persona?
Cómo?


Bajar de esta
montaña.




Para nacer, hay que morir.
Para darse una nueva oportunidad, hay que soltar lo viejo.
A menudo hay que quemar las naves, para no volver
-a lo viejo.
Para sanar, hay que curarse.
Para sanar las viejas heridas, hay que perdonar.

Por qué no probamos a empezar el nuevo año perdonando?
Perdonándolo todo (como si aún creyéramos en la alucinación de que hay algo que perdonar).
Por qué no comprendemos (las heridas que arrastraban, que aún arrastran)
a todas las personas que creemos que nos hicieron daño?
Por qué no dejamos por un instante de mirar nuestro ombligo para mirar a nuestro alrededor y contemplar lo que nos rodea,
las personas que nos rodean, que no son "otras", "ellos" o "ellas",
sino otros "yo"?
Por qué no bajamos por un instante de esta montaña que llamamos "yo"
para subir a aquella montaña (que llamamos "tú", o "él" o "ella"),
y vemos cómo aquella montaña pasa a ser esta montaña?
Y era tan fácil.
Siempre lo había sido.
Sólo había que bajar de este yo y subir al otro
yo.

Algún día comprenderemos que este "yo" que consideramos tan importante no es más que una mera designación.
Y si designo "yo" en lo que hasta ahora he designado como "tú" o "ella",
si empiezo a sentir que tú y yo somos la misma cosa,
todo va a empezar a ir sobre ruedas.

Quizás es demasiado pedir.

OK. Entonces, podemos empezar, meramente,
perdonando.
Abriendo los ojos, dejando espacio para ver a los demás,
en especial a aquéllos que nos hicieron tanto daño (!!!);
verles como los seres frágiles que son, vulnerables
(al fin y al cabo, humanos, como tú y como yo),
heridos y con pocos recursos
para sanar sus propias heridas,
dando palos de ciego
(como tú y como yo).
¿No te parece que, más que resentimiento, merecen empatía
y que alguien les tienda una mano amiga?
Por ejemplo, la tuya.
La mía, por ejemplo.

Empieza el año perdonando (si tienes algo que perdonar)
y verás cómo se sanan todas tus heridas
y en la experiencia de alivio te haces grande.
Es tu nuevo yo.



http://reflexionesdeunaestudiantebudista.blogspot.com/2010/12/propositos-de-ano-nuevo.htmlEnlace

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viernes, 23 de diciembre de 2011

La iluminación es divertida.

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En la introducción de la reciente Celebración del Dharma, en Málaga, centrada en las enseñanzas sobre la vacuidad,
guen Rigden (el maestro residente) nos decía:
Hay que poner entusiasmo en conseguir la iluminación.
Hay que ponerle ganas, convencernos de que nos conviene, de que nos lo vamos a pasar bien. Y nos lo vamos a pasar bien porque la iluminación es divertida. ¿Te imaginas que tu madre se pone enferma y tú emanas como un enfermero y la curas? ¿O te metes en la mente del enfermero y la acoges y la ayudas? Y lo mismo con todos los seres, empezando por aquellos con los que tienes más conexión kármica. Emanas como lo que haga falta y les ayudas. ¿Te imaginas algo más divertido?


Cuando no puedes ayudar.












A veces estás ahí, durante mucho tiempo, acompañando a alguien, contemplando su sufrimiento (sus enfados, su segregación, sus preocupaciones, sus miedos, su dolor), y no puedes hacer nada.
Tú ves que todo eso que le hace sufrir es sólo una fantasía, producto de su imaginación, una hipnosis. Pero no puedes hacer nada. Sólo estar ahí. Dices algo y no te escucha, o lo que escucha le altera aún más. Así que dejas de decir y sólo escuchas sus crónicas, la narración de sus intereses mundanos (que te importan muy poco), de sus distracciones (la manera de distraer su dolor). Incluso escuchas la narración de los fantasmas que causan su dolor fantasma.
Contemplas ese alarde de imaginación que parece tan "real", tan sólido, a fuerza de construirlo día a día, segundo a segundo.
Acompañas y ya.


Cuando sí puedes ayudar.







Imagina que un día esa persona te tiende la mano y dice "ven" y te toca y todo cambia.
Y dice: cómo he podido no verte?
Y dices: pero yo he estado aquí todo el tiempo.
Y dice: cómo he podido no escucharte?
Y tú te ríes.
Quizás porque dejé de hablar.
Y de repente parece que lo entiende todo (al menos todo lo que tú tienes dentro): lo que dijiste
y lo que callaste.
Y eres feliz porque ahora sí, puedes ayudar a la otra persona
y de esta manera ella te ayuda tanto, tanto.
Se ha convertido en un compañero o una compañera junto a la que crecer, que te estimula a ser coherente, a ser mejor persona
o lo que sea que tengas que ser.

Como cuando eres un buda y tu madre está enferma y emanas en un enfermero que la cura.


Cuando sólo puedes ayudar
de otra manera.




Pero imagina que la otra persona no tiende la mano y dice ven,
y sigue sin verte
y cree que te escucha pero no,
lo que dices no tiene ninguna fuerza para cambiar las cosas
dentro de ella
(de la otra persona).
Y entonces haces como buda y miras a tu alrededor y buscas enfermeros y enfermeras
(o lo que la otra persona necesite)
que realicen la función que tú no puedes hacer.
Buscas otras emanaciones, otras apariencias
donde esa persona ponga su confianza
y se abra
a recibir la ayuda que tiene que recibir
para que algo se mueva dentro.
Como cuando buda busca un enfermero para ella y se mete en su mente y la hace apacible
y cálida y amorosa
y lúcida
para ayudar a tu madre
como necesita ser ayudada.


Todos somos un poco como budas.

A veces te ven
y a veces no te ven.
Y cuando no te ven (si quieres ayudarles)
tienes que buscar a alguien a quien sí vean,
en quien sí puedan confiar,
que responda a las pautas que cada persona necesita
en cada momento dado
para abrirse
y ser ayudada.


Todos somos un poco como budas, si queremos.

Con la diferencia de que buda nunca se equivoca
y tú,
quizás sí.

Quizás buscas la emanación que la otra persona necesita en este momento para crecer,
para jugar mejor su juego,
para soñar su sueño.
Y confías, sólo confías,
en que no olvidará que el objetivo último
(ya lo sabe, lo sabe tan bien como tú)
es dejar todos los juegos
(peor o mejor jugados, da igual),
abandonar todos los sueños
y despertar.




















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viernes, 16 de diciembre de 2011

Ve que esto funciona, tonto no es.

