miércoles, 7 de octubre de 2015
Y el Verbo se hizo Carne.
A veces observa que las cosas funcionan, como si realmente ella se hubiera quitado de en medio y dejara el cauce libre.
Llegó a la sala de meditación, después de unas semanas de ausencia, de viaje fuera del país. Con la alegría en el corazón, de volver a abrazar a sus compañeras y compañeros de la sangha.
Hoy facilitas tú, no?, le preguntó C.
Yo? pensó que era una broma. A veces le hacen ese tipo de bromas, a sabiendas de que ella se resiste a conducir la meditación.
No, es en serio, dijo C. Yo facilité la semana pasada y G la anterior; no hay nadie más, te toca a ti.
En serio? Pero he estado de viaje y nadie me ha dicho nada. No tengo nada preparado.
Miró la cara de C, encontró cansancio y tristeza. Cogió el libro de Thay que siempre había en el fondo de los cajones que se quedan en el local de alquiler para la meditación. Lo abrió. Ésta es la meditación, se dijo.
Ok, le dijo a C, ya facilito yo.
La amiga la miró aliviada. Te lo agradezco mucho, le dijo.
Era una meditación guiada, larga. Ella, que siempre prefiere la contemplación en silencio.
Pero nada más entrar en la sala y ver las caras de la sangha, abrió el libro y apareció esa meditación y supo que era ésa.
Inspiro. Y observo mi cuerpo. Y observo el dolor de mi cuerpo.
Espiro, y sonrío al dolor de mi cuerpo.
Dejó apenas un par de minutos para la meditación en silencio.
Inspiro. Y contemplo los contenidos de mi mente.
Espiro. Y sonrío al dolor de los contenidos de mi mente.
Silencio, para inspirar y espirar, el dolor mental, y sonreírle.
Inspiro. Y observo el dolor de las semillas del miedo en mi mente.
Espiro. Y le sonrío al dolor de las semillas del miedo.
Silencio.
Inspiro y espiro.
Y sonrío al dolor del miedo. Lo abrazo, ya no lucho más. No me resisto ni lo rechazo.
Inspiro. Y observo el dolor de las semillas del enfado.
Espiro y le sonrío a las semillas del dolor del enfado.
Silencio.
Inspiro y espiro.
Sonrío.
Abrazo.
Inspiro. Y observo el dolor de sentirme atrapada.
Espiro y le sonrío a las semillas de sentirme atrapada.
Silencio.
Inspiro y espiro.
Sonrío.
Inspiro. Y observo las semillas de la alegría.
Espiro. Y le sonrío a las semillas de la alegría.
Silencio.
Inspiro y espiro.
Inspiro. Y observo las semillas de la rendición, la entrega.
Espiro y sonrío a las semillas de la entrega.
Silencio.
Inspiro y espiro.
Inspiro y observo la plenitud de la liberación.
Espiro y sonrío a la plenitud de la liberación.
Silencio.
La meditación era larga y a veces temía si la gente se estaba aburriendo, o durmiendo. Algunos cuerpos empezaban a moverse, quizás necesitaban estirar las piernas.
Personalmente, dijo al acabar, creo que estaría bien quedarnos ahora 10 minutos más en una meditación en silencio, centrando la respiración en la experiencia presente, cada cual en la suya propia, en la emoción que ocupa principalmente tu vida en estos momentos (el miedo, la ira, el apego, la frustración, la alegría...). Pero quizás hay algunas personas que necesitan estirar el cuerpo, así que pasaremos a la meditación caminando, y os propongo que aprovechemos para seguir meditando en la emoción que domina tu vida en estos momentos. La contemplas, contemplas sus semillas, le sonríes, la abrazas. Y vemos qué pasa.
Siempre siente que la gente puede aburrirse, cuando se ha visto condicionada a facilitar la meditación.
Pero ella simplemente hace lo que hace, sin preocuparse demasiado por los resultados.
Como si no lo eligiera.
Como si saliera solo.
Simplemente lo hace.
Llegado el momento del compartir, comprendió que no se habían aburrido.
Se regocijó una vez más, admirada ante la capacidad de las personas de integrar experiencias profundas, comprender y liberarse.
Gracias, iban diciendo al salir, y no era una mera rutina.
Lo había comprendido al compartir y lo veía ahora en sus caras.
No he sido yo, dijo ella, la primera vez que se despidieron con esa mirada profunda de gratitud.
Luego, simplemente calló, y no dejaba de contemplar, fascinada, la capacidad de abrirse a revelaciones, de las personas, aun cuando ya no son "la luna nueva".
La capacidad de escuchar las palabras de siempre como si fuera la primera vez.
