lunes, 31 de marzo de 2025

La renuncia, la libertad.

 


Alguien dijo:
Conforme nos hacemos mayores, llega un momento en que parece que necesitamos el reconocimiento de los demás.
Quizás porque el final se acerca
y reconforta encontrar cierto significado en tu vida,
o bien porque ya estamos fuera de muchos ámbitos del sistema,
el caso es que empezamos a darle importancia al reconocimiento
(de lo que somos y también de lo que hemos sido;
de lo que hacemos y de lo que hemos hecho, en nuestra trayectoria vital).

Ella se mostró de acuerdo, pero pensó:
Si es eso lo que me espera conforme me hago mayor
es que no estoy aprendiendo mucho.

Los momentos de mayor libertad en su vida se han dado cuando no se sentía permeable a la apreciación exterior, ya sea en positivo o en negativo.

Recuerda cuando empezó a explorar aquella primera escuela budista y cuestionaba repetidamente las enseñanzas de la maestra.
La maestra no se inmutaba.
Le respondía si lo veía oportuno, o simplemente escuchaba su opinión sin más.
Por muy crítica y provocadora que fuera la recién llegada,
la maestra no reaccionaba afectada por algo personal.
Un día, sin embargo, la estudiante se sintió admirada por la agudeza y brillantez de la exposición de la maestra, y así se lo dijo.
La maestra la escuchó de la misma manera que había escuchado sus críticas anteriores.
Ni se inmutó, y siguió con lo suyo.
Los halagos tampoco tenían nada que ver con ella, eran simples opiniones, pasajeras.
Cambiantes como el humo en su forma, como las nubes.
La estudiante lo supo entonces:
Ésta es la libertad que quiero.

Esta libertad tiene mucho que ver con la renuncia budista.
La renuncia a la imagen, a la reputación, al éxito,
a la opinión ajena
(incluida la de los hijos, la madre o el padre, la pareja, las amigas,
las colegas de profesión),
esa dependencia del mundo ilusorio, de fantasmas creados
como barrotes de una prisión.
Nos pasamos la vida reforzando la propia jaula,
cuando el espacio libre es tan inmenso.






jueves, 27 de marzo de 2025

La noche.

 


La noche.
La llamada de la noche.
Se resiste a encender la luz para que no desaparezca la luz de la noche,
el cielo de nubes blancas llenas de luz de tormenta,
o quizás los claros entre nubes de algodón,
alguna estrella visible, la luna decreciente.
La llamada de la noche, el silencio.
Los sonidos del silencio, tan lleno.
Sus vecinas las gaviotas.
Alguna se despierta en medio de la noche, como ella, y alza su voz al viento, su canto.
La llamada de la noche, tan viva.
Los sonidos del silencio de la noche. 
Una paloma lanza su canto gutural, una gaviota se despereza.
Las luces de la noche, tan llena en la oscuridad.
La llamada de la noche. No te vayas todavía.

Le gusta cuando se despierta, descansada, con la energía suficiente para la atención,
para quedarse en la contemplación de la noche, que no se pierda.
Como cuando te despiertas en medio de la noche y encuentras un cuerpo y haces el amor y regresas al sueño.
Te despiertas en medio de la noche y encuentras la noche
y haces el amor con la noche, la contemplación.
Te entregas al encuentro.
Y luego vuelves al sueño.




jueves, 13 de marzo de 2025

Los ocho cuerpos.

 


Qué manía con estar sola!, le dijo una vez su hija adolescente.
Ella se sorprendió, como si fuera un descubrimiento. ¿No lo había visto antes?

¿No te cansas de estar sola?
Qué tiene de interesante la soledad? ¿No te aburres?
Son otras preguntas, otras miradas sobre lo mismo.
Y qué responder?
Generalmente el silencio.

