domingo, 28 de junio de 2026

El miedo.

 


Si el miedo te conduce a la muerte, a hacer la paces con la muerte,
entonces el miedo es un buen aliado.
No porque te ayude a evitar lo inevitable,
no tanto porque el miedo te ayude a prevenir posibles riesgos y te proteja,
como suele decirse,
sino porque te reconcilia con la vida/muerte
(también lo llaman "myoho", la ley universal),
cuando no tiene sentido oponer resistencia, que solo empeora las cosas.

El miedo también puede ser un aliado, si lo exploras a conciencia.
Miras a tu alrededor, ves lo que es la vida que percibimos:
una sucesión de apariciones y extinciones,
y el acontecer sigue aconteciendo, imperturbable.

Cuando consigues ver a Dios en todo lo manifestado,
un retiro es una luna de miel;
despertar al día, o la noche, un abrazo;
el dolor físico o cualquier dificultad, un entreno que te hace más fuerte,
cuando el dolor y la dificultad desaparecen 
y se convierten en un paseo inspirador.
Y la muerte "el abrazo supremo" tántrico, la unión definitiva,
cuando sueltas la mochila de conceptos (ese yo tan pesado)
como una piel muerta
y te disuelves feliz, "como agua vertida en agua".

El miedo, si lo investigas a fondo, 
puede conducirte a la liberación.




domingo, 14 de junio de 2026

La práctica de comer.

 


Quedar para comer no es un acto social, sin más.
Es un encuentro, un compartir, una comunión, una celebración de acción de gracias.
Como una eucaristía.
No siempre lo vas a vivir en su plenitud, probablemente;
oscilan los niveles de conciencia y presencia,
según las condiciones del momento (mayormente internas y personales).
Pero es importante no olvidar que un encuentro para comer puede ser todo eso.

Previamente, en casa, cada persona prepara el plato que quiere aportar,
hace las compras o busca los ingredientes en su huerta
y los cocina con amor.
Mucha gente comenta que cocinar es un acto de amor. Lo es.
Cuando llegamos al lugar de encuentro (la casa de alguien del grupo, que la ofrece también con amor),
continúan los preliminares.
Todo el mundo colabora preparando la mesa, como una ofrenda.
Con orden y limpieza creamos un hermoso cuadro, como un mandala de arena
que unos minutos más tarde desaparecerá.
En los preliminares, mientras preparamos la mesa, como un altar,
nadie mete la mano en los platos ("Voy a probar las croquetas",
"Qué ricas las aceitunas!", "Qué hambre tengo!").
No abrimos la puerta a la avidez ni a los apegos,
ni al egoísmo del "yo primero".
Disfrutamos de los preliminares, los preparativos, la creación.

Cuando todo está preparado y todo el mundo se ha sentado (incluida la persona anfitriona),
quizás alguien lea las cinco contemplaciones de Thich Nhat Hanh, como un recordatorio.
"(1) Esta comida es un regalo del universo entero:
de la tierra, del cielo, de numerosos seres vivientes
y del trabajo arduo y amoroso de muchas personas.
(2) Comamos con gratitud y plena consciencia para ser dignas de recibirla.
(3) Reconozcamos y transformemos nuestras formaciones mentales insanas,
especialmente la avidez,
y aprendamos a comer con moderación.
(4) Mantengamos viva nuestra compasión,
de forma que reduzcamos el sufrimiento de los seres vivos,
dejemos de contribuir al cambio climático
y ayudemos a curar y preservar nuestro precioso planeta.
(5) Aceptamos este alimento con el fin de nutrir nuestra hermandad,
construir nuestra comunidad
y alimentar nuestro ideal de servir a todos los seres."
Seguidamente brindamos, "Salud!".
Y a celebrar.

Si no cuentas con ningún texto o frase inspiradora,
puedes pasar directamente al brindis de celebración,
con tus mejores deseos y presencia.
Una forma como cualquier otra de bendecir la mesa.

Durante la comida, intentamos mantener conversaciones nutrientes,
que eviten las confrontaciones y disputas.
No queremos digerir malos rollos.
Porque con el bocado que te llevas a la boca,
también te alimentas de las emociones latentes.
Intentamos estar presentes, celebrar,
saber de las personas con las que nos encontramos;
hablar con palabras amorosas, desde el corazón
(sin ideologías, políticas, religiosas o de cualquier otro tipo,
que nos puedan alterar o separar),
y en una respetuosa escucha profunda.
No interrumpimos ni queremos tener más razón.
Queremos aprovechar la ocasión del encuentro para estrechar vínculos,
para estabilizar y profundizar en el amor.
Dentro de un rato, quizás un par de horas, tres o las que sean, nos vamos a separar
y queremos disfrutar el tiempo al máximo
y cuidar la estela que nos dejará en el recuerdo.


Se dice que cocinar es un acto de amor, y lo es.
Pero comer también es un acto de amor, una experiencia física, un intercambio.
El planeta en tu plato, así como la energía de las comensales,
se disuelven en ti y tú te disuelves en ella.
Eso en cuanto a las comidas en grupo,
que pueden ser mucho más que un mero acto social.
En solitario es aún más fácil
(quizás con menos riesgo de confrontación y conflictos,
si no aparecen pensamientos saboteadores).
A solas puede ser un acto de amor con Dios, 
manifestado en el plato y la copa (esa eucaristía).
En grupo es un acto de amor con Dios manifestado en el plato y la copa
y los seres que te acompañan.

