La
maestra dijo:
Estoy
enamoradísima del Dharma.
Y también de la oportunidad de
transmitirlo a la gente.
Y
ella vio en su vida el vínculo profundo del Amor, esa conexión.
Y
también el sentido de misión.
Le
recordó a la hermana Estrella,
cuando la recibió en el monasterio
de Sigena, algunas vidas atrás.
Estaba
enamorada, dijo ella, de quién va a ser? De Jesús.
¿Después
de 12 años de reclusión?
Cada
día más, se rio.
Yo
quiero eso, pensó ella.
En ambas ocasiones.
Yo
quiero eso.
Sal,
por favor, de la esfera del dharmakaya.
Sentía
las palabras de la sadhana como si fueran propias.
Oraba
con desesperación, o con fe, como quieras llamarlo.
Estoy
enamoradísima del Dharma, dicen que dijo.
Y de la oportunidad de
transmitirlo a otras personas.
Ella
la recordó en sus primeros retiros en monasterios prestados.
La
miraba bajar del coche, cargada con las compras, en sus funciones de
servicio.
Sola,
caminaba lentamente, sin prisa, como si ya hubiera llegado.
Se
había hecho monja recientemente y estaba en una etapa de inspiración
profunda, tocando el nirvana.
O
al menos así la veía ella.
A
veces se lo hacía saber en silencio, en un gesto espontáneo,
inesperado, un abrazo por la espalda o algo así.
La
monja solía decir:
M
está borracha de bendiciones.
Sí,
las tuyas, pensaba M.
No
tenía que decirlo.
Así
que con el paso del tiempo, la monja sigue diciendo: Estoy
enamoradísima del Dharma.
Y
ella se acuerda de la hermana Estrella, monja de clausura en el
monasterio de Sigena, cuando la recibió para ofrecerle una celda
para su retiro de silencio.
La
hermana Estrella tenía un rostro radiante, iluminado por una belleza
profunda, que emanaba de su interior.
Ella
le comentó algo así como se te ve muy feliz.
Claro,
es que estoy muy enamorada, dijo la hermana Estrella, que antes le
había contado que llevaba doce años de clausura en este monasterio.
Muy
enamorada? De quién?
De
Jesús, de quién va a ser.
Después
de 12 años?, preguntó ella, con cierto asombro.
¡Cada
día más!, respondió la monja, como si acabara de escuchar una
pregunta ingenua.
¡Cada
día más!
Ella
a veces sentía que el poder de su imaginación era tan débil.
("Pero por mucho que indague, oh, noble dama,
nunca tendré la certidumbre de que tu existencia sea verdadera.
Entonces, mi mente joven, cansada por sus conjeturas,
descansa en el refugio del bosque indecible.
Sal, por favor de la esfera del Dharmakaya".)
Tan débil, el poder de su imaginación.
Y
necesitaba que la vida proyectara por ella.
Sal,
por favor, de la esfera del dharmakaya.
Y
aquí estaban las dos.
Su
antigua maestra budista y la hermana Estrella.
Qué
más quieres? Qué estás buscando?,
le había preguntado otra gran
maestra años atrás, su primer referente.
Qué
estás buscando?
No
ves que todo ya está aquí?















