domingo, 4 de octubre de 2026

Sobre la felicidad absoluta y la felicidad relativa.

 


Cuando sale el tema de la felicidad en las conversaciones es bastante habitual que surjan comentarios del tipo "Yo en la felicidad no creo, solo hay momentos", o bien "La felicidad no importa tanto, lo que importa es la funcionalidad en la vida diaria", "La felicidad está sobrevalorada", y cosas así.
Esto la hace recordar su viejo mantra de adolescencia y juventud:
"La felicidad no es importante, lo que importa es la sabiduría".
En su trayectoria vital había enfrentado algunas experiencias de pérdidas importantes y duelos que la llevaron a decidir que lo que importa es ser fuerte, aprender a adaptarse a las nuevas situaciones, seguir adelante.
Lo que importa no es la felicidad sino la sabiduría.
Entonces sonó esa canción en un concierto en el Casal de La Floresta.
Bailaba, muy distraída de consideraciones profundas, cuando escuchó:
"Si tú no tienes felicidad, de sabio no tienes ná".
Y fue como una realización inesperada, en el sitio y el momento menos "espiritual".
Desde entonces pone tención en su experiencia de "felicidad" en cada momento.
Es como la prueba del algodón de la sabiduría.
Si tú no tienes felicidad, de sabia no tienes ná.

Su amigo insiste en que la felicidad no existe, solo hay momentos de bienestar
que luego se esfuman.
Es lo que ella considera "felicidad dependiente" o felicidad relativa.
Esos momentos de paz o alegría cuando se cumplen tus deseos
(consigues un trabajo o una pareja que perseguías, apruebas un examen,
te compras algo que te gusta, te deja de doler la espalda
o te reconcilias con alguien que quieres en tu vida).
La felicidad que depende de que algo ocurra o no.
Y también está la felicidad absoluta, que ocurre porque sí, en cualquier circunstancia,
incluso si no te toca la lotería, si pierdes el móvil o te rayan el coche 
o te diagnostican una enfermedad.
Esa actitud que pasa por la vida como una aventura contemplativa,
la celebra porque es lo que se manifiesta, en cualquier situación,
consciente de la transición.

Y luego está ese puente entre la felicidad absoluta y la felicidad relativa.
Cuando decides poner la atención en las cosas que te hacen feliz
también sigue siendo una felicidad dependiente o relativa;
no depende de lo que aparece sino de lo que evocas,
y eso ya te otorga cierta libertad.
Pero aún dependes de algo.
Todavía en esa dualidad.

Aun así, es un paso que no hay que despreciar.




No hay comentarios:

Publicar un comentario