jueves, 24 de febrero de 2011

La función de las cosas no es la que parece. (y 3)


Ahora te desplazas por el sueño de la vigilia, consciente
de que las apariencias

son meras apariencias.
Y cada apariencia
tiene su función.
Consciente,
contemplas las apariencias y buscas su función
última.







Y cuál es
la función
de las cosas, de los seres, de las situaciones?
Depende.
Pero ahora ya sabes
que todo es virtual.
Que, por ejemplo, la función del dinero no es meramente comprar
objetos,
o ahorrarlo
para apaciguar el miedo a la inseguridad del futuro.
Ahora sabes que la función del dinero (y de cualquier otra apariencia)
es generar experiencias;
la tacañería que induce pobreza (en el presente y en el futuro)
o la abundancia de la generosidad
-por poner unos ejemplos.


Busca el auténtico significado
de las apariencias.









¿Crees que la función de tu casa es darte cobijo?
¿La de tu ropa, vestirte,
protegerte del frío
y ofrecer una imagen pública a los demás?
¿La de tu coche, trasladarte de un lugar a otro;
la del coche de los demás, entorpecerte el camino, contaminar el aire
y llenarlo de ruidos?
¿La de tu hijo, desarrollar tu instinto maternal
o paternal?
¿La de las personas con las que te cruzas,
interponerse en tu camino,
complicarte la vida
o hacer ruido en la playa cuando sólo aspiras a tumbarte tranquila a leer al sol;
la de los peatones, meterse en el carril bici cuando tú vas en bici
y la de los ciclistas invadir la zona peatonal, cuando tú paseas?

Existe otra función por detrás de todo eso, en cada apariencia,
y es que tú aprendas
lo que aún no sabes;
es
ofrecerte una oportunidad de práctica
y de aprendizaje.

Desarrollar amor en última instancia,
salir de ti,
empezar a experimentar quien eres
cuando ya no eres
quien creías ser.


La función de las apariencias es generar experiencias y éstas dependen de ti.

Ahora sabes que la función de las cosas (y de las situaciones)
no son las que parecen.
Su auténtica función es generar experiencias,
y eso sí depende de cada cual,
de lo que cada cual
hace
con ellas.






















En qué medito hoy? ( 2)










A veces,
puedes sentirte desbordad@ con tantas meditaciones
y tantas
prácticas.
La purificación
de Vajrasatva,
la bodichita última, estimar a los demás,
la preciosa existencia humana, la renuncia y todas y cada una de las 21 meditaciones del lamrim.
A veces, te parece que hasta son contradictorias:
si la visión última es la vacuidad, para qué meditar en la compasión?
O viceversa.
Y sin embargo, no existe ni un pelo de contradicción
entre las diferentes enseñanzas del dharma.

Todo está en todo, en cualquier práctica -dice Rabjor.
Todo es lo mismo,
y sin ninguna duda forman parte del mismo camino,
sólo cambia el aspecto en que se manifiesta.

Porque
cada apariencia
es un aspecto diferente
de lo mismo.


Concéntrate en lo que toca
estudiar
y entrégate a fondo,
profundizando en su comprensión
hasta la realización.














En mi práctica personal, cuando toca estudiar la paciencia, me limito
a investigar en la paciencia.
Si se trata de la preciosa existencia humana, me concentro en las oportunidades
y los potenciales de ésta.
Si la muerte, medito en la muerte y en la impermanencia.
Y lo mismo con la compasión,
o la renuncia,
o lo que toque investigar,
comprender,
realizar.

La compasión y la vacuidad no son contradictorias, pero si,
en un momento dado,
te lo parecen,
céntrate en lo que toca centrarse (la compasión, pongamos por caso)
y olvida todo lo demás.
Hasta que un día te parezca que todo es una misma cosa.

Y por qué meditar en tantas cosas (si todo es lo mismo);
tanto trabajo, para qué?





