miércoles, 21 de agosto de 2024

La recta final.

 


En la sesión de preguntas y respuestas, alguien levantó la mano y tomó la palabra:
Qué hacer cuando se apodera de tu mente la voz del juez estricto e implacable
que mira el pasado y solo ve faltas, acusaciones, culpas, errores, dolor?

Sonó la campana y la maestra respiró varias veces en silencio, como siempre lo hace antes de responder.

Qué puedes hacer ahora? -dijo.
Simplemente, no hacer más daño.
Eso es todo.
Ni siquiera te molestes en rebatir el relato pensado, que obviamente es equivocado
porque no nace del amor y la comprensión,
sino de una mirada parcial contaminada.
La voz del juez que mencionas está equivocada y no refleja la realidad
porque no tiene en cuenta todas las causas y condiciones.
Es una simple inercia kármica sin más sentido que ése, la repetición mental.
Pero da igual.
Es una voz equivocada. Si reconoces eso, ya es mucho.
Y desde ahí, qué puedes hacer ahora?
Cómo afrontar tu vida presente y futura?
Sencillamente, intenta no hacer daño.
Abre tu mirada para que quepa todo tu entorno, incluidos los seres más cercanos.
Y trátalos con cuidado. Y, si es posible, con amor.
Esto te ayudará a comprenderles y verlos más claramente.
Con eso basta.

Otra persona de la mesa de la cuádruple sangha
(una monja, un monje, una mujer laica y un hombre laico)
tomó el micro para añadir algo:
Esto se acaba -dijo.
Imagina que estás en la recta final de esta vida, lo cual siempre es cierto,
ya tengas 100, 80 o 25 años.
No importa lo largo o corto que parezca el camino por delante, se va a acabar.
Y qué es lo que importa ahora?
No dejar más veneno.
Dejar tras de ti una imagen amable, una energía amable.
Una persona fuerte.
Que la culpa o el resentimiento no inflijan un daño que proyecte un personaje débil y sin dignidad.
Respeto, hacia ti mismo y hacia los demás.
Amabilidad, fortaleza y respeto.
El ser que eres, no contaminado por los relatos del pasado.
O del presente, de cualquier tiempo.

Esto se acaba.
Sé la persona que quieres dejar aquí, cuando te vayas.




jueves, 15 de agosto de 2024

La iluminación será una gran carcajada.

 


Hay quien dice que el sufrimiento es la mejor escuela.
Como los viejos refranes que oía de niña: 
"La letra con sangre entra", "Quien bien te quiere te hará llorar",
"La vida es un valle de lágrimas" y otros por el estilo.

Una amiga profundamente convencida de esto le dijo una vez: No te vas a iluminar tumbada en una hamaca.
Ella respondió: Por qué no?
El sufrimiento puede ser una escuela, y puede que no.
También se puede instalar como una zona de confort, un hábito, una adicción.
Hay incluso quien llega a confundir el sufrimiento con el amor.

El sufrimiento puede ser una escuela, como cualquier otra experiencia que la vida te brinde.
También la alegría puede ser una escuela. Si no te confundes con la fuente.
Si no te apegas al aparente objeto, como una adicción.
La alegría sin objeto es una buena escuela.
Cualquier experiencia, física o emocional, puede ser una oportunidad para la comprensión
y la liberación.
El miedo, la tristeza, el duelo, el aburrimiento, el deleite, la victoria, el fracaso.

Cada vez que ella vive un atisbo de comprensión, una sonrisa tierna aparece en su gesto.
A veces una risa explosiva.
Y entonces murmura para sus adentros el viejo mantra:
"La iluminación va a ser una gran carcajada".




lunes, 12 de agosto de 2024

El camino espiritual.