De dejar que las palabras se revelen a sí mismas.
Y que el verbo se haga carne.
La capacidad de renacer.
Les iba viendo salir, con fascinación, admiración, devoción, gratitud.
Sus maestr@s.
lunes, 5 de octubre de 2015
La falta de amor.
Buena pregunta, G. Buenísima.
Como bien dices, por mucho que nos amen, si no es personal la experiencia de amor (si no siento el amor dentro de mí), de poco me sirve.
A no ser que lo utilice como inspiración (para dejarme contagiar y empezar a amar yo misma).
Qué hacer mientras tanto, cuando soy incapaz de sentir el amor?
- En mi opinión, como con cualquier otra cosa, lo primero, reconocerlo (esto ya es un paso de gigante).
Y aceptarlo.
Digo que ya es un paso de gigante reconocer la falta de amor dentro de una misma, en vez de poner la responsabilidad en el exterior ("no hay nadie que me ame", o "nada que se merezca ser amado").
Y aceptarlo. Otro paso de gigante.
Así es como son las cosas en este momento.
Ha "madurado" en mi vida la incapacidad para amar, en este momento.
En este momento de mi vida toca sentirme como un grifo seco, el agua cortada. Seca de amor.
Esto es lo que hay. Ahora mismo.
Pero ya está cambiando, como todo.
Como cualquier otra nube en mi vida, de paso, esta experiencia de no-amor ya está cambiando.
Reconocerlo (sin autoengaños). Aceptarlo y pensar en la impermanencia.
Esta experiencia de no-amor ya está cambiando.
No es definitiva.
- Seguidamente, como ya sugeríamos más arriba, busca el amor a tu alrededor y déjate inspirar.
En una madre con su criatura, en alguien que ayuda a alguien, en una sonrisa...
La vida está llena de gestos de amor, y de modelos de amor.
Quizás alguien te ama y tú le menosprecias o, peor aún, ni siquiera lo ves. No reconoces su amor. No aceptas el regalo.
Contempla el amor.
Y déjate inspirar.
Y contagiar.
Y regocíjate.
Alégrate de que lo sientan otras personas, otros seres
(los animales e incluso las plantas, la naturaleza está llena de fuerzas de amor).
Busca inspiraciones.
En este paso hay el riesgo de que aparezcan algunas trampas:
- A veces tendrás que hacer un esfuerzo por encontrar el amor porque, quizás, desde tus gafas de la negatividad y la cerrazón, sólo encuentres argumentos negativos. Está bien, sigue intentándolo. Sigue buscándolo.
- Cuando, por fin, puedas ver el amor, vigila si aparece la envidia.
El objetivo es que puedas alegrarte de la buena experiencia de los demás, y abrirte a ella. No segregarte y cerrarte más, con el peso de la envidia.
- Enfoca tu atención en las cosas buenas de los demás (no en sus faltas, en lo que no te gusta y te impide amarles).
Las personas, los seres en general o alguien en particular (con quien sientes la dificultad de amar), están llenas de multitud de cosas buenas.
Contempla su bondad, por una parte.
Y contempla su sufrimiento, las dificultades a las que se enfrenta, la dureza de su vida.
Y deja que surja la compasión (el deseo de que sean felices).
Contemplar su bondad y su sufrimiento te ayuda a que se te rompa el corazón.
En realidad, lo que se rompe es la coraza del corazón.
Y una vez rota la coraza del corazón, emerge la ternura.
Ya se está abriendo paso el amor.
- Mientras tanto, con o sin amor, trata a las personas con amabilidad.
Ellas no tienen la culpa de tu insatisfacción, tu frustración o tu malestar interior.
Y, desde luego, no son responsables de él.
Cuida a las personas, a los seres, los objetos de tu entorno. Trátales con consideración. Con apreciación. Con gratitud.
Disfruta de ellos.
- Practica el disfrute. Trátate bien. Cuida de ti misma.
Cuando lo que ves a tu alrededor empieza a inspirarte amor, no puedes dejar de sentir una experiencia de conexión y de alegría.
Disfruta de ese bienestar.
Da igual de dónde parezca que surja (al contemplar un atardecer, en compañía de unas amigas, en una cena, ante una taza de café...)
En realidad surge de ti misma.
- Y no te hará daño pedir ayuda.
Estoy hablando de la oración, especialmente eficaz en momentos de desesperación, cuando el ruego es sincero y profundo porque se desea algo como el aire para respirar.
Desde la humildad y el reconocimiento de mis propias limitaciones, aquí y ahora, pedir ayuda,
a la vida, a Dios, a los Budas o a tu yídam particular.