Quedar para comer puede ser mucho más que un simple encuentro social,
es un acto de amor sagrado.




domingo, 7 de junio de 2026

La ley universal.

 


Como la luna. También la luna.
Ahora decreciente, día a día, noche tras noche, más cerca del final,
cuando parece que desaparece.
Parece que no está.
Y entonces ahí está, otra vez,
como un hilo fino, creciente.
Día a día, noche a noche, más cerca de la plenitud.
Y luego decreciente.
Cambian las condiciones, crece o decrece,
parece que está y parece que no está.
Pero la luna es la misma, siempre está ahí.
Visible o invisible para mis ojos, creciente o decreciente.
Igual la vida. Y la muerte.
Y todos los fenómenos, los seres, las situaciones, las vivencias.
Como un juego de magia. Jugando al escondite.
A veces el asombro.
Y a veces el cansancio, la llamada de la disolución.
Y a veces el asombro
en la disolución misma.




sábado, 23 de mayo de 2026

El aburrimiento.

 


El día es largo y vacío, tan lleno como en un retiro.
Qué hacía ella en esos retiros de semanas enteras en soledad?
El día por delante, abierto, lleno de posibilidades.
"Vacío" siempre significó "tan lleno".
Algún libro para leer, como una guía.
La libreta para escribir.
Los ojos para contemplar. Los oídos para escuchar la voz de la vida.
La piel para sentir el aire y el sol, o la luna, el abrazo.
El olfato para respirar el cosmos y sus manifestaciones:
el tomillo, el romero, los átomos de cuerpos distantes,
la primavera quizás, los efluvios de la tierra.
El paladar para degustar las ofrendas en la mesa, o en el camino,
cuando el amigo recogía los madroños maduros en los árboles
y se los obsequiaba en la palma de la mano.

Imagina que de repente la programación del día en la agenda echa a volar como fuegos artificiales,
los eventos previstos se desconvocan y tú decides no dar forma a un plan B,
desplegado el variado abanico de posibilidades.
Dices "aquí me quedo".
A navegar el no-hacer, quizás el aburrimiento, el día, tan largo, cuando nada lo ocupa.
Como en un retiro.
Simplemente vivir, presente.
Consciente, de la respiración, ese intercambio con el cosmos;
consciente de este cuerpo en vías de reparación, sin interferencias,
y de este cuerpo más grande, el aire en las hojas de las plantas en los terrados,
el planear de las gaviotas, las tórtolas en el balcón.
La voz del viento suave se une a los trabajos mundanos,
el motor del mundo, imparable.

Lo que tú llamas aburrimiento para mí es un cofre lleno de tesoros.
Cada evocación del aburrimiento, cada aproximación,
anuncia un parto nuevo.

En el espacio azul ya comienza a dibujarse la primera línea de luna creciente.
La luna creciente.





domingo, 17 de mayo de 2026

Sobre el coraje y la visión clara.

 


Domingo. Soleado. Primavera. El aire suave en las plantas.
Coreografías de los pájaros, y cantos.
Hay piernas que caminan por la montaña, pedalean
y nadan en el mar o en la piscina.
Y hay piernas débiles, que no sostienen, pierden el equilibrio
o pasean en sillas de ruedas empujadas por manos firmes.
Y hay manos temblorosas, deformadas y doloridas por la artritis, o por cualquier otra cosa.
Y hay cuerpos frágiles que no se mantienen sentados
y se abandonan en camillas, en los hospitales,
y no echan de menos el aire libre, indiferentes al sol de primavera
o la lluvia o el viento.
Todos los mundos están en este mundo y todos los reinos en esta vida.
El infierno y la libertad, el disfrute, el dolor,
el desánimo, la indiferencia.
En este viaje lo tocaremos todo, o casi todo: el amor, la hostilidad,
la admiración y el rechazo, la crueldad y la generosidad.
Todo será manifestado.
La cuestión es cómo pasarás por ello,
si lo vivirás con ecuanimidad y abrazos de bienvenida
o con la inquietante mirada dual de apegos y aversiones,
aportando más dolor al dolor, si lo hubiera. Cuando aparezca.
Hoy toca la vulnerabilidad y mañana la ilusión de ser intocable.

Que el coraje y la visión despierta te acompañen
en cualquier circunstancia.





viernes, 1 de mayo de 2026

Sobre la arrogancia.

 


Algunas religiones tienen el compromiso, incluso la misión, de apostolar -con diferentes nombres.
Es bien conocida la agresiva evangelización histórica del cristianismo en el mundo.
Pero no es la única.
Oficialmente se supone que se trata de un convencimiento profundo de poseer la única verdad
y conducir a las personas a su salvación, incluso contra su propia voluntad,
y aunque les vaya la vida en ello.
La salvación del alma por encima de la salvación del cuerpo, en muchos casos,
y de la libertad de pensamiento, y la libertad de elección.
En teoría, esta insistencia dogmática se realiza por tu bien, con la mejor de las intenciones,
para que puedas ser feliz en el camino correcto
y también para construir un mundo mejor.
Aunque también podría haber algo de aspiración de poder, en algunos casos.
A mayor número de fieles, más poder social, económico y político. Mayor control.

