martes, 15 de julio de 2014

Educar en la atención plena.




En su turno de compartir, ella sonrió y dijo:
Me postro ante la luna nueva.

Había sido invitada a la jornada de clausura de un curso de dos semanas sobre atención plena aplicada a la educación.
Maestr@s y educador@s sociales habían expresado antes que ella su ilusión por el nuevo mundo que habían empezado a vislumbrar.
Algunas de ellas ya utilizaban la meditación en sus clases de preescolar, primaria o secundaria y las técnicas de atención plena para optimizar el estudio y en la resolución de conflictos.
Otras no habían oído hablar de ello nunca antes, y mucho menos pensaban que el mindfulness tuviera algo que aportar a la pedagogía.
Pero, en general, la mayoría decían haber descubierto que la meditación y la atención plena van mucho más allá de lo que habían podido imaginar previamente.
"Es una forma de vida", comentó alguien. "Es otra manera de vivir".
"Me siento como una niña que acaba de descubrir un mundo nuevo, fascinante, excitante. Prometedor. Definitivamente, las cosas pueden ser de otra manera".




"Va a sonar feo lo que voy a decir pero hace tiempo que había perdido la confianza en la humanidad, tantas guerras, tanta crueldad, tanto sufrimiento. Pero estos días he recuperado la esperanza, no sólo porque he encontrado aquí a gente de muy buen corazón dispuesta a dar lo mejor de sí, sino porque he descubierto que hay mucha gente ya en el mundo cambiando el mundo, y en especial en el mundo de la educación. Pero lo más importante es que he dejado de juzgar, porque he comprendido que todo el mundo hace lo que sabe y lo que puede, y que en el fondo todos somos iguales y deseamos lo mismo".




Algunas personas expresaban su preocupación por "lo que va a pasar mañana". "¿Voy a saber mantener este estado mental y vital? Cómo voy a llevarlo a mi escuela?".
Para ello, habían previsto organizar encuentros periódicos de meditación y estudio.
Cada persona tenía una fuente de riqueza que aportar (ilusión, confianza, energía, vitalidad, gratitud, amor, entrega), en la recta final, el espacio para compartir.
Pero ella sólo pudo decir: Me postro ante la luna nueva.





Por su parte, personalmente, para ella también había sido una jornada interesante y muy ilustrativa.
En la primera parte, antes de la meditación guiada, el maestro había compartido algunas experiencias de su etapa (casi una década) de monje en Plum Village. Finalmente había decidido dejar los hábitos, abandonar el monasterio y llevar el dharma a otras partes del mundo, vestido de laico.
No siempre fue fácil.
"En el monasterio eres alguien, eres un monje con unas funciones en la comunidad, y estás en un camino. Tampoco es siempre fácil allí, pero tienes la confianza de que estás a salvo en un buen refugio".




Cuando sales al camino, el camino aparece, dice Rumi.
Pero no siempre lo vemos.
Salir al mundo sin una función clara, sin hogar alguno, sin dinero, a veces es como un salto al vacío.
Pero el vacío siempre acaba en alguna parte.
El monje que ahora era designado "laico" acabó realizando otras funciones "mundanas".
Cuando daba clases de inglés a sus alumn@s les enseñaba atención plena, concentración, cooperación y resolución de conflictos, de una manera natural.
Durante la época en que ejercía funciones administrativas en una conocida cadena de supermercados francesa, en cierta ocasión alguien le preguntó cómo lo hacía para estar siempre de humor, amable y apacible, en medio de todos los conflictos que aparecían constantemente. Él dijo que practicaba la meditación, y l@s trabajador@s le propusieron: ¿Quieres enseñarnos?
Y así fue como comenzó el programa de atención plena en la cadena de supermercados X.
En vista de los buenos resultados, l@s emplead@s decidieron que este aprendizaje no era sólo apto para las bases sino que los directivos y gerentes también tenían mucho que aprender sobre cómo vivir mejor.
Y así fue como emplead@s y directiv@s empezaron a frecuentar como iguales el programa de meditación y atención plena.




El dharma no puede quedarse encerrado en las iglesias, los monasterios, las gompas, los locales y centros de retiros y meditación autodenominados "sagrados". Otra mirada (llámala "espiritual" o como quieras) tiene que llegar a todos los rincones del mundo, a las escuelas, a las familias, a los centros de trabajo, a los mercados, a los barrios. Y cada cual es libre de adoptarla o no. De dejarse impregnar o no, y en la medida que considere oportuno. Porque cada cual tiene su tiempo. Y su ritmo.




Pero, en cualquier caso, si Mahoma decidió ponerse en marcha y acercarse a la montaña, por qué vamos a quedarnos nosotros cómodamente instalados en nuestra jaula de cristal, por mucho que queramos llamarla "Tierra pura"?





Así habló
el monje que dejó los hábitos.



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