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Hacía tiempo que no nos encontrábamos en los retiros.
Estaban a punto de comenzar las oraciones de la Gema del Corazón en la gompa y vino a sentarse a mi lado. Durante el día la había visto con su marido y las niñas. ¿Y tu marido?, le pregunté. Ha cogido el coche y se ha ido al pueblo a ver el partido del Madrid-Barça. Bastante hace con acompañarme; y no se pierde ninguna sesión de las enseñanzas.
Me contó los problemas que había tenido al principio para asistir a festivales y retiros porque a su pareja no le gustaba nada. Ahora él la acompaña. Y se traen a las niñas. Y cómo ha sido ese cambio?, le pregunté. Ve que esto funciona, tonto no es.

La evaluación de tu progreso (personal y espiritual) la encontrarás, entre otras cosas, si las personas a tu alrededor ven que "funciona".


Cómo evaluar el progreso
en tu vida.







Si la relación con tu pareja es más fluida y amorosa, si te sientes más enamorad@ que nunca, más consciente de sus cualidades y poco obsesionad@ con sus faltas (nadie es perfecto), es que funciona. No importa que lleve 33 años a tu lado o sea la enésima pareja en tu vida; si una vez más es tu primer amor, el mejor de todos, es que funciona.

Si aún puedes pasarle el brazo por el hombro a tu ex, o cogerle de la mano y contarle tus confidencias. Si todas las "negociaciones" son fáciles y te alegras de su felicidad como si fuera la tuya propia,
eso en lo que crees (el dharma o cualquier otra cosa) funciona.

Si has empezado a reducir las exigencias con tus hij@s casi hasta la eliminación; si te interesa más su felicidad que sus "éxitos" (o tus miedos); si has empezado a ser su acompañante en este segmento de vida en común.

Si ya no necesitas "perdonar" a tu madre, o a tu padre, porque solo sientes gratitud.

Si tu salud ha mejorado ostensiblemente.
Si tu sistema inmunológico se ha fortalecido y ya tu cuerpo no
te habla tanto de frío (si has empezado a administrar bien tu energía), ni de calor.

Si has dejado de ser un@ esclav@ del culto al bienestar
porque cada vez son más las situaciones externas que reflejan el bienestar
que ya sientes dentro.

Si cada vez te quejas menos de las condiciones externas
y de las personas
porque esto cada vez se parece más a eso que llaman la tierra pura.

Si cada vez tu concentración al meditar es más fácil y gozosa.



Si mantienes la sonrisa de corazón
por mucho que maduren temporales, tormentas y tsunamis,
aunque parezca que la tierra se resquebraja bajo tus pies
y aun así no te engulle,
es que funciona.

Si aparece una sonrisa en tu rostro cuando contemplas los avances de otra persona,
su liberación progresiva,
la conquista de nuevos espacios de paz,
su madurez y sabiduría,
su confianza,
los miedos diluyéndose como maras fantasmas que ya no tienen ningún poder;
si puedes verlo (porque ya sientes todo eso dentro de ti);
si puedes contemplar la liberación, cada vez más,
de más y más seres a tu alrededor,
es que eso en lo que crees funciona.


Observa cómo es la vida de los miembros
de tu club.















Una recién llegada a la sangha de Barcelona me dijo una vez: "Esto está lleno de ex
bien avenidos".
Son parejas separadas que siguen cuidándose mutuamente.
Y eso es porque funciona.

En una de sus enseñanzas sobre la bondad de todos los seres, tus madres, Kunsang levantó los ojos del libro, miró a la audiencia por encima de sus gafas y dijo:
pero quizás tú eres una de esas personas convencidas de que nunca tuvieron una madre bondadosa y llevas años de terapia para superar los resentimientos contra tu madre, culpable de todos tus males; enhorabuena porque estás en el sitio adecuado y en cinco minutos te vas a curar para siempre de ese terrible daño que te infligieron en tu infancia y está envenenando tu vida.

Personalmente, no conozco otra terapia mejor que el dharma para sanar todas las heridas del "niño herido".
Y eso significa que el dharma funciona.

Pero para que funcione no basta con llegar, "pillar ideas" y salir
a picotear ideas a otras fuentes.
Lo sabemos porque no funciona.

Investiga en tu propia vida
y observa sin prejuicios las vidas de los demás, en cada club en el que te metes,
y observa si funciona.
Y utiliza lo que funciona.

No hay más.






Estas fiestas familiares serán una buena oportunidad para evaluar si tus creencias funcionan.
Si tu vida
funciona.












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jueves, 15 de diciembre de 2011

Cómo afrontar las fiestas familiares.

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Qué peligro tienen las fiestas familiares.


Anoche tuvimos
la cena de navidad
en el Centro Budista Mahakaruna de Barcelona
-cualquier excusa es buena para reunirnos en torno a una mesa después de contemplar y meditar.
¿A ver si adivinas el tema de la conferencia?
"Cómo afrontar las fiestas familiares", o algo así.
Bueno, vale, no así exactamente. En realidad era:
"Una velada por la paz en el mundo.
Enseñanzas sobre el buen corazón para unas fiestas felices en cualquier circunstancia".
Pero ya nos entendemos: cómo mantener un buen corazón
en cualquier circunstancia.

Y es que las fiestas familiares (y en realidad cualquier tipo de fiestas, celebraciones, reuniones, familiares o no) dan pie a mucho despliegue de "importancia personal".
Mucho más las reuniones familiares extensivas, donde tienden a emerger todas las "heridas", complejos, competitividad, guerras personales solapadas, facturas y resentimientos que se arrastran desde la más tierna infancia.

Pues bien, cómo afrontar esta prueba de fuego en esta contienda
de egos?


Protégete con una buena armadura de amor.

Rabjor nos dio varias herramientas:




1. Para empezar,
pide ayuda
y protégete
con una buena armadura
de amor, de estima.
Y a quién pedir ayuda? A los budas, a los seres sagrados. Quién otro podría ayudarte a generar amor profundo "a prueba de bombas"?


2. Aprecia, aprecia y aprecia. Aprende a apreciar lo que tienes, las personas con las que cuentas, el acopio de amor y cuidados que te ha protegido desde que llegaste a este mundo y a quienes les debes tu supervivencia y tu vida. Y ahí les tienes, todavía.

3. Aprovecha la ocasión para meditar, con más intensidad que nunca, en la bondad de todos los seres. En cómo llegaste desnud@ y con las manos vacías a este mundo y todo lo que la vida te ha regalado y sigue regalándote -la comida con que te alimentas, la ropa con la que te vistes, la casa que habitas, las personas con las que practicar y crecer y caminar tu camino espiritual...

Y 4. Y si te pillas que ya estás empezando, otra vez, a poner la atención en las faltas de los demás, dale la vuelta a tu lente y reconoce las tuyas, porque ya sabes que es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio. Y recuerda que has decidido adiestrar tu mente y empezar a mejorar. Así que empecemos a poner la atención en las cualidades de los demás, que eso sí que nos sirve de inspiración y ayuda.

El secreto está en generar buen corazón, amor y gratitud. Y todo irá sobre ruedas.