El sueño de la vigilia requiere la maestría
de diferentes aspectos
adquirida en la meditación formal.






















Una cosa es la meditación formal
y otra
la meditación informal o, si quieres, la vida diaria.
Y en la vida diaria tendrás mil oportunidades/apariencias
para practicar
la paciencia,
la renuncia,
cambiarte por los demás,
aceptar la derrota y ofrecer la victoria,
tomar,
dar
o contemplar la vacuidad
de los fenómenos.


¿Y cómo vas a hacerlo si no cuentas con algún nivel
de comprensión
de lo que toca practicar
o por qué
o cómo?

Y eso
sólo lo has podido integrar
(más allá de la mera comprensión intelectual)
con el estudio
y la meditación
formal.

Así que cuando toca lo que toca, quédate con eso
y deja a un lado todas las comeduras de coco
que no vienen al caso.


Contemplar la vacuidad
y seguir aprendiendo
de las apariencias.













Y qué pasa cuando
llegas a la visión última:
la vacuidad
de las cosas,
del yo,
del cuerpo y la mente
propias,
de todos los seres,
de los fenómenos?...
Todas las demás prácticas,
¿ya no sirven de nada? ¿Hay que abandonarlas?

Todo lo contrario.
Todas las demás practicas
son las que te han llevado hasta aquí.
Ahora te desplazas por el sueño de la vigilia, consciente
de que las apariencias
son meras apariencias.
Y cada apariencia
tiene su función.
Consciente,
contemplas las apariencias y buscas su función
última.


martes, 22 de febrero de 2011

En qué medito hoy?















En cierta ocasión,
en el transcurso de una jornada de la Feria del Libro de Barcelona,
miraba la exposición en la mesa de todos los libros de la Editorial Tharpa
(Camino gozoso de buena fortuna; Comprensión de la mente;
La guía al paraíso de las dakinis; Tesoro de contemplación;
Mahamudra del Tantra; Una vida con significado, una muerte gozosa;
Caminos y planos tántricos; Guía de las obras del bodisatva...)
y exclamé, llena de admiración y de gratitud:
cada uno, un cofre lleno de tesoros,
una aventura,
un viaje...
(a la Tierra Pura, al despertar
-eso no lo dije, por si sonaba grandilocuente).
Jose me escuchó en silencio y luego comentó, como si me hubiera oído el pensamiento:
sí, pero con uno sólo tendríamos suficiente para llegar a la iluminación,
si de verdad quisiéramos.

Sólo uno, sí,
porque todos son manifestaciones de lo mismo;
nuevas oportunidades,
diferentes aspectos
de lo mismo.
Hasta que aprendas
lo que tienes que aprender.


Una vida llena de oportunidades.

La última clase del Poble Sec trató sobre la segunda estrofa de los Ocho pasos:

Cuando me relacione con los demás,
he de sentirme la persona menos importante
y, con una intención perfecta,
estimarles como objetos supremos.








Meditamos en que,
en este sueño de vigilia,
cada apariencia,
cada cosa,
cada situación,
cada persona,
tiene una función
para que tú aprendas
lo que tienes que aprender.
Cada ser, cada persona.


Cada apariencia, una oportunidad,
un viaje al final del trayecto.

En realidad, si nos centráramos de verdad,
de corazón,
con apertura (con entrega) total,
con amor,
en una sola persona,
ya podríamos hacer el camino completo hacia el despertar.

Si viéramos en cada una de ellas un "objeto supremo", una oportunidad para la práctica
-de la consideración, igualarnos, la paciencia, cambiarnos, la realización última
de la vacuidad...





Pero como no es así
(porque no les vemos
y perdemos la oportunidad
en cada oportunidad),
la vida nos plantea múltiples
oportunidades
como manifestaciones diferentes
de lo mismo.
Cada persona, cada ser, cada cosa, cada situación, una oportunidad más
para que tú comprendas
lo que tienes que comprender;
una manifestación nueva
de lo mismo;
un aspecto diferente
de lo mismo.
Hasta que aprendas
lo que tengas que aprender
y despiertes
al fin.


jueves, 17 de febrero de 2011

Aprender sin sufrir o sufrir sin aprender.












