lunes, 2 de marzo de 2009

Meditar en la muerte.











Un discípulo le preguntó a su maestro: Maestro, ¿cómo puedo prepararme para morir?
El maestro le respondió: Prepárate para vivir.
¿Y cómo puedo prepararme para vivir?
Prepárate para morir.

Meditar en la muerte está considerada como una de las prácticas más poderosas en el budismo. ¿Te asusta? Salta sobre tus miedos y prueba, y tal vez descubras una nueva dimensión en tu vida, una forma diferente de vivir, más intensa y feliz. ¿Te suena contradictorio? No creas.

Por qué nos resulta tan aterrador pensar en la muerte?
Como si fuera evitable.
Y no lo es.

Tener presente la muerte (que puede tener lugar en cualquier momento) significa, por una parte, apreciar la vida que tienes; anticiparte a la inevitable consideración final (¿he aprovechado mi vida? ¿he vivido mi vida con sentido?) y llenar de sentido tu vida ahora, que aún estás a tiempo.
Tener presente la muerte significa centrarte en las cosas importantes, más que en las “urgentes” (todos esos trámites y negocios en los que nos involucramos, supuestamente necesarios para sobrevivir).
Gueshe Kelsang Gyatso dice: “La vida se acaba antes de que los trabajos se hayan agotado. Las tareas y actividades de la vida mundana no tienen fin”.
No lo dejes para luego, cuando se te acaben las gestiones urgentes. Porque ese tipo de cosas no se acaban nunca; y si se acaban, nos inventamos otras nuevas -esa equivocada adicción.
Más nos vale que nos dediquemos a lo importante, porque no existe otra cosa más urgente que lo que realmente importa.


Ir soltando lastre.

Ya que nadie ni nada nos va a librar de la muerte, todo el mundo desearía afrontar ese momento de una forma tranquila, con aceptación, con paz mental, con la satisfacción de haber vivido una vida con sentido; si es posible, de haber dejado este mundo un poco mejor de lo que lo encontramos. Algunas personas incluso aspiran a ser capaces de irse con alegría. Con la profunda satisfacción del deber cumplido. Con amor.
Pero sabemos por experiencia que todo requiere un entrenamiento y práctica; no te haces cirujana, arquitecto o maestra sin haber pasado por una formación. ¿Cómo puedo prepararme para morir como desearía morir?

Existen diferentes entrenamientos para ello; y lo mejor de todo es que todos los entrenamientos para la muerte te enseñan a vivir mejor.
Practicando aceptación, por ejemplo. Pero recuerda que la aceptación no tiene nada que ver con la resignación: la resignación no acepta, simplemente soporta lo que no le gusta; la aceptación comprende con una mirada de amor. Aceptar la muerte inevitable sin oponer resistencia, en su momento, te evitará dolor añadido y sufrimiento.
Practica aceptación en cada pérdida, en cada duelo. Practica soltar. Considéralo un lastre menos. Recuerda que al final tendrás que soltarlo todo (tu dinero, tu preciosa casa y posesiones, tus afectos, tu imagen, tu reputación). Cada pérdida es un lastre menos y una práctica más. Al final, cuando tengas que soltarlo todo, te resultará más fácil. Ya te has familiarizado con la situación y sabes cómo hacerlo.

Puedes vivir cada pérdida con rabia o depresión, o bien recordar que es simplemente un lastre menos. Aún tienes tantas cosas. Y todas ellas tendrás que dejarlas atrás. Aprecia y disfruta de todas las que te quedan, sin apego, con libertad, consciente de que antes o después las tendrás que dejar.
Piensa en el sentido de tu vida, el auténtico, el más profundo. Y dedícate a ello como si fuera lo más urgente. Porque no hay nada más urgente que lo realmente importante.

7 comentarios:

  1. Cada pérdida, un lastre menos, un poco más ligera de equipaje, un paso más cerca de la libertad.
    No siempre resulta fácil vivirlo así.
    El hecho es que cada duelo pesa, y mucho...

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  2. Qué hago yo con este dolor?
    Me rindo, me abro, está en su casa.
    No es una heroicidad ni una derrota. O quizás sí, las dos cosas.
    Es un dolor que me conecta con la muerte. Morir va a doler, probablemente.
    En cada dolor (en cada pérdida, en cada duelo) muero un poco más.
    Lo curioso es que cuando pasa (y todo pasa) suelo sentirme más ligera, feliz y poderosa. Y más consciente.
    Pero de eso no te acuerdas cuando estás en el dolor, en la transición.

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  3. ¿Se puede morir con alegría?
    No sé, no sé... Me huelo que debe ser tan duro, por lo menos, como nacer.
    Bueno, quizá no tanto...

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  4. Sí, después de pasar por la superheroicidad del nacimiento cualquier cosa parece suave, verdad?
    Ninguna película de acción se acerca a esa prueba de fuego; ninguna otra situación límite que la mente humana pueda imaginar.
    Después de pasar por ahí, podemos ver a la humanidad como un puñado de héroes y heroínas
    -excepto quienes llegaron aquí por la puerta fácil de la cesárea.

    Comparado con eso, morir debe ser un paseo.

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  5. Aun con cesárea, nacer es una dura experiencia. Muy dura.

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