jueves, 31 de octubre de 2013

Bienvenid@s.








Hoy se ha despertado meditando
en la muerte,
como cada día.
Abre los ojos
y observa:
aún estoy
aquí.
Aquí, en ese instante, significa en este cuarto sagrado
lleno de imágenes de budas y perfumes y ofrendas;
el armario empotrado detrás de una pared de espejos que multiplica el espacio y la luz que entra por el balcón, enfrente; la persiana bajada con los orificios de luz que avisan que el día ya se ha desplegado, con sus horas llenas de regalos. Aquí significa, aún,
las piernas fuertes para salir del futón sobre el tatami. Aquí aún significa salud física y energía. Así que abre los ojos y comprueba: aún estoy aquí, en este cuerpo joven y sano, en esta mente fuerte.
Sabe que algún día abrirá los ojos y encontrará otra cosa.




Entonces cierra los ojos de nuevo y anticipa el día en que encontrará el cuerpo de la madre, o uno parecido, las piernas débiles, las rodillas doloridas, un organismo lento y débil, un cuerpo torpe.
Cómo será esta mente entonces? ¿Será paciente como ahora, entregada y fuerte?
Y anticipa el instante en que la vida abandonará esta máquina, o más duro aún, cuando la vida permanece insistente, dolorosamente, en esta máquina que ya no puede funcionar más.
Cómo será esta mente entonces? ¿Paciente aún, entregada, feliz en esa tierra de nadie que tanto le ha gustado siempre, "nada que hacer, ningún sitio a donde ir", con permiso para la no-acción?
¿Será feliz, fuerte y feliz, en ese momento de su vida, cuando toca soltarlo todo?




Ella solía decir que sólo practicaba el culto al entrenamiento. Eres lo que practicas.
Lo que practicas se desarrolla, se estabiliza, se integra. La que sea tu experiencia
a lo largo de la vida será tu experiencia en la vejez y en la muerte, que al fin y al cabo
no dejan de ser otras experiencias en la vida.
Tal como afrontas los acontecimientos ahora te está reflejando cómo los afrontarás
en el ahora por llegar.

Así que abría los ojos cada mañana y daba la bienvenida a todos los sueños por llegar,
a todos los decorados, las situaciones, las realidades que iba a encontrarse cada vez que abriera los ojos en este sueño de vigilia.
A todas las realidades futuras que ya estaban aquí, les daba la bienvenida.





miércoles, 30 de octubre de 2013

Ya estás en casa.






¿Se necesita
un gurú?

La vida es el único gurú.
Todo lo que te ha acontecido hasta ahora es tu enseñanza y ha sido (y es) absolutamente apropiado para tu despertar. En este momento, es estar sentad@ en esta habitación y leer estas palabras, y posiblemente permitirlas ir profundamente dentro.
Es la semilla que se siembra y cae en terreno fértil o infértil. Estás dispuesto a escuchar cuando estás dispuesto a escuchar. Tú no necesitas nada excepto eso que ya tienes.
Así pues, no te inquietes más por lo que necesitas o no necesitas. Todo está provisto.

Todo el mundo tiene exactamente las experiencias que necesita de una u otra polaridad (negativas o positivas), independientemente de sus esfuerzos para influenciar un equilibrio o una predominancia a su gusto.




Simplemente, abandona tu apego y fascinación por la historia (que te sucede o que te cuentas) y deja que la vida acontezca.
Limítate  a contemplar, a observar.
La observación es la mirada constante de la conciencia, que ve y se deleita en su creación.
Permite que la observación acontezca y deja que vea lo que está aconteciendo. Sin cuestionamiento, sin juicios, sin deseos de cambiar nada o de hacerlo mejor.






Empieza a dejar que emerja el observador. Observa cómo la mente está tratando siempre de manejar el espectáculo, de estructurar la escena. Obsérvalo sin juicio.

Abandona la búsqueda y el empeño en que acontezca algo y enamórate, enamórate íntimamente del don de la presencia en lo que es.





Aquí, justamente aquí, está la sede de todo lo que has anhelado siempre. Es simple, ordinario, cotidiano y magnífico.
Date cuenta: tú ya estás en casa.


