lunes, 16 de diciembre de 2013

Que no me distraiga la abundancia.







Parada.
Parar el cuerpo.
Sin miedo a dejar de generar energía (el frío interior tan temido).
Parar el cuerpo. Parar la mente. Contemplar.
Contemplar lo que perciben los ojos abiertos,
el oído,
el olfato,
el gusto,
la piel.
Tomar consciencia.
Despertar.
Por un instante.
Contemplar el sueño
lúcido.
Contemplar el movimiento de las nubes de paso,
lo que aparece
y su significado.
Verlo pasar.






Abandonó su mesa de trabajo y se acercó a la ventana.
La luz del sol caía sobre los tejados, al fondo.
El manto de luz se hacía más y más pequeño hasta desaparecer.
Pero aún quedaba la luz de la tarde iluminando la ciudad.
Y conforme el velo de luz se debilitaba las estrellas se encendían, por encima y por debajo de la silueta de la montaña.
Y sin saber cómo ni por qué, pensó en las hojas semisecas de albahaca que dejaba caer sobre la ensalada, una lluvia de hojas, un derroche. Y luego el aceite de oliva, un derroche.
Pensó en el derroche.
La indiferencia ante la abundancia, como el agua entre los dedos.
Qué desperdicio, pensó.
Y decidió reducir el consumo (material y de todo tipo)
y fundirse en la degustación.
Disolverse
en la degustación
del instante presente.
Hola a hoja
de albahaca,
disolviéndose en el paladar.
Gota a gota.

Que no me distraiga la abundancia.





2 comentarios:

  1. La busqueda de la verdad.

    La práctica de la meditación es una poderosa herramienta en mi vida. Soy escritor, a veces escribo durante horas y todo fluye mágicamente. Llega entonces un momento en el que ya no encuentro más palabras. Deseo escribir y no sucede nada. Por mucho que lo intente, no consigo escribir nada.
    En esos momentos, he aprendido a dejar la máquina de escribir y a sentarme tranquilamente, a cerrar los ojos y rendirme. Ni siquiera sé ante qué me rindo, pero simplemente me dejo llevar e intento purificar mi mente.
    Luego, al cabo de un tiempo de haberme rendido a la meditación, siento que contacto con algo que es una fuente de inspiración, y escribo entonces una página tras otra, sin tener ni la menor idea de dónde procede. Este proceso de cerrar los ojos y de serenarme, me proporciona la capacidad para conectar con esa fuente de inspiración. Y la palabra «inspiración» viene de «en espíritu».
    Eso es confianza. Eso es gracia. Es saber que puedo enfrentarme literalmente a mí mismo con un espíritu de serenidad, y que atraeré hacia mí aquello que busco. Esta es la energía de la manifestación y se produce con mayor frecuencia cuando la mente está serena. Es la mente serena la que entra en contacto con la verdad.
    Cuando meditamos, entramos en contacto con la parte de nosotros mismos que es verdad. El proceso de rendición nos ayuda a utilizar esta verdad en nuestras actividades cotidianas. Lo mismo sucede con la confianza.
    Ríndete a ella en tus momentos de serenidad y conocerás la verdad de este principio.
    Wayne Dyer.

    Heronan Tapia

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    "La luna llena se recorta sobre el mar y cubre de reflejos plateados las olas. Sentados sobre una duna, miramos el continuo vaivén con distintos ánimos: para mi fue siempre el mar un confidente, un amigo que absorbe todo lo que le cuentan sin revelar jamás el secreto confiado y que da el mejor de los consejos: un ruido cuyo significado cada uno interpreta como puede".
    El descubrimiento del océano

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