En esta tendencia generalizada, de vez en cuando aparecen algunas excepciones,
como la respuesta del monje zen vietnamita Thich Nhat Hanh cuando, en una sesión de enseñanzas y meditación, un joven le expuso su disgusto, e incluso resentimientos, hacia la religión católica a la que pertenecía por nacimiento y cultura, y expresaba sus deseos de hacerse budista.
El maestro hizo un ligero gesto de desacuerdo y le animó a que antes que nada se reconcilie con su propia tradición.
Es importante sanar nuestras raíces y nuestra relación con los ancestros, familiares, culturales y espirituales -dijo.
Una vez que hayas comprendido y sanado tus quejas y rencores, entonces podrás elegir libremente un camino espiritual que se adapte a tu momento.
Thich Nhat Hanh no se mostró proselitista ni captador de adeptos.
El Dalai Lama tampoco, cuando le hicieron una pregunta similar.
Concluyó diciendo que "su religión es el amor",
y es irrelevante si desde ese amor la persona se considera budista,
musulmana, cristiana o cualquiera que sea la etiqueta o su vía de práctica.

Tengo una amiga que repite a menudo la expresión "Sé la luz".
Allá donde estés, en la familia, en el trabajo, en el barrio o en las actividades de ocio,
sé la luz.
Sé el ser humano que quieres ser en el mundo en el que quieres vivir, aquí mismo, ya mismo.
Y si le sirve de inspiración a alguien, y decide explorar tu camino, que lo haga.
O quizás se animará a profundizar en el suyo propio, con aspiraciones muy similares.

No es indispensable atraer a más socios a tu club.
Y si crees que ésa es tu misión, quizás te estás colocando en una posición de superioridad
que, lejos de atraer, distancia.

He conocido algunas tradiciones espirituales a lo largo de mi trayectoria
y en todas ellas a practicantes "seniors", personas con largos años de experiencia.
Si me preguntas qué actitud despertaba mi admiración, y mi inspiración,
te diré que la humildad, en primer lugar.
Y también la capacidad de servicio.
En ningún caso ha sido la arrogancia de la autoridad de la "antigüedad" como miembro de la casa.
No ha sido el "yo sé", "yo estoy en posesión de la única Verdad",
"yo te voy a explicar cómo son las cosas", "yo te voy a salvar".
Ha sido la humildad y la mirada amorosa
que no necesita convencerte ni arrastrarte a ningún sitio.
"Aquí hay nivel", pensaba yo sobre la persona en cuestión. "Su práctica parece que funciona".
Y a veces mi curiosidad: Veamos de dónde se nutre, cuáles son sus fuentes.

Daisaku Ikeda habla de "los tres enemigos peligrosos":
los monjes y monjas arrogantes,
los laicos arrogantes
y los falsos venerables arrogantes.
En definitiva, guárdate de la arrogancia, de la ilusión de superioridad, allá donde estés
-se recuerda a sí misma.
Y presta atención, porque la peor de todas
es la arrogancia propia.




sábado, 25 de abril de 2026

El encuentro con Dios en la vida diaria.

 


Cuando la recibió la hermana Estrella la encontró bellísima, resplandeciente.
Luego la monja le confesaría, con una sonrisa cómplice en la mirada, que estaba enamorada.
De Jesús, de quién va a ser? -sonrió, lo suyo era una sonrisa estable, como parte de sus facciones.
Y cuánto tiempo llevas aquí, de monja de clausura?, le preguntó.
12 años, respondió la hermana Estrella.
¿12 años enamorada?!, exclamó ella.
Cada día más, rio la monja.
Durante los días de retiro en la celda prestada por las hermanas de Belén
tuvo la oportunidad de contemplar la misma alegría profunda en otras monjas del convento de clausura,
como un harén de mujeres libres y felices.

Ella siempre ha admirado el profundo gozo del misticismo.
Por ejemplo, en la meditación.
Luego, cuando hacía el amor, era como continuar con la meditación, más profunda,
en la disolución, en la vacuidad, en el amor universal.
Como agua vertida en agua.
"In love we desappear", dice Leonard Cohen.

Siempre ha admirado el disfrute profundo en la experiencia de plenitud.
En el silencio de los retiros con la sangha humana,
y en los retiros en soledad
con la sangha de aves y plantas, árboles, montañas, nubes, estrellas,
salidas y puestas de la luna y el sol.
La intensidad de la plenitud, el gran gozo de la vacuidad,
la unión con Dios, donde desapareces.
A veces es como una vida paralela, un mundo paralelo,
un universo paralelo.
Una experiencia de transcendencia de lo cotidiano.

Hasta que un día sintió que la auténtica prueba del algodón
tal vez sería encontrar la inspiración aquí mismo,
la belleza aquí mismo, el amor, aquí mismo,
en las formas que aparecen en este mundo, tal como son, sin transcenderlas.
Tocar el nirvana aquí mismo.
Encontrar a Dios en estas calles, en este paisaje,
en las caras y cuerpos con los que se cruza.