(Tony Parsons. "Lo que es")


lunes, 21 de octubre de 2013

Gota a gota.




Querido amigo:


No sé si has visto la película
"Rumi, poeta del corazón".

Cuentan que conoció a su amigo espiritual cuando él ya era maestro. Al conocerle, su experiencia de amor (esa amistad espiritual) le hizo comprender de pronto todo lo que él mismo llevaba años explicando.
Shams le dijo: ahora tienes que empezar a vivir eso que has estado leyendo toda tu vida.
Y quemaron los libros.
Iniciaban esas conversaciones (sorbet) y desaparecían durante semanas.
Eran conversaciones entre lo personal y el ser profundo.
Chopra dice que la vida de Rumi nos hace ver que todas las relaciones tienen ese potencial.
Quien no tiene esa clase de amor, no tiene nada.
Entonces, vivimos separados de algo.
El hecho de que usemos el lenguaje (la palabra) es parte de la nostalgia por la unión -por volver a casa.
En realidad, el macrocosmos está dentro, y el mundo exterior que percibimos es el lenguaje que utilizamos para hablar del universo interior.
El amor es la religión y el universo el libro.

(Notas de la la película "Rumi, poeta del corazón". También en dvd).



Querido amigo:

Si el universo exterior que percibo es el lenguaje que utilizo para hablar del mundo interior, echemos un vistazo: qué es lo que veo?



Un chico pasa corriendo (la actividad física, la adrenalina); otr@s en bici, paseando (la serotonina, la contemplación); unos coches de policía parados (el yo controlador, a veces me protege y a veces me perjudica, y no es de fiar); una anciana moribunda empujada en su silla de ruedas (este cuerpo que se acaba, que muere en cada instante). Una pareja de la mano, "tercera edad";
tú y yo, compañeros de viaje. Otra pareja joven, de la mano (tú y yo, ahora con tanta energía como siempre). Una pareja con hij@s (aún cuidando de quienes nos necesitan, eso no se acaba nunca).
Veo el mar profundo, la superficie rizada, lleno de olas infinitas. Infinitas manifestaciones fugaces (mis vidas, las de los demás, las apariencias), el mismo contenido. Veo palmeras firmes, estables; abanicadas sus hojas por el viento; estables, da igual si sale el sol o se nubla o arrecia el viento o rompe a llover.
Esa firmeza, esa estabilidad.
Algunos troncos más jóvenes han quedado un poco inclinados por algún fuerte viento
o por la tendencia insistente del viento, no necesariamente fuerte. Las tendencias, como un gota a gota.




Él está convencido de que esa relación ha sobrevivido gracias a ella.
Por el "gota a gota", dice.
Ella no ha tenido miedo; a pesar de sufrir lo suyo, también,
ha seguido apostando.
Ha podido causar destrozos (alguno de sus yos) pero luego seguía ahí (el yo que gobierna su vida), estable. Sin apego, sin necesidades, sin sufrimiento. Sin culpa ni resentimiento. Pero entregado. Presente, disponible.
Él cree que ha sido ese "gota a gota" (en realidad, él la veía gota a gota; no siempre
la veía, sólo a ráfagas, y eso lo interpretaba como un "gota a gota" de ella), ese despliegue de entrega, constancia, presencia, estabilidad, alegría, libertad. Un gota a gota que ha acabado erosionando sus cadenas ilusorias (de él), sus miedos, sus reservas. Y gracias a su "gota a gota" (de ella), él ha podido descubrir la libertad. En qué consiste vivir sin miedo. La confianza. La entrega. El amor.
Al menos ha tenido la suerte de poder verlo gota a gota. Peor habría sido no verlo nunca. Entonces no habría habido erosión.

Ahora ella contempla este amor (de él), que se ha convertido en su inspiración (de ella),
en su maestro.




De Rumi, se cuenta ese amor profundo con su amigo espiritual (Shams), que le permitió experimentar en propia carne todas las teorías místicas que enseñaba.
Un amor que transciende a su objeto, una experiencia de amor que lo impregna todo, todo lo que aparece
-los árboles,
las montañas,
los edificios, las personas, las situaciones.
Ese amor que transforma tu mundo al completo.
("Si no tienes en tu vida esa clase de amor, no tienes nada").

