domingo, 29 de julio de 2012

Y tú? ¿Ya sabes la vida que quieres vivir?














Querida amiga:

Me dices que te interesa por encima de todo el "autoconocimiento", la comprensión de la mente.
Que todo lo demás te sobra.

¿Quieres conocerte mejor? ¿Conocer la causa de tu malestar, cuando surge, de tu insatisfacción, cuando te alteras o tienes miedo?
Observa tu mente, todo el tiempo.
Observa lo que haces y dices, como si fuera otra (que lo es), pero sobre todo observa lo que piensas.
Cuando te levantas por la mañana. Cuál es el motor que te induce a levantarte, por qué empezar un nuevo día. Para qué.
Cuando desayunas. Por qué lo haces, en qué y en quién piensas.
Cuando te pones a trabajar. Por qué, para el beneficio de quién.
Cuando te relacionas con los demás, qué buscas, qué te motiva.
Cuando preparas la comida o pones el plato del otro en la mesa.
Cuando tomas decisiones, qué intereses proteges.
Cuando das el día por acabado y te retiras a descansar, qué tiene de significativo, cómo vas a seguir aprovechando esta preciosa existencia humana,
aun cuando duermes.
Cómo has aprovechado tu preciosa existencia humana en ese sueño de vigilia
que parece que se acaba?




Observa lo que haces, lo que dices y, sobre todo, lo que piensas,
y ahí encontrarás el porqué
de todos tus dolores
y de todas
tus alegrías.















Pero para comprenderlo, necesitas una guía.

Yo no sé tú,
pero yo tengo clara mi guía
-no digo que no me salga una y otra vez, demasiadas veces, del camino,
sólo digo que he elegido el camino
que quiero caminar.

Me la señaló Guenla-la Dekyong cuando le preguntaron cómo practicar (cómo vivir)
en casa, en la vida cotidiana.
Dekyong dijo que en esta tradición no existe una fórmula válida para todo el mundo, sino una especie de menú para cada situación personal.

Pero hay tres cosas básicas en la práctica kadampa, dijo.

1. Quiero la iluminación en esta vida. (¿No te has cansado ya de sufrir? ¿No te gustaría despertar de una vez por todas
del sueño del sufrimiento?).

2. Esta práctica no es como una torre de abajo arriba: ahora practico el sutra (paciencia, compasión...) y más adelante el tantra (autogeneración, consumación), sino como un engranaje de varias piezas y las practicamos y desarrollamos todas a la vez.

Y 3. Hagas lo que hagas, que sea para el beneficio de los demás.

http://reflexionesdeunaestudiantebudista.blogspot.com/2012/05/que-es-ser-budista.html

Y si esto es ser kadampa, ésta es la vida que quiero vivir: como una auténtica kadampa.
Da igual lo que parezca externamente.
Da igual lo que creas.
Así es como me quiero sentir.
Ésta es la vida que quiero vivir.

Y no digo que sea fácil.

Ni difícil.





















viernes, 27 de julio de 2012

El tiburón.














Querido amigo:


Hoy, mientras nadaba en el mar, me gritaban para que me cambiara de sitio: "Un tiburón!"

En estas playas, te acostumbras enseguida a nadar entre los peces, algunos pequeños y otros más grandes. Y otros muy grandes. A veces dejas el cuerpo flotar cara arriba y de repente sientes que te ha pasado algo por encima del cuello y te incorporas y entiendes que ha sido un pez al saltar en el agua. Lo sabes porque mientras aún te lo estás preguntando, que qué ha pasado, ves otro pez saltar en horizontal, casi paralelo al agua, a dos palmos de tus narices. Sin miedo alguno, salta por encima de ti mientras nadas o flotas, rozándote.
Y te acostumbras a ver planear sobre tu cabeza las gaviotas gigantes, con las alas desplegadas hacen casi dos metros. Pero no, ésos son los pelícanos y/o los alcatraces. Les llaman de una manera u otra y yo no sé quién tiene razón.
Ayer pescaron una cría de tiburón a mi lado.
Y hoy, mientras nadaba, oigo que me gritan que me aparte. "A shark!". Y allí hay otro, y allá... ¿A shark?, pregunto. "Well, a baby shark. Not too bad". Ríen, como si nada.

