jueves, 15 de octubre de 2020

Metta y el perdón.

 


Lee: "Relajarnos en el perdón".

Cuando escuchas hablar sobre el perdón,
en lo primero que piensas es en tus asignaturas pendientes,
los resentimientos que arrastras,
la persona, o personas, a las que aún no has podido perdonar.
Qué sorpresa cuando te das cuenta de que el tema va sobre perdonarte a ti misma.
Piensas: Sí, eso también.
Y automáticamente aflora la ristra de culpas,
vergüenzas, humillaciones y agresiones
que has perpetrado,
muchas veces por simple impulso, involuntario y sin premeditación.
Aun así, las arrastras como espinas entre las fibras de tus músculos.
Al menor movimiento equivocado puede doler.

"Eso también", dices, como si fueran dos cosas diferentes.

Mira profundamente y ve que por detrás de cualquier resentimiento, 
de cada afrenta externa no perdonada
(las últimas, las que parecen tan difícil perdonar),
lo que hay es una autoculpa tan intensa, tan insoportable,
que resulta más llevadera colocarla fuera.

Al final, siempre que se habla de "perdonar"
se trata de perdonarse a una misma.



El día va a dar a su fin.
Hoy la puesta de sol no la pillará caminando por los bosques
y la espera bajo la pérgola,
en este sofá como un trono sobre la cima de la montaña,
contemplando los valles y montañas a sus pies,
y el espectáculo vivo de luces y colores, que lo envuelve todo.
Mientras habita el reinado de Metta.
Que me impregne,
que me inunde,
que se mantenga más allá de cualquier "romance"
y de cualquier "luna de miel".
Que me permita perdonarme.



martes, 13 de octubre de 2020

La reencarnación.

 


Otro bello día amanece.
De silencio, tan lleno.
De soledad, tan habitada.
De libertad.
Manchas de nubes de algodón coronan las montañas.
Cada día el paisaje es diferente,
un nuevo mundo que contemplar.
Y habitar.
Un nuevo yo.

Con el paso de los días, ha aprendido a comprender un poco más
y fluir mejor
en este entorno.
Las botas de montaña por la mañana,
cuando la hierba está impregnada de noche líquida.
La chaqueta para el desayuno bajo la pérgola,
con vistas al paisaje infinito.
Más tarde, la desnudez bajo la camisa fresca, 
caminando los caminos de un bosque siempre nuevo, a veces el vértigo.

Hoy suena la voz de un transistor lejano.
Y un perro ladra
y corre como si se dirigiera a algún lugar.
Sonido de cascabeles.

Cada día es un día nuevo en un mundo nuevo.
No es que sea impermanente,
o cambiante.
Es que es otro.




domingo, 11 de octubre de 2020

Sobre el yo y el no-yo





Nuestro problema surge de que el poder del pensamiento nos permite construir símbolos de cosas, separados de las cosas mismas.
Así, podemos hacer un símbolo, una idea de nosotros mismos aparte de nosotros mismos.
Como la idea es mucho más comprensible que la realidad, y el símbolo más estable que el hecho en sí,
aprendemos a identificarnos con nuestra idea de nosotros mismos (la idea del yo).
De aquí nace el sentimiento subjetivo de un yo que "tiene" una mente,
generándose un conflicto entre la idea de nosotros mismos (el yo biográfico, el relato que nos contamos)
y la experiencia inmediata de nosotros mismos (yo experiencial).

(Vacuidad y no-dualidad. Meditaciones para deconstruir el yo.
Javier García Campayo)


Al principio, realizamos la vacuidad con una mente conceptual, basándonos en razones correctas que hemos comprendido previamente con firmeza.
Cuando realizamos la vacuidad de este modo, tenemos la sensación de que nuestra mente está separada de ella. Parece que nuestra mente está en un lugar y su objeto, la vacuidad, en otro, sin llegar a unirse.
Para alcanzar una realización directa de la vacuidad, hemos de suprimir de manera gradual la distancia entre ésta y nuestra mente, eliminando la apariencia dual.
Éste es el camino de la visión.

(Corazón de sabiduría.
Gueshe Kelsang Gyatso)






sábado, 10 de octubre de 2020

Metta y vacuidad.




Al principio, la excitación era tal que el cuerpo inquieto se movía casi sin parar,
explorando terrenos, descubriendo el entorno,
entregada al asombro de cada centímetro de este cuerpo de Dios,
sus aromas, sus texturas, sus colores
(en el camino, las hojas de los árboles empezaban a ser amarillas y naranjas, violetas y marrones),
el tacto de su abrazo fresco o cálido,
sus paisajes nuevos, sus rincones,
el espectáculo de la transformación en movimiento.

Entonces llegó la lluvia, tormentosa,
y la hizo parar
y emergió otra forma de recogimiento.

Antes de salir de casa había elegido dos libros al azar
(tampoco ésta había sido una decisión):
uno sobre la práctica de metta
y el otro sobre la deconstrucción del yo.