¿Que se cae una vez más en la cháchara de hablar temas sin sentido? Sonríe, y ya.
Tú, ni caso. Sonríe, y ya.
Y, si es posible, deja que el dharma hable por tu boca cuando sea oportuno (y cuidado con no ser "plasta", avisa Rabjor).
Ámales, sonríe, y no hay mucho más que hacer.
Disfruta de tu aprecio por las personas que te rodean y de las condiciones con las que cuentas (de tu preciosa existencia humana), y de tu gratitud.
Practica el dharma de estimar a los demás y todo irá sobre ruedas.




















"Amor Victorious",
de Michelangelo Merisi

(Caravaggio).
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martes, 13 de diciembre de 2011

Borracha de bendiciones.

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La miraba delante de mí, en la mesa, tomándose un respiro -cosa poco habitual. Estábamos en la recta final del retiro de lamrim en el KMC
de Barcelona y todo había ido sobre ruedas como de costumbre. Tengo que confesarlo, que yo la echo de menos en las clases, en el PF de los martes y jueves y en el de los fines de semana. Ahora es directora administrativa
y ya no imparte clases (gran pérdida) ni asiste a ellas. Demasiado trabajo tiene con dirigir, coordinar y sacar adelante un proyecto como el KMC Mahakaruna, un nuevo centro para el estudio, meditación y retiros en Barcelona. Generalmente ni la vemos en las mesas a la hora de comer. Pero ya estábamos en la recta final y ahí estaba, sentada y alargando la sobremesa. Hace calor, dijo, y la miré, sonrosada, con esa expresión apacible eterna en su rostro, aún cuando esté enferma, como si las huellas del estrés no fueran con ella, como una manifiesta realización de la vacuidad del cuerpo.
La miré, pálida (ni tiempo tiene para salir y saludar al sol de paso)
y sonrosada por el calor. La expresión apacible, la sonrisa estable, la mirada clara. Como una virgen. Como una santa. Como una emanación de Tara. De Vajrayoguini. O de Heruka, qué más da; las dos caras de lo mismo. De Prajnaparamita.
Me levanté para dirigirme a la siguiente sesión del retiro. Pasé por su lado y la rocé con las yemas. Siempre lo hago, como para absorber, en el contacto, algo de su energía, una corriente de sus bendiciones.
Ya estaba bajando las escaleras hacia la gompa cundo algo me hizo volver sobre mis pasos, abrir la puerta y abrazarla por detrás. Abrazarla, acariciar su cabeza rasurada, besarla. Vi que la escasa audiencia que aún quedaba en el comedor me miraba. Devolví la mirada y dije, ¿os habéis fijado en que esta mujer es lo más, lo más...? No es que me hubiera quedado sin palabras, es que no quería ser demasiado explícita en mi veneración.
Ella sonrió como siempre, un poco más al dejarse abrazar, y dijo:
M. está borracha de bendiciones.

Es cierto.
No seré yo quien lo niegue.
Las bendiciones están ahí todo el tiempo, lloviendo a cántaros.
Los budas hacen bien su trabajo, día y noche, sin descanso. Lo único que tenemos que hacer tú y yo es descubrirnos (soltar ese paraguas de apegos, aversiones y confusión) y dejar que
nos toquen; abrirnos, entregarnos y dejar que se filtren, que nos empapen, que nos inunden hasta desbordarnos

de bendiciones.

Yo la llamo "mi hermana grande".
Se supone que es más joven que yo (oficialmente,
al menos en este cuerpo, en esta vida),
pero no tengo ninguna duda de que es mi hermana
grande.
Ésa en la que confías porque sabes que ha llegado más allá, que sabe más, que ha estado en más partes. Y es tu hermana
grande.





Para mí, Lochani es uno de esos cuerpos de luz
que sólo proyectan luz
de amor
y sabiduría.
Y no es el único en esta sangha
de Barcelona
llena de cuerpos de luz
que sólo proyectan luz
de amor
y sabiduría.





Qué gran suerte,
ser parte
de esta familia.









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viernes, 2 de diciembre de 2011

Samsara y nirvana, la misma hipnosis.

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Querido amigo:


Hoy hace un día precioso.
Hoy es
un día precioso.
Un día perfecto para morir.
Pero esto tiene toda la pinta de que hoy tampoco será,
así que lo que queda es que
hoy es
un día perfecto para vivir.

Un día precioso de cielo nublado, de nubes blancas y azules y grises,
y bajo este cielo de otoño, el mar era plano y diáfano.
En cada baño en el mar, una práctica de la vacuidad, ya sabes,
un ensayo del viaje.
En cada desplazamiento en el vientre de agua de la piscina, un paso más cerca de la amiga
que se me resiste.

Este samsara que habito
a menudo se disfraza de paraíso.
O quizás es la auténtica tierra pura y yo no me lo acabo de creer.

Amigo, esta carta es para decirte hasta luego.
Me voy de viaje, ya sabes, uno de esos retiros míos.
Al lamrim;
a los aledaños de la permanencia apacible, al extrarradio, a ratos a los suburbios más caóticos (donde a veces me pierdo, para qué negarlo), pero aun así, cada vez un poco más cerca;
a la disolución.
Y de ahí a la vacuidad con Chokga.

Será un viaje interesante, no lo dudo.

A veces me pregunto si la sangha es una ayuda o un lastre,
un apego que me engancha, de tanto amor,
de tantas risas,
de tanto que me enamoran las apariencias en el camino.
Como auténticos héroes y heroínas,
como auténticos
dakas
y dakinis
(tranquilo, Jesús, paciencia,
quizás tendremos tiempo para responder a algunas de todas las preguntas que te roban la paz,
como un niño emocionado, demasiado
emocionado).

Samsara y nirvana, la misma hipnosis.

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jueves, 1 de diciembre de 2011

Sobre el apego bueno (como el colesterol).

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Qué mala prensa tiene
el apego,
como el colesterol.








Amar suena bien;
el apego suena fatal.
Y sin embargo, quizás, no existe amor sin apego.
El apego de "tú eres especial", que
no siempre es necesariamente un apego egoísta.
Y no causa sufrimiento sino que, por el contrario, realiza su función,
porque a través de algo
o alguien
tenemos que aprender.
De alguna manera tenemos que dejar que surja esta experiencia
(de amor),
y quizás entonces resulta mucho más fácil proyectarla a todos los seres.


1. El amor llena tu vida de fiesta.







Cuando entras en el budismo, no tendrás que esperar mucho tiempo para empezar a oír hablar del "amor que estima a todos los seres",
esa forma de amar en la que desapareces,
esa forma de amar que aniquila tu ego (tu estimación propia) y te hace libre.
Y ves con claridad que sí, que parece que en el amor está la liberación
de todos los tipos de sufrimiento (ausente el "yo primero", el "siempre yo").
Que,
como siempre habías sospechado,
el amor llena tu vida de fiesta;
y que el amor
es la diferencia
entre una vida mediocre (sosa, adormecida, sin sentido)
y una vida de calidad.