Esa inspiración (o las bendiciones) que nos ayuden a abrir el corazón.
Una mezcla perfecta de conciencia, humildad y entrega.
Y funciona.
La oración sincera siempre funciona.
(Solemos lanzar nuestros deseos al viento cuando buscamos un trabajo, deseamos aprobar un examen y hasta cuando queremos que nuestro equipo gane el partido, por qué no hacerlo cuando deseamos fervientemente sentir el amor que llena nuestra vida de significado?)
Resumiendo:
(1) Desde el reconocimiento (de la incapacidad para sentir el amor), la aceptación, la consideración de la impermanencia y la paciencia,
(2) te dejas inspirar por el amor que ves a tu alrededor
(3) y pones tu atención en la bondad de los demás y en su sufrimiento (y en tu compasión).
(4) Mientras tanto, con o sin amor, te dedicas a cuidar a los demás. Les tratas con amabilidad. Actúas como si ya les amaras.
(5) Disfruta de las ofrendas que la vida te regala.
(6) Y, llegado el caso, pide ayuda.
Pronto acabará tu experiencia de no-amor para dar paso a una experiencia de amor.
Es así porque todo es impermanente.
Mientras tanto, tú haces tu parte, para que
cuando llegue la inspiración (o la experiencia de amor)
te pille trabajando. :)
jueves, 1 de octubre de 2015
El karma.
Llueve
sobre los cristales de la galería.
No cierra los ojos al degustar la olivada sobre las hojas verdes en su plato. No usa el tenedor, las toma con las manos, enteras, brotes tiernos de colores variados.
Dice "brotes tiernos" y siente una especie de compasión que recorre todo el cuerpo que habita.
Degusta en la olivada el sabor sutil de las hojas frescas de albahaca. Esta mañana aún creciendo en la maceta en su mesa.
Seleccionó algunas hojas, como una oración, y las cortó con devoción. Y luego las introdujo en el recipiente de aceitunas negras deshuesadas y aceite de oliva. Y las trituró. Con devoción.
Degusta el sabor sutil de la albahaca fresca en la olivada negra (la planta en la maceta continúa su existencia sin ellas). Las siente ocuparla. Mezclarse con su propio organismo, fundirse, nutrir sus células, viajar por su sangre. La albahaca convertida en ella y ella en albahaca. El sol, la lluvia, la tierra, el aire, la luz que les dio la vida, en cada partícula de la hoja, en cada quark de su propio cuerpo. Y ya no hay separación.
Este cuerpo, mero nutriente. Sólo es cuestión de tiempo.
Puede verlo, alimento de gusanos, o fertilizar la tierra, abono para otras plantas, nutriendo el organismo de la albahaca, o el tomillo, o los olivos, o los pinos del bosque, viajando por su savia. Y ya no hay separación.
Que su cuerpo convertido en cenizas siga siendo útil. Alimentando este planeta. Este sueño.
Este nirvana aquí, ahora, en esta experiencia humana.
O este samsara de luces y sombras.
La vida sabe.
Y le presenta a cada cual lo que precisa.
El karma sabe.
Recordó a su amigo A, su viejo hermano vajra.
Siempre aspirando a una nueva vida en el reino de los dioses, o en la Tierra Pura, rodeado de héroes y heroínas.
La última vez que le vio (esos encuentros en el ágape con la sangha), él le dijo:
Qué hay de malo en la riqueza, en los templos lujosamente decorados y las ofrendas caras? Nadie aspira a la pobreza, la pobreza no es un valor; sólo es el efecto del karma negativo.
Ella pensó que el error más importante está, quizás, en la puerta cerrada de la dualidad, pero no se lo dijo.
El yo presente, otra vez en medio, el ego cargado de preferencias.
Ella sospechaba que la riqueza y la pobreza son sólo algunas experiencias que la vida pone en tu camino cuando las necesitas. Lo que haces con ellas es cosa tuya. Pero en sí mismas son irrelevantes.
Desear una u otra (el yo que crees que existe, presente)
es la puerta cerrada que te mantiene en esta rueda sin salida.
Una vida en el reino de los dioses o en los infiernos guardan en sí mismas el mismo riesgo:
Que te las creas.
Y ella opta por soltar expectativas y miedos y deseos.
La vida sabe.
martes, 29 de septiembre de 2015
La respiración.
Inspira.
Y el aire de la montaña, los sonidos de los pájaros al volar, los colores del atardecer, las formas de las nubes, los aromas de los árboles y la tierra, se hacen cuerpo en su cuerpo.
Espira. Y su organismo se purifica, se limpia, se vacía.
