viernes, 17 de abril de 2026

La alegría, el sufrimiento.

 




Estar bien puede ser una bendición.
Que no te duela nada,
sentir el cuerpo como un aliado en este viaje, en esta aventura.
Contar con un techo y un espacio
que te protejan del calor, cuando los rayos de sol son hirientes,
o del viento y la lluvia que se despliegan implacables.
Tienes comida en la nevera y en la despensa.
Una red de afectos que te sostienen.
Capacidad de servicio, de ser útil, que le da sentido a tu vida.
Puedes hacer silencio y escuchar el canto de los pájaros al amanecer, y al atardecer, 
tus vecinas de siempre (las gaviotas, las palomas, las tórtolas)
y las recién llegadas, de visita en el barrio,
las golondrinas, los vencejos, los mirlos, las urracas.
Que puedes escuchar porque aquí no llueven las bombas.
Ni inundaciones ni incendios.
Estar bien es una bendición.
Si eres consciente, si estás presente,
si tienes la capacidad de apreciar y celebrar.
Pero estar bien también tiene sus trampas, sus riesgos.
Por ejemplo, la soberbia, la arrogancia.
La dificultad (si de da) para comprender otras realidades. La altanería.
El distanciamiento.
El espejismo de un yo separado, superior.
Olvidarte del cuerpo que funciona y no celebrar,
de los regalos de la vida y no celebrar.
Como si fueran parte de ti, por derecho propio.
El reforzamiento del yo que imaginas.
La ilusión de la eternidad -de lo que crees ser y lo que crees tener.
El autoengaño, la ignorancia.
La soberbia -repito-, la arrogancia,
la ilusión de superioridad sobre los más "débiles",
olvidando que también son tú misma, antes o después, incluso ya mismo.
La psicopatía que te hace inmune al sufrimiento ajeno, e incluso dañar,
a veces voluntariamente ("que aprendan")
y a veces inconscientemente, pero dañar.

Estar bien puede ser una bendición o una maldición,
depende de como lo vivas, cómo lo gestiones.
Y lo mismo con eso que consideramos "estar mal".
La fragilidad, la vulnerabilidad que te acerca a la muerte,
a la empatía, a la compasión que te hermana con el resto de los seres humanos,
con el resto de seres.
"Así que era esto".
Pongamos que sientes por primera vez un dolor de muelas,
o de lumbares, o los efectos de la quimio,
o la pérdida de un ser querido,
o los celos, el rechazo, la envidia, la ansiedad, la depresión.
"Así que era esto".
Entonces comprendes, no desde la cabeza sino desde el corazón.
Así que era esto.
Y quizás puedes llorar.
No por tu propio dolor, que estás sufriendo en estos momentos,
sino por el dolor compartido.
Así que era esto.
Y entonces, esta experiencia que te hermana
duele menos que como la vivías desde el egocentrismo y la separación.
Duele de otra manera.

Eso que llamamos "estar bien", o "estar mal",
puede ser una bendición
o una maldición.
Depende de lo que hagamos con ello.




viernes, 3 de abril de 2026

No hay jerarquía ni privilegios entre los bodisatvas de la Tierra.

 


El Sutra del Loto considera que todos los seres son budas en potencia.
En realidad, somos budas en esencia, pero no lo sabemos debido al oscurecimiento mental,
esa obnubilación que genera la ilusión de ser separado.
Todos los seres somos manifestaciones de Buda,
moléculas del cuerpo de Dios. Dios mismo.
Desde este punto de vista, no existe discriminación, jerarquías ni privilegios
entre los seres que habitan este mundo.
Un monje o una monja en su monasterio
no debería ser objeto de devoción superior a cualquier otro ser del planeta,
solo porque haya elegido ese camino.
Es solo un camino, entre otros.
Una maestra en la escuela, cualquier persona en su trabajo,
o en su familia, o en el barrio,
hace la misma función que cualquier persona del clero:
"transmitir valores para la revolución humana" (la iluminación, la budeidad),
para construir un mundo de paz, 
en palabras de Daisaku Ikeda.
Para que la tierra que pisas sea la tierra prometida,
la Tierra Pura.
El paraíso no va a estar en el futuro si no lo empiezas a construir,
si no está ya mismo, aquí mismo.
Y el paraíso terrenal es el único que importa, mientras la Tierra sea tu morada.
Un monje, una maestra o una madre de familia tienen la misma función,
si son bodisatvas de la Tierra.
Y todos los privilegios y jerarquías de poder
o devocionales
están fuera de lugar.