Y ahora, qué?
Cómo se aprende a amar?
Cómo se abre un@ a esa experiencia?




Tan ocupado el espacio mental
y existencial
de tanto yo-yo-yo-yo... y mi-mi-mi-mi...
(el lenguaje bocina, ¿te acuerdas?)
cómo hacer espacio para alguien más,
otro,
diferente?









El apego, como el colesterol,
bueno.


Y entonces ocurre el "milagro" y aparece alguien, o algo
en la mirada de alguien,
o en el cabello suelto de alguien
o qué sé yo...
Aparece algo en alguien,
como un campo de práctica,
y empiezas a amar.

Y ahora ya sabes de qué va eso
del amor.
Y una vez que lo tienes ya sabes lo que hay que proyectar
a todos los seres.
Una vez que lo tienes dentro, esa experiencia,
espontánea y naturalmente acabará proyectándose
a todos los seres.




Apareció el apego, como un imán,
y lo convertiste en tu campo de práctica.







Es lo que yo llamo el apego bueno,
como el colesterol
bueno.




2. Segundo enfoque: el ejemplo.

Pongamos un ejemplo.

Pongamos que siempre has amado de la forma al uso, es decir, egoísta,
demandante, exigente,
con un objetivo claro e incuestionable: que te hagan feliz.
Y cuando él o ella no es como desearías,
no hace lo que desearías,
no responde a tus expectativas,
entonces te entristeces, tal vez te enfadas,
sufres
y quizás das por acabada la relación.

Imagina ahora que empiezas a conocer el loyong, la manera budista de amar (más detalles en "Ocho pasos hacia la felicidad",
de Gueshe Kelsang Gyatso, Editorial Tharpa),
tan diferente al amor que conoces:
igualarse, cambiarse, ofrecer la victoria, tomar y dar...
De qué sirven las palabras?
De nada, si no hay un campo de práctica.






Imagina que aparece alguien en tu vida para que puedas poner en práctica, paso a paso, cada uno de los versos
de las ocho estrofas
de la manera budista de amar.
"Alguien" no es cualquiera, es alguien concreto,
es un apego.
Es un imán.
Es alguien especial
(una apariencia que tu mirada convierte en alguien especial)
que surge en tu camino
como un campo de prácticas.
La inspiración que permite que hagas espacio al amor,
que construyas el amor
que te libera,
dentro de ti.
Y una vez que está dentro, ya es tuyo.


3. Tercer enfoque. De "Confidencias epistolares":
Como si pudieras ponerle puertas
al monte...



Querida
amiga:
Qué mala prensa tiene el apego, como el colesterol.
Amar suena bien; el apego suena fatal.
Pero para experimentar la manera budista de amar (esa fiesta de disolución personal) necesitas alguien a quien amar. La apariencia que te inspira y te permite generar dentro el amor que te libera. Y te da alas (como red bool). Te da fuerzas. Y te empuja, te impulsa, te catapulta. Esa apariencia es importante (al menos, en mi experiencia). Ese "apego" es indispensable para que una pueda desarrollar ese amor infinito. Y una vez que lo sientes ya es tuyo. Y puedes aplicarlo a todos los demás. Ya está dentro, ya sabes cómo relacionarte con los demás. Ese amor es el referente para desarrollar ecuanimidad. Sin él, la ecuanimidad parece pobre; está por definir -la ecuanimidad de qué. Imparcialidad de juicio, sí, actitud equilibrada, pero qué actitud? Qué juicio? Cuando tienes el amor ya tienes el juicio, ya tienes la actitud que quieres mantener equilibrada y constante.
Y así es como esa ecuanimidad se hace grande, gigante.
Ese amor, que ya está dentro, es el que te permite meditar con otros (sin que la presencia del otro te moleste o interfiera), reírte con otros, mirar a otros a los ojos y reírte. Antes del amor, de este amor (esta experiencia de expansión de la conciencia), no habrías podido hacerlo. Estabas segregada. Engañosa experiencia, como si pudieras ponerle puertas al monte.
Este amor es el que te ha conectado con todos los demás.
Sin este amor no hay conexión.

Como lamer miel en el filo de una navaja.

Y aun así, dicho esto,
mantente vigilante
siempre,
porque dicen que el apego es
como lamer miel en el filo
de una navaja.


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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Despertar.

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Querido maestro:

Ayer, antes de empezar a guiar la meditación de la tarde en el centro,
y dado que quería leer algunos de los beneficios de la meditación, que señala Gueshe-la en el cd "Meditación para la relajación", pregunté a las personas que habían acudido:
¿y tú, por qué has venido?
¿qué esperas de la meditación?
¿de esta meditación, ahora?
Y P. dijo: despertar.
Otras personas respondieron: parar el planeta por unos minutos, relajarme, etc.
Pero P, muy seria (últimamente la veo muy seria), dijo: despertar.
Como si se estuviera tomando muy en serio el deseo de abandonar todas las concepciones erróneas, todas.

No sé, pero me conmueve mucho cuando veo a personas que dejan que el dharma entre en su vida de esta manera y lo ponga todo patas arriba, aunque lo pasen un poco mal al principio (¿cómo salir de todo este montaje equivocado que tengo en mi cabeza?).
Y se lo toman tan en serio, tan valientemente, tan de verdad.

Hay muchas personas que quieren, muy sinceramente, mejorar su vida, sufrir menos y ser más útiles, y ayudar mejor (en este mundo que conocemos; en qué otro, si no?).
Pero a veces, aun habiendo llegado con esta intención, de repente
sólo quieren "despertar", liberarse de todas las concepciones erróneas.
Aunque esto signifique desmontar el mundo conocido.
(Y ya les da igual si, en el camino, lo pasan mal
o no).

Como P, recién llegada como quien dice a la meditación y ahí está, queriendo comprender eso tan difícil de la renuncia.
Esperando comprender un poco más en cada clase, en cada oportunidad, de qué va esto de la renuncia.

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domingo, 20 de noviembre de 2011

La manera de vivir en la vida cotidiana para aplicar concentración en la meditación.

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Querido amigo:

He recibido tus noticias desde Khartoum.
Como ya sabía, lo vuestro no es la pereza,
y ya contaba
con vuestra "mucha, mucha ilusión por el
trabajo (bastante grande) que se avecina y por echar una manita para intentar mejorar las cosas".
Incluso samsara está lleno de bodisatvas, movidos por la mejor motivación.
Me preguntas "cómo va la permanencia apacible".
Pues te diré que, por aquí, a la permanencia apacible aún no hemos llegado. Al menos yo. Demasiadas distracciones.
A ver si estudiar la teoría me ayuda -y de paso me sirve para el examen, que será de aquí a nada.
Así que tu pregunta me empuja a las páginas de "El camino gozoso de buena fortuna" y a la manera de adiestrar la mente en la permanencia apacible, la esencia de la concentración.


Cómo vivir en la vida diaria
o las preparaciones para la
meditación.

