jueves, 24 de enero de 2019

La vacuidad aplicada a la vida cotidiana.







La vacuidad, como cualquier otra enseñanza budista, no sirve de nada si no se integra en tu adn (tu pack cuerpo-mente) y pasa a formar parte de ti, moléculas de emociones (como diría Candace Pert), quarks de comprensión o realización. Cuerpo. Y mente.
La comprensión/realización tiene que hacerse cuerpo y mente. O aún no es comprensión.

Un amigo de esta casa lo sabe perfectamente y por eso plantea esta pregunta:
Cómo podría aplicarse de una manera práctica la comprensión de la vacuidad en una situación compleja, por ejemplo, en una relación con la pareja o la madre, en el trabajo, etc.

De qué manera ayuda o afecta a las relaciones el hecho de comprender que ninguna persona, situación o manifestación, ningún fenómeno aparentemente externo o interno tiene consistencia, realidad inherente, objetiva y separada, sino que es una proyección de la mente, un sueño de manifestaciones interdependientes?







Personalmente, recuerdo con claridad que hubo una época en la que estaba convencida de que las cosas eran tal como yo las veía, un punto de vista que mi comunidad compartía y mi cultura apoyaba. Por ejemplo, sólo conocía mi religión y daba por hecho que era "la" religión, la única, la Verdad, hasta que empecé a conocer otras, pero eran las "bárbaras", no formaban parte del (mi) mundo real y tenían más que ver con lo irracional y la superstición que con mi verdad conocida.

Puede parecerte muy lejano, en este mundo actual de la globalización, pero ya fue un paso de gigante el día que comprendimos que nuestras creencias personales responden a nuestra cultura concreta, lo que nos han enseñado, la percepción del mundo que integramos; que nuestra interpretación de la vida responde a lo que nos dicta una cultura, un tiempo y un lugar. Esa interdependencia.
Si se dan esas condiciones, se da una interpretación concreta de la realidad que funciona.
Fuera de ahí, no funciona.
Otras condiciones dan lugar a otra interpretación del mundo y de la vida. Y hasta del propio yo.
Un paso de gigante, esa realización.
Las cosas no existen tal como creemos que existen.
No son tal como creemos que son.
Están vacías de esa realidad que les atribuimos.
Así se define la vacuidad.
Aunque entonces no la llamáramos "vacuidad" o interdependencia.






Más adelante, quizás descubriste que esa persona que te parece tan cruel, envidiosa, tóxica o lo que sea, puede resultar muy generosa para su madre, o para su hija, o para un amigo o una colega del trabajo, reconoces que puede ser amable y llena de ciertos valores que tú no le atribuirías.
Resulta un instante revelador el día que descubrimos que nuestra imagen de las personas, o situaciones, es subjetiva y no responde a la realidad absoluta que creíamos.
Otro paso de gigante.
Otro acercamiento a la comprensión e integración de la vacuidad.

Como se manifiesta algo ante mí responde solo a un conjunto de condiciones, que pueden variar desde otra perspectiva, en la que son otras las condiciones y la consecuencia manifestada.






Y qué decir de ese momento en que miras a tu gata, o a tu perro, o a la mosca que vuela en torno al estiércol, en tu paseo por el campo, o al pez que nada en el mismo mar que tú, y te preguntas si las luces y formas, temperatura y tacto, placeres y molestias que tú percibes, ¿son los mismos colores y formas que perciben los demás seres? Mi gata, que comparte mi casa, ¿vive en el mismo mundo que yo? La mosca, ¿valora y gusta de lo que yo valoro y gusto?
Evidentemente que no.
Si le das a elegir a un perro entre un hueso y un diamante, no va a elegir el diamante. Y si elige el diamante, no va a ser para lucirlo o venderlo. Para el perro es quizás un juguete y para una persona tal vez una inversión o un bonito complemente para su imagen.
Probablemente tú y yo creemos que esas heces de vaca huelen mal pero para la mosca pueden ser un exquisito manjar.
Parece que nos movemos por el mismo mundo pero, en un mismo escenario, la mosca, el perro, tú y yo vivimos en mundos diferentes.

El mundo que yo veo, huelo, toco y saboreo y considero real no es el mismo mundo en el que habitan otros seres que conviven conmigo, aunque lo parezca.
Otro paso de gigante para el acercamiento a la comprensión e integración de la vacuidad y la interdependencia.

El mundo que habito y la vida que vivo es sólo una interpretación subjetiva que responde a una serie de condiciones.
No es objetivamente real.






Estos apuntes son sólo una serie de apreciaciones por las que hemos pasado muchísimas personas, sin que necesariamente hayamos oído hablar de la vacuidad.
Fuera del budismo, también podemos comprender fácilmente que la realidad no existe objetiva e inherentemente, independiente de nuestra percepción.
Es un mero relato que me hago a mí misma.
Una mera interpretación personal y subjetiva de lo que aparece.

Lo que el budismo aporta a esta visión es que no se trata solo de una percepción, una interpretación subjetiva; más que una percepción es una creación de la mente.
Una creación de la mente, una proyección personal. Y colectiva.
Un sueño kármico (personal y colectivo) en continua construcción.

Pero eso daría tema a otro capítulo.





¿Cómo afecta esta comprensión, esta realización, a nuestras relaciones?
Yo diría que depende del nivel o la profundidad de esta comprensión.
Para empezar, ya no crees que el relato que te cuentas sobre cómo es tu pareja, tu madre, tu amiga, tu hijo o tu jefa sea el único relato posible o responda a la realidad.
No es más que un relato subjetivo y personal, temporal y pasajero, que responde a mis propias condiciones.
Si cambio el enfoque (por ejemplo desde la perspectiva y condicionamientos de mi pareja, madre, etc.), el relato de la historia y la situación, incluido el relato de quien soy yo, cambia.
Y si yo cambio mi relato,
la historia que me cuento sobre la otra persona, o sobre mí misma,
mi relación cambia.
Y mi experiencia cambia.

Todo está vacío de existencia absoluta e inherente.

Esa comprensión inevitablemente cambia nuestra experiencia de las situaciones y las relaciones.

Inevitablemente.

Prueba y verás.





Valga esta pequeña reflexión como una ligera aproximación al tema.
Seguiremos investigando.



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