En la experiencia mística de transcendencia,
cuando te parece que estás en el camino espiritual,
el amor y el disfrute y la belleza lo tiñen todo, incluso el dolor.
Por ejemplo, un dolor de rodillas en zazen puede ser el abrazo de Dios,
la unión cósmica,
cuando te fundes y desapareces.
Cualquier dificultad en el camino espiritual es una oportunidad más
de gozoso encuentro con Dios, en el peregrinaje.
Entonces, qué sentido tiene establecer separaciones?
Aquí lo mundano, allí lo espiritual.
Aquí samsara, allá nirvana.
¿Y si cada dolor, cada dificultad en la vida diaria, aquí, en este mundo humano,
es una oportunidad también,
para el encuentro con Dios, tocar el nirvana?
Y lo mismo con las experiencias de alegría, de celebración o de paz.
¿Y si cambio la mirada para empezar a ver la Tierra Pura aquí mismo,
el camino aquí mismo?

Como siempre, decidió probar. Y a ver qué pasa.
Traer el camino a este mundo,
la belleza en la mirada para la contemplación de la vida cotidiana. 
Y a ver qué pasa.






viernes, 17 de abril de 2026

La alegría, el sufrimiento.

 




Estar bien puede ser una bendición.
Que no te duela nada,
sentir el cuerpo como un aliado en este viaje, en esta aventura.
Contar con un techo y un espacio
que te protejan del calor, cuando los rayos de sol son hirientes,
o del viento y la lluvia que se despliegan implacables.
Tienes comida en la nevera y en la despensa.
Una red de afectos que te sostiene.
Capacidad de servicio, de ser útil, que le da sentido a tu vida.
Puedes hacer silencio y escuchar el canto de los pájaros al amanecer, y al atardecer, 
tus vecinas de siempre (las gaviotas, las palomas, las tórtolas)
y las recién llegadas, de visita en el barrio,
las golondrinas, los vencejos, los mirlos, las urracas,
que puedes escuchar porque aquí no llueven las bombas.
Ni inundaciones ni incendios.
Estar bien es una bendición.
Si eres consciente, si estás presente,
si tienes la capacidad de apreciar y celebrar.
Pero estar bien también tiene sus trampas, sus riesgos.
Por ejemplo, la soberbia, la arrogancia.
La dificultad (si de da) para comprender otras realidades. La altanería.
El distanciamiento.
El espejismo de un yo separado, superior.
Olvidarte del cuerpo que funciona y no celebrar,
de los regalos de la vida y no celebrar.
Como si fueran parte de ti, por derecho propio.
El reforzamiento del yo que imaginas.
La ilusión de eternidad -de lo que crees ser y lo que crees tener.
El autoengaño, la ignorancia.
La soberbia -repito-, la arrogancia,
la ilusión de superioridad sobre los más "débiles",
olvidando que también son tú misma, antes o después, incluso ya mismo.
La psicopatía que te hace inmune al sufrimiento ajeno, e incluso dañar,
a veces voluntariamente ("que aprendan")
y a veces inconscientemente, pero dañar.

Estar bien puede ser una bendición o una maldición,
depende de como lo vivas, cómo lo gestiones.
Y lo mismo con eso que consideramos "estar mal".
La fragilidad, la vulnerabilidad que te acerca a la experiencia de la muerte,
a la empatía, a la compasión que te hermana con el resto de los seres humanos,
con el resto de seres.
"Así que era esto".
Pongamos que sientes por primera vez un dolor de muelas,
o de lumbares, o los efectos de la quimio,
o la pérdida de un ser querido,
o los celos, el rechazo, la envidia, la ansiedad, la depresión.
"Así que era esto".
Entonces comprendes, no desde la cabeza sino desde el corazón.
Así que era esto.
Y quizás puedes llorar.
No por tu propio dolor, que estás sufriendo en estos momentos,
sino por el dolor compartido.
Así que era esto.
Y entonces, esta experiencia que te hermana
duele menos que como la vivías desde el egocentrismo y la separación.
Duele de otra manera.
De una manera que quizás incluso se acerca al placer,
el amor, la plenitud.

Eso que llamamos "estar bien", o "estar mal",
puede ser una bendición
o una maldición.
Depende de lo que hagamos con ello.




viernes, 3 de abril de 2026

No hay jerarquía ni privilegios entre los bodisatvas de la Tierra.

 


El Sutra del Loto considera que todos los seres son budas en potencia.
En realidad, somos budas en esencia, pero no lo sabemos debido al oscurecimiento mental,
esa obnubilación que genera la ilusión de ser separado.
Todos los seres somos manifestaciones de Buda,
moléculas del cuerpo de Dios. Dios mismo.
Desde este punto de vista, no existe discriminación, jerarquías ni privilegios
entre los seres que habitan este mundo.
Un monje o una monja en su monasterio
no debería ser objeto de devoción superior a cualquier otro ser del planeta,
solo porque haya elegido ese camino.
Es solo un camino, entre otros.
Una maestra en la escuela, cualquier persona en su trabajo,
o en su familia, o en el barrio,
hace la misma función que cualquier persona del clero:
"transmitir valores para la revolución humana" (la iluminación, la budeidad),
para construir un mundo de paz, 
en palabras de Daisaku Ikeda.
Para que la tierra que pisas sea la tierra prometida,
la Tierra Pura.
El paraíso no va a estar en el futuro si no lo empiezas a construir,
si no está ya mismo, aquí mismo.
Y el paraíso terrenal es el único que importa, mientras la Tierra sea tu morada.
Un monje, una maestra o una madre de familia tienen la misma función,
si son bodisatvas de la Tierra.
Y todos los privilegios y jerarquías de poder
o devocionales
están fuera de lugar.