Un día su amigo desapareció -se cuenta que los discípulos de Rumi celosos podrían haberle matado, o quizás Shams se fue sin avisar, tal como llegó; eso poco importa.
El hecho es que el amigo desapareció y Rumi se sintió tan desesperado, con un dolor tan profundo, que salía de la casa donde vivía al jardín, donde había un poste, y se abrazaba a él y giraba y giraba y en ese trance a veces cantaba en voz alta, versos que sus discípulos escribían. Fue el origen de las danzas giratorias de los derviches.



Más adelante, sus discípulos también se sumaban y bailaban junto a él, girando y girando, y en el trance Rumi a menudo cantaba versos y cuando alguno de sus discípulos paraba para escribirlos, él decía: no importa, son sólo palabras, sigamos girando. Y así se perdió la mayor parte de su poesía. Pero ganaban experiencias de transcendencia.










sábado, 19 de octubre de 2013

Con dos piernas, con una o con ruedas. Celebrando igual.




Después de la meditación caminando, en el tiempo para compartir, alguien expresó su gratitud por tener dos piernas.
La vida es maravillosa, dijo; este cuerpo es maravilloso.
Entonces, otra persona manifestó su tristeza porque venía de visitar a una amiga que padece esclerosis múltiple y está perdiendo movilidad.
Ahora se desplaza por la casa apoyándose en las paredes o en los muebles -explicó-
y en silla de ruedas cuando sale a la calle.



Y recordó a una prima joven a la que habían tenido que cortarle el pie, tiempo atrás.

Y esta vez, en esta meditación caminando, ella se había sentido estable como nunca, conectada a la tierra, agradecida a esos dos pies y piernas en su cuerpo.














Una maestra habló de los dos niños nuevos en su clase, sordos. Hoy había recibido la visita de unas especialistas de apoyo que le habían contado cómo funciona el sentido del oído, esa asombrosa maquinaria de precisión capaz de detectar una gama enorme de sonidos. Se emocionó al expresar su gratitud por este cuerpo "maravilloso", esta vida "maravillosa", insistía.







Ya llegaba a su fin el tiempo para compartir cuando otra persona explicó que hoy había bajado a la playa, que hasta ahora había tenido muy apartada de su vida cotidiana, a pesar de vivir en una ciudad costera.
Era un día gris y frío. Caminó por el paseo marítimo y contempló la arena, ¡y estaba plagada de personas en traje de baño, o sin traje de baño! (En esta playa urbana existe una convivencia pacífica entre nudistas y textiles). E incluso mucha gente se bañaba. Personas de 60, 70, 80 años se bañaban y disfrutaban, y reían al esquivar las medusas. Al fondo había nadador@s que recorrían el trayecto de un espigón a otro, siguiendo la línea de las boyas. Y allí estaba ella, con su chaqueta sobre el jersey y su pañuelo al cuello. Y decidió que así quería ser ella de mayor, disfrutar de la vida, apreciar y agradecer la vida, y para eso tenía que empezar a ejercitarse, ya mismo. Se quitó los zapatos y, al caminar sobre la arena, a veces pisaba algún pincho, se deshacía de él y seguía caminando. Tampoco dolía tanto. Así quiero vivir la vida, dijo; siempre encontraré algún pincho y luego otro, pero voy a seguir disfrutando de la experiencia de caminar descalza (con el corazón abierto).
Y esto es lo que sentía hoy en mi meditación caminando, concluyó.
Caminar descalza sobre la tierra, con pinchos o sin pinchos.



El tiempo se había acabado y ella no compartió nada. Siempre prefería dejar espacio para escuchar las crónicas a corazón abierto de sus compañer@s de meditación.
Pero guardó un epílogo en el suyo -en su corazón abierto.








Si la vida es maravillosa con dos piernas, es igual de maravillosa con una, o sin piernas, o si no puedes escuchar los sonidos, o si no ves la gama de luces o no percibes los aromas que te envuelven. Las minusvalías no dependen tanto de las capacidades o discapacidades de tu cuerpo sino de tu mente. Y de con quién te compares.

