domingo, 30 de diciembre de 2018

La vida es un instante.








Le gusta tanto el día gris, la lluvia como un susurro,
el aire de haiku,
tanto,
que había olvidado el sol de invierno
en la piel.
El silencio en la arena,
el susurro de las olas al alcanzar la orilla.


Una paloma se acerca confiada,
picotea en la arena mientras da vueltas alrededor de ella, sentada.
Parece que la mirara con su ojo lateral.
Ella la sigue con una sonrisa, hermana.

La playa urbana, semidesierta de invierno.
El sol cálido.
El aire ligero.
El agua fría como alfileres en la piel,
plana y transparente como un espejo,
como el hielo líquido.
Algunas velas en el horizonte.
La vida es un instante.







Este preciso instante.
Nunca en otro lugar.


Sólo es posible aquí,
en este instante.



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