Allá donde estés, hagas lo que hagas,
sé la luz.



lunes, 30 de marzo de 2026

Sin fe podemos caer en la apatía.

 


Persiguiendo el calor del sol, la huella del sol en casa.
Por la mañana en la galería, en la mesa del comedor;
al mediodía en el recibidor, en las habitaciones del pasillo;
por la tarde en el estudio y en su santuario más privado.
Persiguiendo el calor del sol cuando el frío te ocupa dentro.
Persiguiendo el abrazo, de la portada de la libreta de Klimt, como una promesa de confort.
"Sin fe podemos caer en la apatía".
En los tiempos difíciles, la confianza es una tabla de salvación que te mantiene a flote.
De otro modo, la apatía, la rendición.
La rendición como una derrota
guarda en sí misma otra cara de la moneda:
"Hágase tu voluntad".
Y, de alguna manera, es otro camino hacia la fe.
O al menos a la disolución del yo, el orgullo, ese orgullo.
La confianza, cuando echas manos de tus mantras más poderosos:
"Quítate de en medio", "Hágase tu voluntad" (qué otra cosa podría ser?).
Nam Myoho Renge Kyo.
El sutra del Loto, de la Ley Universal.
La rendición.
Fluir sin resistencia, con alegría, en medio de las aparentes adversidades.
Confiar.
Y fluir.
Como agua vertida en agua.

Hay que transformar el karma,
pero que sea con motivaciones colectivas.




martes, 17 de marzo de 2026

El karma como misión.



Llueve.
Las gaviotas no se dejan intimidar y planean en libertad.
Las tórtolas también salen a contemplar el paisaje cambiante,
se paran en sus lugares preferidos en los terrados y cantan.
La lluvia se une al coro con un canto suave, como una canción de cuna. 
Ella camina sin paraguas hasta la estación del bicing
y pedalea por el puerto hacia el mar, hoy menos poblado.
Nadar de espaldas en la piscina exterior,
bajo una coreografía de gaviotas bajo un cielo cubierto de nubes de tormenta
aparece como una contemplación de la vida misma, tan abundante.

A veces la lluvia, a veces el viento,
a veces el sol o la niebla.
La vida no tiene solo una cara.
A veces parece que fluye, a veces que se atasca,
a veces duele y a veces regala caricias, brindis y celebraciones.
Así es desde el punto de vista del yo soñado,
que no deja de ser otra manifestación de Dios, el Dharmakaya.

A veces el miedo, a veces la entrega,
la amenaza o la confianza.
La contemplación del sufrimiento del mundo, que te tumba,
o bien te hace más fuerte, esa misión.

Esa misión.
Recuperar la esencia del linaje.
Pasar por esta aventura llena de piedras en el camino, sin desfallecer.
Piedras en el camino o flores y plantas aromáticas,
no hay una gran diferencia.
Recuperar la Visión.
Y la alegría.

Cuando hace inmersión, el invierno no es tan sobrecogedor
ni la noche tan oscura,
ni el agua del mar es tan fría como la imaginas desde el calor de casa.
La anticipación es lo que duele,
si llega cargada con su séquito de miedos, egocentrismo y debilidad.
Siempre eres más fuerte de lo que crees.
Y las noches oscuras encierran más luces
de las que esperabas.




sábado, 14 de marzo de 2026

El extremo del ir y venir.

 


Desde el punto de vista budista, no existe el ir y venir.
Los fenómenos (las cosas, las personas, las situaciones)
no vienen de un sitio y luego se van a algún otro sitio.
La impermanencia no consiste en ir y venir.
Cómo aparecen las cosas, entonces?
Pues eso: aparecen.
Cuando se dan las condiciones necesarias para que brote la planta, lo hace.
Tiene que estar la semilla, la tierra, los nutrientes, la lluvia, el sol, etc.
(que también han aparecido cuando se dan las condiciones).
Y cuando las condiciones, siempre en movimiento, dejan de estar,
la planta va atravesando otros procesos en base a ese nuevo conjunto de condiciones:
se pone mustia, cae, sirve de nutrientes para otros seres, o no.
La planta no nace y muere, no llega de algún sitio 
y se va a otro sitio.
Y lo mismo con las personas, animales, situaciones, etc.
Cuando se dan las condiciones un fenómeno aparece, un ser,
una persona, por ejemplo.
Si el óvulo estaba presente en el momento adecuado
para abrazar un espermatozoide superviviente,
si ambos eran suficientemente sanos y fuertes,
si la embarazada decide seguir adelante,
si la sangre, el oxígeno, los nutrientes maternos y demás están capacitados,
y un largo etcétera.
Parece que funciona un cuerpo sano, mientras se dan las condiciones, cambiantes,
y cuando las condiciones para la salud y la fortaleza dejan de estar ahí,
el cuerpo podría debilitarse e incluso dejar de funcionar.
Las condiciones son lo que hace que algo aparezca o desaparezca.
Por eso es tan importante prestar atención a las condiciones.
E, incluso, crear las condiciones, cuando está en tu mano,
para conseguir tus objetivos,
por ejemplo la salud física, y mental, la Visión, la fortaleza, la compasión, la bodichita.
El oscurecimiento mental, el miedo, el sufrimiento, samsara,
también han aparecido cuando se han dado las condiciones.

