
A veces tienes la impresión de que aparece en tu camino gente que te complica la vida y de la que no puedes escapar.
Un hijo, tu pareja, una amiga. Alguien a quien quieres pero tiende a problematizar de manera gratuita, innecesaria.
Críticas, quejas, gritos quizás.
A menudo la marea te arrastra y reaccionas de la misma manera.
Pero a veces puedes contemplar. Y observas el absurdo.
Y esto, por qué?
Qué necesidad hay?
Por qué contaminar el ambiente, complicarnos la vida, maltratarnos, hacernos sufrir?
Contemplas y ves el viaje, tan efímero. Como un rayo.
Contemplas y ves el barco en el que todos somos tripulantes, el mismo viaje hacia quién sabe dónde.
Y sólo ves sentido a los cuidados, la amabilidad, el buen rollo, la cooperación.
Y es una realización.
Entonces descubres que esa persona que te "complica" la vida es una emanación
de Buda
-o como quieras llamarle.
Y lo ves tan claro.
Te ves a ti misma complicándole la vida a tantas personas, tantas veces;
pasando facturas, buscando problemas donde siempre hay soluciones,
exigiendo, esperando de los otros
lo que tu ego te dicta que esperes.
Protegiéndote de los demás cuando debías estar protegiéndote de tus propias
perturbaciones mentales.
Los demás seres (desde tu madre a la última hormiga que encontraste en tu casa porque te olvidaste de barrer)
no son tus enemigos sino que son tripulantes en tu misma nave, compañeros
de viaje.
Ya no más.
Nunca más -te propones.
En este viaje compartido
sólo hay lugar para los cuidados, la amabilidad, la consideración hacia los demás,
el apoyo, la sonrisa,
las risas,
el abrazo,
los ánimos
para avanzar.
(Aun cuando duele y amenaza tormenta; especialmente entonces).
Porque con ánimos avanzamos mejor.
Porque juntos y fuertes
avanzamos mejor.
Porque gracias a las fuerzas de los demás
superamos desfallecimientos propios
y viceversa.
Porque en este viaje, en esta nave,
o nos salvamos todos
o no se salva nadie.
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