Al atravesar la verja de entrada al retiro, el lama había salido a recibirla
y le había preguntado cuál sería su práctica.
"La autoindagación", había respondido ella, por dar una respuesta.
No le parecía que hubiera otra cosa que hacer, desde hacía algún tiempo.

Pero no era eso lo que se había encontrado en este retiro.
Lo que había emergido era una fuente de amor
(como si ya la trajera dentro, a punto de aflorar),
un encuentro.
Como si ya estuviera ahí cuando bromeaba diciendo que se iba a vivir su romance, su "luna de miel"
-sin saber de dónde surgían esas palabras en su boca.

Y eso es lo que había sucedido.
Una luna de miel.
El único romance que deseaba en su vida.
"Donde tú buscas una pareja yo busco a Dios", le había dicho una vez a su amigo.
A sabiendas que donde él creía buscar una pareja
también buscaba el encuentro con Dios.
La nostalgia de los orígenes.
El regreso a los orígenes.


En un retiro (como en toda cita amorosa), hay tiempo para el amor
y también para la contemplación.
Especialmente si la lluvia te mantiene en quietud física y recogimiento.
Tiempo para la vivencia y para la comprensión.
Y así fue como cogió ese libro, "Vacuidad y no-dualidad. Meditaciones para deconstruir el yo".
A veces le parecía que la lectura era otra distracción
(como conectar la tele que no tenía, un sustituto honorable).
La reflexión conceptual la alejaba de la vivencia profunda,
en este caso de la experiencia de amor.
Y reconoció que su metta no era estable.
No había fusión.
Ciertamente, aún vivía separada
(tal como había predicho el Nondual Embodiment Thematic Inventory, NETI,
con una puntuación de 74 entre 20 y 100).
Su metta no era estable porque aún vivía separada.
Y esa apreciación la retuvo en la autoindagación que hasta hace un momento vivía como una distracción de la experiencia (de metta).




Seguía lloviendo.
Volvió al libro y lo abrió al azar.
"Algunos de los elementos que pueden convertir en insoportable la experiencia de la vacuidad (al principio) son:
1. El miedo.
2. La ausencia de sentido.
3. El duelo por la visión de nosotros mismos (el viejo yo)."

Subrayó el segundo: "La ausencia de sentido".
"La duda", anotó al margen.
Se fue directamente a ese capítulo: la ausencia de sentido.
"Todo lo que hacemos en la vida, todo lo que deseamos, todo lo que perseguimos,
lo hacemos por el yo.
Aunque sea una ilusión, es el motor de nuestra vida.
Todo esto (el yo, las metas que nos planteamos)
nos otorga dirección y sentido.
Pero cuando empezamos a percibir que el yo no existe, todo eso se pone en cuestión.
Y es probable que todos esos proyectos y objetivos que daban sentido a nuestra vida se derrumben como un castillo de naipes.
Lo más frecuente es que entonces surja un nuevo sentido de nuestra vida".

"Y si no?", escribió al margen.
Evocó el mara de la duda tantas veces en su vida,
esa voz en medio de la quietud, de la contemplación,
del no-hacer/no-ser.
La voz del mara de la duda, aunque ella se mantuviera imperturbable,
aparecía y desaparecía,
para volver a aparecer
y desaparecer,
como tantas otras voces
y tantos otros maras.
A ninguno de ellos les daba credibilidad,
pero ahí estaban.

Vio la frase subrayada en su libro: "Un nuevo sentido",
y su anotación: "Y si no?"

Entonces comprendió la respuesta que cerraba el círculo.
Dibujó una flecha de la frase subrayada ("un nuevo sentido") al margen superior
y escribió: "Metta".

El nuevo sentido era el lugar de donde había partido:
la plenitud de la experiencia de amor.

Tanta autoindagación para llegar al impulso primero,
a la experiencia original
de la disolución en el amor.

"In love we disappear", dice Leonard Cohen.

Como si se cerrara el círculo.
Un metta no estable te conduce a la autoindagación
que te conduce al metta estable.



Las dos alas del mismo pájaro:
amor y vacuidad.
El amor y la disolución del yo.
No se mantiene una sin la otra porque las dos van juntas.

No era la primera vez que lo descubría
(compasión y vacuidad, las dos alas de la iluminación).
Pero ahora, una vez más, era como la primera vez.
Como una realización nueva.

Sabía cómo era el "encuentro", la disolución por amor
(in love we disappear),
y sabía de la pérdida, la separación (y la duda),
y sabía que tenía lugar por la ilusión del yo.

Sabía que sólo la disolución del yo mantendría metta.
Y sólo metta estabilizaría la disolución del yo.



jueves, 8 de octubre de 2020

Como una lluvia de bendiciones.

 


Las nubes toman formas aisladas, entre los árboles del bosque.
Cuerpos blancos de humo en transformación.
En disolución.
Cada vez más cerca.
Se acercan, se disuelven.
Cielo cubierto y nubes caminando la tierra en los bosques de la Garrotxa.