Quizás hay quien puede sentirse en la compañía, en la interacción, como ella se siente en la soledad,
pero no es su caso. No todavía.
Qué encuentras en la soledad?
El descanso.
Aparcar las gestiones de la vida como quien cierra un libro y lo deja a un lado,
y mira tras la ventana, y contempla el paisaje de cielo y aire.
Salir del yo, dejarlo a un lado como cuando baja el telón del intermedio en el teatro.
Ese "break".
El descanso.
Cuando tienes la oportunidad de tocar el Dharmakaya con la yema de los dedos,
con los dedos del alma.
El cuerpo último, que transciende todos los cuerpos, todos los fenómenos
manifestados como un río revuelto que te arrastra con una corriente poderosa y salvaje.

El maestro zen vietnamita Thich Nhat Hanh explica en su libro "El arte de vivir"
que los seres humanos tenemos ocho cuerpos:
el cuerpo físico (del ego separado);
el cuerpo de Buda (el yo despierto en cada ser);
el cuerpo espiritual (la práctica, el viaje de descubrimiento);
el cuerpo de la comunidad (de la que formamos parte);
el cuerpo exterior al cuerpo (los elementos externos que están en el yo; la madre y el padre, el vecindario de la infancia, las maestras, los libros leídos, las películas, la música que conforma la banda sonora de tu vida, de tu yo);
el cuerpo de continuación (las huellas que dejamos a nuestro paso, en otras personas, en el mundo, aun cuando ya no estemos);
el cuerpo del Cosmos (ese grano de arena que conforma el desierto, la gota de agua en el océano, un átomo en el universo),
y el cuerpo último, el verdadero cuerpo, que transciende todos los cuerpos.
El que contempla y experimenta las manifestaciones de todos los cuerpos en su vacuidad,
el sueño, las manifestaciones ilusorias.
En el budismo tibetano lo llaman el Dharmakaya, el cuerpo de la Verdad.

Por qué la soledad, para qué?
En la soledad, el descanso;
soltar las armas (todas las máscaras, recursos, estrategias),
verlas desprenderse y caer una a una.
La contemplación.
La disolución de los fenómenos (que tanto la preocupan, o bien la atraen),
de todos los cuerpos (el yo separado, el cuerpo de Buda, la comunidad...).
La aproximación al Dharmakaya,
la degustación del Ser
y del no-ser.
La unión con Dios.

"Desirà l'amic soliditat, e anà estar tot sol
per ço que hagués companyia de son amant,
ab lo qual està tot sol entre les gents".

("Deseará el amigo soledad y se va a estar solo
para estar en compañía de su amante
sin el cual está completamente solo entre la gente").

Llibre de l'Amic e Amat. Ramon Llull.




sábado, 8 de marzo de 2025

Amanecer.





El aire es aún oscuro
y el cielo sobre la montaña del Tibidabo se va pintando de una luz rosada, naranja y violeta, envolvente, y se cuela en la habitación por los balcones.
El anuncio de la llegada del sol, que se aproxima,
como un parto de las entrañas del mar.
Las gaviotas exhiben su coreografía al otro lado de los marcos de las ventanas.
Conforme el cielo pierde sus colores rosados aparece la luz de un cielo claro y azul.
El sol se hace presente al otro lado y comienza su ascenso sobre el horizonte de agua
y ahora empieza a impregnar de naranjas primero y luego de colores dorados
la montaña y las cabezas de los edificios más altos de la ciudad.
Las gaviotas, las tórtolas y las palomas continúan con su celebración al vuelo.
El tiempo parece ralentizarse
mientras el color dorado del escenario se va transformando en plata,
impregnando las zonas más altas de la ciudad y la montaña.
Finalmente los fragmentos plateados se extienden
cubriendo uniformemente el escenario completo con una luz incolora.
El sol ya ha ascendido al otro lado
y la ciudad y las montañas parecen despertar.

