Querido amigo:
No sé si has visto la película
"Rumi, poeta del
corazón".
Cuentan que conoció a su amigo espiritual cuando
él ya era maestro. Al conocerle, su experiencia de
amor (esa amistad espiritual) le hizo
comprender de pronto todo lo que él mismo llevaba
años explicando.
Shams le dijo: ahora tienes que empezar a vivir eso que has estado leyendo toda tu vida.
Y quemaron los libros.
Iniciaban esas conversaciones (
sorbet) y
desaparecían durante semanas.
Eran conversaciones entre lo personal y el ser
profundo.
Chopra dice que la vida de Rumi nos hace ver que
todas las relaciones tienen ese potencial.
Quien no tiene esa clase de amor, no tiene nada.
Entonces, vivimos separados de
algo.
El hecho de que usemos el lenguaje (la palabra) es
parte de la nostalgia por la unión -por volver a
casa.
En realidad, el macrocosmos está dentro, y el
mundo exterior que percibimos es el lenguaje que
utilizamos para hablar del universo interior.
El amor es la religión y el universo el libro.
(Notas de la la película "Rumi, poeta del
corazón". También en dvd).
Querido amigo:
Si el universo exterior que percibo es el lenguaje que utilizo para hablar del mundo interior, echemos un vistazo: qué es lo que veo?
Un chico pasa corriendo (la actividad física, la adrenalina); otr@s en bici, paseando (la serotonina, la contemplación); unos coches de policía parados (el yo controlador, a veces me protege y a veces me perjudica, y no es de fiar); una anciana moribunda empujada en su silla de ruedas (este cuerpo que se acaba, que muere en cada instante). Una pareja de la mano, "tercera edad";
tú y yo, compañeros de viaje. Otra pareja joven, de la mano (tú y yo, ahora con tanta energía como siempre). Una pareja con hij@s (aún cuidando de quienes nos necesitan, eso no se acaba nunca).
Veo el mar profundo, la superficie rizada, lleno de olas infinitas. Infinitas manifestaciones fugaces (mis vidas, las de los demás, las
apariencias), el mismo contenido. Veo palmeras firmes, estables; abanicadas sus hojas por el viento; estables, da igual si sale el sol o se nubla o arrecia el viento o rompe a llover.
Esa firmeza, esa estabilidad.
Algunos troncos más jóvenes han quedado un poco inclinados por algún fuerte viento
o por la tendencia insistente del viento, no necesariamente fuerte. Las tendencias, como un gota a gota.

Él está convencido de que esa relación ha sobrevivido gracias a ella.
Por el "gota a gota", dice.
Ella no ha tenido miedo; a pesar de sufrir lo suyo, también,
ha seguido apostando.
Ha podido causar destrozos (alguno de sus yos) pero luego seguía ahí (el yo que gobierna su vida), estable. Sin apego, sin necesidades, sin sufrimiento. Sin culpa ni resentimiento. Pero entregado. Presente, disponible.
Él cree que ha sido ese "gota a gota" (en realidad, él la veía gota a gota; no siempre
la veía, sólo a ráfagas, y eso lo interpretaba como un "gota a gota" de ella), ese despliegue de entrega, constancia, presencia, estabilidad, alegría, libertad. Un gota a gota que ha acabado erosionando sus cadenas ilusorias (de él), sus miedos, sus reservas. Y gracias a su "gota a gota" (de ella), él ha podido descubrir la libertad. En qué consiste vivir sin miedo. La confianza. La entrega. El amor.
Al menos ha tenido la suerte de poder verlo gota a gota. Peor habría sido no verlo nunca. Entonces no habría habido erosión.
Ahora ella contempla este amor (de él), que se ha convertido en su inspiración (de ella),
en su maestro.
De Rumi, se cuenta ese amor profundo con su amigo espiritual (Shams), que le permitió experimentar en propia carne todas las teorías místicas que enseñaba.
Un amor que transciende a su objeto, una experiencia de amor que lo impregna todo, todo lo que aparece
-los árboles,
las montañas,
los edificios, las personas, las situaciones.
Ese amor que transforma tu mundo al completo.
("Si no tienes en tu vida esa clase de amor, no tienes nada").
Un día su amigo desapareció -se cuenta que los discípulos de Rumi celosos podrían haberle matado, o quizás Shams se fue sin avisar, tal como llegó; eso poco importa.
El hecho es que el amigo desapareció y Rumi se sintió tan desesperado, con un dolor tan profundo, que salía de la casa donde vivía al jardín, donde había un poste, y se abrazaba a él y giraba y giraba y en ese trance a veces cantaba en voz alta, versos que sus discípulos escribían. Fue el origen de las danzas giratorias de los derviches.
Más adelante, sus discípulos también se sumaban y bailaban junto a él, girando y girando, y en el trance Rumi a menudo cantaba versos y cuando alguno de sus discípulos paraba para escribirlos, él decía: no importa, son sólo palabras, sigamos girando. Y así se perdió la mayor parte de su poesía. Pero ganaban experiencias de transcendencia.