 


Su primer retiro de meditación llegó a su vida como por "azar".
Hacía poco que frecuentaba aquel grupo budista.
Conocerles también parecía haber sido una jugada del azar.
Había acudido como periodista a cubrir una sesión de meditación
y se encontró con unas enseñanzas que ella acabó definiendo como "la mejor ciencia de comprensión de la mente" que conocía, después de largos años de búsqueda en la psicología y la filosofía.
De repente, en la primera meditación budista a la que asistía, le había parecido comprender que el origen del sufrimiento humano era la excesiva importancia personal,
el egocentrismo que hacía que fuera tan dramático todo lo que le ocurría a una misma.
Cualquier gran problema que le parecía vivir, visto en la distancia, si les pasaba a las demás personas, resultaba menos duro y más llevadero.
En resumen: a más egoísmo más sufrimiento;
a menos importancia personal, menos drama y más contentamiento.
Decidió quedarse un tiempo en el grupo budista para profundizar en ello.

Llevaba poco tiempo asistiendo a las meditaciones cuando recibió una llamada de la monja del centro.
Le contó que alguien que se había inscrito para el retiro de verano finalmente no podría asistir.
Contaban con un vuelo pagado y una plaza disponible y se las regalaban si se animaba a asistir.
Ella tenía otros planes para el verano y decir que sí requería afectar a otros miembros de la familia, pero en eso no hubo problema.
Por otra parte, surgían ciertas dudas.
Se trataba de un retiro internacional en un lugar apartado del mundo, de complicado acceso.
¿Y si resultaba ser una secta peligrosa y se llegaba a encontrar allí en una especie de encerrona de difícil salida?
O si simplemente resultaba ser mortalmente aburrido?
Decidió que solo lo sabría si acudía allí.
Al menos entendería un poco mejor de qué va esto y sabría a qué atenerse en el futuro.

En el momento de la inscripción, la monja le explicó que había dos retiros diferentes en el mismo lugar y ella tenía que elegir: el retiro de sutra o el de tantra?
Qué es eso del tantra?, preguntó ella.
El camino rápido, dijo la monja.
Ah, no, pues entonces el otro; a mí déjame disfrutar del camino sin prisa -respondió ella.
La monja la miró un momento y decidió: Tantra.
No lo discutió. Qué sabía ella?

Así que fue a su primer retiro por azar
y resultó ser de Alto Yoga Tantra.




Apenas llevaba un par de días en el retiro cuando empezó a pensar que todo aquello era un despropósito.
Aquel mundo imaginado de mandalas, dakas y dakinis, héroes y heroínas, budas de color rojo y colmillos, ataviadas con calaveras y espadas que cortaban cuerpos imaginados también, en especial el propio. Todas esas oraciones descabelladas. Y estas personas tan racionales que se mueven en este escenario imaginado y surrealista como si fuera real.
Ya el segundo día de su estancia empezó a reír de lo descabellado de la situación y la risa se quedó con ella hasta el final del retiro. Pero era una risa tierna y muy amorosa, como cuando te ríes de un juego inocente de la infancia.

Y entonces apareció esa idea, ante el despliegue de tanto despropósito:
¿Y si el mundo de ahí fuera, de donde vengo, que a mí me resulta tan real y familiar,
y si fuera también un despropósito, un mundo imaginado y loco?
Y tenía motivos para pensar que así era.
Se vio a sí misma allí, corriendo tras la felicidad en objetivos que la distraían de la felicidad, cuando no la alejaban de ella.
Se vio enfadándose por pequeñeces a las que otorgaba gran importancia, saboteando su paz y su propia vida, y la de las demás.
Vio un mundo de personajes con la piel en carne viva, tan sensibles a supuestas agresiones externas. 
Vio un mundo imaginado y caótico.
Y a ella le había parecido siempre tan real, sin cuestionamientos.
El mundo de donde venía era tan despropósito como esta "tierra pura" imaginada,
solo que no era una tierra pura, sino de conflictos.