A veces todo el proceso es rápido, como si fuera un guion acelerado.
Otras veces es una sucesión de instantes eternos, ralentizados,
mientras el reloj continúa su curso.
Transcurren 15, 20 o 25 minutos y aún se mantiene la magia de las luces y colores
flotando en el aire.
Las gaviotas cantan como si lanzaran sus alabanzas a Dios, el Cosmos,
desde las atalayas de la ciudad: antenas, chimeneas, barandillas y plantas en los terrados.

Hoy, en su ascenso, el sol toca un techo de nubes densas y hace inmersión en el gris
y desaparece.
Y con él, el velo de luz y color que cubría el escenario.
Una sombra gris suave baña ahora la ciudad.
El día por delante.




lunes, 3 de marzo de 2025

La práctica del deleite versus el miedo.

 


En el compartir tras la meditación, C hablaba sobre los miedos, las preocupaciones,
los pensamientos que crean amenazas que en un 90 por ciento de los casos no se cumplen.
Pero el cuerpo, y la mente, ya han vivido sus efectos como si fueran reales,
como si hubieran sucedido.
El pensamiento creando fantasmas amenazadores, preocupaciones, miedos,
ése es mi gran enemigo, el pensamiento -dijo.
Pero no hay nada que pueda hacer.
Hizo un momento de silencio.
O sí, añadió luego.
Quizás si en vez de poner mi atención y mi energía imaginando situaciones ficticias que no deseo,
quizás si en lugar de eso pongo mi atención en situaciones placenteras de mi vida,
momentos de paz, alegrías,
quizás entonces, mientras estoy en esa apreciación, en esa celebración, 
no puedo estar en el miedo.
Porque el pensamiento solo puede estar en un lugar al mismo tiempo.
Si pongo mi atención en los regalos de la vida estoy surcando el terreno del hábito de la apreciación,
la gratitud y la fortuna,
hasta que la experiencia surja naturalmente, como el agua que fluye naturalmente por un cauce profundo.
Contra el miedo, la apreciación, el deleite.
Ya sé, ya sé que aún me mantengo en la mirada dual
(el rechazo a lo que no deseo y la atracción por la paz que me agrada).
Pero es un comienzo.
Para estabilizar el bienestar, la fortaleza, la confianza.
Y desde ahí siempre es más fácil contemplar la vida con una mirada que transciende la dualidad.
Abrazar la vida tal como es, sin rechazo a las luces y a las sombras.
La vida como es.




sábado, 1 de marzo de 2025

El ser del reino del deseo.

 


Dice "me gusta todo".
Y luego rectifica: Quizás no es "todo", una palabra imposible.
Pero sí muchas cosas.
Gustar como sinónimo de deleite, de ofrenda acogida, aceptada, sin desperdiciar.
Le gusta el sonido insistente de la campana que suena, de alguna iglesia,
quizás llamando a la misa del domingo, a la oración. 
Le gustan (qué deleite, qué ofrenda al cuerpo, los cuidados)
las fresas y arándanos y pomelo en el plato, espolvoreado con canela, y miel,
en el des-ayuno, desde ayer, el ágape del mediodía con la amiga,
el compartir, la mesa y las experiencias espirituales recorridas.
Le gusta irse a la cama ligera en la noche, el descanso digestivo,
anticipando el desayuno de la mañana,
una fuente de colores, nutritiva, hidratante.
Le gusta mirar la cama deshecha, las sábanas aireándose, el balcón abierto,
el suelo mojado después de la lluvia.
Las gaviotas al vuelo.

