jueves, 5 de mayo de 2011

Esto es un tema de máster.














En la última clase del
Poble Sec volvimos a meditar en la vacuidad,
con ayuda de algunos de los ocho extremos:
el extremo de la cesación,
y el de los fenómenos impermanentes.
http://reflexionesdeunaestudiantebudista.blogspot.com/2011/04/los-ocho-extremos.html

En resumen, que todo cesa en cada instante
y que en cada instante todo nace
de nuevo.
Las apariencias que percibes, sí,
pero también tus sentimientos,
tus emociones,
tus faltas,
tus engaños,
tus perturbaciones
mentales.
No eres esclav@ de nada que experimentes
y en cada instante nace
una nueva oportunidad.

Regina dice:
esto es un tema de máster.
Y tod@s nos reímos.
Sí, es un tema de máster.
Pero te aseguro
que merece la pena
esforzarse
por sacar buena nota en este grado.
Por conseguir una maestría
en este tema.


Falso.

Y ahora, si te parece, voy a presentarte otro tema de máster:
el extremo de la singularidad.

Se le denomina "extremo" porque es otro objeto (otra percepción)
que tampoco existe,
pero lo abordamos bajo la hipnosis de que sí,
que existe.

¿A qué nos referimos con "la singularidad"?
Lo singular es uno, verdad? La unidad.
Por ejemplo, yo
soy una unidad.

eres una unidad.
Tu objeto de apego
o de aversión.
Lo que te atrae obsesivamente
o lo que te enfada
obsesivamente.
Existe
y es una cosa, verdad?

Falso.


Mi singularidad encierra una pluralidad.







Pongamos, por ejemplo, yo misma.
Yo soy una, no?
Una qué?
Una construcción mental,
dijimos.
Mi ego no es más que una construcción mental, una definición compuesta por varias designaciones.
He ido construyendo una imagen mental con lo que creo que soy (calificativos varios),
lo que me han dicho que soy,
cómo me ven, lo que me dijeron que era
de pequeña
y de mayor.
Yo soy un poliedro de múltiples caras, infinitas.
Soy una periodista, madre, hermana, pareja o ex, hija, amiga.
Soy lista o tonta, alta o baja, amable, dura, exigente, perfeccionista, aburrida o divertida.
Mala madre, buena amiga, qué sé yo...
Soy el yo apegado, el yo ya me he ido (renuncia), la gran compasión,
la mente conceptual,
la mente que no piensa,
la niña inocente y vulnerable,
la niña inocente y confiada y festiva...

Si hay algo que no soy es una unidad.
Mi singularidad encierra una pluralidad.


Mi sentimiento tampoco es una unidad.
Es solo una parte del poliedro.

Pongamos mi objeto de apego
o de aversión.
La persona o situación que me obsesiona,
atrayéndome
o alterándome.
¿Es una?
Si busco, encontraré que, de la misma manera que yo,
es una pluralidad.
El objeto de mi apego cuenta con alguna o algunas caras que atraen mi apego,
otras que provocan su indiferencia
y otras que no le gustan nada.
(Y ya no digamos al resto de mis yoes)

La singularidad no existe.
El objeto de mi apego
o de mi enfado,
que me obsesiona,
sencillamente no existe.

Y ya hemos visto que yo no existo, como singular.

Y ni siquiera mi apego.

Mi apego es sólo lo que siente el yo apegado,
pero no lo experimenta el yo ecuánime
ni el yo compasivo
ni el yo espiritual
que soy.
El apego por una pareja (por un consorte) no lo experimenta la madre,
ni la profesional,
ni la amiga de sus amig@s
(que soy),
que podrían sentir desagrado por el objeto de apego
del yo apegado.



Y lo mismo respecto al odio,
el rechazo,
el enfado,
el resentimiento,
etc.













No caigas en la trampa
de indentificarte
con uno de tus yoes.

Qué ha pasado, entonces, para que yo me haya dejado secuestrar
por ese encantamiento?
Lo que ha pasado es que yo me he identificado con uno de mis yoes (el yo apegado, pongamos por caso, o el yo resentido),
he volcado en él toda mi atención, le he alimentado, le he hecho grande
mientras me desentendía de todos los demás.
Y lo mismo con mi objeto de apego (o de resentimiento):
me he centrado en un aspecto de él, haciéndolo grande,
ignorando todos los demás.
Y lo mismo con mis emociones -con mi perturbación mental.
Le he dado de comer a esa emoción,
(a esa perturbación),
desoyendo las voces de todas las demás.

Ha sido como una confabulación a tres bandas,
por lo menos.

Y el resultado es una distorsión absoluta.
Un encantamiento,
una hipnosis
perfecta.

Pero yo no soy ésa,
ni el objeto que percibo es ése,
ni lo que siento es eso;
todo eso es sólo una parte (magnificada)
de las múltiples partes
de un poliedro infinito.
De tres poliedros infinitos.


La singularidad
del objeto que percibo,
de la percepción que experimento

y del yo que percibe
no existe.


Buscas y encuentras que,
desde este punto de vista,
la singularidad no existe.
Tú, como algo compacto, no existes.
Y los objetos que provocan tus perturbaciones mentales tampoco.
Ni siquiera las propias emociones o perturbaciones
existen
como singularidad.
Todo ello está formado de partes,
de condiciones
y dependencias.


Libérate de los conceptos que te definen,
como jaulas
que te atrapan.

¿Y todo esto de qué te sirve?
No sé a ti, pero a mí me libera saber que el objeto de mi apego no existe.
Que sólo siento apego por una cara del poliedro
que mi obsesión ha exagerado, agrandado, distorsionado;
ignorando y difuminando todo lo demás.