Y se pregunta por qué sigue encontrando lo sagrado ahí fuera, todo, sagrado, y aquí dentro (aún la separación) meros desechos, residuos, tóxicos, basura y heces.
Karma que purificar.
Tanto agasajarse con ofrendas sagradas y al final sólo tiene basura para dar.
Aquí hay un error de visión -inspira.
Quizás otra vez buscando la alegría, lo divino, en el autobús de enfrente.
Espira.
Decidió probar otra vez.
Inspira.
Y el aire de la montaña, los sonidos de los pájaros al volar, los colores del atardecer, las formas de las nubes, los aromas de los árboles y la tierra, se hacen cuerpo en su cuerpo.
Espira.
Y se vierte en el Cosmos sagrado, en el Cuerpo de Dios.
Se vacía, se funde.
Desaparece en un coito definitivo.
Fusión, disolución definitiva.
Como agua vertida en agua.
Como espacio vertido en espacio.
Vacío en el vacío.
Como si ya no necesitara mudra ni consorte para llegar a casa.
Solía decir que hacer el sexo (ella sabe por qué lo llaman "amor") era la forma más profunda e intensa de meditar en la muerte, el amor y la vacuidad.
La experiencia más cercana de muerte, amor y vacuidad.
Pero no la única.
Inspira
y espira.
Inspira y espira
sueños de vigilia.
Y sueños de la noche.
Inspira el vuelo de los pájaros al amanecer, la voz del viento, el sonido de los cacharros en las cocinas que suben por el patio de vecinas y entran por las ventanas y por las paredes; en los lavabos, desperezando el cuerpo; el olor del café recién hecho y las tostadas; los pasos y el silencio de palabras, entran en ella, aún en la cama, y envuelven su piel y navegan por su sangre y el oxígeno en sus células.
Espira y se vierte, el soplo de su alma en su respiración, sus órganos en calma, haciendo sin hacer, como un árbol presente, como la pequeña maceta de albahaca en su mesa del desayuno.
Su alma y su cuerpo se vierten en el alma y el cuerpo de Dios.

Inspira el aire fresco de la montaña del Montjuic y la taza de agua caliente con limón, en el terrado ("El mejor lugar del mundo es aquí mismo", dice la inscripción en la taza blanca).
El olor de la ropa tendida de la vecina paquistaní. Las telas coloridas como banderas de celebraciones al viento.
Espira su amor y su gratitud.
(Da igual lo tópico que suene al relatarlo, así es como es)
Inspira el café con cardamomo en su taza, el tahín casero (sésamo, linaza y aceite de oliva), el dulzor del sirope de ágave, el embriagador amargor de las almendras crudas al mezclarse con las uvas en su paladar, las aceitunas con el pan de semillas y nueces.
El mundo se disuelve en su boca y en su olfato y en sus oídos y en su piel.
Y ella se disuelve en el mundo.
Inspira y está en casa.
Espira
y está en casa.
martes, 15 de septiembre de 2015
El santuario.
Gris.
Algunas gotas en el suelo del balcón.
Al fondo, la montaña del Tibidabo iluminada bajo un cielo de nubes y claros.
Nubes viajeras, blancas, como gigantes copos de algodón, sobre un cielo azul claro.
En la terraza de enfrente las plantas bailan la suave melodía del viento.
Un gato maúlla.
La vida como un haiku.
Un fotograma sagrado.
Eterno.
No hay un fotograma detrás de otro. Cada fotograma es presente y eterno.
Cada haiku, cada instante eterno.
Y el santuario (la Tierra Pura) está en todas partes.
En su gompa particular (el futón sobre el tatami, el silencio, los libros inspiradores).
En la orilla del mar, donde una réplica de sí misma inspira y espira partículas de océano, y silencio.
En el retiro de silencio en Corella con Thay Doji.
En las calles de Varsovia, caminando el mundo.
En el tren a Cracovia, un mandala de ofrendas en el paisaje, externas e internas.
El santuario está en todas partes
y samsara y nirvana están aquí mismo;
lo divino y lo humano,
aquí mismo.
Las dos caras de lo mismo. Lo mismo.
Y ni siquiera hay una moneda que lanzar al aire.
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Comer como Dios. :)
Más sobre Comer bien. 2ª parte.
Comer como Buda
Cómo aplicar los principios budistas a la alimentación.

Comer como Dios, o como Buda, no depende sólo de lo que pones en tu mesa. La buena comida no es sólo lo que preparas en tu cocina y tiene más que ver con la percepción de tu mente que con los productos que digieres en sí. Ya lo dijo el Buda, "todo es una percepción de la mente", el sueño soñado de Calderón.
