Que el mapa del tesoro no te distraiga.
Que el dedo que señala la luna no se lleve toda tu atención.
El dharma son las enseñanzas, sí,
pero sobre todo es tu experiencia, tu realización personal.
Una imagen de Buda, el gohonzon, sólo son recordatorios externos,
el dedo que señala la luna, no la luna misma.
Que no te despisten.
"Si encuentras a Buda, córtale la cabeza",
dicen que dijo el maestro Linji.
Que una realización (esa visión reveladora) no se convierta en un concepto.
Cuando una barca te ayuda a llegar a la otra orilla,
luego la dejas allí mismo, justo al llegar,
no la cargas el resto del viaje.
Que el mapa del tesoro no te impida ver los tesoros allí donde estás.
Cuando abrió los ojos esta mañana ya sabía la hora sin mirar el reloj.
Aún el silencio, cuando los pájaros no han alzado su canto para recibir al sol.
Los sonidos del silencio, la luz que desprende la oscuridad
de ese preciso instante.
No necesitaba una brújula par saber donde estaba.
Rodeada de tesoros como una lluvia de bendiciones.
La luna decreciente aún alta en el cielo despejado, acompañándola en su baño en el mar.
El fresco del amanecer en la piel, el tahini recién hecho, las fresas, el café.
Los tesoros ya, aquí mismo.
No hay que esforzarse demasiado para comprender el mapa, la búsqueda;
el tesoro no está al final del camino.
Está aquí mismo.