Llegó a casa y encontró a su hijo muy preocupado.
La esperaba a ella para sacar fuera su preocupación.
Había llegado tarde a la entrega del Treball de Recerca, 15 minutos fuera del plazo de entrega (de 8 a 5 de la tarde), y no se lo habían aceptado; tanto trabajo de meses de investigación para nada.
Estaba destrozado.
La madre quiso poner calma: Veamos...

"No pasa nada, no pasa nada... Para ti nunca pasa nada! Pero sí pasa!!
Ahora tengo que ir a recuperación, y el trabajo sólo se puntuará sobre un 60%, y no podré entrar en la facultad que quiero, y es posible que ni siquiera vaya a la universidad...
Y estoy tan quemado que no quiero esperar más y estoy pensando en tirar la toalla ya y abandonar el bachillerato..."

Era como el cuento de la lechera
en una versión descendente.
Una caída en picado.
De vértigo.


Aprender de las adversidades
sin añadir sufrimiento.

No se trata de que "no pase nada". Siempre pasa
algo.





Lo que importa,
estés donde estés,
es ver las opciones con que cuentas,
analizar los errores,
aprender
y tirar p'alante.

Aprender
y tirar p'alante.

Añadirle sufrimiento no ayuda en nada,
todo lo contrario.

Y sin embargo, lo que solemos hacer es justo lo contrario:
pasarlo mal, sufrir, coger rabietas...
y aprender más bien poco.
Y así, seguimos repitiendo pautas.

Da igual la edad, suele ser más fácil enfadarse, echarle la culpa a alguien o tirar la toalla,
y perder la oportunidad de aprender la lección del momento.



Y, así, añadimos más karma negativo
al karma negativo.
Y seguimos creando causas
para futuros efectos no deseados.
Nuevas consecuencias no deseadas.









Proteger la paz.


Al final, casi nunca se acaba el mundo,
por mucho que el contratiempo nos haga pensar que se nos echa encima un tsunami.
Casi nunca es un tsunami, y la vida continúa,
sólo hay que cambiar unas cuantas piezas para adaptarse a la nueva situación
-y el sufrimiento y las rabietas ayudan más bien poco y son innecesarias.
Y si de verdad es un tsunami y te va la vida en ello
y no hay nada que puedas hacer,
tampoco hay razón para preocuparse, porque no está en tu mano.
En cualquier caso, el primer objetivo es siempre conservar la calma,
adaptarse,
aprender
y tirar p'alante.

Pero ya eres otro, otra persona,
tras el aprendizaje.
Porque cada contratiempo es (o debería ser)
un rito de paso.


Cada contratiempo, un rito de paso
.

Pero lo que solemos hacer es junto lo contrario (da igual la edad):
lloriquear, enfadarnos, echar la culpa fuera, victimizarnos, sufrir...
y no ver los errores cometidos.

O verlos, admitirlos
y, sin embargo, no hacer el esfuerzo de empezar a funcionar de otra manera.
Y seguir repitiendo pautas.

No cambiar las causas
para que cambien los efectos.



No establecer las prioridades
que marquen el paso de nuestra vida,
como un faro,
como un referente siempre presente.





Y así,
nos perdemos tanto
y tan a menudo.
Perdiendo la oportunidad, una vez tras otra,
de aprender
y cambiar.

Porque es más fácil seguir lamentándose, seguir sufriendo,
que poner esfuerzo en cambiar.


El pequeño sufrimiento del cambio, ahora,
o aferrarse al gran sufrimiento conocido, a perpetuidad.

Rabjor nos lo recuerda a menudo (porque a menudo se nos olvida),
que la cuestión está en elegir entre
el pequeño sufrimiento del cambio, ahora,
o seguir con el gran sufrimiento establecido, pegado a tu vida,
a perpetuidad.
Tú eliges.