Dice Atisha en su texto La lámpara del camino hacia la iluminación:
"Quien descuide las ramas de la permanencia apacible
nunca desarrollará la concentración,
aunque medite con mucho esfuerzo durante un millar de años".

Quizás tú no lo sabes, pero las seis ramas o condiciones necesarias para prepararse en la vida diaria (o meditación informal)
para alcanzar la permanencia apacible en la meditación formal
son:
1. Encontrar un lugar adecuado para hacer el retiro.
2. Tener pocos deseos.
3. Permanecer satisfech@s.
4. Evitar actividades que causen distracciones.
5. Mantener una disciplina moral pura.
6. Evitar pensamientos que causen distracciones.

Y tu pregunta me lleva a recordar que, si no introduzco cambios importantes en mi mente (al menos unos pocos, pero importantes),
nunca acabaré de dejar la línea de salida

y nunca
desarrollaré la concentración,
aunque medite con mucho esfuerzo durante un millar de años.










Los beneficios de la permanencia apacible.









¿Y por qué ese interés en la permanencia apacible?
Porque ese estado que, por definición, ha apaciguado las distracciones y permanece concentrado de manera convergente en un objeto, dicen quienes lo saben que está dotado de los gozos especiales de la flexibilidad física y mental.
Porque es un estado de gran refinamiento y serenidad.
Porque desde esta mente apacible, ya no sentirás ninguna molestia física ni mental;
no importa las circunstancias, la mente permanecerá serena y serás capaz de tener en todo momento pensamientos y sentimientos positivos y beneficiosos,
y de crear las causas para mantenerlos
en el futuro.
Porque es una realización que da lugar a otros logros,
como los cinco tipos de clarividencia.
Porque desde la permanencia apacible, la mente ya deja de alterarse por las perturbaciones mentales tales como el apego o los celos,
y todas las demás.
Porque el cuerpo se vuelve sano y flexible y te sientes liger@ como el algodón y parece que puedas atravesar las paredes.
Porque te sientes con fuerzas y energía para efectuar cualquier acción beneficiosa
y eliminas la pereza
y la mente está libre de tensiones
y puedes soportar circunstancias difíciles e infortunios con facilidad.
Y un largo etcétera.

Porque con el estado mental de la permanencia apacible, la vida es otra cosa,
otra experiencia.


¿Perderlo todo por meros apegos que nunca te darán la felicidad
y ni siquiera existen?










Pero "quien descuide las ramas
nunca desarrollará la concentración,
aunque medite con mucho esfuerzo durante un millar de años".

Y, empecemos por el principio:
¿voy a dejar que mis deseos egoístas, o mis apegos (o mi apego,
en singular),
secuestren mi mente llenándola de distracciones
y saboteando mi práctica de la concentración?

¿Voy a dejar que una alucinación, una mera creación de mi mente, sin consistencia real,
me mantenga dando vueltas compulsivamente, en la línea de salida, sin permitirme arrancar?

Es obvio que me juego demasiado
a cambio de nada.

Shantideva lo dice en su Guía de las obras del bodisatva:
"Primero, has de buscar la permanencia apacible
(si deseas experimentar la visión directa de la vacuidad o las etapas de generación y de consumación del mantra secreto),
la cual se puede encontrar a través del gozo que se deriva
de carecer de apego
por los objetos mundanos".






No hay otra manera.















.

La tierra pura de después.

.


















A veces, primo (le dije como en un susurro, en medio del trabajo de recogida de la sala, ahora que nadie nos oye), sales de la meditación en grupo, o de las oraciones, donde has estado allá, o acá, en esa tierra pura, donde han pasado tantas cosas
sagradas,
sales y sigues estando allí, aquí, aún sigues en esta tierra sagrada,
y entonces suenan las palabras, tan prosaicas, tan mundanas,
y te preguntas, ¿es que no ha pasado nada?
Él dijo: Claro que ha pasado, que abras los ojos y vuelvas a ver apariencias ordinarias sólo es cosa de tu mirada ordinaria;
hay quien sólo ve dakas y dakinis,
pero ya sabes de lo que se trata: "mantente natural".
Ya, pero es que a fuerza de mantenerte "natural", tu mirada, aunque sólo vea dakas y dakinis, acaba volviéndose "natural".

Yo, primo, abro los ojos y aún no veo dakas y dakinis,
pero veo seres humanos tiernos, compañeros de viaje vulnerables y fuertes (al mismo tiempo, porque sin fortaleza no se pasa por aquí),
héroes y heroínas,
auténticos héroes y heroínas
(porque es una auténtica heroicidad este viaje;
tanto amor, tantos cuidados prodigados a pesar de la dureza
de esta experiencia
humana).
Y, ¿sabes, primo?,
sobran las palabras.
Cuando salgo de la meditación o de las oraciones, sobran las palabras.
Me puedo poner ante ti cuando nos cruzamos y frotar tus mejillas de amor, como una niña pequeña;
despedirme de C. con un abrazo largo, como si penetrara sus quarks para quedarme;
masajear los hombros de A. y abrazarla por sorpresa por la espalda
o darles calor a sus pies fríos;
tocaros y reír,
puedo reírme mucho
y tocaros
mucho
(esta M. tan sobona)
pero
las palabras
(si han de ser tan prosaicas, tan "mantente natural")
sobran.

Y, cuando hablo, no me creáis.

Créeme solo cuando me río
o cuando te abrazo

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sábado, 19 de noviembre de 2011

El karma incrementa; el dharma purifica.

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Dicen que el karma "incrementa".
Esto quiere decir que ahora siembras una causa, quizás pequeñita, y, con el paso del tiempo, los frutos que recoges se hacen más y más grandes.
¿Y qué tipos de semillas tendemos a sembrar?
Desde la mente egocéntrica que llevamos puesta casi todo el tiempo, es fácil hacer daño a cualquiera que se cruce por nuestro camino.
Y, así, sembramos semillas perjudiciales, que darán lugar a frutos tóxicos, envenenados.
Desde el "yo primero", aun inconsciente, es fácil hacer daño;
a los demás y,
ni nos damos cuenta,
sobre todo a un@ mism@.

Dicen que el karma "incrementa" con el paso del tiempo,
excepto si cuentas con el dharma -dharma significa "protección", recuerdas?

Y a primera vista puede sonar a fanatismo religioso:
primero, superstición (con el tiempo, crecen sus efectos),
y luego fanatismo mágico (sólo el dharma te protege, ya, y qué más?...)

Y sin embargo, si lo piensas con detenimiento, es perfectamente lógico.
En el dharma (la comprensión y adiestramiento de la mente)
todo se basa en la experiencia.


La fuerza del hábito.