En este artículo vamos a tratar precisamente de esto, de la actitud ante la comida, en este caso de los preceptos budistas aplicados a la alimentación. Y es que ya se sabe que el budismo es un cajón de sastre equipado de herramientas de múltiples usos. No sería válido si no fuera así.
En el caso de la alimentación, una correcta aplicación de las cuatro nobles verdades y el óctuple sendero (los cimientos sobre los que se alza la práctica budista en su totalidad) puede ser de utilidad para todas las alteraciones relativas al tema, desde el exceso de peso, la bulimia, deficiencias nutritivas, etc. etc.
I. La importancia del "camino medio".
El camino medio que propone el budismo nos señala el equilibrio entre el exceso (la publicidad, los alimentos que nos venden por sus regalos, los supermenús, los superplatos de carnes y pescados, las comidas hiperproteínicas e hipercalóricas, comer en el cine, comer frente al televisor, quedar para comer, comer, comer...) y las privaciones de las dietas light (incluido el alto consumo en programas para perder peso, libros, cintas y tratamientos).- Es importante escuchar al cuerpo y ser consciente de cuándo tienes hambre, qué nutrientes necesitas en cada momento y en qué medida. Lo ideal sería no comer sólo porque el reloj lo dice o lo dictan las circunstancias. Sin embargo, si ha de ser así, si sólo tienes un rato para comer, aunque no tengas hambre, y luego no habrá manera, elige algo frugal, con mucha agua y fibra, como frutas y verduras. Por el contrario, cuando el estómago te pide tomar algo entre comidas (cuando no hay tiempo disponible), o necesitas energía, recurre a los panes, cereales integrales y frutos secos como tentempié. Te darán la energía que necesitas y acallarán los ácidos sin producirte una mayor acidez y sensación (engañosa) de hambre -que producirían las frutas, por ejemplo.
- No te saltes las comidas, no pases hambre pensando en adelgazar porque producirías el efecto contrario. La ansiedad y el hambre reprimida te hará comer más de lo que necesitas cuando te sientes a la mesa, con los consiguientes empachos posteriores, exceso de peso y acumulación innecesaria de toxinas.
- Come despacio, saboreando lo que ingieres, y descansa cuando consideres que ya has saciado tu hambre. Recuerda que tu cerebro tarda unos 20 minutos en detectar esa saciedad, y cometerías un error pasándote todo ese tiempo engullendo lo que ya no necesitas.
No te trates como un cubo de basura, acabando los platos por no tirarlo o consumiendo los productos de la nevera antes de que se estropeen (eso va por nosotras, mamás). Aquel viejo eslogan de que lo que no mata engorda estaba equivocado: lo que no mata de golpe, puede matar despacio.
Si no vives en medio de una guerra o en un país devastado y pobre, no necesitas acumular reservas. Y todo lo que no necesita tu cuerpo aquí y ahora puede volverse contra ti.
- No te pases ni le escatimes a tu cuerpo los nutrientes que necesita. Respétate: elige el camino del medio.
II. Las cuatro nobles verdades.
1. El sufrimiento existe.
La comida como sufrimiento: enfermedades causadas por la mala alimentación; afecciones por exceso (sobrealimentación) o por defecto (deficiencias nutritivas); el sentimiento de culpabilidad tras una comida equivocada, impotencia ante las tentaciones... Es importante saber dilucidar cuánto de este sufrimiento es inevitable y cuánto depende de ti.Tal vez puedas hacer poco contra las toxinas, productos químicos y modificaciones genéticas que lleva a cabo la industria de la alimentación, pero siempre estará en tu mano elegir los productos menos nocivos, los más naturales, locales y de temporada. Evitarás muchas molestias, enfermedades y sufrimiento en general.
El sufrimiento existe en el mero hecho de la elección en sí; la toma de decisiones siempre implica un estrés. Pero informarnos bien y hacerse el firme propósito de descartar de nuestra rutina alimentaria los productos más nocivos, nos ayudará a vivir mejor y esdtablecer pautas de conducta que nos evitará tener que plantearnos continuamente un buen número de decisiones.
2. El apego al deseo como causa de sufrimiento.
Definir los apegos o deseos culinarios que causan sufrimiento. Definir la ansiedad o espíritu hambriento (nunca es suficiente, por lo que no hay placer sino más sufrimiento). Tú y tu deseo no sois lo mismo. Los deseos pueden desaparecer tan pronto como llegan.Define y haz una lista de tus mayores tentaciones: los dulces, el café, el alcohol, los embutidos o snacks salados, el chocolate, los helados... Quizás puedas descubrir por qué sientes esa atracción tan fuerte hacia un producto en particular; asociación con situaciones, por ejemplo, o bien la necesidad de tu organismo por más azúcar, energía, proteínas o lo que sea.
