
Rabjor dice que el apego y la estimación propia (el egocentrismo) son como aferrarse a un hierro ardiente, o cubierto de espinos.
Te quejas de lo que te duele. No paras de sufrir y de quejarte.
Y Buda te dice: Suelta…
Y tú dices: No puedo!! Me duele mucho!!!
(A veces lo llamamos “amor”).
Sólo tienes que soltar, pero te duele tanto que no puedes (¿!). Por si acaso te duele más (¿!)
Te quejas de lo que te duele. No paras de sufrir y de quejarte.
Y Buda te dice: Suelta…
Y tú dices: No puedo!! Me duele mucho!!!
(A veces lo llamamos “amor”).
Sólo tienes que soltar, pero te duele tanto que no puedes (¿!). Por si acaso te duele más (¿!)
Y, a veces, en un momento de lucidez (o de meditación), lo comprendes: que tu dolor procede de tu agarre. Y entonces sueltas un poco, quizás un dedo, el dedo pequeño, tímidamente, por si acaso...
Qué alivio!... dices.
Pero luego se te olvida o vuelve el miedo, o el dolor (de los otros dedos, aún sujetos con fuerza) y vuelves a agarrarte aún con más fuerza al hierro ardiendo:
Cómo duele! No lo puedo soportar!
Y Buda dice:
Sólo tienes que soltarte, pero nadie lo puede hacer por ti.
Y tú repites: sí, pero es que no puedo, me duele demasiado!
A mí me resulta muy familiar. No sé a ti…
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