Allá donde estés, hagas lo que hagas,
sé la luz.



lunes, 30 de marzo de 2026

Sin fe podemos caer en la apatía.

 


Persiguiendo el calor del sol, la huella del sol en casa.
Por la mañana en la galería, en la mesa del comedor;
al mediodía en el recibidor, en las habitaciones del pasillo;
por la tarde en el estudio y en su santuario más privado.
Persiguiendo el calor del sol cuando el frío te ocupa dentro.
Persiguiendo el abrazo, de la portada de la libreta de Klimt, como una promesa de confort.
"Sin fe podemos caer en la apatía".
En los tiempos difíciles, la confianza es una tabla de salvación que te mantiene a flote.
De otro modo, la apatía, la rendición.
La rendición como una derrota
guarda en sí misma otra cara de la moneda:
"Hágase tu voluntad".
Y, de alguna manera, es otro camino hacia la fe.
O al menos a la disolución del yo, el orgullo, ese orgullo.
La confianza, cuando echas manos de tus mantras más poderosos:
"Quítate de en medio", "Hágase tu voluntad" (qué otra cosa podría ser?).
Nam Myoho Renge Kyo.
El sutra del Loto, de la Ley Universal.
La rendición.
Fluir sin resistencia, con alegría, en medio de las aparentes adversidades.
Confiar.
Y fluir.
Como agua vertida en agua.

Hay que transformar el karma,
pero que sea con motivaciones colectivas.




martes, 17 de marzo de 2026

El karma como misión.



Llueve.
Las gaviotas no se dejan intimidar y planean en libertad.
Las tórtolas también salen a contemplar el paisaje cambiante,
se paran en sus lugares preferidos en los terrados y cantan.
La lluvia se une al coro con un canto suave, como una canción de cuna. 
Ella camina sin paraguas hasta la estación del bicing
y pedalea por el puerto hacia el mar, hoy menos poblado.
Nadar de espaldas en la piscina exterior,
bajo una coreografía de gaviotas bajo un cielo cubierto de nubes de tormenta
aparece como una contemplación de la vida misma, tan abundante.

A veces la lluvia, a veces el viento,
a veces el sol o la niebla.
La vida no tiene solo una cara.
A veces parece que fluye, a veces que se atasca,
a veces duele y a veces regala caricias, brindis y celebraciones.
Así es desde el punto de vista del yo soñado,
que no deja de ser otra manifestación de Dios, el Dharmakaya.

A veces el miedo, a veces la entrega,
la amenaza o la confianza.
La contemplación del sufrimiento del mundo, que te tumba,
o bien te hace más fuerte, esa misión.

Esa misión.
Recuperar la esencia del linaje.
Pasar por esta aventura llena de piedras en el camino, sin desfallecer.
Piedras en el camino o flores y plantas aromáticas,
no hay una gran diferencia.
Recuperar la Visión.
Y la alegría.

Cuando hace inmersión, el invierno no es tan sobrecogedor
ni la noche tan oscura,
ni el agua del mar es tan fría como la imaginas desde el calor de casa.
La anticipación es lo que duele,
si llega cargada con su séquito de miedos, egocentrismo y debilidad.
Siempre eres más fuerte de lo que crees.
Y las noches oscuras encierran más luces
de las que esperabas.




sábado, 14 de marzo de 2026

El extremo del ir y venir.

 