A mí me libera saber que yo no estoy "apegada" (o enfadada, o resentida)
sino sólo una cara
del poliedro
que soy.
Esa cara que mi obsesión ha distorsionado;
bajo esa hipnosis, le ha dado medidas de gigante
cuando sólo es una mota de polvo
en el cuadro completo.

Que mi apego no es más que una cara del poliedro de mi
sentimiento
complejo,
de mis percepciones múltiples
como un abanico abierto y extenso.


La pluralidad de la singularidad.

Saber percibir la pluralidad que existe en la singularidad
te libera
de lo que creías una condena perpetua
y "real".











Saber ver los matices
(del cuadro completo),
la pluralidad que encierra la singularidad,
te hace más ecuánime,
te equilibra,
te centra.
Te libera.


Y la pluralidad
tampoco existe.


Y lo mismo respecto al extremo de la pluralidad,
que tampoco existe.
Porque más allá de la diversidad
de seres humanos, animales, montañas y llanos y nubes y océanos y desiertos,
todo comparte la misma naturaleza
última,
de apariencia
vacía.
No estás separad@ del resto,
no existe
la segregación,
porque todo comparte la misma naturaleza
última.

Y saber ver la singularidad
que encierra
la pluralidad
te libera de todos los miedos
porque ya no existe amenaza
alguna.


La ignorancia de los extremos.

Lo extremos son objetos que no existen
y que la mente ignorante los percibe como si existieran inherentemente,
independientemente,
de manera "real".

El extremo de la singularidad
no existe
y el extremo de la pluralidad
tampoco.
Cuando lo entiendes así
te liberas
un poco
más
de las concepciones
y de las apariencias erróneas.










.

11 comentarios:

  1. Visto así es tan lógico y tan sencillo que me pregunto ¿cómo he podido no darme cuenta antes? En un plis plas mi apego, resentimiento, miedos….. han pasado a ser considerados como una infinitésima parte de mí.
    Esta enseñanza es un gran regalo, y tu capacidad de explicar de una forma tan sencilla y clara algo que momentos antes era una madeja en manos de un gato juguetón, también lo es.

    Besitos.

    Cati

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  2. Esta enseñanza es un regalo, Cati, y tu capacidad de comprensión también.
    Y la oportunidad de elaborarlo contigo, cuando se da, después de la clase, de camino a tu casa y al párking del bícing.

    Una sabe que funciona (que integra) cuando se siente más ligera, liberada de unas cuantas armaduras,
    y escucha el crack de alguna coraza
    al romperse
    y respira mejor.
    Más libre
    y feliz.

    Y también, por qué no decirlo,
    cuando sales de aquí
    y ves que tranasmites
    mejor,
    sin esfuerzo,
    y que sin esfuerzo la otra persona suelta
    su aferramiento al dolor.

    Y empiezas a sospechar que sí,
    que algo está cambiando.

    Cuando parece que se debilita
    la vocación de sufrir
    de los seres con los que te cruzas.

    Y lloras de alegría,
    cuando parece que por fin sí,
    que por fin,
    algo
    vamos cambiando.

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  3. Un encantamiento,
    una hipnosis
    perfecta.

    Eso es lo que tú eres, Marié, maestra.

    (Que sí..., que lo he entendiiiido.)

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  4. Magnifico texto, una información sabia, bella, clara, profunda.....
    Eso me hace pensar en mi adolescencia, lo veía todo tan claro, tan nítido, pero el gesto no acompañaba al pensamiento, y siempre venía aquello de mañana...mañana...mañana...
    Esta distancia abismal entre mis "ideales" y mi vida, sin un método de trabajo que acercara esas dos realidades, me partió el alma (literalmente), me costó algo así como siglos tender puentes ante ese profundo abismo.

    Como dice el refranero popular "una cosa es predicar y la otra dar trigo".

    Por suerte el Budismo no deja el tema a la improvisación, Shakiamuni un verdadero genio enseñó la forma de conseguir esa alquimia(convertir la idea en vida). Esa forma no es más que la mediación.

    Aunque realmente con este método espíritu y cuerpo se unifican y ya no se sabe que fué lo primero si la idea o la vida).

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  5. Con contertulias como vosotras es una gozada, Emi.
    Temía haberme liado como "una madeja en manos de un gato juguetón".
    Le levantáis la moral a cualquiera.


    Besos

    y risas,

    compañera.

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  6. Sí, sho gu, "la meditación ayuda mucho", como solía decir un viejo amigo.

    Un abrazo.

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  7. Definitivamente, este blog es imprescindible.
    Gracias Marié, mil gracias.
    Todas las entradas, todas nos recuerdan que tenemos ahí fuera en la calle, en la gente,... o ahí dentro..., en nosotr@s mism@s, una escuela gratuita, un auténtico regalo como dice Cati, para ejercernos en las prácticas de los todos temas del Máster.
    Es perfecto.

    Un abrazo.
    Santi.

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  8. Una escuela gratuita, completamente pública y gratuita.
    Buen punto, Santi.

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  9. me encanta lo que estoy leyendo de la singularidad...Lo entendí muy bien cuando meditabamos sobre el enfado en las clases y me parece ahora más fácil de entender. ahora toca meditarlo! jeje

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  10. Por cierto, me robaron el otro día saliendo de meditación, durante un rato hize la meditación de la "impermanencia de mi cartera" jajaj

    Un beso y te veo esta tarde.

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  11. Buena práctica.
    Perdiste la cartera pero no la tranquilidad.

    A propósito, le llaman "el extremo del ir y del venir".

    Desde los ojos de Buda (tal como lo cuenta) las cosas, personas, etc. no vienen o llegan a tu vida sino que aparecen. Y no se van, sino que desaparecen.
    Como en un sueño, ya sabes.

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