lunes, 18 de agosto de 2014

Despedidas elegantes (2)





Chaung-tzu: 
Por qué robar a uno para alimentar a otro?

A medida que Chaung-tzu se iba acercando a la muerte, sus discípulos quisieron prepararle un grandioso y caro funeral. Pero Chaung-tzu dijo:
"El cielo y la tierra me servirán de ataúd y de tapa de ataúd.
El sol, la luna y las estrellas decorarán mi féretro. Toda la creación estará presente para ser testigo del acontecimiento. Qué más podría desear?"
Sus discípulos exclamaron:
"Tememos que la carroña y los cuervos se coman el cuerpo de nuestro maestro!"
Chaung-tzu replicó:
"Por encima del suelo, mi carne alimentará a la carroña y a los cuervos; por debajo del suelo, a las hormigas y a los grillos. Por qué robar a uno para alimentar a otro?"





Yu: 
Por qué 
debería 
preocuparme?




Cuando Yu se sintió mal, otro sabio llamado Szu acudió a visitarlo y le preguntó cómo le iba.
Yu dijo: De maravilla! El camino del maestro me está deformando! Mi espalda está tan torcida como la de un jorobado y mis órganos están patas arriba. Mi mentón me toca el ombligo, mis hombros sobrepasan mi cabeza y mi coleta apunta al cielo. Los elementos de la naturaleza deben estar todos confundidos.
Su corazón estaba en calma y sus gestos eran despreocupados.
Se acercó al estanque, miró su reflejo en el agua y dijo: Oh, cómo me está deformando el Hacedor!
Szu le preguntó: Te molesta?
Por qué había de molestarme?, contestó Yu.
Nací cuando tocaba y moriré cuando sea el momento. Si estamos en paz con el tiempo y seguimos el orden de las cosas, ni la pena ni el gozo nos conmoverán. Los antiguos lo llamaban "liberarse de la esclavitud".
Aquéllos que están enredados con la apariencia de las cosas y se obcecan con sus deseos no pueden liberarse de sí mismos. Pero nada puede superar el orden de la naturaleza. Por qué debería preocuparme?


Lai: Cómo podría enviarme a un lugar equivocado?

Cuando el sabio taoísta Lai estaba a punto de morir, otro sabio le dijo: Grande es el Hacedor de las Cosas! Qué será ahora de ti? A dónde te enviará?
Lai replicó:
Un hijo que obedece a su padre y a su madre irá a donde le digan que debe ir: este, oeste, sur o norte.
Yin y Yang, los elementos de la naturaleza, ¿no son para las personas como la madre y el padre?
Si no los obedeciera, ahora que me han llevado al borde de la muerte, qué díscolo sería!
No hay que culparlos.
La gran tierra me carga con un cuerpo, me impone el peaje de la vida, me alivia en la vejez y me calma en la muerte.
Si la vida es buena, también lo es la muerte.
Si un herrero estuviera trabajando el metal y el metal saltara y le dijera. "Haz de mí la mejor de las espadas!", el herrero lo consideraría de mal agüero.
Ahora que mi forma humana se descompone, si le dijera a la vida: "Quiero ser un ser humano! Sólo un ser humano!, el Hacedor de las Cosas me consideraría de poco valor.
El cielo y la tierra son un gran horno y el Hacedor de las Cosas es mi maestro herrero.
Cómo podría enviarme a un lugar equivocado?





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