Cuando ella, en la playa, miraba a la gaviotas volar no se sentía minusválida por no tener alas. Y cuando deseaba permanecer en el vientre cálido de la piscina y se veía impulsada a emerger a la superficie, no se sentía minusválida por no tener branquias.




Conocía a alguien que gracias a perder una pierna había aprendido la lentitud y la contemplación y se había liberado del estrés y de todas sus consecuencia. Pierdes una capacidad y ganas otras, solía decir.
Conocía personas sordas o ciegas con una extraordinaria capacidad de intuición y percepción, inalcanzable para ella misma. Y no por eso se sentía minusválida.



Si la vida es maravillosa, lo es tal como es.
Con dos piernas, con una o con ruedas.
Así que celebremos sin apego, porque antes o después este cuerpo nos va a abandonar.
Es cuestión de tiempo.








jueves, 17 de octubre de 2013

Sobre la meditación.







Hemos hablado mucho sobre la meditación
en esta casa. Y hemos meditado.




Cuando ella se sentaba frente a la clase para empezar la meditación, primero respiraba profundamente, cerraba los ojos, sonreía, abría los ojos y encontraba a sus estudiantes, sonreía aún más y decía:
Ésta es la experiencia que me gustaría transmitiros al comenzar a meditar, o al pensar en meditar.
Soltarlo todo: preocupaciones, ocupaciones, expectativas; lo que estabas haciendo antes y lo que harás después. Darte permiso para parar, contemplar... Esa libertad. Dejar que surja la alegría de la libertad.

Eso era lo que decía, o algo parecido.









Antes de sentarse a dirigir la meditación, quizás estaba respondiendo las llamadas en secretaría, recibiendo a l@s asistentes, preparando el té y las pastitas, asegurándose de que los cristales de la puerta estaban relucientes, el baño limpio y el piso seco. O quizás llegaba con la bicicleta y la estación del bicing estaba llena y había que correr en busca de otra estación con plazas libres y sus estudiantes ya estaban ocupando sus asientos.
Sea como fuera, sentarse a meditar era como darse permiso para no hacer nada, parar,
la oportunidad de soltarlo todo y volver a casa.
¿Preparad@s para el despegue?

Y ella deseaba transmitir esa alegría, la gran alegría de parar, de soltar las distracciones de las actividades diarias; permiso para parar, contemplar.

Pasado el tiempo, sigue pensando que es un buen entrenamiento.


Sin embargo, entre sus estudiantes había personas que meditaban a diario y otras que no. Y nunca pensó que era "mejor" o "peor" en sí mismo. Depende de cómo tenga lugar, una u otra opción.






Por ejemplo, hay personas que meditan como una distracción más, una actividad más (otra anotación en la agenda), una obligación.
Y si eres de l@s que no meditan formalmente, quizás sea porque te asuste la ansiedad que emerge en la no-actividad, el silencio, parar; o simplemente te aburre; o quizás es que ya estás contemplando el resto del día, fundiéndote, amando, despiert@ en el sueño lúcido. Meditando.

Meditar o no meditar no es la cuestión. La cuestión es cómo lo hacemos.
O más exactamente: cómo dejamos que tenga lugar.








Pasado el tiempo, ella descubrió que lo importante no era tanto parar, soltar (la bicicleta, el té, el teléfono, el mocho o el paño del polvo), 
 la alegría de volver a casa, esa libertad,
sino la libertad
de estar en casa cuando montas en bicicleta o la dejas, cuando preparas el té y las pastitas y lo ofreces, cuando limpias los cristales o el suelo, cuando acoges a las personas en el teléfono o en la recepción.
Lo importante es estar presente en cada instante, dejando que ocurra "lo que es"
en cada instante,
hagas lo que hagas
y con quién estés.
Esa meditación.



Epílogo.
(Del libro "Lo que es", de Tony Parsons)





Mientras usted esté esperando, o incluso intentando estar abiert@ a la iluminación, no ocurrirá nada.