Pongamos por caso que realizo una acción egoísta -robar, matar insectos, herir con la palabra por celos...
Si lo hago,
es porque me dejo llevar por esa emoción concreta (esa perturbación mental, ese engaño),
dejo que me controle (el impulso de robar, matar, los celos...).
Y si dejo que me controle ahora, sigo profundizando en el surco, la inercia, la tendencia para que me controle mañana
y pasado
y el otro.
Y, con el paso del tiempo, "incrementa" mi impulso egoísta
y con él, el dolor del futuro.
Y cuando maduren las condiciones para recoger los frutos de la semilla que sembré,
con el paso del tiempo esa semilla se habrá hecho más y más grande
y mi sufrimiento crecerá.

Es perfectamente lógico
y obvio.
Sólo hay que mirar en la experiencia
propia.


Conocer tu mente te protege.

Pero qué pasa si cuentas con el dharma (protección),
que es
una manera de pensar, de integrar,
que reduce la importancia personal,
el apego al "yo primero",
hasta la eliminación completa?

Que se reducen los efectos (la experiencia)
de las causas que sembraste
hasta la eliminación completa.

Cómo ocurre esto?

Porque cuando tu yo egoísta se reduce, el dolor se reduce.
Y cuando tu yo egoísta ya no está,
ya no hay nadie para sufrir.
Y todas las causas que sembraste en el pasado se han purificado.

Pruébalo. Investiga.
Sólo tienes que mirar en tu propia vida.

A veces maduran situaciones (apariencias) "dramáticas":
pierdes el trabajo, en tu familia se complican las relaciones, tal vez se muere tu madre
o tu padre
o tu mejor amiga enferma de un cáncer difícil,
o quizás tú mism@.
Y ahí estás, aguantando los golpes de la vida
humildemente, con aceptación,
con paciencia
y, sorprendentemente, sin apenas dolor.
Contemplas la situación y permaneces firme ante el temporal
hasta que pase.
Siempre pasa, de una manera u otra.
El temporal
o el mar en calma y los días de sol, da igual, siempre acaban pasando.

Y apenas duele.


Cuando te ahogas en un vaso de agua,
es que tu "yo primero" ha emergido.


Y sin embargo, otras veces, una simple mirada (o no mirada) de indiferencia, una pequeña pérdida,
te sume en el desánimo, la tristeza, el enfado o la depresión,
o te amarga el día.
La diferencia es que ahora sí está presente la mente del "yo primero",
la importancia personal.
Ausente la mirada del dharma.

Es pura matemática.
Directamente proporcional:
a más importancia personal
más sufrimiento.
Y viceversa:
cuanto mayor y más intensa es la experiencia del dharma,
mayor protección
y libertad
e independencia
de todas las circunstancias externas,
las que sean.


No es el dharma lo que falla,
es que no te has esforzado bastante
por reducir
tu importancia
personal.


Y cuando te parece
que el dharma no funciona,
después de tantos años,
y sigues sufriendo
(por celos, envidia, apego o autovictimismo)
no es que no funcione
el dharma
es,
meramente,
que no lo estás poniendo en práctica
y sigues dejando que surja el "yo primero".

Es, quizás,
que todavía no ves a los demás.
Sus derechos,
sus deseos.

Es,
con toda seguridad,
que todavía no has comprendido
la vacuidad
de todas las cosas.

La vacuidad
de todos los fenómenos.


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viernes, 11 de noviembre de 2011

Todo el mundo reza. Qué pides tú?

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Por qué solemos entrar en el budismo?
Muchas veces, porque estamos atravesando problemas que nos superan. Ansiedad, celos, enfado crónico, duelos... cualquier tipo de sufrimiento.
Y las psicoterapias parece que no acaban de funcionar. Ni la homeopatía, ni la acupuntura, ni las flores de bach...
A ver la meditación,
que dicen que relaja...

En mi caso fue diferente. Las artes marciales me hacían sentir un poco más superwoman, con algo más de "control" y "autocontrol" y "poder interior", (además de que me resultaba muy muy divertido,
en especial el combate o el kumite reflejos), y la meditación le sacaba mucho más partido a mi práctica de las artes marciales, agudizando la concentración, la atención, la intuición, la rapidez de reflejos...
Y de ahí un paso a lo que yo llamaba "experiencias de expansión de la conciencia".
El "chute" más barato y natural, la puerta abierta a experiencias de transcendencia.
Y cuando conforme vas adentrándote en experiencias de expansión de la conciencia, ya la "pequeña" conciencia no tiene tanta fuerza, no te la crees tanto (limitada como es), no te afecta tanto.
No sufres tanto.
Te haces más
fuerte.
















Entonces empecé a ir a meditar con una monja budista, fuerte y disciplinada (por ahí conectaba con mis tendencias marciales), y al mismo tiempo con un gran sentido del humor, extraño, inteligente; que metía rituales exóticos y oraciones en las meditaciones, y no se sentía ofendida por mis irreverencias ni tampoco se hinchaba cuando le decía lo"profunda" que me había parecido su clase. Como si no tuviera ego alguno y mis palabras, impresiones personales u opiniones (positivas o negativas, daba igual) sólo tuvieran utilidad para mí misma.
Nunca había conocido a una persona tan libre.
Por su libertad (su ausencia de "importancia personal") se ganó mi respeto y mi admiración.

Pero más allá de eso
(y ya aquello en sí mismo, su actitud, su profunda libertad, me hacía pensar que sus creencias "funcionaban"),
lo que descubrí en sus clases fue la mejor y más acertada ciencia de comprensión de la mente que había conocido nunca, después de haber explorado en un amplio abanico de ofertas de la psicología y la filosofía.

Ella se llamaba Kelsang Kunsang y lo que enseñaba era el budismo kadampa.


Conocer y adiestrar la mente.

En estas meditaciones pasé a vivir algo más que experiencias de expansión de la conciencia.
Con Kunsang, en sus meditaciones, empecé a conocer mi mente mucho mejor. Y eso "funcionaba" dentro de la meditación y también fuera de ella. Muy especialmente fuera de ella.
En sus clases y meditaciones podía reconocer algunos pensamientos que me incordiaban, rompiendo mi equilibrio y mi serenidad
y empecé a utilizar herramientas (otros pensamientos) para desenmascararlos (como fantasmas sin consistencia que son), debilitarlos y eliminarlos,
y más herramientas para reemplazarlos por otros (pensamientos) de mayor y mejor eficacia.
En resumen, pude empezar a conocer
y adiestrar
mi mente.
Y algo profundo empezó a cambiar.

Porque cuando aprendes a conocer y adiestrar tu mente, todo cambia
y la pequeña conciencia anterior
te afecta mucho menos todavía,
y sufres muchas menos rabietas por tan poca cosa.
Porque empiezas a ver el sufrimiento, muchas veces, como meras rabietas ("pobre de mí").


Mucha gente entra y se queda en el budismo porque ha descubierto la mejor ciencia de comprensión de la mente y ésta es una carrera de utilidad práctica diaria, una formación en la que ya te quedas para el resto de tu vida. Porque es de uso cotidiano y siempre la vas a necesitar.

Eso respecto a las instrucciones. Otra cosa son las oraciones, verdad?