Cuando regresó a casa, al final del retiro, el mundo al que regresó ya no era el mismo.
Era un mundo soñado, imaginado.
De seres en conflicto, sí, pero eso era debido solo a la ingenuidad de estos seres.
Sufrían, sí, pero también se cuidaban, a pesar de todo.
Se hacían daño (a sí mismos y a los demás) pero ahí estaban, volviendo a intentarlo.
Era como si hubiera tenido lugar uno de los 11 yogas de los que había oído hablar en el retiro:
el yoga de la purificación de los seres migratorios.
Los seres que encontraba de nuevo, a su regreso, los mismos de antes,
ahora eran otros, como purificados por una mirada de comprensión, de amor.
Y ahí se había quedado la risa, la sonrisa, tan tierna.
(En budismo la llamaban compasión).

Y ahí se quedó ella, también.
Cada día cuando se levantaba encontraba que aún estaba ahí.
Pensaba: Sé que desaparecerá, esto que siento, esta visión.
Todavía estoy bajo la influencia de los efectos del retiro, como una estela que se acabará disolviendo.
Estoy preparada, se decía cada mañana.
Y cada noche.
Sé que esta experiencia desaparecerá, estoy preparada.
Pero ahí estaba.
Pasaban las semanas, y los meses, y los años. Y ahí estaba.

Se quedó en el Alto Yoga Tantra porque era un estado apasionante, y un viaje apasionante.
Y le ponía difícil olvidar que este mundo de vigilia también era imaginado.
Y para imaginar ya estaba bien la práctica del Gran Gozo y la vacuidad.
Entregarse a esta experiencia, hacer inmersión en ella.
Este nuevo mundo donde vivir.

No digo que fuera una forma más acertada o menos que otras, de entrar en el camino espiritual.
Pero, tal como le dijo la psicoterapeuta budista Mariana Caplan, en una entrevista:
A veces entras en la práctica por razones equivocadas pero no importa
porque el camino en sí es inteligente y acaba mostrándote lo que Es.

Aquellos fueron los inicios.
Todo empezó por azar, o por razones equivocadas. O no.
Porque se dieron ciertas condiciones.
En cualquier caso, aquellos fueron los inicios.
Aún tenía mucho camino por delante, sin saberlo.





sábado, 3 de agosto de 2024

Feliz cumpleaños.

 


Le preguntó cómo es que últimamente no hacía viajes.
Dijo: Porque me he dado cuenta de que lo que más me gusta del viaje es cuando llego a algún lugar y me instalo, y tengo espacios de descanso y quietud para disfrutar, y establezco rutinas.
Y eso ya lo tengo aquí.

Dicen que el maestro Linji decía: "No necesitas ir al monte Wutai para encontrar a Manjusri".
Manjusri está aquí mismo.
¿Está aquí mismo? -se preguntó ella.
¿Lo veo? ¿Lo siento?
Decidió buscar la llave perdida donde se le había perdido,
no donde le resulta más cómodo, como en el cuento.
Aquí mismo.

Entonces la golondrina se puso a cantar, en el calor mudo de la mañana.
Este amanecer, aún en duermevela, ya incorporada en el futón contemplando el día que se despliega,
vio a una tórtola que había aterrizado en la verja negra, en el balcón.
La miraba a ella en el interior.
Mantuvieron la mirada un tiempo.
De repente, la tórtola alzó las alas y voló al interior de la habitación.
Realizó un vuelo de ida y vuelta y regresó a la verja de hierro negro en el balcón.
Allí se mantuvo de nuevo, mirándola, contemplándose mutuamente,
y luego repitió la hazaña.
Un rato después se fue.

Un perro llora.
En el verano, se suele escuchar a ratos el llanto de un perro que echa de menos a su familia.
Ella sabe que Manjusri también está en el llanto del perro,
el canto de la golondrina, la tórtola que se interna en su habitación.
Pero, lo ve?
Hoy toca sentir paz pero no el gozo profundo.
La mera contemplación distante.
Incluso su propia vida le parece ahora ligeramente vivida.
Recuerda uno de sus entrenamientos personales:
Atención al pensamiento autoexigente y hostil.
Es verdad que no se la cree, a esa voz, pero es una compañía demasiado presente.
Sólo desde el amor se trata a los fenómenos con amabilidad.