Y casa segundo nace una nueva oportunidad
para elegir.

Seguir sufriendo ante los contratiempos
sin aprender
o aprender de la situación
sin sufrimiento
añadido.









Parece difícil, ya sé.
Pero lo que resulta fácil no es tanto porque sea "lo natural"
como porque es lo que practicamos habitualmente.




martes, 15 de febrero de 2011

Calçotada en Ca l' Esteve el 13 de marzo.














Ya estamos organizando en el KMC Barcelona una nueva jornada abierta al público para el próximo domingo 13
de marzo.
En esta ocasión, la fiesta girará en torno a una calçotada al aire libre (como es natural), siguiendo la tradición catalana de los calçots (cebollas tiernas a la brasa, mojadas en su salsa correspondiente).

El menú será como sigue:

Calçots.
Patatas y cebollas a la brasa con all-i-oli.
Libritos de seitán.
Pa amb tomaquet.
De postre, fruta y yogurt natural o con frutos del bosque.
Y para beber, zumos y mosto.

Precio:
15 € para tarjetas kadampa.
18 € general.

Además, la jornada contará con otras actividades para el público infantil y adulto.

Horario:
12.00: Oraciones para la paz con meditación.
12.00: Actividades infantiles.
14.00: Calçotada.
17.30: Gema con tsog.

Como siempre, las facilidades para el transporte serán las máximas: salida de varios coches con plazas disponibles desde el centro en Barcelona (en Déu i Mata), recogida de personas en la estación de Manresa a las horas concertadas, etc.
Sólo tienes que decirnos cómo quieres venir y a qué hora y lo dispondremos para tu máxima comodidad.

















Ya podéis empezar a hacer las inscripciones en este mismo blog o en http://kmcbarcelona.blogspot.com/; por teléfono en secretaría (934950851), o por email, info@meditarabcn.org
.

domingo, 13 de febrero de 2011

El lenguaje bocina.





















En una de las confrontaciones, suaves, con mi hija (hace ya algún tiempo), observaba cómo se disparaba con el clásico
tú (tienes la culpa),
tú (me haces sentir),
tú (me has enseñado... mal),
tú, tú, tú...
Le dije: a eso le llaman "el lenguaje bocina".
Ella dijo: no te inventes lenguajes; eso no existe.
Y nos echamos a reír.

Ayer tuve una comida fabulosa, como siempre, con mi hermano del alma.
Cuando caminábamos hacia el metro, a punto ya de despedirnos,
él decía,
sólo me importa, de verdad, tres cosas en la vida:
mi hija,
mi hijo
y la tercera es
mi crecimiento personal, mi crecimiento espiritual, mis realizaciones, mi práctica, mi...
mi... mi... mi...
Entonce se calló un momento y me miró:
qué mal suena esto, no? mi, mi, mi, mi...
Creo que es la otra versión del lenguaje bocina, dije,
y nos echamos a reír.

Es lo mismo. Dos caras de lo mismo.
Del yo.

Yo.
Mi (vida), mis (intereses), mi (punto de vista), mis (ideas), mis (razones), mi (crecimiento), mis (proyectos),
mi, mi, mi, me, me, mec, mec, mec...

Y
tú (tienes la culpa), tú (interfieres en mis proyectos), tú (me complicas la vida), tú (me lo pones difícil), tú (me haces sentir mal), tú (eres un estorbo), tú (eres desconsiderada, egoísta...),
tú, tú, tú, tuc, tuc, toc...

Cambia el tono del claxon pero es el mismo lenguaje bocina.




Y cuando
lo ves
(lo oyes)
y te ríes,
has empezado
a despertar
un poco.


















El lenguaje bocina sí existe;
sólo tienes que escuchar
a tu alrededor
y escuchar
te.


Despertar con una carcajada o

la carcajada del despertar.

