jueves, 26 de abril de 2018

El mejor momento del día es ahora mismo.








El mejor momento del día es ahora mismo. Aquí mismo.
La ropa tendida al sol y al aire.
El kimono blanco se ofrece al sol, el mejor blanqueador, y al aire perfumado a pinos, higueras y robles.
Un coro de gorriones invisibles y gaviotas.
Alguna tórtola valiente cruza el espacio hiriente de sol
y hace una parada sobre la antena.
El aire acaricia la ropa,
su rostro y su cabello a la sombra.
El sol abraza sus piernas y sus pies desnudos.
Ningún lugar del mundo es mejor que aquí mismo.
Ningún momento del día, ni del año, mejor que ahora mismo.



Si ahora me fuera, todo saldría bien -dijo una vez.
Siempre sale bien -la corrigió su amigo.

Enseguida supo que él tenía razón.
Por otra parte, el miedo, el escepticismo en su cabeza, lo pusieron en duda.
Y, por si acaso, siempre quiere estar preparada.
Como cuando era niña y leyó aquello (lo escribió un cura moderno)
sobre estar preparada en todo momento para el amor,
porque en cualquier momento puede aparecer.





Estar preparada.
Como si la espera fuera más plena que el encuentro mismo. O lo mismo.
Ella conoce el "encuentro", así que dejó de temerlo,
o evitarlo.
Sabe que el amante aparece, y desaparece.
Y desaparece ella misma.
Y aún no sabe cómo estabilizar esa experiencia,
pero se entrega a ella,
presente
o ausente.

Ya sea en la espera
o en el encuentro,
el mejor momento del día es ahora mismo.
Aquí mismo.





martes, 24 de abril de 2018

Tienes en tu vida la cantidad y calidad de amor que puedes manejar.





Sobre el amor.
Así lo escuché en una charla de café.
Específicamente, en una tetería, delante de un té moruno y pastitas marroquíes.



Cada persona tiene en su vida la cantidad y calidad de amor que puede manejar.

A veces la persona no proyecta en su vida una situación de amor, sino de odio y conflicto,
exigencias, carencias, desesperación, rechazo o victimismo (por sentirse rechazada),
alivio (al recuperar lo que parecía perdido).
Lo llamamos "pasión".

A veces, la persona proyecta sufrimiento y lo llama amor.
Y ésa es una trampa,
porque si en un momento dado aparece el amor en su vida, no lo reconocerá.
lo llamará "aburrimiento" o algo peor,
o diferente.

Para quien tiene esa confusión mental, esa adicción al sufrimiento
(que llama "pasión", o "enamoramiento", o incluso "amor"),
ningún amor real le parecerá suficiente.
Siempre estará comparándolo con el sufrimiento,
con la pasión/sufrimiento (que ella llama "amor")
y cualquier otra cosa saldrá perdiendo.





Nos convencemos de que eso es amor, aunque podría ser otra experiencia, diferente,
que se basa en los miedos del ego,
las carencias que consideramos tener,
la humillación del rechazo, la desesperación,
la necesidad de control y posesión
y el profundo dolor de no conseguirlo.

Lo leí hace tiempo en una pegatina en la nevera:
"Quien ama, no sufre.
Quien sufre, no ama".

¿Por qué llamamos "amor" a la experiencia del ego separado,
asustado y confuso,
controlador e insatisfecho?




Una vez oí:
"Tiene muchos miedos.
Y no te puedes fiar de alguien con tantos miedos".

A veces nos relacionamos como puercoespines desesperados,
y le llamamos amor.
Y lo peor es que crea adicción.
Y te acabas creyendo que si no pincha hasta sangrar es que no es amor.
Y al lado de este dolor, la experiencia apacible y amorosa,
de entrega y plenitud,
te parece aburrida.
Aunque sólo te suene de oídas.
Te parece otra cosa.
Nada comparado con el "amor" que conoces.





No te compliques la vida con una persona adicta a ese tipo de "pasión"/sufrimiento.
Pero puedes amarla en la distancia,
sin esperar que te reconozca.
Ámala y suelta.
Porque cada persona tiene en su vida la cantidad y calidad de amor que puede manejar.
Pero no te metas en un infierno que no es el tuyo,
si tampoco estás segura de que lo puedes manejar.





Si te quejas del amor, o falta de amor, que tienes en tu vida,
recuerda que te está dando información sobre lo que tu pequeño yo necesita
o proyecta
en este momento dado.