Esto de las oraciones, ni me convencen ni me van a convencer.

Para muchas personas, las oraciones son como un muro infranqueable. Hasta aquí hemos llegado. Con la iglesia hemos topado.
Eso me pasó a mí al principio. Esto de las oraciones, ni me convencen ni me van a convencer.
Y sin embargo, no me iba.
Y no me iba porque me sentía bien.
Como cuando escuchaba cantos gregorianos, se está tan bien...
Me quedo, admitía, pero esto de las oraciones, ni me convencen ni me van a convencer,
y yo a lo mío.
"Yo a lo mío" significaba que, mientras sonaban las oraciones, "yo sigo meditando en lo mío". A mí las oraciones no me van a comer el coco.
Y me cerraba.

Hasta que de repente, sin hacer nada para ello, se filtraban unas palabras:

"... aceptad por favor, los objetos de mi apego, odio e ignorancia,
mi amigo, enemigo y desconocido,
así como mi cuerpo y posesiones,
que sin sentimiento de pérdida os ofrezco..."

Y saltaba un click en mi mente
o en mi corazón,
o en la piel o en el estómago...
(En budismo le llaman "bendiciones").

Y no está tan mal
esta poesía,
pensaba.
Cuando la entiendes, no está tan mal...

Y así, de vez en cuando, cerrada como estaba, y quería estar, durante las oraciones,
de vez en cuando volvían a colarse algunas palabras:

"Comprendo que esta enfermedad crónica de quererme a mí misma
es la causa que produce el sufrimiento que no deseo..."

Y
"No hay diferencia entre yo y los demás
porque nadie desea el menor de los sufrimientos ni nadie se contenta con la felicidad que posee;
comprendiendo esto, ruego tus bendiciones
para hacer felices, con alegría, a los demás".

Y
"libérame de la esclavitud de los prejuicios..."

Y
"... que el sufrimiento y las apariencias erróneas sean pacificados..."

Y
"En resumen, ya sean las condiciones favorables o desfavorables,
ruego tus bendiciones para transformarlas en el camino...
y pueda mantener así una mente feliz".


Todo el mundo reza. Qué pides tú?

Y entonces aparece Rabjor en una clase y explica "que todo el mundo reza":
que me salga este trabajo,
que apruebe los exámenes,
que consiga la pareja que quiero,
que me deje la pareja (que quería y ya no quiero),
que el Barça (o el Madrid, o el Betis) meta un gol...

Todo el mundo reza
porque todo el mundo desea con intensidad algo en algún momento de su vida.
Pero en estas oraciones alguien (algún meditador avanzado, un ser crecido, un ser sagrado, quizás un buda) ha escrito por ti el intenso deseo
de ser feliz,
estable y permanentemente
y de hacer felices,
con alegría,
a los demás.
Un deseo
que no es "ordinario".
Un deseo extraordinario.

Y entonces, podría ser
que empieces a pensar que no están tan mal, los deseos extraordinarios
de las oraciones.
Si las escuchas con atención, si las entiendes, si las haces tuyas,
estas palabras,
no están tan mal.
De hecho, producen una experiencia profunda
de paz
y alegría,
de confianza
en que sí que puedes,
tú tambien vas a poder
llegar
a ser libre.

Y esa profunda experiencia de confianza,
de fortaleza,
de paz,
sí que es una experiencia de expansión de la conciencia.


Y mira por donde, resulta
que esto de las oraciones
no está tan mal...













P.D: Hace tiempo, en una entrevista, Mariana Caplán me decía que "por lo general, la gente entra en el budismo por razones equivocadas, pero no importa porque el camino en sí es inteligente y acaba mostrándose, antes o después".
http://crecejoven.com/espiritualidad--mariana_caplan

Enlace
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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Tayatha Om Gate Gate Paragate Parasamgate Bodhi Soha.



Homenaje a la perfección
de la sabiduría,

la Madre bienaventurada.



La forma es vacía, la vacuidad es forma.
Asímismo, la sensación,
el discernimiento...
y la consciencia son vacíos.

En la vacuidad
no hay sufrimiento
ni origen ni cesación
ni camino
ni percepción excelsa
ni realización
ni tampoco no realización.

Por lo tanto, porque no hay realización, los bodisatvas confían y permanecen en la perfección de la sabiduría; sus mentes no tienen obstrucciones ni miedo.

De la misma manera, todos los budas que residen perfectamente en los tres tiempos, confiando en la perfección de la sabiduría, llegaron a ser budas manifiestos y completos
en el estado de la insuperable,
perfecta
y completa
iluminación.


(Del Sutra del Corazón
o Sutra del Diamante)





Tayatha Om Gate Gate Paragate Parasamgate Bodhi Soha.











8-11 de diciembre

Celebración del Dharma 2011
Iniciación de bendiciones de la Gran Madre Prajnaparamita y enseñanzas de la vacuidad.

Con guen Kelsang Chokga
Directora espiritual nacional de la NKT en España.

Centro de Meditación Kadampa de España, con sede en
Alhaurín el Grande (Málaga).


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martes, 25 de octubre de 2011

Las tareas mundanas no se acaban nunca.

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Por qué estás tan ocupad@ siempre en tareas mundanas? ¿No ves que las tareas mundanas no se acaban nunca?
Dices, es que tú no sabes los compromisos que tengo yo, familiares, laborales, las gestiones de mi propia vida, del pasado (esos nudos por resolver), del futuro (tanto que prever),
del presente (la casa, avituallamientos varios) ...

Pero, ¿no ves que esta hipnosis es como el mito de Sísifo, una tarea sin fin?

Alguna vez, de vez en cuando, hay que parar y salir del sueño, de ese guión eterno;
parar y salir del sueño,
parar,
contemplar
el sueño
y el despertar.

Si no dejas espacio para despertar, el sueño no se acaba nunca.
Siempre hay algo que hacer.

Gueshe-la dice: no esperes a que se acaben tus tareas mundanas para empezar tu camino espiritual.

No esperes a que se acaben tus tareas mundanas para empezar a contemplar tu mente
y conocerla
y navegar en su serenidad
apacible.

Amig@, por qué dejas que tus tareas mundanas te secuestren el tiempo
y la energía
y la mente?
Por qué no sueltas tus apegos por un instante, de vez en cuando,
y tus miedos,
y tus rencores...
y te desperezas
y contemplas
lo que hay al otro lado,

en la vida despierta?...





















(El despertar de Adonis, de John William Waterhouse)

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Una vida con significado, una muerte gozosa.

