domingo, 19 de enero de 2020

Yo absoluto, yo limitado: mismo, mismo.







Ha entrado en el mar cuando se ponía el sol,
caminando sobre una alfombra de arena.
Ha nadado en la piscina bajo el planear de las gaviotas,
una luna llena, ya decreciente, y un cielo de acuarela,
de trazos blancos y rosados
sobre un fondo azul claro.
A la salida, le costó arrancarse del paisaje de playa a la hora violeta,
de vuelta a casa.

Y qué decir de la vuelta a casa en bicicleta por el puerto
y las atracciones de la feria en deconstrucción,
bajo la mirada de la luna, poderosamente iluminada,
aún la larguísima estela de tonos rosados, naranjas y violetas.
Otro día regalado.
La vida es pura magia, pensó.






"Yo absoluto, yo limitado. Mismo, mismo",
le dijo el maestro a Leonard Cohen.


El día es plenamente apacible.
La ropa tendida apenas se desplaza al impulso del aire de la montaña.
Y el aliento del bosque alivia levemente la herida del sol en la piel.
Una especie de refugio, activada la alerta por fuertes vientos y bajadas de la temperatura, según dicen.
No es el caso en su mundo.

Se proyecta a sí misma ante el paisaje de mar,
a 10 minutos cabalgando la bicicleta bordeando el puerto.
Efluvios de mar salado en su piel, en el pelo, en los pulmones, en las venas.
Contemplando la inmensidad del paisaje y del silencio.
Se desprenderá de la camiseta y caminará descalza a retornar al vientre de mar.
Catarsis.
¿Está fría el agua?, le preguntan mientras aún las piedras de la orilla muerden las plantas de los pies.
No lo dudes.

Yo absoluto, yo limitado: mismo mismo.
No hay separación.
Esa manía de despreciar el "personaje",
el escenario mundano, samsara, el sufrimiento
y hasta la alegría.






Yo absoluto, yo limitado: mismo mismo.

No va a esperar a despertar para pisar el nirvana.
Eso lo sabe hace mucho tiempo.
No recuerda que haya sido su objetivo acumular toneladas de karma positivo
en su cuenta corriente,
para que un millón de vidas más tarde, al pasar de los eones,
un día pueda alcanzar la iluminación.

Yo absoluto, yo limitado: mismo mismo.
El personaje sufriente y el Yo liberado, lo mismo.

Ya no menosprecia su cuerpo, ni sus emociones,
ni siquiera sus pensamientos
o sus creencias provisionales.
Como si todas fueran flores y frutos del mismo huerto.
Y lo que comúnmente se consideran "malas hierbas"
(magníficas hojas verdes que encontraba en su camino)
ella vio cómo las monjas vietnamitas de Plum Village las preparaban en ensalada
y en las grandes ollas al fuego,
suculentas,
y ellas las degustaba con fruición.






Yo absoluto, yo limitado: mismo mismo.

El sol en el terrado,
el aire del Montjuic en su pelo y en su piel,
el coro de los pájaros en las copas de los árboles de la montaña
y el canto solitario de la tórtola.
El aleteo de la gaviota al abandonar la barandilla.

El terrado y el mar.
El aire cálido y el agua fría.
El cuerpo de 20 años y el de 80.
La aparente materia y la energía invisible.
La vida y la muerte.
Mismo "mismo".







6 comentarios:

  1. Hola, Marié.
    No sé ni cómo llegué aquí. Buscaba alguna cita de algún maestro budista, creo. Con la de cientos y cientos de blogs de temática espiritual y similares que hay, de muchos pelajes distintos, me alegro de haberte encontrado.
    Ostras, pues esta entrada me parece sencillamente magistral. Para mí rezuma mucha sabiduría. O dicho en otras palabras, integración de todos los elementos de la vida y también de la naturaleza humana, desde los más "mundanos" a los más "elevados". O sea, que superas muchos tópicos que pueden resultar elitistas, de esos que "condenan" aquello que parecería despreciable o negativo. No sé si me explico. Lo expresas clarísimo en muchos versos...

    «Yo absoluto, yo limitado: mismo mismo.
    No hay separación.
    Esa manía de despreciar el "personaje",
    el escenario mundano, samsara, el sufrimiento
    y hasta la alegría».
    «Yo absoluto, yo limitado: mismo mismo.

    No va a esperar a despertar para pisar el nirvana.
    Eso lo sabe hace mucho tiempo.
    No recuerda que haya sido su objetivo acumular toneladas de karma positivo
    en su cuenta corriente,
    para que un millón de vidas más tarde, al pasar de los eones,
    un día pueda alcanzar la iluminación.

    Yo absoluto, yo limitado: mismo mismo.
    El personaje sufriente y el Yo liberado, lo mismo.

    Ya no menosprecia su cuerpo, ni sus emociones,
    ni siquiera sus pensamientos
    o sus creencias provisionales».

    Para mí, espectacular, magistral. Muy bueno, denota una sabiduría vital que no toda persona en el camino espiritual posee, para nada. Podríamos expresarlo de otra manera: samsara es nirvana y nirvana es samsara.
    Ah, también soy de Barcelona. Quería preguntarte por lo de «Yo absoluto, yo limitado: mismo, mismo». Y la cita a Cohen. ¿De dónde sale? ¿Alguna letra de canción, alguna charla del cantante con un maestro budista? Me intriga. Si fueras tan amable...
    Te he incluido en una pequeña lista que tengo de blogs interesantes, por si quieres echar un ojo. Supongo que me verás por aquí de tanto en tanto, aunque tiempo no me sobra.
    Un saludo.

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    Respuestas
    1. Saludos y gracias por compartir.
      La cita sale del libro "Asuntos de vital interés", de Eric Lerner.
      Y tu comentario me hace recordar algo que se recuerda muy a menudo por aquí: "Samsara, Nirvana, la misma hipnosis".

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  2. ¡Que me olvidé poner ese link!
    https://caminodeldespertar.home.blog/webs-links/

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  3. Debo decir que he escrito una entrada sobre tu entrada, explicando mis impresiones. Espero no haberme extralimitado y que no te importe que me haya lanzado de golpe. Ahí está, 1 de febrero. Cito varios fragmentos.
    Ciao.

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  4. Esto es abierto y libre. Puedes hacer lo que quieras con lo que te encuentras en tu camino. ;)
    Un abrazo.

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