Tus deseos, el espíritu hambriento que nunca se sacia, y tú no sois lo mismo. Si es una compañía que no te aporta nada bueno, puedes apartarla de tu vida con las adecuadas estrategias.
3. El sufrimiento cesa al liberarte del deseo.
Observa los hábitos y deseos que te resistes a abandonar; la consecuencias que producen en ti, ¿son beneficiosas? ¿te hacen feliz?; observa con atención tu relación con el apego (qué hace que vuelvas a consumir dulces y helados o comidas hipercalóricas). Resuelve las situaciones internas (rabia, ansiedad, impotencia) y cambia las condiciones que te inducen a esa inercia perjudicial.
Una vez eres consciente de ciertos apegos nocivos en tu vida puedes introducir sustituciones por productos más sanos que cubran tu necesidad. Si requieres energía o azúcar, los cereales integrales (palitos de pan integral o galletas sin aditivos químicos, p.e.), frutos secos, patatas o boniatos pueden ayudarte según la situación. Si requieres proteínas, puedes añadir más soja en sus mútiples formas, o legumbres y cereales debidamente combinados (lentejas con arroz, p.e.), y dejar de llenar la nevera con carnes grasas y embutidos.Además, muchas veces los aparentes deseos culinarios no son más que tapaderas de otros deseos emocionales o estados de ánimo, como la rabia, ansiedad, frustración. Si es así, define esas emociones y afróntalas cara a cara, dejando la comida a un lado. No tiene nada que ver con ella, no la metas en esto.
Define los apegos, revisa las viejas rutinas/acuerdos y establece sustitutos/nuevos acuerdos más beneficiones para ti.
4. Existe un método para la cesación del sufrimiento:
el Óctuple Sendero.
No tienes que inventar la estrategia ni el método para librarte de los deseos nocivos y el sufrimiento que comportan. Puedes hacerlo si quieres y te ves capaz, y te funciona. Pero en cualquier caso, te vendrá bien saber que el budismo diseñó su propuesta particular con el nombre de "el noble óctuple sendero".
III. El Noble Óctuple Sendero.
1. La comprensión correcta.
Define qué es malo para ti y qué te beneficia. Haz una lista de alimentos, situaciones y actitudes recomendables y perjudiciales en tu alimentación.
2. La aspiración correcta.
Define y visualiza quién quieres ser física y emocionalmente; tu estado de salud; el tipo de vida activa o sedentaria que quieres llevar. Visualiza y programa quién quieres ser.
3. El habla correcta. (El poder de la palabra: magia blanca/magia negra).
No hables mal de nadie durante la comida (ni antes ni después, a ser posible); abstente de criticar la forma de comer de las/os demás comensales (come mucho, poco, mal...); los errores de la cocinera o las preferencias y rechazos de otras personas. Las palabras también se digieren.
4. La acción correcta.
5. El modo de vida correcto.
No matar (las emociones a través de la comida; los nutrientes que pueden seguir produciendo energía dentro de ti); no robar (consumiendo más comida de la que necesitas) y no abusar de la comida como si fuera una droga para embotarte o escapar de otras emociones.
6. El esfuerzo correcto.
7. La atención correcta.
Comer/vivir aquí, ahora. Cuando compras, cocinas, te sientas a la mesa, friegas los platos.
8. La concentración correcta.
La capacidad de la atención plena: cuándo tienes hambre, cuándo no; qué nutrientes está necesitando tu cuerpo en cada momento y cuáles no -sin equívocas intromisiones del deseo.
Resumiendo, recuerda siempre que cómo comes no es más que un reflejo de cómo vives. Quién eres -o cómo eres- se manifiesta en todo lo que haces. Evidentemente, nadie es perfecto, y ni tú ni yo ni nadie somos Dios ni vamos a vivir/comer como Dios, pero sí podemos vivir/disfrutar en el empeño. Vivir/comer con atención, con la consciencia de que lo que comemos pasará a formar parte nuestra (como lo que vivimos, nuestras experiencias, pasan a formar parte de nuestra vida y de nuestro ser). Con agradecimiento por el regalo que el planeta y el trabajo de otras personas nos ofrecen. Con generosidad hacia nuestro propio organismo o hacia el de otras personas, cuando nos toca cocinar. Eliminando los venenos y toxinas siempre que esté en nuestra mano. Con placer y tiempo, degustando cada bocado y evitando el despilfarro, el desaprovechar las experiencias, por muy cotidianas y repetidas que nos parezcan -cada instante de nuestra vida es único e irrepetible.