Hoy es el día, 93 años atrás, que su madre llegaba a este mundo.
Hoy es el día, 15 años atrás, que decidió irse.
Reaparecen las escenas como fotogramas.
Otro fotograma es el instante en que ella misma se va.
Y la vida continúa.
El dolor, la culpa, el resentimiento, el miedo, la amenaza.
Todo ello seguirá aquí, manifestándose en este sueño,
en los seres que ama.

El aire empieza a ser caliente.
Se subió a su caballo de hierro y atravesó el desierto árido y plomizo
hasta llegar al agua
donde convertirse 
en agua.




sábado, 27 de julio de 2024

Superpoderes.

 



En la sobremesa inspirada, alguien hablaba de los sueños lúcidos.

- Es una experiencia impresionante. Te permite hacer cosas como volar, por ejemplo, dar un salto desde el balcón de mi casa al terrado de enfrente. Si estás consciente de que es un sueño, en el sueño te puedes permitir superpoderes.

- Y eso de qué te sirve?

- Bueno, es un subidón.

- También es un subidón mantener el sueño lúcido en la vigilia, en la vida diaria.

- Ya, pero en la vida diaria no puedes hacer cosas extraordinarias, como volar.

- Es un sueño diferente, con diferentes condiciones, pero puedes hacer otras cosas, si estás consciente en el sueño lúcido de la vigilia.

- Como qué?

- Como aprender a ser feliz, comprender, amar... esas cosas.

- Creo que hablas de la meditación. ¿Eso se puede aprender con la meditación?

- Hay muchos tipos de meditación. En la tibetana, por ejemplo, puedes elegir un objeto de meditación, un tema para reflexionar que te lleva a una experiencia determinada, y hacer inmersión en esa experiencia. Por ejemplo, la gratitud.
Piensas en cómo has llegado a este mundo, desnuda y sin nada. Alguien te acogió, te cuidó, te vistió, te dio de comer, te protegió, te enseñó a hablar, a cuidarte, etc. Llegaste desnuda y sin nada y te lo dieron todo. Hoy mismo, los zapatos que llevo no me los he hecho yo, ni la ropa que me viste, ni el cojín donde me siento, ni la casa a la que regresaré, ni la cama donde dormiré esta noche. Ni hemos cultivado y recogido la comida que hemos comido, ni construimos los camiones que trajeron la comida a la tienda o a casa, ni las carreteras que permitieron circular a esos camiones. De todo lo que usamos a diario, quizás no hay nada que hayamos hecho con nuestras propias manos. Pero lo usamos y lo disfrutamos igual. Como si nos perteneciera.

- Pero lo hemos pagado con nuestro dinero.

- Que tampoco has hecho tú, también te lo han dado.

- Por mi trabajo.

- Que también te lo han dado. Todo está interrelacionado. Todo lo que tienes procede de esta interacción.

- Visto así...

- Esta es una meditación que te lleva a un estado de gratitud, contentamiento, alegría, reconocimiento, amor. Y desde este estado se transforma tu vida. ¿No crees que es un extraordinario superpoder?



Piensa en todo aquello que consideras que escasea en el mundo, o en tu vida.
Quizás la experiencia de contentamiento, satisfacción y plenitud.
En lugar de esto, ves exceso de su opuesto: la insatisfacción, la frustración y el estrés, en esta vida tan activa y productiva que llevamos.
Pues si crees que escasea contentamiento, solo hay que producirlo.
Cómo?
Apreciando, visibilizando, reconociendo todo aquello de lo que disponemos:
Quizás salud, ojos para ver, piernas para caminar, el aire en la piel, inspiradoras puestas y salidas de sol, baños de mar y de montaña en nuestros paseos, amistades, familia, una casa quizás, comida en la mesa... Lo que sea que forma parte de tu vida.