Así que la pregunta es:
Qué condiciones son las que genero?
¿Nutrientes para el miedo o bien para la confianza?
¿Para la experiencia de amenaza, resistencia, rechazo y odio,
o para la experiencia de amor?
¿Para la aceptación ecuánime, que hace posible la Visión,
o el egocentrismo dualista
que produce la nebulosa del oscurecimiento mental?

Decido prestar atención a las condiciones que genero,
a los nutrientes que aporto a la experiencia de esta vida humana.
También lo llaman karma.




lunes, 2 de marzo de 2026

La santidad.

 


Persiguiendo la santidad, el bodisatva.
Como un parto.
Una nueva vida que brota desde dentro.
No persigues nada fuera, no sigues los pasos de un buda externo.
No confundes el dedo que señala la luna con la luna misma.
La luna externa también es un dedo que señala la luna.
Dios como un parto.

Últimamente se fija mucho en las mujeres embarazadas y anticipa el dolor.
Qué las salva? Qué las protege?
Qué mantiene la alegría y la fortaleza en su rostro?
El amor, el sentido de misión.

La santidad como un parto.
Todos los partos son dolorosos, desde el punto de vista del yo que da a luz.
Abrirse a una nueva vida, una nueva manera de vivir,
el espíritu santo, el sambogakaya,
la experiencia del dharmakaya, la experiencia de Dios.
Siento, luego existo.
Persiguiendo la santidad que se entrega a Dios, donde no hay sufrimiento
porque todo dolor es una experiencia de redención, de disolución,
de unidad amorosa.
Una experiencia de amor.
El retorno a la fuente, desnuda.
Despojada de las vestiduras del miedo ya para siempre.
Desnuda y sin pecado,
de regreso al paraíso original.

(Traslación de los 3 cuerpos de Buda a la Trinidad:
Dharmakaya: verdadera naturaleza, el Ser universal, Dios.
Nirmanakaya: la manifestación del dharmakaya, el Hijo.
Sambogakaya: el cuerpo de deleite, la experiencia del dharmakaya, el espíritu santo).

https://reflexionesdeunaestudiantebudista.blogspot.com/2022/03/los-tres-kayas.html




viernes, 20 de febrero de 2026

Vacaciones significativas.

 


El día gris, de un gris claro, luminoso.
El fuerte viento se va a a descansar cuando se abre el día.
Las golondrinas y algunos mirlos se unen al coro habitual.
La agenda vacía, y por eso tan llena, tan abierta.
Un día para cuidarse, para cuidar el día,
para cuidar la vida, para contemplarla.
Un día para caminar sin prisa, para moverse sin prisa.
Que cada inhalación sea sanadora
y cada exhalación purificadora.
Que el karma pesado que arrastro se disuelva ante mis ojos,
que no lo nutra más, que no lo sostenga,
que se difumine en el aire, en el espacio vacío.
Y el miedo con él.
Un día para la presencia, la contemplación y la apertura.
Como un día de vacaciones.
Vacaciones significativas, lo llamaba el maestro.

Que no te asuste el aburrimiento, esa oportunidad de regresar a casa.
Da igual si lo buscas o no, si lo programas en tu agenda o no lo haces,
la vida llega igual cargada de regalos,
algunos te gustarán y otros menos,
pero eso es irrelevante, 
si lo afrontas desde tu refugio,
en la esencia
del Ser
que eres.
Sin distracciones equívocas.





martes, 17 de febrero de 2026

Que no te tumben los vientos del karma.

 


Que no te tumben los vientos del karma.
Y si toca caer, que te levantes con nuevo brío,
la misma confianza, renovada.
Que no te tumbe la vida, esta aventura,
este viaje de ida y vuelta.
Que la visión despierta no te abandone.
Que la fuerza te acompañe, el coraje, la confianza. La alegría.
La fuerza vital.
Que no haya espacio para el desánimo y la decepción;
sin expectativas no hay frustración.
En lugar de eso, el asombro.
Que los movimientos de la vida no los interpretes como pérdidas
y duelos.
Lo que parece que está aquí luego parece que está allí,
que cambia de manos y de lugar,
pero, significativamente, no hay una gran diferencia.
Que la vida no te asuste.
Y que no te asuste la muerte.

Cuando Marco Aurelio escribía sus meditaciones no las escribía para nadie más,
solo para recordar él mismo, para no olvidar.
Y lo mismo Shantideva, tal como explica en su Guía de las obras del bodisatva.
Pero a veces hay más beneficios,
cuando sirve de inspiración a alguien capaz de ir más allá,
ver más profundamente,
llegar a donde tú aún no has llegado
y quedarse.




jueves, 12 de febrero de 2026

Todo está aquí.

 


Van colándose señales de la primavera, lentamente,
pasito a paso, cada vez más cerca.
Una mañana no conectas la estufa para el desayuno.
En la banda sonora del amanecer se unen nuevos cantos, unos mirlos, algunas golondrinas.
La luz del día se queda más tiempo
y la de la noche se hace esperar un poco más.
El aire huele ligeramente diferente,
como si hubieran liberado polvos mágicos, evocadores.
Todo está aquí.
Lo descubrió un día, una noche, cuando subió al terrado después de la cena,
a degustar el helado con vistas al cielo, la luna.
Sintió el instante tan profundamente, ese ahora, tan intenso, tan pleno,
tan lleno, que vio también el momento de su muerte, aquí mismo,
y la muerte de su madre, y el nacimiento de su madre también.
Lo vio como infinitos fotogramas desplegados aquí mismo,
como un caleidoscopio de infinitos escenarios.
Todo está aquí.
Cuando hablamos del "aquí, ahora" no es un instante en el tiempo lineal, lo engloba todo.
No solo tu trayectoria histórica personal.
Todas las vidas antes que tú y después que tú.
Todos los escenarios, los manifestados y los potenciales.
Así que todo está aquí:
cuando parece que aún estás
y cuando parece que ya no estás.
El milagro de la vida y la muerte, la "ley universal".
Nam Myoho Renge Kyo.




lunes, 9 de febrero de 2026

La presencia.

