
Quizás puedes preguntarte: por qué debería meter mis narices en el budismo si ya cuento con referentes filosóficos y espirituales en mi propia cultura? Por qué debería buscarlos en otra forma de vida que no es la mía y me queda lejana?
Una respuesta rápida podría ser: porque vivimos en un mundo global y la cara bonita de esta moneda es que podemos abrir nuestra mente y tener acceso a cualquier aportación, de cualquier cultura, que funcione.
Si te consideras con recursos para ser feliz en cualquier situación, no es necesario que busques más, ya has encontrado tu propio camino. Si no es así, no te hará daño mantener los ojos abiertos, y el corazón, para ser capaz de integrar en tu vida todo aquello que funcione, venga de donde venga.
Y por qué tendría que ser el budismo? Qué me garantiza a mí que el budismo me ayudará a vivir mejor?
Quizás te valga como respuesta la observación de un psicólogo norteamericano en uno de los encuentros periódicos que reúne a especialistas occidentales y orientales del mundo de la ciencia, la psicología, la sociología o la espiritualidad, y que se ha venido recogiendo en libros bajo el título de "CienciaMente. Un diálogo entre Oriente y Occidente".
El psicólogo, especialista en tratar a personas que han sufrido torturas y pérdidas personales bajo las dictaduras en Chile, Argentina, Nicaragua y otras situaciones límite, dirigía en Estados Unidos un equipo terapéutico que se centraba en ayudar a las víctimas (en la actualidad con profundos problemas depresivos o cualquier otra forma de psicomatización, pesadillas, etc.) a convivir con su trauma, conscientes de que esta experiencia traumática tiene un impacto en la psique humana definitivo y para siempre. Dando por hecho que estas experiencias límite son imborrables en la mente humana y marcarían a sus víctimas por el resto de sus vidas, su sorpresa había sido encontrar tanto en el Tíbet como en el exilio a una gran cantidad de monjas y monjes budistas que habían sufrido terribles y sofisticadas torturas bajo la ocupación del ejército chino y ahora trabajaban, convivían y disfrutaban de una vida normal, con alegría, compasión y sin arrastrar traumas, odios o problemas psicológicos.
La pregunta era: Cómo es posible esta diferencia tan drástica en la forma de responder ante los acontecimientos limite?
A mí me basta la pregunta para comprender que hay algo en nuestra forma de interaccionar con los acontecimientos que puede ser mejorable y que hay algo en la cultura budista que les da herramientas para ser más libres (de lo que el destino les pueda deparar) y felices.
Que tengo algo que aprender e incorporar en mi forma de entender y relacionarme con la vida.
Como qué?
La respuesta del budismo apunta a varias pistas: la escasa estimación personal, la práctica de la vacuidad y creencias fuertemente arraigadas como la ley de causa y efecto
eliminan cuestionamientos del tipo "por qué me tiene que pasar esto a mí?", sentimientos de victimismo e impotencia, mientras que ayudan a las personas a asumir su responsabilidad en el campo de acción que depende de ellas para seguir adelante con sus vidas.