¿No queremos ser personas creativas y productivas?
Podemos.
Y podemos producir cualquier experiencia importante que valoremos en nuestra vida.
Fíjate qué gran superpoder.

Y lo mismo con el regocijo.
¿Crees que faltan motivos de alegría en tu vida?
Alégrate de todo lo que valoras en tu vida diaria, no esperes a que se acabe para disfrutarlo.
Alégrate de todas esas cosas invisibles que te hacen feliz
y de lo que hace felices a los demás seres.
Alégrate de tu suerte y de la suerte de los demás.
De esta manera se multiplican tus motivos de alegría.
Y quizás se estabiliza tu alegría, sin motivo.
Genera regocijo.
Otro superpoder.




Alguien aludió a su tendencia contemplativa.
A veces suena en mi mente esa voz del juez que me recrimina por no ser más productiva y me acusa de pereza.
Visto así, me hace pensar que no estoy siendo tan poco productiva, si estoy generando y proyectando una experiencia de paz, contentamiento y alegría, de plenitud.
Siento que soy tan productiva como cualquier otra persona, aun cuando no estoy produciendo dinero y otras cosas materiales, obras de arte, inventos revolucionarios o lo que sea.
Aun cuando mi nombre no pase a la historia, estoy produciendo y contribuyendo para el presente y el futuro (si el tiempo existiera) de la mejor manera que se puede contribuir.




martes, 23 de julio de 2024

Los cinco entrenamientos de la plena conciencia.

 


Los cinco entrenamientos de la plena conciencia 
de Thich Nhat Hanh.

Los cinco entrenamientos de la plena consciencia expresan la visión budista de una espiritualidad y ética globales.
Son la práctica concreta de las enseñanzas de Buda sobre las Cuatro Nobles Verdades y el Óctuple Noble Sendero.
Muestran el camino de la verdadera comprensión y amor que llevan a la transformación, a la sanación y a la felicidad del individuo y del mundo.
Nos permiten profundizar en la visión del interser, que es la Visión Correcta, y hacen desaparecer el fanatismo, la discriminación, el miedo y la desesperanza.
Practicar los cinco entrenamientos en la vida diaria es estar ya en el camino de los bodhisattvas.
Conscientes de lo afortunados que somos de estar en ese camino, podemos dejar de preocuparnos por el presente y de temer el futuro.


1. Reverencia hacia la vida.

Consciente del sufrimiento causado por la destrucción de la vida, me comprometo a cultivar mi comprensión del interser y mi compasión, a fin de aprender cómo proteger la vida de personas, animales, plantas y minerales.
Me comprometo a no matar, a no dejar que otros maten y a no apoyar ningún acto de violencia en el mundo, en mi pensamiento o en mi forma de vivir.
Comprendo que toda violencia causada por el fanatismo, el odio, la avidez y el miedo tiene origen en una visión dualística y discriminatoria.
Me entrenaré para mirarlo todo con amplitud de miras, sin discriminación ni apego a ningún punto de vista y a ninguna ideología, y poder transformar la violencia y el dogmatismo que residen en mí y en el mundo.


2. Verdadera felicidad.

Consciente del sufrimiento causado por el robo, la opresión, la explotación y la injusticia social, me comprometo a practicar la generosidad en mis pensamientos, en mis palabras y en mis actos de la vida diaria.
Compartiré mi tiempo, energía y recursos materiales con aquellos que los necesiten.
Me comprometo a no apropiarme de nada que no me pertenezca.
Me entrenaré en mirar profundamente para ver que la felicidad y el sufrimiento de los demás están estrechamente ligados a mi propia felicidad y sufrimiento.
Comprendo que la verdadera felicidad no es posible sin comprensión y amor, y que buscar la felicidad en el dinero, la fama, el poder o el placer sensual genera mucho sufrimiento y desesperanza.

