martes, 18 de marzo de 2014

La meditación en el cuerpo.






Saca el cuaderno de la mochila y huele a cruasán de almendra y café solo y sin azúcar y a mar y a la terraza del desayuno en la playa.

Entra en su cuarto (su mandala) y el sol de la tarde ha impregnado el aire de los efluvios de las velas aromáticas sin encender
y los inciensos en sus cajas y los aceites esenciales en sus botes.



Tocaba sesión de estudio con un pequeño grupo de la sangha.
Tocaba compartir la experiencia de la meditación del mes y preparar la del próximo, la atención plena en el cuerpo.
Cuando le tocó el turno, A. dijo que hacía tiempo que había dejado de poner energía en designar "yo" en este pack de cuerpo y mente, pero que podría meditar en esta "pieza del puzzle" con la misma atención y afecto con que meditaba en cualquier otra pieza.




Entonces B. dijo que A. traía creencias extrañas de otras tradiciones y que debería hacer un esfuerzo por ceñirse a las instrucciones del maestro.
Ella accedió con humildad. Pero C. comentó que era el maestro precisamente quien hablaba de que la sangha no son sólo todos los seres humanos sino también los ríos y las montañas y los árboles, etc. Y que tu cuerpo no es sólo este bello envoltorio de huesos y músculos y vísceras y piel sino el aire que respiras y la tierra que pisas;
la madre tierra, el padre sol, también son tu cuerpo.
Y que el  budismo no es veneración sino una experiencia. Eso también lo decía el maestro.




- Cuando era niña, oí decir que "el cuerpo es el templo de Dios" -dijo D.
- Claro. Dios está en tu interior -comentó E, que solía reconocerse como un budista cristiano.
- Yo entendí algo más -respondió D-. Entendí que mi cuerpo no es mío, sino el templo de Dios. Este cuerpo no me pertenece. Y, si no me pertenece, mucho menos este cuerpo soy yo. Este cuerpo no soy yo y ni siquiera me pertenece. Y el maestro budista dice que es una manifestación del ser, sí, y que es una parte de la tierra, del cuerpo cósmico. Una parte de la hipnosis colectiva.




Entonces F. recordó una entrevista a Tulku Lama Lobsang, en la que éste decía que l@s budistas por fuera son gente normal (van al trabajo, comen y duermen y se relacionan con su familia y demás) pero por dentro están locos.
Y tod@s rieron.



Así es: externamente se comportan como personas normales (parte de la hipnosis colectiva), pero internamente contemplan y experimentan la vida de otra manera. Como el sueño soñado de Calderón. Como el sueño contemplado de Shariputra, a quien "Samsara le hacía reír".









3 comentarios:

  1. No, normal, no, simulando.

    Marie, necesito, una meditacion, sobre un problema.

    Que haces, que harias, con una mujer, que le echa todo la culpa, su karma, el peso de la historia, del mundo, sobre su hijo. Por mas que halla causas fundamentadas pasadas.
    Dejando de lado la ignorancia y centrandonos en el presente y en el futuro.
    Una persona a la que ya le llego la menospausia y que ya no tiene edad para concebir, pero dificulta a uno, que esta floreciendo.
    Una, dos o tres.

    Necesito que lo medites. Marie.

    Heronan Tapia, aguila coronada, america, mayas, aztecas, incas, argentino, pueblos originarios.

    Que harias con esas mujeres... con semejante grado de traicion, sobre su propio hijo o familiares.

    Medita.

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  2. Hola HT.
    Si me preguntas, lo que yo haría es contemplar su sufrimiento, de ella.
    Si puedes, la acompañas (estando presente, comprendiéndola), y si no, te alejas y haces tu propia vida.
    Pues claro que eres parte de su karma. Y ella del tuyo.
    Comprenderlo aligera el sufrimiento. Y el mismo karma.
    Si al final todo es una broma de nuestra mente egocéntrica y caprichosa.
    Sin ella (sin esa mente) el karma no tiene ningún poder.
    Y te lleva al lado de Shariputra para que cantéis a coro: Samsara me hace reír.

    Abrazo fuerte, HT.

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