Así que ya ves. Resulta que me meto en el mar entre crías de tiburón y gaviotas y alcatraces y pelícanos. A veces los pelícanos y alcatraces y gaviotas, que planean como distraídamente, caen en picado aquí y allá, a dos palmos de donde estoy, cazan su pez, todas las veces que haga falta, y luego se sientan sobre sus patas flotantes con membranas interdigitales, a menudo en grupos de dos o tres, y contemplan pacíficamente el mar, con el buche lleno, ya sin interés por los peces ni por casi nada.

Ayer, un chico a mi lado pescó una cría de tiburón -aun siendo una cría, a mí me parece que hace casi un metro. Luchó con ella un buen rato, yo diría que más de media hora. Cuando pasó por mi lado, dejándose llevar a medias por la fuerza que amenazaba con romper su caña, moviéndose según donde le llevara el pez en su intento de huida, le dije: creo que se lo está luchando bien y se ha ganado que le perdones la vida. Pero no fue así, al final pudo más el pescador y lo sacó. Vi cómo el pez coleteaba sobre la arena, y luego el pescador sacó su cuchillo de la bolsa y le dio el golpe de gracia. En realidad el golpe de gracia propiamente dicho no lo vi porque yo seguía en el agua y ellos (el pescador y el pescado) estaban rodeados de los curiosos de la playa que acudían a contemplar la muerte de cerca. Lo que sí vi, desde mar adentro, fue cómo el pescador salía de entre el corro de curiosos con el cuchillo en una mano y en la otra las vísceras grandes y sangrientas, y las echó al mar.
















Y yo sentí como si me abrieran en canal y arrancaran los pulmones de este cuerpo y el corazón y el hígado y los intestinos, y el cuerpo vacío. Qué sentido tiene un cuerpo vacío?...
Lo mismo que una vida vacía.
Hace unos minutos ese pez nadaba completo y confiado en el agua, su casa. Y ahora ya no está.
Como aquéll@s jóvenes en Denver que fueron a ver el estreno de Batman, salieron de casa, dijeron "hasta luego, mamá" y ya no volvieron.
Cayeron bajo un tiroteo que nadie esperaba, como el pez.
Cuando crees que vas a disfrutar de una tarde en el cine o de un festín, el mismo anzuelo.
Como la polilla atraída por la luz.
El pez, la polilla, tú o yo. Peones sin un valor especial (desde el punto de vista del macrocosmos) aunque desde el microcosmos personal nos parezca lo contrario.






Primero los cajones.











Querida amiga:


Discúlpame la tardanza en responder a tu carta. No hay ninguna explicación válida, como si de repente simplemente me hubiera quedado sin algo que aportar o compartir.
Como si de repente nos quedáramos sin alma, de tanto dedicar el tiempo a las gestiones con la mente de "gestiones".
"Primero los cajones", dice mi amiga Emi. Se anima a llevar a cabo un proyecto que podría ser importante para ella y dice que sí, pero primero los cajones. Y es que la pillo poniendo orden en los cajones de su estudio.
Poniendo orden en los cajones, organizando, recuperando, actualizando, deshaciéndose de lo que ya no vale.
Y pienso que esa escena algún significado tiene, en esta película que estámos proyectando -ella y yo.
Así que si quieres poner orden en los cajones primero, está bien.
Pero cuidado con que después de poner orden en los cajones, no toque barrer y fregar y limpiar los cristales y salir a la compra y cortarse las uñas de los pies...

Hace tiempo, estábamos en un retiro de meditación budista, en un ala de un convento de monjas dominicas, que solían alquilarnos para la ocasión.
Por los pasillos había estanterías llenas de libros.
Nuestro retiro era de silencio y concentración, y cada persona tenía que tratar de enfocar su atención en el objeto de meditación elegido.
Pero de repente algun@s de nosotr@s nos sentíamos inexplicablemente atraíd@s por los libros de las monjas dominicas, y nos llevábamos a nuestro cuarto la biografía de Santa Catalina de Siena o los fundamentos de la liturgia cristiana.
Algo en lo que probablemente en nuestra vida cotidiana nunca habíamos mostrado el mínimo interés.
Pero así es la mente desconcentrada cuando quiere escaquearse de lo que ha decidido hacer.
Siempre encuentra motivos de interés adicionales aun en medio del desierto, aunque haya que buscar debajo de las piedras.