Profundizaré mi comprensión de la verdadera felicidad, que depende más de mi forma de pensar que de condiciones externas.
Si soy capaz de establecerme en el momento presente, puedo vivir feliz aquí y ahora, en la sencillez, reconociendo que existen numerosas condiciones para ser feliz que ya están disponibles en mí y en torno a mí.

Consciente de ello, me comprometo a elegir un medio de vida correcto para reducir el sufrimiento y contribuir al bienestar de todas las especies sobre la Tierra y, en particular, actuando para dejar de contribuir al cambio climático.


3. Amor verdadero.

Consciente del sufrimiento causado por una conducta sexual inapropiada, me comprometo a cultivar la responsabilidad y aprender medios de proteger la seguridad e integridad de individuos, familias y la sociedad.

Reconociendo que el deseo sexual no es amor y que la actividad sexual motivada por el deseo me daña tanto a mí como a las demás personas, me comprometo a no tener relaciones sexuales sin consentimiento mutuo, sin amor verdadero y sin un profundo compromiso.
Me comprometo a buscar entre mis amistades, miembros de mi familia y de la sangha en quienes confío y me apoyo, un sostén espiritual que favorezca la solidez de mi relación.
Haré todo lo que esté en mi mano para proteger a los niños y las niñas del abuso sexual y para prevenir que las parejas y familias se rompan a causa de una conducta sexual inapropiada.
Consciente de que el cuerpo y la mente están interrelacionados, me comprometo a aprender formas apropiadas de cuidar de mi energía sexual y a cultivar la bondad amorosa, la compasión, la alegría y la inclusividad, que son los cuatro elementos básicos del verdadero amor, para mi mayor felicidad y la mayor felicidad de las demás personas.
Consciente de la diversidad de la experiencia humana, me comprometo a no discriminar ninguna orientación sexual o identidad de género.
Practicando el verdadero amor sabemos que continuaremos de una forma hermosa en el futuro.


4. Habla amorosa y escucha profunda.

Consciente del sufrimiento causado por palabras irreflexivas y por la incapacidad de escuchar a los demás, me comprometo a aprender a hablar a todos con amor y a desarrollar una escucha profunda que alivie el sufrimiento y promueva la paz y la reconciliación en mis relaciones con los demás, entre grupos étnicos y religiosos y entre las naciones.
Sé que las palabras pueden crear felicidad o sufrimiento, y me comprometo a aprender a hablar con honestidad, a emplear palabras que inspiren a todos confianza en sí mismos, que alimenten la alegría, la esperanza, y promuevan la armonía y la comprensión mutuas.
Me comprometo a no decir nada cuando me invada la ira. En ese caso, me entrenaré en respirar y caminar en plena consciencia para poder reconocer esa ira y observar profundamente sus raíces, especialmente en mis percepciones erróneas y en mi falta de comprensión de mi propio sufrimiento y el de la persona contra la que dirijo mi ira.

Me entrenaré en decir la verdad y escuchar profundamente para reducir el sufrimiento en los demás y en mí, y a encontrar soluciones en las situaciones difíciles.
Me comprometo a no difundir noticias de las que no tenga certeza y a no decir nada que pueda causar división, discordia o ruptura en el seno de una familia o de una comunidad.
Practicaré la Diligencia Correcta para nutrir mi comprensión, mi amor, mi felicidad y mi tolerancia, y transformar día a día las semillas de violencia, odio y miedo que residen en mí.