 



La luna llena en el marco de las vidrieras de la galería,
alzándose desde el lecho de mar.
Es el tiempo de la luna.
Al otro lado, el futón para el descanso con vistas a la montaña.
Aquí la iglesia iluminada coronando la cima de la montaña, como una antorcha encendida.
Y la voz del viento.
En su paseo celeste nocturno, la luna llegará al horizonte de montañas
y proyectará sus haces plateados por los balcones,
acariciando los edredones sobre el futón
y sacándola del sueño, antes del amanecer.
Las palomas, gaviotas y tórtolas madrugan con ella para despedir a la luna
antes de que se acueste en su lecho de montañas
y darle la bienvenida al sol que emerge del océano
y abre las puertas al nuevo día.
Una noche más.
Un día más por delante, que espera vivir despierta.
La Presencia.






jueves, 5 de febrero de 2026

La alegría de la meditación.

 


El descanso, parar.

En su tarea multifunciones en el centro budista
(recibir a las personas que llegaban a la sesión de meditación, informar a las nuevas,
preparar la gompa, el altar, las oraciones en el equipo de música, las grabaciones, etc.),
a veces, de repente recibía una llamada del maestro que,
atrapado en medio del tráfico o por cualquier otro motivo,
le comunicaba que tendría que impartir ella misma la sesión de meditación.
Acababa de dar los últimos toques necesarios, 
tomaba el libro y repasaba la meditación correspondiente al día de hoy,
y entraba en la gompa cuando ya todo el mundo esperaba en silencio,
en las sillas o en los cojines en el suelo.
Ella también tomaba asiento en su cojín.
Y se paraba el tiempo.
Silencio.
Luego abría los ojos, o aun antes de abrirlos, podía decir:
"Si pudiera transmitir esta profunda alegría, esta profunda paz liberadora
que emerge cuando te paras, cuando lo sueltas todo, física y mentalmente.
Solo aquí, presente, nada que hacer,
ningún lugar a donde ir.
Si pudiera transmitir esta profunda alegría,
nunca sentirías pereza para la meditación".

Se instalaba en ese profundo deleite por unos minutos, silencio.
Consciente del cuerpo en descanso, ningún lugar a donde ir;
la mente en descanso, nada que resolver.
Solo aquí, habitando el presente, la vida en todo su esplendor.
Respirar la vida, inhalar y exhalar la vida,
como un profundo acto de amor
y disolución.

Luego sí, seguidamente, asentada en una plácida calma
proyectada por esta isla de paz interior,
se iniciaba la aventura de la meditación,
empezando por la motivación concreta (cada cual la suya)
en este preciso instante.

Era otra vida.

Pero también es ésta.
También está aquí ese instante de parar
y contemplar.
Y a veces aun en la actividad,
el regreso, la presencia.
Cuando recuerdas quien eres, la vida.
Esta experiencia de vida que aún habitas.
Parar.
Respirar.
Ser parte del pulso de la vida en cada inhalación, en cada exhalación.
Disolverse en el flujo de la vida.
Como agua vertida en agua.




domingo, 1 de febrero de 2026

La práctica del budismo.

 


La maestra, sentada sobre su cojín, miró a las personas presentes y dijo:
¿Sabes qué tienes que comprender?
Que la práctica es un camino de santidad.
Con la práctica cotidiana se manifiesta la humildad y la capacidad de servicio;
si en lugar de eso emerge la arrogancia
es que algo no estás haciendo bien.

De repente hizo silencio.
Sonrió y volvió a mirar las caras de las personas asistentes.
Suena fatal, no? -dijo.
Suena a beato.
Lo escuché tantas veces de pequeña, de boca de personas duras, con sotana quizás,
que no eran de fiar.
A ver si lo sé expresar de otra manera.

Quiero decir que el estudio de las enseñanzas budistas, ponerlo en práctica en tu vida cotidiana
hasta integrarlas profundamente en tu mente, esa transformación,
es un camino de liberación
y de abundancia.
Se reducen los miedos y las necesidades
y reconoces las ofrendas incalculables e inagotables de la vida.

La práctica es un camino de santidad,
de liberación de los caprichos del egocentrismo, ese sometimiento,
y de abundancia.
Y si no es así es que algo se te está escapando
y no estás haciendo bien.





jueves, 29 de enero de 2026

Muchas vidas en esta vida.



 

La noche.
La luna media creciente.
El viento descansa, se da un respiro, guarda silencio,
después de barrer las calles, terrados y balcones
después de la lluvia que limpió las plantas y ventanas.
Las plantas se fortalecen,
su cuerpo también, y su mente.

