lunes, 27 de abril de 2009

Cambiar.







¿Podemos ser budistas sin parecer un “bicho raro” en esta sociedad? ¿Sin que la gente a nuestro alrededor, que queremos y que nos quiere, se sorprenda de nuestros cambios y no nos reconozcan y se preocupen?

Nadie hace grandes cambios de la noche a la mañana.
A veces sí, pero son las menos. A veces alguien se “ilumina” en un instante y todo cambia.
Pero lo que suele ser más habitual son los pequeños cambios progresivos. Una persona escucha o ve algo que despierta alguna sabiduría interior que ya posee (alguna semilla sin madurar) y conecta y se hace una luz y comprende algo que ya era suyo, y de la cabeza pasa al corazón y algo cambia en su comprensión de las cosas y en sus relaciones y, quizás, hasta en sus hábitos. Empieza a dedicarle menos tiempo a algunas cosas que ya no son tan prioritarias y más a otras. Ese tipo de cambios.
Pero eso nos ha pasado un millón de veces y no dramatizamos. No nos sentimos culpables por que nos vean como un “bicho raro”. Hemos cambiado de ciudad, de pareja, de trabajo, de costumbres, y nadie ha puesto el grito en el cielo. La vida es así, siempre en continua transición. Un millón de veces hemos hecho cambios rotundos en nuestra vida, rotundos, y no nos ha preocupado, ¿por qué va a preocuparnos ahora, si lo hacemos por el dharma?

Por ejemplo, cuando dejamos una ciudad para ir a otra a estudiar. Cuando yo dejé mi casa y a mi familia en Almería para ir a estudiar en la universidad en Barcelona, con 18 años, los cambios en mi vida fueron radicales. Cuando decides ser madre, los cambios en tu vida son radicales. Cuando te vas a trabajar a otra ciudad, quizás a otro país, los cambios en tu vida son radicales. Sin duda mucho más obvios e impactantes (al menos exteriormente, socialmente) que cuando empiezas a meditar en la muerte, la compasión o igualarte con los demás.

Los cambios que produce el dharma, la meditación, en realidad son internos.
Tu egocentrismo se diluye; te cuestionas más a menudo si tu vida es significativa, si las cosas a las que dedicas tu tiempo y tu energía cada día son las importantes. Y eso puede producir cambios externos, claro. Pero la mayoría de las veces no necesitas dejar tu trabajo ni tus estudios ni tu familia; simplemente lo haces con otra “mente”, desde otra perspectiva y con otra actitud. Y los cambios que suelen ver a tu alrededor son sutiles y, ciertamente, no para mal.

En realidad, yo diría que te conviertes en una persona más fácil en tus relaciones. Menos angustiada y egocéntrica, discutes menos, empatizas más. Puedes dejar de comer carne o no, dejar de fumar o no; pero también fue un "cambio” cuando empezaste a fumar o a beber alcohol. En vez de irte de vacaciones a quemarte al sol en la playa, a lo mejor decides ir a un retiro a meditar. Pero todo eso son opciones personales que no harán daño a nadie –y en cualquier caso, en muchos los casos diría yo, tu salud te lo agradecerá.

No tengas miedo a los cambios que pueda producir en ti la meditación o el dharma; siempre has estado haciendo cambios en tu vida, no es ésta la primera vez.
Simplemente, plantéate con sinceridad si los cambios son para bien o para mal: si tu vida se hace cada vez más significativa o menos; si tienes más control sobre tus pensamientos y emociones o no; si eres más sabia para transformar los obstáculos de la vida en oportunidades. En suma, si eres más feliz y sabes sacarle más provecho a tu preciosa existencia humana.
Y toma las decisiones adecuadas.
Eso es lo que realmente importa.

Y si hay que hacer cambios, se hacen. Siempre lo has hecho así. Cada vez que has ido a por un objetivo (por trabajo, estudios, maternidad, etc.), has asumido los cambios necesarios, sin miedo a parecer un “bicho raro”.
No empieces a tener miedo ahora a los cambios.

4 comentarios:

  1. Siempre he tenido miedo a los cambios, no empezaría ahora a tener miedo (jejeje). El caso es que la meditación cambia, sí. En mi caso, yo lo notaba y pensaba que nadie se daba cuenta hasta que mi hermana mayor dijo algo de que estaba distinta, y la mediana dijo: "Eso es la meditación". Sin embargo, esos cambios han sido insuficientes. Ahora querría más, pero ... ya sabes... el estancamiento.

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  2. Cielos, Emi, me haces reír, a mí me pasó igual.
    Tuve una crisis bastante dificililla y de distanciamiento con una adolescente que solía adorarme. Y un buen día, mientras caminábamos (en medio de algún mal rollo habitual, creo recordar), se me quedó mirando un momento en silencio, dio un salto hacia mí, me abrazó fuerte y me dio un beso. Hacía meses que no hacía nada parecido.
    ¿Y eso?, le pregunté.
    Ah, no sé, me apetecía.
    Sí, pero qué ha pasado por tu cabeza?
    Qué va a pasar? Nada...
    Algo así como... "Qué paciencia tiene mi madre!", dije yo.
    Sí!!!!, respondió, riendo. Eso es! Debe ser el budismo, no?
    Me reí yo también, gratamente sorprendida por su asociación de ideas:
    Pues sí, debe ser el budismo...

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  3. Bueno yo ya os he dicho varias veces que no soy budista ni nada que se le parezca, pero de un tiempo a esta parte, lo que leo en tú blog y en otros, además de ciertos consejos de una persona especial me están produciendo un gran cambio en algunos aspectos de mi vida y, creo, son positivos.

    Meditar no soy capaz, de momento, todo se andará, pero recapacitar en lo que leo sí y me está viniendo muy bien para resolver ciertas situaciones "dificilillas" como tú dices, lo que quiere decir que estoy en una fase de cambio, ¡con lo mayor que soy! para que digan que a ciertas edades ya no se puede cambiar, pues no es cierto, yo sigo cambiando, y espero seguir haciéndolo mucho tiempo.

    Gracias

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  4. A cualquier edad se puede cambiar; es más, yo diría que es inevitable cambiar, mientras estés viva. Lo importante es que esos cambios sean para bien, y en la dirección adecuada, como dices que te está pasando a ti.
    Celebro que este blog esté colaborando de alguna manera contigo.
    Sigue compartiendo tus puntos de vista porque también pueden estar ayudando a otras personas a clarificar los suyos.
    Además de animarnos a cambiar, sin miedo.
    A cualquier edad.

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