En fin, que pienso que tanto lío para qué.
Me voy a nadar en estas aguas cristalinas y verdes sobre una alfombra de arena fina y blanca y continúa la proyección de tantas películas al mismo tiempo.
Como una obra coral. Aventuras familiares, laborales, l@s amig@s, asuntos del piso y sus habitantes del verano, la hija que sigue buscando trabajo (peripecias mil), los proyectos del hijo y su puesta en escena, las crónicas del Festival de meditación al que no he asistido, las novedades que ya se prevén para el curso que viene, la última canción de la radio en el coche, la película de la tele de anoche...
Entro en las aguas cristalinas y es como el sueño de la noche, como el sueño de vigilia, como morir (según cuentan), y acuden sin orden ni concierto (aparentemente) todas las proyecciones que llenan esta vida, tan llena.
Te imaginas si es así en el momento de la muerte, una proyección sin fin de una obra coral?
Tanta ocupación, tanta dispersión sin control alguno, sin riendas, entregada a los vientos del karma.


















Cómo sería de otra manera?
Como si abriera la mano y soltara los hilos y dejara marchar todos esos globos de colores.
Como si, en medio de la proyección de esta película coral, momentáneamente enfocara mi atención en la pantalla que le da soporte (clara, sin color ni forma ni características físicas) y todas las imágenes se disolvieran en su vacuidad.
Y me sumergiera en esa calma.

Tanto lío para qué.
Poner energía en tanto lío, para qué.
Darle vida a tantas historias, que nos acaban confundiendo
y secuestrando,
para qué.

Y retiro mi atención
y la llevo a la pantalla de fondo,
al cielo claro, inmenso, infinito
donde me empeño en poner tantas
y tantas
nubes, desatar tantas tormentas y tempestades
y a veces luminosos arcos iris y puestas de sol
que, al final, comprendes que no son nada,
cuando pones tu atención en la pantalla clara
que acoge
la ilusión
de esta obra coral.

















jueves, 26 de julio de 2012

Quítate las gafas y ponte a meditar.










Me están saliendo unas marcas en la nariz, ahí donde descansan las gafas.
Contemplo y escucho.
Algo me dice que trabajo demasiado; que leo, estudio, escribo, gestiono demasiado desde mi ordenador. Que me ocupo demasiado.
¿Será eso que llaman "pereza activa"?
(Esa manera de mantenerse ocupada para no afrontar lo importante).

Algo me dice: Quítate las gafas y ponte a meditar.

Todo lo que pasa en tu vida tiene un significado.

Como en una película, en una obra de teatro, no hay ni un sólo detalle de la escenografía que no esté ahí con un sentido,
porque la directora ha decidido que esté ahí,
con su mensaje explícito
-da igual que lo decodifiques o no, el mensaje está ahí.

Al igual que en una película o en una obra de teatro, o en una novela
o en el sueño de la noche,
en el sueño de vigilia
no hay ni un sólo detalle al azar.
Ni una sóla apariencia sin un sentido kármico.

¿Tienes marcas de excesivo trabajo en la nariz?
Quítate las gafas, suelta gestiones mundanas (incluidas las gestiones espirituales),
suelta las gestiones del samsara y del nirvana,
suéltalas todas
y ponte a meditar.

martes, 10 de julio de 2012

Tienes en tu vida la cantidad y calidad de amor que puedes manejar.