Leí en un cuentecito zen que un maestro muy serio y muy disciplinado, un practicante sincero y abnegado, un día, mientras meditaba, empezó a reír,
se levantó carcajeándose como un loco
y dicen que todavía sigue por ahí,
partiéndose el pecho.







Le dije a mi amigo:
quizás la iluminación no sea más que eso,
una explosión
de risa.
Una sonora carcajada que rompe,
que hace añicos
todos los esquemas
previos.

Tanto sufrir por naderías
cuando puede que todo
lo que hay detrás
de nuestra complicada experiencia como una montaña rusa,
en realidad no sea más
que
una explosiva risa
de amor.


martes, 8 de febrero de 2011

La manera budista de amar.







Empezamos nuevo curso y nuevo libro en las clases del Poble Sec: la manera budista de amar.


Cuando yo, más que leer, hacía
las meditaciones de este libro por primera vez,
sentía que todo cambiaba
fuera.
Tanto luchar por la revolución (política, social, feminista, ecologista...)
toda mi vida
y no había descubierto que la auténtica revolución, la que cambia
las cosas desde lo más profundo, es invisible e incruenta, no derrama sangre ni esparce dolor.
Simplemente cambias la óptica de tu mirada
y cambia lo que percibes
y cambia lo que sientes
y cambian tus acciones e interacciones
y las acciones e interacciones de los demás,
que responden cambiando lo que sienten y lo que piensan y lo que perciben.
Y el mundo por el que te desplazas en este sueño de vigilia cambia
radicalmente.


Cuidar a los demás.





















Geshe-la dice: no hay que cambiar el estilo de vida,
lo único que hay que cambiar es el objeto de estima.

No tienes que abandonar nada.
Y por supuesto, no tienes que abandonar tus militancias personales
-sociales, políticas, feministas, ecologistas, en defensa de los animales..., las que sean-,
las actividades externas que consideres convenientes
-especialmente si están dirigidas por una mente de amor.
Solo hay que cambiar una actividad
interna:
el objeto de estima.
Dejar de "protegerme" a mí por encima de todo
para empezar a ver (proteger, cuidar) a los demás.
Bajar de "esta montaña" (yo) para subir a "aquella montaña" (tú, los demás),
y la que ahora parece "aquélla" pasa a ser "esta montaña".
Y cuando empiezo a designar "yo" en ti, en los demás, en tus intereses, en tu bienestar,
en tu felicidad,
todos mis problemas desaparecen.
Porque yo ya no estoy.
El yo previo, apegado y egocentrado
se disolvió, como un espejismo desaparece cuando te acercas
a buscarlo.

En lugar de ese "yo" ahora sólo queda el amor.


Obviamente, cuando en budismo hablamos de amor no nos referimos
al amor "romántico",
el amor exclusivo, de apego (para mí, sin ti no puedo vivir),
el amor controlador,
el amor exigente (que más que dar felicidad se concentra en que me des exactamente lo que yo deseo, que compartas mi proyecto, mi punto de vista, mis ideas, etc.).
El amor budista es otra cosa.


No duele.


















En la manera budista de amar, desapareces (¿te da miedo?),
sientes la ligereza de desprenderte del peso de tu ego, tu imagen pública y personal, tus "necesidades";
te igualas primero y luego te cambias (para ser "aquella montaña");
y disfrutas de la humildad indolora de ser la persona menos importante;
y dejas de considerar a las personas con las que te cruzas como una molestia en tu camino (siempre interfiriendo en tus proyectos y complicándote la vida)
para pasar a ser
un valioso tesoro que te permite la práctica
y, siempre, un guía espiritual
(incluso cuando aparentemente te perjudican).
Cuando amas de esta manera, aceptas el sufrimiento que toque afrontar
con paciencia
y alegría,
sin dejar de cuidar a los demás (que resulta ser el mejor bálsamo para tu dolor).
Ofreces tu ayuda y absorbes el sufrimiento
con la misma actitud de una madre, un padre, hacia su bebé.
En silencio, como un mantra secreto.
Cuando amas de esta manera, finalmente,
casi sin darte cuenta,
acabas liberándote de la prisión de las apariencias y de las concepciones erróneas.

























