martes, 5 de abril de 2011

Sé amable con quien quiera que te cruces porque está librando una gran batalla.



Seguimos con el adiestramiento de la mente para convertir las dificultades en oportunidades de crecimiento (loyong)
y en la penúltima clase en el Poble Sec reflexionamos y practicamos la meditación de aceptar la derrota y ofrecer la victoria.
En principio, no suena muy atractivo, verdad?
¿Es que vamos a ir ahora de perdedor@s por la vida?
Pues no se trata de eso exactamente, no.
Cuando hablamos de aceptar la "derrota" nos referimos a aceptar el dolor, las molestias o las dificultades que aparezcan en nuestra vida.
No hay que buscarlas, pero cuando llegan, llegan.
Cuando duele, duele. Y aceptarlo es el primer paso para superarlo, para tomar las decisiones adecuadas, para seguir adelante.
¿Te niegas? ¿Te resistes?
Siempre tienes otras alternativas, dice Rabjor: cabrearte
o deprimirte.
Pero toda esa energía que vas a malgastar en depresiones y enfados
sin duda te sería más útil utilizarla en afrontar la situación y tomar decisiones.
(A menudo no nos queda la energía que necesitamos para seguir adelante porque la hemos derrochado previamente en cavar el hoyo del victimismo y la amargura).



Así que más nos vale aceptar la derrota (los reveses de la vida) con paciencia.
Y alegría, si es posible.
Con la alegría de que esa batalla puede representar una victoria
(especialmente contra nuestros propios engaños, esa lección
definitiva).

Sin resistencias, sin odios ni resentimientos.
Y, sobre todo, sin arrastrar o atacar
a quienes nos rodean.







Si estoy mal, te ataco,

porque tú debes tener
la culpa.


En ciertos experimentos, colocan a dos ratas en una jaula y, cuando sueltan una pequeña descarga eléctrica sobre el suelo donde se encuentra una de ellas, ¿sabéis qué sucede? La rata que se ha sentido agredida agrede a la otra.
¿Os suena? ¿No es eso lo que hacemos habitualmente en nuestra vida?
Cuando nos sentimos mal (me han ignorado, atacado, me duele algo, he sufrido una injusticia), tendemos a pagar nuestras rabietas (nuestra bajísima tolerancia a la frustración) con la persona o personas que tenemos más cerca. Las que están a nuestro lado. Curiosamente, en las que nos apoyamos.
Lo cual significa no aceptar la derrota
y ofrecer la derrota.

Ofrecer la victoria consiste en cuidar a quienes nos rodean, que ciertamente no son responsables de nuestro malestar. Ser amables. Tener consideración por los demás. No amargarles la vida sino, por el contrario, desear su felicidad.
Cuidarles como nos gustaría que nos cuidaran,
cuando hemos sido tocad@s por la flechas amargas del karma
-de nuestro propio karma.

Lo bueno de sufrir es que te conecta con el sufrimiento ajeno. Lo bueno de sentir la propia vulnerabilidad es que te hace consciente de la vulnerabilidad de los demás seres, su fragilidad. Y vuelves a recordar las palabras del filósofo:
Sé amable con quien quiera que te cruces porque está librando una gran batalla.

Acepta la derrota, cuando te toque.
Y ofrece siempre,
siempre,
la victoria.

Te ayudará a recuperarte más fácilmente de los golpes de la vida.
Te ayudará
a ser
más feliz.








.

4 comentarios:

  1. Un gran título. Puede ser, él solo, una meditación completa.

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  2. Sí, Jaume. Toda una meditación.

    Un abrazo.

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  3. Y entonces alguien dijo: "se amable sin esperar nada a cambio", nunca sabes ante quien puedes encontrarte... en cualquier punto del camino puedes ser tú quien necesite de una mano amiga.

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  4. Eso es...

    Y mientras no sea así, con que lo necesite la otra persona es suficiente para responder.
    Sé amable, porque esa persona con la que te cruzas está librando una gran batalla: vivir.

    un abrazo.

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