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Querida amiga:

Ha sido una noche movida; veía (o me temía) que estabas enferma, con fiebre, con molestias y sola. Y yo no podía hacer nada. Sólo contemplar tu infinita paciencia y fortaleza.
Son unas lágrimas dulces cuando quieres ayudar y no puedes; dulces porque no duelen.
Cuando mi hijo tenía unos 16 años y se fue a pasar un tiempo en Madrid para hacer una serie, y yo le despedía en la estación de autobuses, pensaba: si me muriera ahora podría estar a su lado y cuidarle todo el tiempo, tocando su mente sin que él se dé ni cuenta, transmitiéndole pensamientos positivos y energía. Y como no podía hacer nada de eso, le di el tocho de El libro tibetano de la vida y de la muerte. Para que me sustituyera mientras tanto. (Ahora regalo Una vida con significado, una muerte gozosa).
Si el día que me vaya puedo mantener este pensamiento, este deseo, esta conquista al fin ("ahora sí que voy a poder ayudaros"), va a ser una muerte tremendamente gozosa. Inmensamente apacible y feliz.
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jueves, 20 de octubre de 2011

Llega el frío.

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Querida amiga:

Bajan las temperaturas. El día amanece gris y frío y pienso en M. que madruga para asistir a sus clases,
en la universidad,
y aún anda con la ropa del verano y no sé si su edredón es suficiente para calentar sus noches. Amanece frío de otoño que abre sus puertas al invierno y pienso en F. con su bronquitis, que madruga para preparar a su hijo (el desayuno, vestirlo) y llevarlo a la guardería. Las noches empiezan a ser frías y pienso en S. a un paso de una de esas crisis de dolor de lumbares que le inmovilizan;
una milésima de segundo de contracción muscular y el dolor se instala durante varios días. Amanece gris y frío y yo cogeré la bici camino del mar frío y gris, que me gusta tanto. Como un edén, como una tierra pura, como el cristal, como el hielo, como el espejo donde me sumerjo para atravesar lo aparente y entrar en otra dimensión.

Y suelto por un momento tanto dolor de tantos seres que sienten tanto frío, que sufrirán tanto frío este invierno.

Cuando la compasión de Avalokiteshvara no basta, hay que convocar la sabiduría de Tara.

Vuelve el calor.

Aún así, mi nivel de sabiduría no alcanza a Tara y me llevo
la amenaza del frío de M, de F, de S, (tomar, tomar, tomarlo todo),
y es una experiencia extraña el frío interno flotando en un oceano frío. Siento la experiencia de estar a punto de "caer".


Más tarde llamo a M. (qué pasa, con tanta insistencia? gracias por el edredón y la pashmina, estoy bien...), a F. (ausente de casa, de nuevo en funcionamiento, todo está en orden), a S. (enfadado como siempre, con energía suficiente para mantener sus enfados, todo en orden).
Todo está en orden.
De momento.
Si "caigo", serás la primera en saberlo.

Pero una vez desaparecido el miedo, ha vuelto el calor dentro de mí.
Y todo vuelve a estar en orden.
El tiempo que tenga que durar.

(Entretanto, he descubierto que el frío interior no lo provoca el amor ni la compasión sino el miedo egoísta).

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jueves, 13 de octubre de 2011

¿Es éste el camino?

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(Más
de

Repasos).








Cuántos viajes geográficos, externos, has hecho?
Yo muchos, muchísimos.
He visitado muchos países y a veces me he quedado a vivir en ellos.
He explorado mucho
algunas calles y mercados y desiertos y montañas y playas
de este planeta.
Pero, sabes?
El viaje interior te conduce a paisajes que nunca antes habías contemplado (no importa todo lo viajad@ que seas),
a experiencias que nunca antes has experimentado.

Si, en este viaje, el mundo en el que vives se transforma
(más intenso, más radiante, más lleno de significado),
y las personas
(más generosas, más expuestas y sinceras),
y tú
(con la mirada más clara, más empática y compasiva,
el corazón más lleno de amor
que lo comprende todo,
que ya no tiene nada que perdonar),
es que estás en el camino correcto.

Si tu viaje te está conduciendo a unas ciudades más llenas de significado,
donde todo tiene un sentido
(como en un sueño donde ninguna apariencia es casual),
donde no existe el miedo, porque ya no existe un "ellos" que te amenacen
o un "futuro" preocupante
porque todo está aquí,
conectado,
la misma naturaleza,
lo mismo.
Si cada vez hay menos miedo
y más confianza.
Y más amor.
Ése es tu viaje.


Si te aleja
de la dureza
de corazón.
Si el amor es más fácil...










Si has empezado a vivir tu viaje desde el amor
y a menudo se te saltan las lágrimas, de compasión,
al contemplar tanto sufrimiento innecesario
(porque al igual que yo, todos los maternales seres están hundidos en el océano
del samsara),
ante tantas pesadillas que devoran a sus propios creadores,
un llanto dulce y sereno,
desde el amor;
si siempre gana el amor ante cualquier contienda
(del odio, el resentimiento, la impaciencia, la "injusticia"...)
es que estás en el camino
correcto.

Si no te sale la dureza
desde la dureza de corazón,
espoleando a l@s que te rodean para que "espabilen"
sino el abrazo cálido, firme y, siempre, sincero, que
acompaña.

Si cuidas cada vez más a quienes te rodean.
Si sufres cada vez menos
y cada vez le tienes menos
miedo
a la muerte,
a los duelos,
a perder,
es que estás en el camino correcto.


No te fíes de faros
que no te acerquen al amor.

Dices: es que es muy difícil...

Deja ya ese mantra gastado
y ponte en camino.

Pero vigila,
presta atención,
chequea
una y otra vez,
periódicamente,
y comprueba que estás,
que sigues
en el camino correcto.

No te fíes de faros
ni caminos
que no te acerquen al amor,
que no abran tu corazón.

Y si no es así, vuelve
a buscar el camino.

Pero que sea como una mano amiga.



Y busca dentro.
Sigue buscando dentro
un poco más...










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miércoles, 12 de octubre de 2011

El sutra del corazón.
















Querida amiga:


He dejado de tomar vino con las comidas. No porque me siente mal
sino porque quiero descartar que mi estado de embriaguez espiritual sostenido tenga algo que ver con el yoga de experimentar néctar con alcohol. (Ya sé que éste es un hábito muy poco budista, pero al fin yo sólo soy un aspirante demasiado débil para asumir, ni tan siquiera, los votos del pratimoksha).
Hoy sospecho que tiene que ver con el día plateado y los mágicos rayos de luz (como el ojo de Dios) que a veces se cuelan entre las nubes. El océano me llama como un imán poderoso a las cinco de la tarde de otoño. Pero también me llama el teclado de mi ordenador y las cartas a mis prim@s espirituales. Y el zafu que me regalaste, donde me esperan el Sutra del Corazón y la sadhana de Vajrayoguini, disputándose mi atención, mano a mano. Pero yo no puedo elegir entre uno y otra, así que supongo que al final haremos un ménage à trois explosivo y, en el proceso, reventaremos esta pompa de jabón, estallando por los aires en haces de colores, blanco, azul, verde, rojo y amarillo.

Disfruta tú también de tu retiro personal y a la vuelta me lo cuentas,
si quieres.

Un abrazo.

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