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Querida mía:

Te enamoras
y piensas que lo ha producido el cuerpo de la otra persona que pasaba por ahí
(ese cuerpo que te atrae tanto e induce deseo)
o la mente.
Su manera de ser, sus gustos, sus proyectos de vida
tan parecidos a los tuyos. Sus valores, su ideología,
sus creencias y sus no-creencias... Ponle nombre.
Pero, qué hace que te enamores de esta persona
y no de aquella otra?
Que hagas un hueco en tu vida para ella y no
para la otra (otro amor más grande, quizás, o más
intenso, o más pequeño, o más difícil, o más...
Ponle nombre).
Crees que son ellas, las personas que aparecen ahí fuera, pero no.
Chopra dice:
"Mucha gente se lamenta del poco amor que hay en su vida, pero todo el mundo tiene
en su vida
la cantidad
y calidad
de amor
que está preparad@ para manejar".

Observa la relación (o relaciones) que tienes en tu vida
y conocerás el tipo de amor (y la cantidad) que estás dispuesta a recibir
y a dar.

Y deja de lamentarte
y buscar la "culpa" fuera.

Una vez más: no tienes que creerme,
pero gracias otra vez por escucharme.


Mm.

http://globedia.com/imagenes/noticias/2011/5/25/crisis-pareja-facebook_2_726185.jpg


















P.D: Todo lo que hay (y no hay) en tu vida te está dando información sobre ti misma.
Todo lo que percibes, piensas, disfrutas, juzgas, posees
o no,
es un espejo
de ti misma.


Cuestión de tiempo.



http://blog-static.hola.com/solocoaching/files/2012/01/r265098-fullsize_large1.jpg


Suelta.
¿No te das cuenta de que es una batalla perdida?
Que es cuestión de tiempo, que acabes soltándolo 
todo?
Que si toca ganar 
o toca perder
no tiene tanta importancia
porque al fin y al cabo son la misma 
hipnosis.


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Y yo os necesito a los dos.



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En el mirador,
sobre el templo, 
el valle a sus pies 
y la montaña majestuosa como telón de fondo, 
sobre un fondo azul de claridad sin nubes.
Último día de retiro de tantra. Penúltima sesión. Autogeneración.



Querida amiga:

Por qué no me has dejado que llegue hasta ti, quien sea que puede llegar, que tiene que llegar.
Por qué no lo has permitido, tan cerrada, esa resistencia.
Como una ilustración de todos los seres a los que no puedo llegar, no todavía.
Os contemplo, contemplo vuestro sufrimiento (lo reconozco porque es el mío propio)
y no puedo hacer nada. Excepto crecer.
Sois la ilustración que me motiva a crecer.
Ésa eres tú.


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Y luego está él, esa sorpresa. La prueba de que sí, que puedo
(quien quiera que sea que puede).
Como una ilustración de todos los seres a los que puedo llegar.
La misión imposible hecha posible. El milagro.
La confianza. La fe. La inspiración.

Por mucho que un objeto me haga sentir mi incapacidad, mi insignificancia
(ningún poder, nada que ofrecer, ninguna habilidad,
el espejo de mi parte más mundana y limitada),
el otro objeto me pone en contacto con lo "divino" que llevo dentro, la belleza, el poder
sagrado.
La prueba de que puedo. Que los milagros existen.
 

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Y yo
os necesito
a los dos.















lunes, 9 de julio de 2012

El yoga del guru y mandala.


http://www.vacancesacatalunya.site11.com/imagenes/8-4.jpg












La montaña sagrada,
al frente,
majestuosa,
estable.


1. La ofrenda.

En el retiro del Guru Yoga y mandala, en cada sesión, primero, paramos unos 20 minutos (media hora o el tiempo de que dispongamos) para la ofrenda del mandala.

Te ofrezco (quien quiera que seas) un universo puro.
Un universo bello y no contaminado
que mi mente proyecta para ti, el ser poderoso y no contaminado
que proyecta
mi mente.
Te ofrezco (a ti, que no existes por tu propio lado)
a mí misma
(mi amigo, enemigo y desconocido, mi cuerpo y posesiones),
sin sentimiento de pérdida.
Lo ofrezco todo, lo pierdo
de una vez por todas,
lo suelto todo. Sin sentimiento de pérdida.


http://blogs.elnortedecastilla.es/asociacion-mexicana-de-leon/files/ofrenda.jpg



Yo, ese "yo" que no existe por su propio lado,
ofrece todo lo que es
y lo que cree que es
y que será,
te lo ofrece a ti -quienquiera que seas, que surge
de mi mente
más pura.