Usted está sentad@ en la mesa de la cocina, bebiendo café,
y viene el pensamiento:
tengo que meditar, iré a meditar.
Pero donde usted está,
está "lo que es".
Lo que es, es; así que
por qué ir a buscarlo a la sala de meditación?
Cuando se comprende esto,
deja de haber un interés especial por la meditación formal.
Porque cada instante es una oportunidad para la meditación.



Ya sé -dice Parsons- que lo que se está comunicando aquí no va a ser popular nunca ni va a atraer a montones de gente. Porque la mente de las personas necesita un objetivo, un sitio donde ir, algún tipo de viaje lleno de expectativas.
Un "camino".
Un programa. Un "método".
Una tradición. Cuando más complicada mejor, cuanto más lejana, barroca y recargada, mejor.
Pero lo cierto es que la verdad es sorprendentemente cercana
y sencilla
y que no hay ninguna parte a donde ir
porque esto, aquí mismo,
es "eso"
que estás buscando.




Nota: Aquí no decimos que el gato esté iluminado. Ni que no lo esté.
El dibujo no representa la mirada de esta casa sino la de CArlos.
Y, quizás, la de Tony Parsons.      

Dicho esto, me voy a meditar.   :)


domingo, 13 de octubre de 2013

De paso.









Querida amiga:

A veces te quejas de que
la gente no da, o que da demasiado, o que no te devuelve lo que les das.
Como si la vida fuera un libro de cuentas.
Tanto tiempo y energía
(no siempre positiva)
en hacer y repasar la lista del Debe y Haber.
Pero en esta empresa de la vida humana (y diría que en todas las empresas) la cosa no funciona así.
Es más sencillo que todo ese listado detallado y minucioso de dónde vienen las entradas y a dónde se dirigen las salidas.

Todo lo que tienes te ha sido regalado, es así de sencillo.
A este mundo llegaste sin equipaje.
Ni la cuna ni el vestido ni la comida lo traías en tu maleta; ni una sola habilidad.
Comer, hablar, caminar -todo te fue enseñado y regalado.
Por no hablar del amor y los cuidados.
Todo eso de lo que disfrutas (aun cuando no lo disfrutes) está en la lista del Haber
y también en la del Debe, porque antes o después acabarás devolviéndolo.
Todo lo que tienes está sólo de paso. Pasando por ti. Pasando. De camino a otra persona o situación.
Y cuando le das algo a alguien simplemente das, no es necesario que lleves la cuenta
y apuntes la deuda y el deudor.
Se trata de un movimiento imparable de entradas y salidas y no merece la pena
el esfuerzo de llevar la cuenta de quién te da y a quién le das. A quién le debes y quién
te debe.
Das y sueltas, y permaneces abierta para seguir dando
y recibiendo.



No es necesario apuntar el nombre de deudores y acreedores. Suelta ese lastre.
Eso no es lo importante.
Lo importante es mantener la energía en movimiento.
Dar a quien esté abierto a recibir
y recibir de quien ofrece naturalmente
-sin sentimiento de pérdida y sin llevar la cuenta.
No oponer resistencia ni forzar el regalo; ni a favor ni en contra.
No es necesario regalar a quien no lo desea ni forzar a la generosidad a quien no está preparado para ello.
Y en cualquier caso, luego suelta.


Como el viajero de paso en una habitación de hotel, que ha disfrutado y la cuida pero sin apegarse a ella, porque sabe que antes o después acabará dejándola para ir a otro lugar.
El desapego te permitirá apreciar las cualidades de lo nuevo
sin la añoranza de lo viejo.





Comprender este sueño.








Sol de otoño, suave.
Las hojas de las palmeras se balancean levemente. El mar en calma.
La playa y las terrazas se llenan de visitantes. El paseo, de paseantes;
a veces se detienen en un banco y miran los barcos pasar, las personas que se bañan en el mar, las que reman de pie sobre la tabla; las que se duchan en las duchas de la arena, las que se tumban al sol, las que hacen el amor; las que pasean en bicicleta y las que pasean al perro, los perros, las que corren, las que patinan, las que se desplazan en monopatín,
los taxistas de las diversas variantes del triciclo,
las camareras...
A veces toca cuidar y a veces dejarse cuidar.
Algunas ancianas, vestidas de domingo, pasan en su silla de ruedas, empujada por algún familiar de visita. Otras permanecen en la residencia, en sus habitaciones pequeñas y oscuras, porque nadie vino a visitarlas o porque su estado es ya demasiado ajeno a este mundo.
Quienes hoy tienen la suerte del paseo se ofrecen al aire en el rostro (que podría se traicionero) y contemplan el paisaje como si ya se hubieran ido, como si ya no tuvieran mucho que ver con él.
Esperan con paciencia, sin saber muy bien qué.
Que pase el día, quizás. Que llegue mañana.
Y entonces, que pase. Y que llegue mañana.