Dejas de sufrir por meras

alucinaciones.

De repente, un día, te sorprenderás (dice Gueshe-la).
Te preguntarás cómo no lo habías visto antes, cómo no lo habías comprendido antes,
como son
las cosas.
Como si hasta el momento sólo hubieras vivido en un sueño, bajo la hipnosis de alguna droga dura
(la droga del egoísmo, el egocentrismo que distorsiona hasta la alucinación).

Y si te preguntas qué te ha llevado hasta ahí,
hasta despertar,
verás que sólo ha sido el camino del amor.
Estimar a los demás es lo que te ha llevado a salir de tu sueño.

Es así:
A la iluminación te conduce la bodichita,
la mente que, tras contemplar el sufrimiento de los demás seres, desea ayudarles y, como en estas condiciones limitadas no puede, decide cambiar, ser mejor, crecer hasta despertar.
Y a la bodichita (la mente que desea la iluminación para liberar a todos los seres) sólo te conduce la compasión, que es el deseo profundo de ayudar.
Y a la compasión
te conduce el amor,
porque sin amor no surge el deseo de ayudar.

Así que todo empieza en el amor
que estima a los demás.

Y a partir de aquí, déjate llevar,
porque el camino está rodado.




























Texto raíz:

Loyong tsig gyema.
(Adiestramiento de la mente
en ocho estrofas)

De Langri Tangpa.

Con la intención de alcanzar
la meta última y suprema,
que es incluso superior a la gema que colma todos los deseos,
he de estimar siempre a todos los seres.

Cuando me relacione con los demás
he de considerarme la persona menos importante
y con una intención perfecta
estimarles como objetos supremos.

He de examinar mi continuo mental en todas mis acciones
y cuando surja una perturbación mental
que me conduzca a mí o a los demás a actuar de manera inapropiada,
he de oponerme a ella con firmeza y evitarla.

Cuando me encuentre con seres desafortunados,
oprimidos por el mal y los grandes sufrimientos,
he de estimarles como si fueran
un valioso tesoro difícil de encontrar.

Incluso si alguien a quien he beneficiado
y en quien tenía grandes esperanzas
me perjudicara sin razón alguna,
he de considerarle como mi sagrado guía espiritual.

Cuando alguien, por celos,
me cause daño o insulte,
he de aceptar la derrota
y ofrecerle la victoria.

En resumen, que, directa o indirectamente,
ofrezca mi ayuda y felicidad a los maternales seres
y tome en secreto
todas sus desdichas y sufrimientos.

Además, que gracias a estas prácticas del método,
junto con una mente que reconoce que todos los fenómenos son ilusorios
y limpia de las manchas de las concepciones de los ocho extremos,
me libere de la prisión de las apariencias
y concepciones erróneas.

.

jueves, 3 de febrero de 2011

No existe amor sin disfrute; no existe disfrute sin amor.



Anoche estuve preparando con mi hija el examen de Filosofía de esta mañana: Platón.
Cada vez que me encuentro con Platón hago una lectura diferente, un poco más allá.
Es esperanzador que en la escuela puedan aprender que hay personas que sienten una profunda añoranza de otro estado de existencia y que, en esta vida, sólo el amor les conecta con esa esencia -pero aunque todos los seres humanos tienen esa potencialidad, no todos tienen la oportunidad, si están atrapados y limitados por las concepciones materialistas, etc. etc.
Que el cuerpo es la prisión del alma (en lo que luego coincidieron otras escuelas religiosas para hablar de "la suciedad del cuerpo")
y que, al mismo tiempo, "la via de l' eros, és a dir, de l'amor autèntic, és alhora el camí de la veritat i de la bondat". I d' el coneixement.
Y de la liberación.