Llegó con una bomba de amor a punto de estallar en el pecho.
Sin darse cuenta, hacía semanas que la había estado alimentando.
Tanta inspiración, tanto amor de vuelta.
Tanta entrega, que llenaba su vida de ofrendas y regalos.
Llegó cargada con una mochila de metta, sin saberlo.
Y por si fuera poco, había visitado a esa monja eremita del Montsant:
"Quien no tiene miedo disfruta de la noche".
Más de cuatro décadas habitando la abundancia de la soledad.

Así que ya llegó cargada de inspiración, sin saberlo.
Como si acudiera a una cita privada y muy íntima con el amado.
Y se dio el encuentro y tuvo lugar la explosión.
Y luego la calma serena.
Parecía que el Cosmos se aliara y estalló la lluvia.
Pero en realidad no hubo ninguna "alianza" (de dos)
y era el mismo cuerpo del amado estallando también, como ella misma,
el mismo cuerpo de Dios.

Estalló la lluvia, abundante, 
y le ofreció el refugio de madera,
cálido, a cubierto.
Y también la pérgola en la montaña, un mirador privilegiado,
desde donde oler la lluvia
y sentir la caricia del aire fresco en la piel,
desde donde contemplar el milagro de este cuerpo sagrado,
la entrega de los árboles, los prados y montañas
al mismo abrazo de Dios.
Y el porche de madera en el corazón del bosque,
el tejado prolongándose en un techo suficiente
sobre su cabeza.
En las mismas entrañas del bosque.

Y así fue como, en medio de este encuentro amoroso,
la excitación mística fue disolviéndose
hasta tocar la serenidad.
La familiaridad tranquila
en la convivencia
con el amado.




lunes, 5 de octubre de 2020

Entre Dios y la mente.




El sonido del agua al correr por el tejado,
el repiqueteo de las gotas en las hojas de los árboles
y en la hierba de la tierra fértil.
El cielo cubierto sobre este bosque; 
claro e iluminado al fondo, entre las montañas.
Algún pájaro se atreve a volar
y canta.
La tarde del tercer día,
al otro lado empieza la semana laboral.
Siete días por delante.
¿Y el amor?
¿No era ésta mi luna de miel?

Apareció como una nube, el recuerdo del programa establecido,
y regresó a él como a un ancla.
La deconstrucción del yo.
Y se ha perdido en los razonamientos conceptuales de la no-dualidad.

Las manos vacías.
Nostalgia de los orígenes.
Retornar al cuerpo de Dios, tan presente.
A su cuerpo en la lluvia,
en las hojas mojadas, en los troncos húmedos,
en la voz del agua al abrazar los cuerpos,
en el suspiro del abrazo.
Dios en el aire fresco en sus piernas desnudas,
en el calor de su pecho a cubierto.
En el aire de pino que entra por sus fosas nasales
e impregna las células de este cuerpo.
Dios en el cuerpo gigante y estable de las montañas,
en su quietud serena.
En la nube que surge del fondo del valle como una humareda blanca
para avanzar y hacerse grande sobre bosques y montañas.
El cielo ha decidido bajar a la tierra.
Otro encuentro de amor.

En la madera mojada y crujiente de la cabaña que esta noche me dará refugio.
Dios y yo, a solas, sin distracciones.
El encuentro, el romance.




viernes, 2 de octubre de 2020

Metta y la autoindagación.

 



¿Soy más la higuera que el pino?
El olor de la higuera se hace yo y yo me convierto en el olor de la higuera.
¿Soy más una mariposa que una mosca?
¿Soy más el aire que abanica las copas de los árboles que los rayos hirientes del sol?
¿Soy más las nubes blancas que el cielo claro?

Y aquí está todo.
El zumbido del vuelo rápido de la mosca
y el del abejorro,
y el vuelo delicado de la mariposa, que no me necesita.
El aire en la piel
y el sol alimentando el bosque, la tierra, la hierba,
después de la lluvia.
El mismo sabor.

"Que Metta llegue a todos los seres", dice el sutra.
"Recordemos que el universo entero es nuestra mente.
Cuando metta colma nuestra mente,
los conceptos se desvanecen y solo queda la experiencia de metta".



El lama en su corazón le preguntó cómo llevaba la práctica de la autoindagación.
Por un milisegundo su expresión fue de desconcierto
(¿la práctica de qué?).
Luego ató cabos.
Tú propones y la Vida dispone, pensó.
El lama físico le había preguntado al llegar cuál iba a ser su práctica estos días de retiro
y ella había respondido que la búsqueda del yo.
Pero no era así como era.

Aún seguía en Metta.
Todo era el cuerpo de Dios.
Ningún yo para indagar sobre ningún yo, ni sobre nada.
Todo era Metta.
Nada sobre lo que autoindagar.