Cuando las predicciones del tiempo avisaban de que fuertes vientos asolarían la isla de Okinawa,
el joven Gichin Funakoshi subía al tejado de su casa y los esperaba de pie
para entrenar equilibrio y kimé.
Lo leyó en su biografía "Karate-do. My way of life".
My way of life, siempre le gustó esta expresión.
La manera de vivir, la actitud, cómo afrontas la vida.
La expresión en sí misma ya era una pregunta, un reto.
La traducción del libro al castellano era "Karate-do. Mi camino".
Cuál es mi camino, cómo vivo esta vida que transito.

En la infancia aparecen unas ilusiones, deseos y alegrías, unos objetivos.
Pasa el tiempo y a la juventud aquello que le parecía tan importante ya no lo es tanto
y se sustituye por otros objetos de entusiasmo, otros sueños que perseguir.
Llega la vida adulta y las metas son diferentes.
Y parece que conforme te acercas a la vejez todas aquellas se esfuman de nuevo
pero no siempre aparecen otras,
la invisibilidad cuando ya estás en el margen supuestamente improductivo,
la fragilidad, la vulnerabilidad hacen acto de presencia.
Algo hay de cierto, quizás,
pero ella a ratos aún se siente como Funakoshi jugando con el viento en el tejado de casa.
En la recta final del viaje aún entrena con el viento,
se nutre del lodo, de la abundancia de nutrientes en la balsa donde crece el loto.
Un nuevo capítulo de la vida para desentrañar, la aventura renovada.

Que la fortaleza, el coraje y la confianza sigan presentes,
cada día restauradas, nuevas, a cada instante.
Y, si es posible, el amor.
Hubo una época (una vida) en que realizaba sin resistencia la meditación de "tomar y dar",
como una madre amorosa, como una leona, sin miedo,
como una potente energía sanadora (tú lo llamas la Ley Mística universal).
Pasado el tiempo vuelve a tocarla con las yemas de los dedos,
atraviesa el miedo y la fragilidad,
como un peregrinaje de autoconocimiento lleno de pruebas desconocidas,
a veces sobrecogedoras,
pero no duda del objetivo final.

Como en el loto, las semillas y la flor están aquí mismo, en este mismo momento;
la causa y el efecto aquí mismo,
el karma pesado que arrastra y el fruto,
ahora,
aquí mismo.




martes, 20 de enero de 2026

El loto y el lodo.



Un paso tras otro, sin prisa.
He llegado, estoy en casa.
La meditación caminando en el patio,
habitado de árboles y plantas revitalizadas después de la lluvia.
Por un momento, concentra la mirada en las personas que caminan delante,
como radiantes flores de loto,
también revitalizadas después del temporal.
Poco antes, en el compartir, contaban su momento,
sus preocupaciones, el dolor
y también la alegría.
El lodo.
"No mud, no lotus", dice Thich Nhat Hanh.
Contempla las flores de loto delante de ella, transcendiendo el lodo.
Cada persona cuenta con su lodo correspondiente, su drama personal, su relato,
su experiencia kármica, a primera vista diferente,
pero lo que nos iguala es el loto, el despertar,
el ser que transciende su propio momento kármico.
En el loto nos encontramos, nos hermanamos, somos iguales.
También en el lodo, la compasión, la empatía, los cuidados, el amor.
Nam Myoho Renge Kyo.
Consagrar la vida a la ley mística (la ley universal)
del Sutra del Loto.

En la vida diaria, dónde pones la atención? ¿En el lodo o en el loto?
¿O abrazas los dos a la vez, sin resistencia?
Ninguna realidad contradice a la otra.
Pero que el lodo no te impida ver el loto que florece,
que el relato que te cuentas no te impida ver el ser libre que ya eres,
la plenitud
que ya eres.



domingo, 4 de enero de 2026

Todos los mundos en este mundo.

 


El silencio, tan lleno.
Los sonidos del silencio.
El tren que pasa, algún golpe de viento suave, un pájaro al vuelo,
los crujidos de la casa viva.
La contemplación
de la vida, en movimiento.
Nacer, la energía explícita de la vida, en la infancia, en la juventud,
la enfermedad, el declive, la partida. 
"Tot era una enganyifa", le dijo la anciana, consciente de la recta final.

El océano de piel rizada, olas que emergen y desaparecen,
tan constante el movimiento que a veces parece quietud.
El cansancio a veces, el descanso,
dejarse llevar por la corriente, el cuerpo en reposo.
La entrega, la renuncia.
A veces sin refugio, sin necesidad de refugio.
A veces el abrazo de Dios, la luna de miel con Dios,
la disolución, como agua vertida en agua.
Cuando todo forma parte del cuerpo de Dios
y el dolor no aparece, o bien es una mera experiencia más
de la Conciencia, del cuerpo de Dios.
A veces la contemplación compasiva, a veces los infiernos.
La liberación y todos los demás mundos están en este mundo,
en esta vida.
La contemplación, la compasión y los infiernos, todo ello también
el cuerpo de Dios.
También el cansancio.
Y la embriaguez de la experiencia de la presencia, la Conciencia,
jugando al escondite.


"El sol del estado de la budeidad irrumpe en nuestro corazón
y se dispersan la ignorancia y la ilusión,
que hasta entonces rodeaban el sol con una espesa capa de nubes".

(Disertaciones sobre el logro de la budeidad en esta existencia.
Daisaku Ikeda).