Mi hija me lo leía y yo dejaba de cenar, arrebatada, para escuchar con toda mi atención.
"Esto es precioso, M., esto es profundo; degusta las palabras,
sumérgete en su significado".
Era como una meditación.


Explora el disfruteamor, el amordisfrute.

El otro día, mientras corría con mi ex por la montaña del Montjuic, con Barcelona iluminada a nuestros pies, en esos atardeceres mágicos de los domingos, pensaba, y compartía con él:
ya hemos atravesado un trayecto de unos 50 años en esta existencia humana, tan densos, tan llenos que a veces me parecen 200 (aunque a menudo también podrían ser 17); si miro atrás encuentro tantas vidas, tantos mundos, tantos "yoes" diferentes -el mismo continuo,
ya sé. Y aún nos quedan por delante... Mi hijo había dicho en alguna ocasión "otros 60" (sí, sí, ríete); yo digo otros 50. Vale, quizás 40,
o 30. O un día. En cualquier caso, qué vamos a hacer con ellos?
Cómo otorgarles, al menos, la misma intensidad que a la primera parte?
La gente que ya ha pasado por aquí dice que eso no es posible, que con el paso del tiempo la vida se hace más rápida y repetida
-comentó él.
Yo hice un gesto de escepticismo. Ésa es la visión de quien no cree que sea posible nada más, quien no cree que exista nada más,
una visión apoyada por este sistema, esta cultura materialista que
no nos estimula a seguir explorando en nuevas experiencias y conquistas.
Como si una vez acabados los estudios, conseguido un trabajo y, opcionalmente, formada una familia, ya estuviera la vida cumplida.
Como si no hubiera nada más.
Prácticamente nos encontramos con un terreno inexplorado por delante, no cartografiado -excepto por Budas y todos esos seres despiertos, si nos lo creemos.
Yo me hacía preguntas: cómo explorar, por dónde.
Y las preguntas me conducían a ese fragmento de la sadhana:
Los placeres del samsara son ilusorios,
no producen felicidad sino tormentos,

por eso, bendecidme para que sólo me esfuerce

en lograr el gozo sublime de la iluminación.

O, si quieres, en una versión más personal:

Los placeres del samsara son ilusorios;
bendíceme, inspírame
para que sólo los use para lograr
el gozo sublime

de la iluminación.





















Y todo eso volvió a brotar, sin que lo buscara, en mi última clase del lunes;
estaba clara la "práctica subsiguiente":
disfruta, practica el gozo todas las horas del día y de la noche,
si es posible, aún en las peores adversidades
(acabamos de entrar en el loyong, el adiestramiento de la mente para transformar las condiciones tóxicas en los nutrientes adecuados para el crecimiento espiritual).
Practica el gozo hasta que sea posible experimentarlo aún en los peores dolores.




Y ahí, entonces, es cuando te das cuenta de que sólo el gozo te conecta con el amor
(porque no es posible sentir alegría profunda y disfrute si no hay amor)
y, viceversa, que sólo el amor produce disfrute.
Como un perfecto círculo vicioso.














Que el resto de tu vida sea una vida con significado.

No hay otro camino. Ése es el camino para recorrer los 50 años
(o 60, o 30, o 3) que tenemos por delante.
Y serán intensos, sin duda.
Y promete conducirnos a hermosas ciudades y paisajes embriagadores (externos e internos),
mucho más mágicos que todos los que hemos recorrido anteriormente
por la geografía planetaria.

Yo cada vez lo tengo más claro,
que el camino es el disfrute
(exento de las dependencias o "preocupaciones mundanas").
Digamos el disfrute/amor,
el amordisfrute.
A dónde me llevará no lo sé, pero el camino en sí es apasionante.
Y los destinos (al menos los pequeños destinos que ya vamos conociendo)
prometen ser regalos cada vez más
y más
valiosos.