Desde el punto de vista budista, no existe el ir y venir.
Los fenómenos (las cosas, las personas, las situaciones)
no vienen de un sitio y luego se van a algún otro sitio.
La impermanencia no consiste en ir y venir.
Cómo aparecen las cosas, entonces?
Pues eso: aparecen.
Cuando se dan las condiciones necesarias para que brote la planta, lo hace.
Tiene que estar la semilla, la tierra, los nutrientes, la lluvia, el sol, etc.
(que también han aparecido cuando se dan las condiciones).
Y cuando las condiciones, siempre en movimiento, dejan de estar,
la planta va atravesando otros procesos en base a ese nuevo conjunto de condiciones:
se pone mustia, cae, sirve de nutrientes para otros seres, o no.
La planta no nace y muere, no llega de algún sitio 
y se va a otro sitio.
Y lo mismo con las personas, animales, situaciones, etc.
Cuando se dan las condiciones un fenómeno aparece, un ser,
una persona, por ejemplo.
Si el óvulo estaba presente en el momento adecuado
para abrazar un espermatozoide superviviente,
si ambos eran suficientemente sanos y fuertes,
si la embarazada decide seguir adelante,
si la sangre, el oxígeno, los nutrientes maternos y demás están capacitados,
y un largo etcétera.
Parece que funciona un cuerpo sano, mientras se dan las condiciones, cambiantes,
y cuando las condiciones para la salud y la fortaleza dejan de estar ahí,
el cuerpo podría debilitarse e incluso dejar de funcionar.
Las condiciones son lo que hace que algo aparezca o desaparezca.
Por eso es tan importante prestar atención a las condiciones.
E, incluso, crear las condiciones, cuando está en tu mano,
para conseguir tus objetivos,
por ejemplo la salud física, y mental, la Visión, la fortaleza, la compasión, la bodichita.
El oscurecimiento mental, el miedo, el sufrimiento, samsara,
también han aparecido cuando se han dado las condiciones.

Así que la pregunta es:
Qué condiciones son las que genero?
¿Nutrientes para el miedo o bien para la confianza?
¿Para la experiencia de amenaza, resistencia, rechazo y odio,
o para la experiencia de amor?
¿Para la aceptación ecuánime, que hace posible la Visión,
o el egocentrismo dualista
que produce la nebulosa del oscurecimiento mental?

Decido prestar atención a las condiciones que genero,
a los nutrientes que aporto a la experiencia de esta vida humana.
También lo llaman karma.




lunes, 2 de marzo de 2026

La santidad.

 


Persiguiendo la santidad, el bodisatva.
Como un parto.
Una nueva vida que brota desde dentro.
No persigues nada fuera, no sigues los pasos de un buda externo.
No confundes el dedo que señala la luna con la luna misma.
La luna externa también es un dedo que señala la luna.
Dios como un parto.

Últimamente se fija mucho en las mujeres embarazadas y anticipa el dolor.
Qué las salva? Qué las protege?
Qué mantiene la alegría y la fortaleza en su rostro?
El amor, el sentido de misión.

La santidad como un parto.
Todos los partos son dolorosos, desde el punto de vista del yo que da a luz.
Abrirse a una nueva vida, una nueva manera de vivir,
el espíritu santo, el sambogakaya,
la experiencia del dharmakaya, la experiencia de Dios.
Siento, luego existo.
Persiguiendo la santidad que se entrega a Dios, donde no hay sufrimiento
porque todo dolor es una experiencia de redención, de disolución,
de unidad amorosa.
Una experiencia de amor.
El retorno a la fuente, desnuda.
Despojada de las vestiduras del miedo ya para siempre.
Desnuda y sin pecado,
de regreso al paraíso original.

(Traslación de los 3 cuerpos de Buda a la Trinidad:
Dharmakaya: verdadera naturaleza, el Ser universal, Dios.
Nirmanakaya: la manifestación del dharmakaya, el Hijo.
Sambogakaya: el cuerpo de deleite, la experiencia del dharmakaya, el espíritu santo).

https://reflexionesdeunaestudiantebudista.blogspot.com/2022/03/los-tres-kayas.html




viernes, 20 de febrero de 2026

Vacaciones significativas.

 


El día gris, de un gris claro, luminoso.
El fuerte viento se va a a descansar cuando se abre el día.
Las golondrinas y algunos mirlos se unen al coro habitual.
La agenda vacía, y por eso tan llena, tan abierta.
Un día para cuidarse, para cuidar el día,
para cuidar la vida, para contemplarla.
Un día para caminar sin prisa, para moverse sin prisa.
Que cada inhalación sea sanadora
y cada exhalación purificadora.
Que el karma pesado que arrastro se disuelva ante mis ojos,
que no lo nutra más, que no lo sostenga,
que se difumine en el aire, en el espacio vacío.
Y el miedo con él.
Un día para la presencia, la contemplación y la apertura.
Como un día de vacaciones.
Vacaciones significativas, lo llamaba el maestro.

Que no te asuste el aburrimiento, esa oportunidad de regresar a casa.
Da igual si lo buscas o no, si lo programas en tu agenda o no lo haces,
la vida llega igual cargada de regalos,
algunos te gustarán y otros menos,
pero eso es irrelevante, 
si lo afrontas desde tu refugio,
en la esencia
del Ser
que eres.
Sin distracciones equívocas.