viernes, 27 de julio de 2012

El tiburón.














Querido amigo:


Hoy, mientras nadaba en el mar, me gritaban para que me cambiara de sitio: "Un tiburón!"

En estas playas, te acostumbras enseguida a nadar entre los peces, algunos pequeños y otros más grandes. Y otros muy grandes. A veces dejas el cuerpo flotar cara arriba y de repente sientes que te ha pasado algo por encima del cuello y te incorporas y entiendes que ha sido un pez al saltar en el agua. Lo sabes porque mientras aún te lo estás preguntando, que qué ha pasado, ves otro pez saltar en horizontal, casi paralelo al agua, a dos palmos de tus narices. Sin miedo alguno, salta por encima de ti mientras nadas o flotas, rozándote.
Y te acostumbras a ver planear sobre tu cabeza las gaviotas gigantes, con las alas desplegadas hacen casi dos metros. Pero no, ésos son los pelícanos y/o los alcatraces. Les llaman de una manera u otra y yo no sé quién tiene razón.
Ayer pescaron una cría de tiburón a mi lado.
Y hoy, mientras nadaba, oigo que me gritan que me aparte. "A shark!". Y allí hay otro, y allá... ¿A shark?, pregunto. "Well, a baby shark. Not too bad". Ríen, como si nada.

Así que ya ves. Resulta que me meto en el mar entre crías de tiburón y gaviotas y alcatraces y pelícanos. A veces los pelícanos y alcatraces y gaviotas, que planean como distraídamente, caen en picado aquí y allá, a dos palmos de donde estoy, cazan su pez, todas las veces que haga falta, y luego se sientan sobre sus patas flotantes con membranas interdigitales, a menudo en grupos de dos o tres, y contemplan pacíficamente el mar, con el buche lleno, ya sin interés por los peces ni por casi nada.

Ayer, un chico a mi lado pescó una cría de tiburón -aun siendo una cría, a mí me parece que hace casi un metro. Luchó con ella un buen rato, yo diría que más de media hora. Cuando pasó por mi lado, dejándose llevar a medias por la fuerza que amenazaba con romper su caña, moviéndose según donde le llevara el pez en su intento de huida, le dije: creo que se lo está luchando bien y se ha ganado que le perdones la vida. Pero no fue así, al final pudo más el pescador y lo sacó. Vi cómo el pez coleteaba sobre la arena, y luego el pescador sacó su cuchillo de la bolsa y le dio el golpe de gracia. En realidad el golpe de gracia propiamente dicho no lo vi porque yo seguía en el agua y ellos (el pescador y el pescado) estaban rodeados de los curiosos de la playa que acudían a contemplar la muerte de cerca. Lo que sí vi, desde mar adentro, fue cómo el pescador salía de entre el corro de curiosos con el cuchillo en una mano y en la otra las vísceras grandes y sangrientas, y las echó al mar.
















Y yo sentí como si me abrieran en canal y arrancaran los pulmones de este cuerpo y el corazón y el hígado y los intestinos, y el cuerpo vacío. Qué sentido tiene un cuerpo vacío?...
Lo mismo que una vida vacía.
Hace unos minutos ese pez nadaba completo y confiado en el agua, su casa. Y ahora ya no está.
Como aquéll@s jóvenes en Denver que fueron a ver el estreno de Batman, salieron de casa, dijeron "hasta luego, mamá" y ya no volvieron.
Cayeron bajo un tiroteo que nadie esperaba, como el pez.
Cuando crees que vas a disfrutar de una tarde en el cine o de un festín, el mismo anzuelo.
Como la polilla atraída por la luz.
El pez, la polilla, tú o yo. Peones sin un valor especial (desde el punto de vista del macrocosmos) aunque desde el microcosmos personal nos parezca lo contrario.






No hay comentarios:

Publicar un comentario