jueves, 28 de abril de 2011

Tomar y dar.











¿Conoces la práctica de tomar y dar?

Tomas el sufrimiento (tuyo, futuro, de todas las vidas
o de todos los seres)
lo tomas, visualizado como humo negro
atraído por el imán de tu corazón, donde imaginas que reside la estimación propia.
La estimación propia tiene miedo, claro;
pusilánime como es, se queja:
no puedo, no podré con tanto dolor, que se lo quede ella, que se lo queden ellos.
Pero tú sabes que es sólo la voz de la estimación propia (ese yo construído que no existe) y sigues adelante, absorbiendo,
como harías con tu bebé que sufre un fuerte dolor de oídos o de vientre,
lo absorbes, lo tomas para ti,
porque lo único que quieres es liberarle de ese dolor,
tomarlo,
tú ya verás qué harás con él luego.

(Mi hija solía responder, cuando yo le decía que iba a quitárselo, a tomarlo, cuando ponía la mano sobre su dolor -le llamábamos yuki-:
no, mamá, para ti tampoco, que duele mucho;
y yo solía decirle: por eso no te preocupes, que yo sé cómo transformarlo.
Y, entonces,
ella soltaba su dolor
y se dormía,
confiada).

Así que tomas el dolor del mundo, de todos los mundos,
y presencias cómo se ahoga tu estimación propia;
empieza ahogándose en ese océano de dolor
-que no existe-
y acaba disolviéndose
en la nada,
en el vacío,
ese ego que no existe,
que nunca ha existido.

Y te concentras en contemplar a todos los seres de todos los mundos que acabas de liberar
de su sufrimiento.
Y te concentras
en el gran gozo
que te produce.

Eso es tomar.

Y ahora puedes dar.

Regalar felicidad, en forma de luz
de felicidad
pura
y duradera.


¿Te lo crees?





A veces cuesta creer que un@ puede,
que tiene
la habilidad necesaria (que algún día la tendrá)
para proyectar luz
de felicidad pura y permanente a todos los seres.
Y si yo no puedo, entonces busco inspiración.
Luz (bendiciones) de aquéll@s que tengo más cerca.
(Es la función de la sangha, no? Para eso está).


(Recuerda que seguimos con la crónica de un retiro)

Luz de L., que como una madre (sagrada) nos alimenta varias veces al día con luz y néctar en una mesa abundante.
Luz de R., que como un padre (sagrado) nos alimenta varias veces al día, incansable, con las palabras de Buda.
Y así, nuestro cuerpo y nuestra mente se van llenando más y más de luz de bendiciones
que empiezan a brotar, primero a trompicones (como un principiante inepto en sus balbuceos)
y luego más fluido. Aún torpemente.
Pero no cejamos en el empeño.
(Rabjor dijo que el desánimo es sólo cosa de la E.P., así que quítate de en medio).

Hasta que la imaginación en los planos se convierta en la experiencia
de apariencia
real.


La bodichita.

A veces cuesta, la meditación en la bodichita.
La mente de la iluminación que, deseando profundamente liberar a todos los seres del sufrimiento,
decide cambiar lo que tenga que cambiar,
crecer
hasta poder manifestar todo su potencial de ser sagrado.

Cuesta creer que tú puedes llegar a ser un buda y liberar a todos los seres.
Y quizás ves venir el desánimo y debilitarse la fe. La confianza.
Pero Rabjor ha dicho que el desánimo es sólo cosa de la estimación propia, así que no le hagas caso.

Entonces, qué?

Quítate de en medio.
Y sigue adelante.

Quita de en medio a tu E. P. y sigue adelante en tu práctica.



Y a ver
qué
pasa.

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