miércoles, 20 de agosto de 2014

La locura del despertar.




Ella no recordaba
un mes de agosto como éste.
Otoño en agosto.
Suave otoño. Reconfortante.
La brisa curativa que alivia la fuerza del sol en la piel.
La brisa como una caricia.
Las nubes protectoras, sugerentes en su multiplicidad.
Los crepúsculos como una explosión de luces y formas y colores.
Quiero morir en otoño, pensó.
Pero también quiero vivir en otoño.
Entrar en el mar de otoño.
Contemplar el vuelo de las palomas en esta terraza de la Plaza del Mar, en otoño,
y a las gaviotas planear sobre las olas.
Las ramas de las palmeras y los plátanos y los ombúes meciéndose al viento.
El paisaje se desocupa lentamente.
Aún queda mucho verano por delante
en el calendario.




Abrió el libro al azar.

Long Shu le dijo a Wen Zhi:
Vuestro arte es prodigioso, ¿podríais curar la enfermedad que me aqueja?
Wen Zhi le respondió:
Vuestros deseos son órdenes para mí; pero antes, decidme los síntomas de vuestra enfermedad.
Long Shu explicó:



No considero algo honroso el elogio de mis conciudadanos
ni motivo de vergüenza que el estado me repruebe.
Cuando consigo lo que quiero no me alegro
ni me entristezco si lo pierdo.
Vida y muerte me son indiferentes
y lo mismo me da la riqueza que la pobreza.
Veo a los demás hombres como cerdos y a mí mismo me veo como a los demás.
Vivo en mi casa como viajero en una posada.
Considero mi país como territorio extranjero.
Ante todo esto, ni me motivan cargos y dignidades
ni me asustan castigos o condenas,
ni me puede hacer cambiar la idea de encontrar prosperidad, ruina, daños o beneficios,
como tampoco nada puede el temor de la pena o la esperanza de alegría.
De modo que no puedo servir a mi soberano,
ni entablar amistad con nadie,
ni gobernar mi familia, ni controlar a mis siervos y criados.
Qué clase de enfermedad es ésta? Cómo se puede remediar?

Wen Zhi mandó a Long Shu que se pusiera de espaldas a la luz. Él se colocó detrás, frente a la luz, y observó a Long Shu.
Al poco dijo:
Ay, veo que casi os habéis convertido en un sheng ren.
Hoy día se tiene por enfermedad la clarividencia de los sheng ren.
Tal vez sea ésta la explicación de vuestro caso.
Mi pobre arte no puede curaros.





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