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2. La yídam.

Así que primero lo suelto todo,
en la primera meditación
del mandala.
Y luego, cuando ya no soy nada, en la segunda meditación,
dejo que mi yídam me ocupe,
que entre en mi corazón
y se haga grande,
tan grande que llena mi cuerpo (aparente)
que se expande en el espacio
que llena
todo un universo puro.
Y en ese cuerpo (que comprende todos los universos),
en esa mente (de gran gozo y sabiduría)
ahora
puedo designar
"yo".


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lunes, 2 de julio de 2012

Tan complicado no debe ser.


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Cómo nutren esas cenas compartidas con l@s amig@s de la sangha.
En la casa de alguien, por cualquier motivo
-qué pasó en ese retiro
al que yo no asistí, y del que vuelves tan lleno de "bendiciones";
eso me lo tienes que contar con pelos y señales. A mí también, dice alguien; yo me apunto, suena otra voz; yo estuve y tomé muchas notas, se añade otro... Y así, ya tenemos otra cena organizada donde cada cual aporta (junto a lo que enseña o lo que aprende, las dos caras de lo mismo) un plato de su cocina particular, y la reunión acaba convirtiéndose en un ágape de delicias variadas, un tsog de abundancia.
Cómo nutren, en cuerpo y mente, esas comidas con l@s amig@s de la sangha.
A veces en grupo, a veces en privado.
Aquella vez nos despedíamos después de una comida gloriosa.
Confidencialmente, dijo ella, y en conclusión: que vamos a por la iluminación en esta vida, verdad?
En esta vida o en la otra o en la otra; el caso es llegar
y disfrutar del camino -dijo él.
Ella le miró a los ojos, con una sonrisa abierta y seria a la vez, dejando claro que quería decir lo que decía, literalmente: en esta vida,
amigo mío, en esta vida.


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¿Es que todavía no te has cansado de sufrir?

¿Es que todavía no te has cansado de sufrir?, había dicho ella anteriormente, durante la comida.
¿No te has cansado ya, de sufrir por tonterías? De gastar energía tontamente, de aburrirte, de contarte historias agotadoras.
Por qué no decidimos soltar ya?
Soltamos ego y aferramiento y ya. Tan complicado no debe ser...

Eso era cuando aún hablar de "iluminación" sonaba a misticismos inalcanzables, a metáforas, a mitos y leyendas.
Quizás una experiencia para otras vidas, en otro eón.


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De qué hablamos cuando hablamos del "despertar"?

Algunas semanas más tarde, a la salida de una conferencia, y en vista de que costaba decir adiós o hasta luego, decidimos sentarnos en una terraza para seguir autoexponiéndonos impudorosamente un poco más.
Eso de la "iluminación" se me antoja a mí cada vez más como un camino larguísimo, infinito, como una experiencia que se abre y se agranda sin fin... Tanto, que ni sabemos lo que es -comentó él.
Posiblemente, dijo ella, pero en ese camino que se nos escapa sí hay algo que podemos vislumbrar tú y yo, y que es posible vivir en esta experiencia humana.
Algo que sí sabemos lo que es, lo que la mayor parte de las personas consideran la "iluminación", de lo que hablamos muchas veces cuando hablamos de la "iluminación".
De lo que habla la mayor parte de la literatura espiritual cuando se refiere a la "iluminación".
Me refiero a esa experiencia de "despertar" en la que reconoces esta vida de vigilia como una mera manifestación más del sueño kármico;
esa manera de vivir en la que ya no designas "yo" en este cuerpo y en esta mente.
Cuando ya no te identificas con este cuerpo y esta mente y meramente los usas.
Y si te familiarizas con esa experiencia, ya no habrá nadie que muera cuando parezca que este cuerpo deja de funcionar,
ni nadie que sufra
cuando no se cumplan sus deseos.





















Si duele. O ya no.