5. Transformación y sanación.

Consciente del sufrimiento provocado por un consumo irreflexivo, me comprometo a aprender a nutrir de forma sana mi cuerpo y mi mente y a transformarlos, cultivando la buena salud tanto física como mental por mi práctica de la plena consciencia cuando como, bebo o consumo.
A fin de no intoxicarme, me entrenaré en observar profundamente mi consumo de los cuatro tipos de alimentos: los alimentos comestibles, las impresiones sensoriales, la volición y la conciencia.
Me comprometo a abstenerme de juegos de azar, alcohol, drogas, y a no consumir ningún producto que contenga toxinas, como ciertas páginas web, juegos electrónicos, músicas, películas, programas de televisión, revistas, libros e incluso ciertas conversaciones.
Practicaré con regularidad el volver al momento presente para estar en contacto con los elementos nutritivos y saludables que se encuentran en mí y en torno a mí.
No dejaré que me arrastren los remordimientos y las penas del pasado, ni las preocupaciones o miedos por el futuro.
Me comprometo a no emplear el consumo como un medio de huir del sufrimiento, la soledad y la ansiedad.
Me entrenaré en observar profundamente la naturaleza interdependiente de cada cosa, de forma que, al consumir, nutra la alegría y la paz tanto en mi cuerpo y mi conciencia como en el cuerpo y la conciencia colectivas de la sociedad y de nuestro planeta.





viernes, 19 de julio de 2024

Segundo entrenamiento, sobre la justicia social.

 


Después de la meditación en el grupo de estudio, hoy toca debatir sobre el segundo entrenamiento de la plena conciencia.

Básicamente, se trata de "no robar", resumió alguien.
Esto implica, entre otras cosas, evitar el consumo innecesario.
Y respetar los derechos de los demás seres, incluidos los seres humanos.
Trata del consumo responsable, de no expoliar el planeta y sus criaturas (los animales, las plantas, los entornos naturales), pero también al ser humano.
Trata, entre otras cosas, de justicia social.
Y hoy más que nunca quizás, con los avances en el mundo de las fuerzas más retrógradas, la insolidaridad, la violencia y las guerras, nos toca defender los derechos sociales tan duramente conseguidos y avanzar aún más en el respeto y la justicia social.

Nadie mostró desacuerdo.

Quizás, en el transcurso de nuestra vida no lleguemos a ver un mundo respetuoso, de justicia social, donde ningún ser humano sea declarado ilegal y ninguna mujer sea asesinada por su pareja o su ex, donde nadie se apropie del valor de tu trabajo ni convivan con naturalidad la riqueza y la pobreza.
Quizás no lo veamos en esta vida pero podemos comprometernos a aportar nuestro granito de arena para mejorarlo, para unir fuerzas en esta dirección.

Dejar un mundo mejor para el ser humano. Y para todas las demás criaturas.
Y también un ser humano mejor para el mundo -comentó alguien.

De qué nos sirve conquistar ciertos derechos, ganar algunas guerras,
si lo hemos hecho con ira y con odio?
Imagina un pueblo que ha sido perseguido, humillado, explotado y agredido de una forma atroz.
Conseguimos parar ese genocidio y las condiciones cambian.
Imagina que el pueblo perseguido, pasado el tiempo, se convierte en el nuevo monstruo asesino y perseguidor, movido por la rabia, la paranoia, el sentido de amenaza y peligro.
Creo que es importante aprender a gestionar el dolor que surge en las situaciones de injusticia.
Porque si no, la resolución momentánea del problema es solo aparente.
Y pronto surgirá otro problema en represalia, quizás aún peor.

Hay quien dice que el sufrimiento es la mejor escuela, pero no siempre es así.
Depende de cómo se gestione ese sufrimiento.
Si se gestiona desde la impotencia, el victimismo, el odio y la venganza,
el problema no está resuelto aunque lo parezca.
Estaremos nutriendo las semillas de la venganza, la ira y la violencia
que antes o después emergerán en forma de nuevos atropellos.

Es importante dejar un mundo mejor pero, sobre todo,
es importante dejar un ser humano mejor
para las nuevas generaciones que nos seguirán.
Y ésos son nuestros dos grandes compromisos.
La gran misión del eslabón de paso que somos.

Yo decido prestar atención, sobre todo, a la mente que genero en cualquier situación,
en especial en las situaciones de conflicto.
Solo una mente de comprensión, empatía, solidaridad y amor,
con paciencia y perseverancia,
contribuirá a un mundo mejor a corto, medio y largo plazo.