Consuelo Martín dice:
Lo que comprendes es justo lo que necesitas comprender.
Y Deeprak Chopa:
Tienes en tu vida la cantidad y calidad de amor que puedes manejar.





viernes, 20 de abril de 2018

El sueño que nos distrae.







Cuidado con el sueño, como una abducción.
Como una hipnosis que secuestra tu conciencia.
Cuidado con el sueño, cuando te lo crees.
Lo peor para ella no es el sufrimiento que causa, si sufres o no,
lo peor es la distracción.

Mientras estás resolviendo problemas del sueño, no estás en la contemplación.
Has dejado la casa del amor y la entrega y la plenitud
y te has ido de viaje por un relato de aventuras.

Las aventuras están bien, el viaje, si lo vives como una especie de "pilgrimage",
una peregrinación.
Cuando te vas por el mundo en un viaje de autodescubrimiento, en busca de ti misma,
acabas descubriendo a Dios. La Verdad. La Vida.
En eso consiste el autoconocimiento,
en descubrir ese "Yo".





Así que vivir el sueño no es el problema, para ella.
Si tienes presente que es un sueño,
como un viaje de peregrinación
lleno de aventuras que te van desvelando capa tras capa,
en el proceso de autoconocimiento.

El sueño es ese viaje,
como una película kármica llena de significados.

Pero si te mantienes "con los pies en la tierra",
con las raíces en casa (la paz, la plenitud)
el sueño perderá su efecto abductor o de hipnosis.
El sueño te resulta revelador
pero sabes que no es todo.
Contemplas la película desde la paz del hogar,
la plenitud que ya eres.
Y el fervor de la película no conseguirá que lo olvides.

Que mi sueño no me distraiga demasiado, pensó.
Que tu sueño sea revelador, que te conduzca a la comprensión y la libertad
que ya eres
-deseó, como una oración.





miércoles, 18 de abril de 2018

Todo está aquí.






Nada que hacer,
ningún lugar
a donde ir.
El mejor lugar del mundo es aquí mismo.
Suenan variantes del canto de la tórtola, desde la antena en el terrado,
calla, y echa a volar.
Las gaviotas planean.
Un coro de gorriones anidan en los árboles del Montjuic.
La ropa blanca tendida al sol,
el karategui desprende un olor limpio, después de la práctica de anoche,
blanqueado al sol.
Las toallas que la envolvieron al salir de la piscina, bajo las estrellas y una línea de luna creciente.
Las fundas de las almohadas acompañarán su sueño esta noche con olor a montaña y sol radiante.




Podría haber sido un gran día de mar y brisa de primavera, tal como había planeado,
pero subió a tender la ropa y evocó el lema de su taza favorita:
El mejor lugar del mundo es aquí mismo.

Acercó la hamaca a la sombra, entre macetas, y se sentó a contemplar las nubes
y a escuchar la orquesta del silencio.
El silencio atronador, también en la realidad histórica, o relativa, el sueño kármico.

Se llevó la copa de cerveza a los labios. Un perro ladra.
A su lado, en el suelo, encontró unas líneas de la contraportada del libro de Consuelo Martín, encerrado en la bolsa:
"¿Estamos dormidos o despiertos?
La vida lúcida, ¿es posible?"

Como marcalibros, sobresale la imagen de Prajnaparamita:
"Abre los ojos de la Sabiduría".

Ella cierra los ojos un instante y contempla
hacia dentro.
El mejor lugar del mundo es aquí mismo.
Todo está aquí.






Evoca aquella revelación mientras tomaba un helado después de la cena.
Subió a este mismo terrado a degustar el postre bajo las estrellas
y de repente vio todos los fotogramas en este mismo lugar:
ella y su helado,
aquel bebé naciendo a este mundo,
su propio cuerpo gastado y soltado,
la muerte de su madre,
la madre niña,
la abuela dando a luz a la madre...
Todo está aquí -reconoció.
Y desde entonces, su vida pasó a ser otra cosa.

Todo está aquí.
Lo que pareció ocurrir
y también lo que pareció no ocurrir.

Todo está aquí.

Y dejó de correr de un lado a otro.





sábado, 14 de abril de 2018

El silencio atronador.






Llueve.
Gris, y las gotas de lluvia repiquetean sobre el techo de cristal de la galería.
Los sonidos del silencio hoy son la lluvia y el tictac del reloj,
y el crujir a veces de la mesa o las hojas de la libreta donde escribe.
Y quizás la presencia de este organismo presente, la sangre en las venas,
la respiración,
esta red de autopistas con paradas abastecedoras
que mantienen en funcionamiento este cuerpo.

A veces, el canto de una tórtola, desde su cobijo.