Y ella se pregunta qué espera cuando abre los ojos por la mañana.
Quizás, que pase el día?
Cómo llenará hoy el día?
Igual que ayer?
Qué le aportó ayer?
Qué le aportará hoy?
Esperará a mañana para algo mejor,
para el desenlace
definitivo?










Como el chico no sabía bien qué carrera elegir, qué oficio, en qué casilla poner las fichas de su apuesta de futuro, le preguntó: ¿Tú sabes cuál es tu misión en esta vida?
Ella pensó un instante y dijo:
Comprender este sueño
y despertar
para comprender mejor
todos los sueños.





jueves, 10 de octubre de 2013

Si tú te vieras como te veo yo, se acabarían todos tus problemas.







Querida amiga:

No estoy segura de poder ayudarte.
A veces creo que no,
mi mundo te queda tan lejos, mis palabras te suenan a otro idioma
y mis creencias a un completo despropósito,
"como si fuera de otro planeta", dices.
Entonces, lo único que puedo hacer por ti es escucharte, acompañarte.
O que te escuches: dejarte hablar, porque sé que eres tu mejor maestra
y que verbalizar lo que tienes dentro te dará la pista.
En la caricatura (y entonces te reirás) y en la sabiduría.
No me malinterpretes si no digo nada.
Y si te escucho decir "no me ayudas mucho", no me daré por ofendida.

No puedo negar que, a veces, vivimos en mundos diferentes, así que lo que a mí me sirve puede no servirte a ti en un momento dado.
Sólo quiero confesarte que a veces te miro sufrir y pienso:
Si tú te vieras como te veo yo, se acabarían todos tus problemas.

Y no es meramente que confíe en ti, como a veces me reprochas ("no puedo con tanta responsabilidad"), es que confío en la vida. La vida sabe.
Y todo acaba saliendo por mucho que opongas resistencia.
Aun si te tocara formar parte de las bajas colaterales necesarias, todo acaba saliendo.





Y es que, como decía el poeta: Todo acaba bien
y si algo no está bien es porque todavía no se ha acabado.

Y en el proceso, mientras no se acaba, cuando toca el conflicto, resolver el nudo,
lo único que se puede hacer es lo que toca hacer, sin perder la confianza.
Y la sabiduría básica:
que es temporal
y que detrás de este asunto aparecerá otro.

Y eso vale para lo que consideramos malo, el sufrimiento,
y para lo que consideramos bueno
y llamamos
felicidad.
























miércoles, 9 de octubre de 2013

A entrenar!







Ha vuelto la calma.
El mar como un espejo apenas rizado. El aire quieto.
Algunos árboles más débiles han perdido la verticalidad y aparecen inclinados, todos en la misma dirección.
Por lo demás, las palmeras demuestran su fortaleza a pesar de la aparente fragilidad, incluso las más jóvenes y delgadas. Y se mantienen erguidas.
Turistas y locales acuden a contemplar y hacer uso de un espectáculo diferente en
el mismo escenario.
Como un juego virtual interactivo, como una película de aventuras. Como un concurso
de habilidades. Como una carrera de obstáculos.
Qué haces cambiadas las condiciones? Cómo llevar a cabo tu misión, tu función o tu mera supervivencia cambiados los elementos, las herramientas, las circunstancias?
La consigna es adaptarse sin instalarse, no dar la lección por aprendida (para futuras situaciones). Las futuras situaciones serán diferentes. No existe la estabilidad ni hay puerto final ahí fuera.
Todo lo que ahora crees que sabes puede no funcionar en el próximo decorado.
Excepto la experiencia. Eso sí funcionará -para bien o para mal.
La paciencia, la confianza, la resistencia o el fluir, la rabieta, el "sálvese quien pueda"
o la colaboración.
La experiencia es un músculo que se desarrolla con el uso. Cuanto más enfado practicas (expresado o reprimido) más grande y fuerte se hace tu enfado.
Cuanto más amor, humor, compasión, diversión, desapego, actitud de juego, más fuertes y profundos.
Cuanta más gratitud, más abundancia, más fuerza
y libertad.
Cuanto más miedo
al miedo,
más poderosos los fantasmas
que te aterran.

