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Por qué solemos entrar en el budismo?
Muchas veces, porque estamos atravesando problemas que nos superan. Ansiedad, celos, enfado crónico, duelos... cualquier tipo de sufrimiento.
Y las psicoterapias parece que no acaban de funcionar. Ni la homeopatía, ni la acupuntura, ni las flores de bach...
A ver la meditación,
que dicen que relaja...
En mi caso fue diferente. Las artes marciales me hacían sentir un poco más
superwoman, con algo más de "control" y "autocontrol" y "poder interior", (además de que me resultaba muy muy divertido,
en especial el combate o el
kumite reflejos), y la meditación le sacaba mucho más partido a mi práctica de las artes marciales, agudizando la concentración, la atención, la intuición, la rapidez de reflejos...
Y de ahí un paso a lo que yo llamaba "experiencias de expansión de la conciencia".
El "chute" más barato y natural, la puerta abierta a experiencias de transcendencia.
Y cuando conforme vas adentrándote en experiencias de expansión de la conciencia, ya la "pequeña" conciencia no tiene tanta fuerza, no te la crees tanto (limitada como es), no te afecta tanto.
No sufres tanto.
Te haces más
fuerte.

Entonces empecé a ir a meditar con una monja budista, fuerte y disciplinada (por ahí conectaba con mis tendencias
marciales), y al mismo tiempo con un gran sentido del humor, extraño, inteligente; que metía rituales exóticos y oraciones en las meditaciones, y no se sentía ofendida por mis irreverencias ni tampoco se hinchaba cuando le decía lo"profunda" que me había parecido su clase. Como si no tuviera ego alguno y mis palabras, impresiones personales u opiniones (positivas o negativas, daba igual) sólo tuvieran utilidad para mí misma.
Nunca había conocido a una persona tan libre.
Por su libertad (su ausencia de "importancia personal") se ganó mi respeto y mi admiración.
Pero más allá de eso
(y ya aquello en sí mismo, su actitud, su profunda libertad, me hacía pensar que sus creencias "funcionaban"),
lo que descubrí en sus clases fue la mejor y más acertada ciencia de comprensión de la mente que había conocido nunca, después de haber explorado en un amplio abanico de ofertas de la psicología y la filosofía.
Ella se llamaba Kelsang Kunsang y lo que enseñaba era el budismo kadampa.
Conocer y adiestrar la mente.En estas meditaciones pasé a vivir algo más que experiencias de expansión de la conciencia.
Con Kunsang, en sus meditaciones, empecé a conocer mi mente mucho mejor. Y eso "funcionaba" dentro de la meditación y también fuera de ella. Muy especialmente fuera de ella.
En sus clases y meditaciones podía reconocer algunos pensamientos que me incordiaban, rompiendo mi equilibrio y mi serenidad
y empecé a utilizar herramientas (otros pensamientos) para desenmascararlos (como fantasmas sin consistencia que son), debilitarlos y eliminarlos,
y más herramientas para reemplazarlos por otros (pensamientos) de mayor y mejor eficacia.
En resumen, pude empezar a conocer
y adiestrar
mi mente.
Y algo profundo empezó a cambiar.
Porque cuando aprendes a conocer y adiestrar tu mente, todo cambia
y la pequeña conciencia anterior
te afecta mucho menos todavía,
y sufres muchas menos rabietas por tan poca cosa.
Porque empiezas a ver el sufrimiento, muchas veces, como meras rabietas ("pobre de mí").
Mucha gente entra y se queda en el budismo porque ha descubierto la mejor ciencia de comprensión de la mente y ésta es una carrera de utilidad práctica diaria, una formación en la que ya te quedas para el resto de tu vida. Porque es de uso cotidiano y siempre la vas a necesitar.
Eso respecto a las instrucciones. Otra cosa son las oraciones, verdad?
Esto de las oraciones, ni me convencen ni me van a convencer.
Para muchas personas, las oraciones son como un muro infranqueable. Hasta aquí hemos llegado. Con la iglesia hemos topado.
Eso me pasó a mí al principio.
Esto de las oraciones, ni me convencen ni me van a convencer.Y sin embargo, no me iba.
Y no me iba porque me sentía bien.
Como cuando escuchaba cantos gregorianos, se está tan bien...
Me quedo, admitía, pero e
sto de las oraciones, ni me convencen ni me van a convencer,
y yo a lo mío.
"Yo a lo mío" significaba que, mientras sonaban las oraciones, "yo sigo meditando en lo mío". A mí las oraciones no me van a comer el coco.
Y me cerraba.
Hasta que de repente, sin hacer nada para ello, se filtraban unas palabras:
"... aceptad por favor, los objetos de mi apego, odio e ignorancia,mi amigo, enemigo y desconocido,así como mi cuerpo y posesiones,que sin sentimiento de pérdida os ofrezco..."Y saltaba un click en mi mente
o en mi corazón,
o en la piel o en el estómago...
(En budismo le llaman "bendiciones").
Y no está tan mal
esta poesía,
pensaba.
Cuando la entiendes, no está tan mal...
Y así, de vez en cuando, cerrada como estaba, y quería estar, durante las oraciones,
de vez en cuando volvían a colarse algunas palabras:
"Comprendo que esta enfermedad crónica de quererme a mí mismaes la causa que produce el sufrimiento que no deseo..."Y
"No hay diferencia entre yo y los demásporque nadie desea el menor de los sufrimientos ni nadie se contenta con la felicidad que posee;comprendiendo esto, ruego tus bendicionespara hacer felices, con alegría, a los demás".Y
"libérame de la esclavitud de los prejuicios..."Y
"... que el sufrimiento y las apariencias erróneas sean pacificados..."Y
"En resumen, ya sean las condiciones favorables o desfavorables,ruego tus bendiciones para transformarlas en el camino...y pueda mantener así una mente feliz".Todo el mundo reza. Qué pides tú?Y entonces aparece Rabjor en una clase y explica "que todo el mundo reza":
que me salga este trabajo,
que apruebe los exámenes,
que consiga la pareja que quiero,
que me deje la pareja (que quería y ya no quiero),
que el Barça (o el Madrid, o el Betis) meta un gol...
Todo el mundo reza
porque todo el mundo desea con intensidad algo en algún momento de su vida.
Pero en estas oraciones alguien (algún meditador avanzado, un ser crecido, un ser sagrado, quizás un buda) ha escrito por ti el intenso deseo
de ser feliz,
estable y permanentemente
y de hacer felices,
con alegría,
a los demás.
Un deseo
que no es "ordinario".
Un deseo extraordinario.
Y entonces, podría ser
que empieces a pensar que no están tan mal, los deseos extraordinarios
de las oraciones.
Si las escuchas con atención, si las entiendes, si las haces tuyas,
estas palabras,
no están tan mal.
De hecho, producen una experiencia profunda
de paz
y alegría,
de confianza
en que sí que puedes,
tú tambien vas a poder
llegar
a ser libre.
Y esa profunda experiencia de confianza,
de fortaleza,
de paz,
sí que es una experiencia de expansión de la conciencia.

Y mira por donde, resulta
que esto de las oraciones
no está tan mal...
P.D: Hace tiempo, en una entrevista, Mariana Caplán me decía que "por lo general, la gente entra en el budismo por razones equivocadas, pero no importa porque el camino en sí es inteligente y acaba mostrándose, antes o después".
http://crecejoven.com/espiritualidad--mariana_caplan
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