Llegar a esto sí que es un salto de crecimiento, dijo él.
Y era a lo que nos referíamos cuando hablábamos del "despertar" hasta hace nada, dijo ella. Tan lejano, inalcanzable, quizás para otras vidas, en otros eones.
Y por qué no en esta vida? -volvió a insistir.
Es posible, no?
Sabemos lo que es porque ya lo hemos experimentado, quizás una fracción de segundo, o quizás algo más, mientras meditabas o hacías el amor o te disolvías en el vientre del mar...
Ya hemos estado ahí y sabemos lo que es y ahora se trata de volver y volver
una vez más, y volver
hasta familiarizarnos con la experiencia,
hasta quedarnos
en ella.

Secretamente.

Nadie lo tiene que saber.

Sólo tú,
prestando atención a las señales,
día y noche:
si duele, o ya no,
cuando te llevan la contraria,
cuando no se cumplen tus deseos,
cuando pierdes
lo que más quieres en la vida,
cuando el cuerpo se debilita
o deja de funcionar.

Si algo de ello perturba el gran gozo
de la contemplación.
O no puede. Ya no.

Si los personajes de tu sueño de la vigilia sufren menos y menos
cada vez.
Si tu ego se reduce
y tu amor
se expande.

Si ya no hay pesadillas ni persecuciones ni pérdidas ni miedos
en tus sueños
de la noche.




Me postro ante cada apariencia en el sueño.



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De la carta de una amiga querida,
para Peca y Flor, que me piden que las ayude a entender un poco mejor 
la vacuidad,
confiando en no confundirlas más...) 


http://noticias999.com/images/articles/74/1027408_cartas_desde_el_ordenador.jpg










Qué suerte, vivir rodeada de personas (esa gente tan molesta, que hace ruido, que invade tu espacio, que obstaculiza tu camino, y a veces lo facilita) y animales (la gata que llena tu mesa y tu teclado de pelos, y la cama y el sofá y la ropa; los perros que siembran la calle de cacas y pis y olores; los pájaros que hacen un nido justo encima de tu balcón). Tengo una amiga que dice sentirse en gratitud eterna conmigo porque conmigo aprendió a amar. Eso dice ella, yo ni me enteré. Dice que se postra ante mí, y luego se dio la vuelta y simulaba que se postraba ante la vendedora de flores y la del quiosco y ante cada una de las personas que caminaban por las Ramblas de Barcelona, donde nos despedíamos después de comer. Dijo: me postro ante cada uno de los seres que aparecen ante mí porque cada uno de ellos me da la oportunidad de practicar paciencia y gratitud y empatía y compasión y, en definitiva, de aprender a amar, de amar, de liberarme un poco más de este ego carcelero. Y de descubrir la ilusión que hay detrás de cada forma. Cada forma me recuerda su vacuidad -como diría mi maestra. Como en un sueño. Como en un sueño lúcido, que contemplo despierta. Y sé que detrás de cada apariencia no hay nada. Vas a tocarla y no hay nada, como una nube. Cada imagen kármica, que surge (madura) de experiencias (semillas) previas. Incluida la mía propia, ésa sobre la que designo "yo" y "lo mío". Vas a tocarla (esa apariencia que considero yo, o lo mío: mi familia, mi casa, mis amig@s, los afectos o aversiones inexplicables que deduces de otras vidas anteriores) y no la encuentras. Dónde está ese yo que tanto protejo y tanto duele? Un personaje más en el sueño, como todos los demás (mi familia, mis amig@s, mis amores y aversiones inexplicables, la vendedora de flores y la del quiosco, las personas anónimas que pasan por la Rambla de los Capuchinos o l@s vecin@s de mi escalera). Me postro ante todas las apariencias, animadas o inanimadas (la montaña, la playa, las calles urbanas, las tiendas y terrazas de los bares), incluida ésa que considero yo misma, porque están ahí como en un sueño kármico. Para que finalmente pueda resolver, purificar, limpiar, soltar, comprender, transcender... Transcender las apariencias. Despertar. Dejar de contarme historias. Llegar al silencio.


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