La experiencia es lo que crea tus habilidades
o carencias
para las aventuras por llegar.
Y la vida es un mero entrenamiento.





lunes, 7 de octubre de 2013

En casa.



Mar calmado. Nubes y claros.
A veces sale el sol, a veces la sombra.
Dentro de unos minutos ella se sumergerá en el mar y desaparecerá por un instante. O dos.
El objetivo es no tener prisa. Nada que hacer, ningún lugar a donde ir.
Cada paso es su casa.
La silla en la que está sentada es su casa, la mesa donde escribe, el mar que contempla. El aire que respira.
El cuerpo que alimenta; el alimento que la alimenta, su casa.

Había quedado para verse con un antiguo compañero de meditación y él le preguntó:
Qué haces ahora que no tienes que pasar tanto tiempo en tu viejo trabajo?
Y ella dijo:
Estar en casa.



viernes, 4 de octubre de 2013

La experiencia aparece antes que la apariencia.






Hoy el mar se ofrece a l@s surfistas.
Olas gigantes de espuma blanca en la orilla.
Agua de mar como nubes sobre la arena y el pavimento gris
de la plaza, que convoca a cualquier variante con ruedas.
Agua de mar en su piel, en su cabello, en sus pulmones, en sus tejidos.
En el espacio entre sus quarks.
Hoy le toca el turno a l@s surfistas.
Y ella se queda en la orilla impregnándose de agua de mar,
mirando a l@s surfistas cabalgar las olas, a veces surcarlas,
dejándolas pasar.








Como su amiga le viera triste, golpeada, dijo: tenemos que tratar eso.
Y en la exploración, encontraron
la culpa presente, el miedo previo.
La amiga dijo: eso tenemos que tratarlo.



Al día siguiente, la amiga la llamó armada de una montaña de documentación psicoterapeútica sobre las autoexigencias, las creencias irracionales y demás.
Cómo estás?, preguntó, y ella dijo: bien.
Bien?, quedó descolocada la amiga, por un momento. Tienes que contarme cómo has podido superar eso tan rápido.
No soy yo, dijo ella;
no puedo aferrarme a algunas de las actitudes de algunos de mis yos.
Hacen su trabajo, cumplen su función
y yo sólo puedo asumir las consecuencias
-incluidos los estropicios que pueden haber provocado en el proceso.






A veces creemos que los acontecimientos aparecen en nuestra vida por razones kármicas, y así es.
Pero yo sospecho que primero aparecen las experiencias, por las impresiones previas, por hábitos del pasado, por la inercia de viejas tendencias. Por razones kármicas.




Por ejemplo:

Piensas que todo está bien,
te sientes bien, con recursos, disfrutando agradecida de los regalos de la vida.
Y de repente "madura" la preocupación, o el miedo.
Madura (como una semilla que da su fruto), aparece la experiencia
del miedo (o cualquier otra),
que tantas veces has sentido en vidas anteriores -la semana pasada, pongamos por caso.
Pues si ha aparecido el miedo
(o la rabia, la impaciencia, la frustración, la tristeza, los celos, lo que sea),
no te costará mucho encontrar alrededor
algún motivo para "explicártelo", para justificarlo.
Y si no está, lo crearás, aparecerá.
Pero, desengáñate: la situación externa sólo es una excusa;
la auténtica causa es la sensación (miedo, celos, dolor, desconfianza)
que apareció en tu experiencia.