Ayer, en la larga sobremesa de la comida compartida,
evocaba su paso por el Alto Yoga Tantra.
En los inicios, la autogeneración en su yídam no era tan difícil, obra de la imaginación.
Pero, generada en Vajrayoguini, la representación de la experiencia profunda del gran gozo y la vacuidad,
comprendió que no contaba con referentes de disfrute profundo y consciente en su propia experiencia personal
para evocar el gran gozo, ni nada que se le aproximase.
Como si viviera una vida carente de apreciación y disfrute.
De adolescente solía repetir que la felicidad no es lo importante,
lo que importa es la comprensión, el conocimiento, la sabiduría.
La felicidad no es lo importante, lo que importa es aprender.
Así que la atención estaba más dirigida al aprendizaje que al disfrute.
Pero el Alto Yoga Tantra reconoce que el ser humano es un ser del mundo del deseo,
así que hagamos uso del deseo, también, para la iluminación, aprendamos a gestionarlo.
Luchar contra el deseo sería antinatural para el ser del mundo del deseo.
Y acaba concluyendo que no existe iluminación sin gran gozo.
Buda no es un ser aburrido, ni tampoco sufriente.
Buda, el ser despierto, experimenta el deleite de la comprensión definitiva.
Tenía veintipocos años. Bailaba en un concierto de Gato Pérez en el casal de La Floresta
cuando escuchó el estribillo de aquella canción como si fuera la primera vez.
"Si tú no tienes felicidad, de sabio no tienes ná".
Y fue como una realización.

Así que un buen día descubrió que ella misma, autogenerada en Buda Vajrayoguini, no contaba con referentes en su memoria para experimentar, ni de lejos, el gran gozo, ni siquiera uno pequeño.
Y sólo le quedaba empezar a prestar más atención a los regalos de la vida,
para prender, si era posible, al menos una pequeña llama de apreciación, de dicha,
en la que profundizar, y desarrollar.
Iniciar el camino.
Y ésa pasó a ser su práctica, también.
Empezar a echarle leña al fuego del gran gozo y la vacuidad.
Porque no se trataba de generar apego a los objetos de deseo
sino de contemplar la experiencia de disfrute en sí.
Así como la leña acaba siendo devorada por el fuego que produce,
que los objetos de deseo sean consumidos por el fuego del deleite.
El fuego de la comprensión, el despertar.
Utiliza los objetos de deseo para prender el fuego del despertar.
El Gran Gozo de la vacuidad.
La vacuidad del Gran Gozo.





domingo, 23 de febrero de 2025

El presente lo acoge todo.

 


En el aquí y ahora no está solo el instante que te parece que vives, el escenario que aparece.
En la presencia de presente está también todo el pasado, tal como ha sido vivido,
y el futuro también.
Pero el pasado se puede reescribir, se puede transformar,
si cambias el enfoque.
Por ejemplo, no es igual un relato del pasado desde "la niña herida", la mirada egocéntrica,
que desde la apertura que ve a los otros seres como centrales también, protagonistas,
con sus luces y sus sombras, con sus heridas y limitaciones.
El pasado se puede cambiar, si cambias el enfoque
y tu comprensión es diferente.
El pasado es entonces diferente, otro.
Se cambia solo, automáticamente, sin que tú manipules nada.
Puedes hacer del pasado una jaula, una prisión, una enfermedad crónica que arrastrar de por vida
o bien una mirada de compasión y empatía
hacia todos los seres que te acompañaron en este viaje. Y quizás aún están.
Y lo mismo con el futuro.
Su encuentro de mañana ya está aquí, la celebración.
Su marcha ya está aquí.
Y también ver cómo la gente que la ama se reúne para celebrar.
Hoy se ha ido un amigo que llevaba mucho tiempo sufriendo, una agonía lenta.
Y también el perro compañero de un buen amigo.
Hace su meditación de acompañamiento y celebra por ellos, y con ellos.
Que brote todo el amor, que les acompañe todo el amor que genera tanta libertad
y fortaleza y confianza.
El amor que imposibilita el miedo, esas manifestaciones de dolor.

Ya lo saben, los seres con quienes comparte este viaje.
Cuando se vaya, quiere un encuentro para celebrar,
buenos vinos y manjares frescos y naturales, nutritivos, deliciosos.
Que prenda el fuego del deleite.
Que la acompañe en su viaje el deleite
y el amor
El no-miedo, la libertad.
La unión definitiva con Dios.
Definitiva. Para no separarse nunca más.
Para no volver a este sueño.