En definitiva, estableciendo unos hábitos correctos.Y a comer/vivir como Buda.
Buen provecho.
De la web de salud natural Crecejoven.
jueves, 3 de septiembre de 2015
Comer bien, comer conscientes.
Comer bien es comer con conciencia, gratitud y compasión.
Podemos comer de manera tal que “dejemos de contribuir al cambio climático y ayudemos a curar y preservar nuestro precioso planeta”. Esto implica reflexionar profundamente sobre lo que compramos y lo que comemos.Lo que compramos y comemos puede contribuir al cambio climático o puede ayudar a detenerlo.
Comer es una oportunidad de nutrir nuestro cuerpo con las maravillas del cosmos, a sabiendas de que no estamos destruyendo la tierra al hacerlo. “Como familia espiritual y familia humana, todos podemos ayudar a evitar el cambio climático con la práctica de comer de forma consciente. Hacerse vegetariano puede ser la manera más eficaz de frenar el cambio climático. Ser vegetariano ya es suficiente para salvar el mundo.”
(De la carta de Thich Nhat Hanh en Blue Cliff, 2007)
El maestro budista vietnamita y activista por la paz Thich Nhat Hanh nos invita a recordar cinco argumentos, como una oración, antes de empezar a comer, mientras contemplamos los alimentos que nos van a nutrir sobre la mesa. Las Cinco Contemplaciones.
1. Esta comida es un regalo del universo entero: de la tierra, del cielo, de numerosos seres vivientes y del trabajo duro y amoroso de muchas personas.
2. Comamos con gratitud y plena consciencia para ser dignos de recibirla.
3. Reconozcamos y transformemos nuestras formaciones mentales insanas, especialmente la avidez, y aprendamos a comer con moderación.
4. Mantengamos viva nuestra compasión de forma que reduzcamos el sufrimiento de los seres vivos, dejemos de contribuir al cambio climático y ayudemos a curar y preservar nuestro precioso planeta.
5. Aceptemos este alimento con el fin de nutrir nuestra hermandad, construir nuestra comunidad y alimentar nuestro ideal de servir a todos los seres.
Los centros y retiros de práctica de Plum Village (el centro budista de residencia de la comunidad de Thich Nhat Hanh) siempre han sido vegetarianos y desde 2007 también son veganos. En octubre de 2007, Thay escribió su famosa carta en el monasterio Blue Cliff, donde explicó por qué la comunidad se estaba convirtiendo en vegana para nutrir la compasión y ayudar a salvar el planeta.
“Los productos lácteos y los productos derivados del huevo (…) son productos de la industria cárnica —escribió—. Si dejamos de consumirlos, dejarán de producirse. (…)
Según estudios de la Universidad de Chicago, un vegano emite aproximadamente 1,5 toneladas menos de dióxido de carbono a la atmósfera cada año que una persona que come carne.”
Esto es lo que Thay recomendó: “Las comunidades deben ser valientes y tomar el compromiso de ser vegetarianas al menos 15 días cada mes. Si podemos hacerlo, sentiremos una sensación de bienestar. Tendremos paz, alegría y felicidad desde el momento en que tomemos este voto y compromiso”.
Desde que Thay escribiera esa carta hace seis años, la ONU ha hecho un nuevo llamamiento para un cambio global hacia una dieta libre de carne y lácteos.
(Publicado el 15 de enero 2014 en plumvillage.org.)
Por qué nos propone Thich Nhat Hanh dejar de comer carne y pescado (la alimentación vegetariana) y aún más, empezar a reducir y abandonar los productos de origen animal como los lácteos y los huevos (la alimentación vegana)?
Por una parte, se trata de motivos de salud, no sólo en cuanto a los propios perjuicios de las grasas saturadas y del exceso de proteínas animales, sino por las toxinas añadidas en la industria cárnica, tanto en la propia alimentación química de los animales criados para el consumo humano como por los antibióticos administrados a los animales (para evitar que se propaguen las enfermedades en su hacinamiento en campos de concentración), hormonas (para aumentar el peso y el agua en la carne), etc.
Pero también por motivos éticos, ya que la industria cárnica ha dejado de considerar a los animales como tales (como seres vivos) para pasar a tratarlos como meros productos de consumo, con unas condiciones de vida deplorables, en hacinamiento y maltrato, tanto en la crianza como en el transporte y la forma de matarlos.
La alternativa budista consiste en intentar llevar a nuestra mesa una alimentación libre del maltrato y el sufrimiento ajeno. Una alimentación consciente y compasiva.