Y?, preguntó la amiga.
Eso, cómo me ayuda a superar la situación?
No hay nada que superar -dijo ella.
Como cualquier fruto que madura (el miedo, la culpa), como cualquier flor que florece,
se acabará marchitando.
Lo contemplo y lo dejo pasar.
Qué contemplo?
Mi experiencia (el miedo, el dolor),
no las apariencias externas (la situación, el conflicto, el agresor).
Todo eso son sólo las condiciones que ha tenido que crear mi experiencia kármica.





Y cuando toca dolor?
Pues que duela
-ahora toca florecer, luego tocará marchitarse.
Abre pecho y que duela.
Entrégate a la experiencia del dolor (como un espejismo)
y luego a la experiencia
del alivio.



Sólo son experiencias kármicas,
que se van debilitando
conforme
no te aferras a ellas
-cuando dejas de creer en ellas.






miércoles, 2 de octubre de 2013

Oda a la vista.










Hace tiempo sabe que está perdiendo vista.

Mientras tanto, observa la luz, cambiante.
De la oscuridad de la noche surge el día como un parto tranquilo, imperceptible.
Y de repente comprendes que ya está aquí.
La luz gris de nubes grises, o la luz radiante, deslumbrante.
A ratos luces y sombras; a veces como un velo azulado sobre el decorado, a veces violeta,
a veces como la llama apagada de una vela.






Observa los colores.
Toda la gama de verdes en las hojas de los árboles; el azul y blanco en el cielo; el verde y gris y plata en el mar ondulado.
La amplia gama de beis y marrones
en los cuerpos.
El gris del pavimento; los detalles verdes y rojos y amarillos en los balcones.





Observa las formas, en movimiento.
Los cuerpos de paso; las sombrillas abiertas sobre la arena, bailando al ritmo del viento.

Cierra los ojos por un momento, relaja la vista cansada
e imagina su vida a la sombra.

Aún le quedaría la piel para hacer el amor con el mundo que la envuelve.

Podría irse también el oído, llevándose todos sus regalos de sonidos
y el olfato, despojándola de los aromas,
pero aún le quedaría la piel.







Los vientos del karma.







Un perro  perdido en la playa.
Tiene collar, así que debe tener casa y familia.
Un ciclista-taxista
(de uno de esos triciclos con asientos para dos viajer@s)
se para para darle compañía,
y no es una amenaza.
Un coche de la guardia urbana se para a investigar
y mi corazón se acelera.
Los guardias salen del coche. Hablan.
El ciclista coge en brazos al perro, que confía en él, y le mete en el interior del coche de policía. Y vuelve a su taxi-triciclo.
Los policías entran en el coche. El coche arranca. Y se aleja.

Ella, que lo ha observado todo, se siente inquieta.

La vida del perro no depende de ella.
Pero eso no impide que se pregunte si hoy volverá a dormir en su casa o en una jaula de animales perdidos o abandonados;
si habría sido mejor para el perro que el ciclista no apareciera para cuidarle, reteniéndolo sin saberlo;
su incierto futuro.

Y la vida de sus seres queridos, no depende de ella.
Ni siquiera la suya propia.





Los vientos del karma no se quedan quietos ni un instante.
(Y sopla el aire sin parar, hoy, en esta playa).

En algún sitio leyó que los seres humanos aborrecen la quietud y dan la bienvenida incluso a las guerras.

No es su caso.





martes, 1 de octubre de 2013

Pásalo.





A veces toca un respiro.
Miras alrededor
y el mar está
en calma.
Y ella piensa:
Tengo que aprovechar para ser generosa,
cuidar y regalar a
la gente que me rodea.



A veces aparece una lluvia
de bendiciones
que te desborda
y tienes que regalarla
como el kéfir
-que se hace más y más abundante.
Como el agua que se pudre en el estancamiento.
Como una lluvia de flores que se marchitan al detener su curso
y sólo en el movimiento renacen, como el ave Fénix.

Cuando toca abundancia, sólo puedes hacer de canal para que siga su curso.
Si te la quedaras, acabarías aplastada bajo su peso.

El aikido le enseñó
que la energía que te llega sólo puedes dejarla pasar,
quitarte de en medio para no interceptarla.
Y acompañar su impulso si fuera preciso.

Y no existen oponentes,
sólo aliados.