Cuando la recibió la hermana Estrella la encontró bellísima, resplandeciente.
Luego la monja le confesaría, con una sonrisa cómplice en la mirada, que estaba enamorada.
De Jesús, de quién va a ser? -sonrió, lo suyo era una sonrisa estable, como parte de sus facciones.
Y cuánto tiempo llevas aquí, de monja de clausura?, le preguntó.
12 años, respondió la hermana Estrella.
¿12 años enamorada?!, exclamó ella.
Cada día más, rio la monja.
Durante los días de retiro en la celda prestada por las hermanas de Belén
tuvo la oportunidad de contemplar la misma alegría profunda en otras monjas del convento de clausura,
como un harén de mujeres libres y felices.
Ella siempre ha admirado el profundo gozo del misticismo.
Por ejemplo, en la meditación.
Luego, cuando hacía el amor, era como continuar con la meditación, más profunda,
en la disolución, en la vacuidad, en el amor universal.
Como agua vertida en agua.
"In love we desappear", dice Leonard Cohen.
Siempre ha admirado el disfrute profundo en la experiencia de plenitud.
En el silencio de los retiros con la sangha humana,
y en los retiros en soledad
con la sangha de aves y plantas, árboles, montañas, nubes, estrellas,
salidas y puestas de la luna y el sol.
La intensidad de la plenitud, el gran gozo de la vacuidad,
la unión con Dios, donde desapareces.
A veces es como una vida paralela, un mundo paralelo,
un universo paralelo.
Una experiencia de transcendencia de lo cotidiano.
Hasta que un día sintió que la auténtica prueba del algodón
tal vez sería encontrar la inspiración aquí mismo,
la belleza aquí mismo, el amor, aquí mismo,
en las formas que aparecen en este mundo, tal como son, sin transcenderlas.
Tocar el nirvana aquí mismo.
Encontrar a Dios en estas calles, en este paisaje,
en las caras y cuerpos con los que se cruza.
En la experiencia mística de transcendencia,
cuando te parece que estás en el camino espiritual,
el amor y el disfrute y la belleza lo tiñen todo, incluso el dolor.
Por ejemplo, un dolor de rodillas en zazen puede ser el abrazo de Dios,
la unión cósmica,
cuando te fundes y desapareces.
Cualquier dificultad en el camino espiritual es una oportunidad más
de gozoso encuentro con Dios, en el peregrinaje.
Entonces, qué sentido tiene establecer separaciones?
Aquí lo mundano, allí lo espiritual.
Aquí samsara, allá nirvana.
¿Y si cada dolor, cada dificultad en la vida diaria, aquí, en este mundo humano,
es una oportunidad también,
para el encuentro con Dios, tocar el nirvana?
¿Y si cambio la mirada para empezar a ver la Tierra Pura aquí mismo,
el camino aquí mismo?
Como siempre, decidió probar. Y a ver qué pasa.
Traer el camino a este mundo,
la belleza en la mirada para la contemplación de la vida cotidiana.
Y a ver qué pasa.



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