Y eso es posible porque la Tierra nos ofrece productos como las semillas, frutas, verduras, cereales o legumbres más que suficientes para mantener una buena salud y para alimentar a todos los seres del planeta.
Pero Thich Nhat Hanh va mucho más allá, tal como explica en su libro “Un canto de amor a la Tierra”.
Transcendiendo el enfoque científico, que se centra en la destrucción de los ecosistemas o la desaparición de las especies, Nhat Hanh profundiza en el aspecto más esencial, que tiene el potencial de crear un verdadero punto de inflexión: superar el concepto de “medio ambiente”, ya que éste nos lleva a sentirnos separados de la Tierra y a ver el planeta únicamente en términos utilitarios, desde una visión antropocéntrica.
Rechazando enfoques economicistas convencionales, “Un canto de amor a la Tierra” nos enseña que para cumplir nuestros deseos de mantener una vida sana y alimentarnos correctamente, así como para liberarnos de nuestra adicción al consumismo, proteger la naturaleza y atenuar el cambio climático, necesitamos la plena conciencia, una revolución espiritual que otorgue sentido y conexión a nuestras vidas, porque nuestra felicidad personal está indisolublemente unida a la felicidad de nuestro planeta.
En resumidas cuentas, no se trata sólo de “cuidar el planeta” por el bien de futuras generaciones o para nuestro propio beneficio, sino de ver el planeta como nuestro propio cuerpo. O, si quieres, comprender que nuestro cuerpo es parte del cuerpo el planeta, y del cuerpo cósmico en general.
Lo que le hacemos a nuestro cuerpo se lo estamos haciendo al cuerpo cósmico y lo que le hacemos al cosmos, o al planeta (a los campos, los bosques, los mares y los ríos, los animales y el resto de los seres que lo habitan) se lo estamos haciendo a nuestro propio cuerpo.
Nuestra salud y la salud del planeta no están separadas.
Si te importa tu salud personal has de cuidar la salud del planeta, porque es la misma.
“Gran parte de nuestro miedo, odio, ira y de nuestros sentimientos de separación y alienación se derivan de la idea de que estamos separados del planeta. Nos consideramos el centro del universo y nuestro interés se centra casi exclusivamente en nuestra supervivencia personal. Y, cuando nos preocupamos por la salud y el bienestar del planeta, lo hacemos de un modo interesado. Queremos que el aire sea lo suficientemente sano para poder respirarlo, y queremos que el agua sea lo suficientemente limpia para beberla. Pero, para cambiar la relación que mantenemos con la Tierra, no basta con limitarnos a emplear productos reciclados o colaborar económicamente con grupos ecologistas. Tenemos que cambiar por completo la relación que mantenemos con la Tierra.
Vemos la Tierra como un objeto inanimado porque nos hemos alejado de ella. Y también nos hemos alejado de nuestro cuerpo. Son muchas las horas del día que pasamos sin ser conscientes de nuestro cuerpo. Estamos tan atrapados en nuestro trabajo y en nuestros problemas personales que nos hemos olvidado de que somos algo más que nuestra mente. Muchas de nuestras enfermedades se derivan, precisamente, de este olvido de nuestro cuerpo. Y también nos hemos olvidado de la Tierra, es decir, de que la Tierra forma parte de nosotros y que nosotros formamos parte de ella.
Si contemplamos atentamente una hoja de hierba o un árbol, veremos que no son mera materia. La hoja y el árbol poseen su propia inteligencia. Una semilla, por ejemplo, sabe cómo crecer y convertirse en una planta con hojas, flores y frutos. Un pino no es sólo materia, sino que también posee su propia inteligencia. Una mota de polvo no es sólo materia, ya que cada uno de sus átomos es una realidad viva que posee su propia inteligencia.
Si consideramos a la Tierra como un organismo vivo, podremos curarnos a nosotros y curarla también a ella. Cuando nuestro cuerpo físico está enfermo, necesitamos hacer un alto, descansar y prestarle atención. Tenemos que detener nuestro pensamiento y emplear la inspiración y la espiración para regresar al hogar de nuestro cuerpo. Cuando veamos nuestro cuerpo como un milagro, veremos también a la Tierra como un milagro y empezaremos a cuidar su cuerpo. Cuando volvemos a nuestro hogar corporal y cuidamos de nosotros, no sólo sanamos nuestro cuerpo y nuestra mente sino que también contribuimos a la sanación de la Tierra”.
(De “Un canto de amor a la Tierra”)
Otras frases y reflexiones del libro “Un canto de amor a la Tierra”, de Thich Nhat Hanh:
Votos y compromisos de amor a la Tierra.
De la web de salud natural Crecejoven. |
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