La sinfonía del silencio.
Thich Nhat Hanh lo llama "el silencio atronador"
-escribe esto y la lluvia se hace fuerte, poderosa, amenazante incluso, atronadora.






Piensa que la expresión "silencio atronador" se refiere quizás a que está lleno de significado y comprensión,
rebosante de contenido,
lo que podría parecer a priori que es mero espacio vacío.

El silencio como una puerta al infinito, el infinito mismo.

Consuelo Martín dice que la contemplación te permite salir de la zona de confort de lo conocido,
del mundo limitado de la percepción kármica personal y colectiva,
para conectar con lo desconocido,
con la plenitud definitiva.

Como morir.

Ella sospecha que es entonces cuando descubres eso que ha oído tantas veces sobre que "la muerte es una ilusión".

Que la contemplación te permite salir del mundo limitado de los sentidos,
de esta percepción e interpretación kármica,
para dar el salto a lo desconocido.
Como morir.
Cuando descubres que la muerte no existe.




domingo, 8 de abril de 2018

Amanecer.






Ha sido un interesante entretenimiento. Pero tampoco era para tanto. Tanto celebrar.
Puede que lo hiciera por aburrimiento, por esa necesidad del ego de sentirse importante. Qué manera de sublimar!

Ella se va creyendo que tiene un amor maravilloso a su lado, y tres hijas que la necesitan.
Y aún así se va relajada y feliz, delegando.
Este barco continuará su marcha sin ella, tan bien como con ella.
Pero, yo?, pensó.
No tengo nada "maravilloso" a mi lado, ninguna ficción. No de ese tipo.
Su presencia o su ausencia podrían pasar igualmente desapercibidas.
Las gaviotas, las tórtolas, el terrado.
Absolutamente indiferentes a su presencia o no.
Los árboles de la montaña del Montjuic, como abanicos abanicados por el viento.
Conmigo o sin mí, piensa.
Nadie la echará en falta demasiado
y a nadie echará en falta ella.
Y no le duele esta libertad.
Dice: Gracias, Vida, por ponérmelo tan fácil, siempre.
Y cierra los ojos.




Le gustaría vivir en meditación permanente, esta ebriedad.
Esta locura estabilizada.
Este desapego, esta libertad.
Si hay algo que desea, es sólo eso: esta lucidez estabilizada.

Quizás te parece triste, o cobarde.
Pero ella podría decir, como Neruda: Confieso que he vivido. Este sueño.
Confieso que he soñado.
Ahora le gustaría vivir, el resto de la vida que le queda, despierta.
Desde la muerte. Vivir. Despierta.
Esto mismo aquí y ahora.
Estabilizado.
Si algún tipo de permanencia fuera posible.

Corre un aire suave y fresco por debajo de un cielo cubierto.
Y a ratos tímidamente se filtra el sol.
Aún aquí.
Aún aquí, ahora.





lunes, 2 de abril de 2018

La ola medita en la muerte.







La práctica de la meditación en la muerte va cambiando conforme tú misma vas transformándote.

Al principio, el planteamiento surge de la experiencia de la hipnosis en la que me encuentro.
Contemplo la muerte propia, como si algún día fuera a dejar de existir,
como si hoy mismo existiera.
Medito desde la ola con la que me identifico, no desde el océano que soy.
Esta ola que nace, se alza (brusca o suavemente, clara o turbia),
realiza su trayectoria y acaba muriendo suavemente en alta mar,
rompiéndose contra las rocas o acariciando la orilla.
Fin.

Desde la ola separada que te sientes, tal vez contemplas el final con tristeza, miedo, angustia o algo peor.
Déjala entonces. Puede que no sea el momento para esta meditación.
En ese caso, podrías elegir meditar en el amor, igualarte, la compasión, dar o tomar.
Son meditaciones que con el tiempo y la práctica van reduciendo la sensación de separación y te van haciendo más consciente de la interconexión.
Que ser (o vivir) no es ser aisladamente, sino "interser".
Que nada puede ser separado de las causas y condiciones.
Que la ola sólo puede aparecer y mantenerse por la fuerza de otras olas,
el viento, las corrientes marinas
y, sobre todo, por su esencia misma de agua, de mar.
Compartes la misma naturaleza que todas las demás olas.
Surges del agua y te disuelves en el agua.
La ola puede nacer y morir un millón de veces
pero nunca deja de ser el agua que es.





La meditación en la muerte va transformándose con la práctica.
Ella recuerda que la primera vez que anunciaron que harían la meditación en la muerte, se sintió ilusionada como si la fueran a llevar al viaje más alucinante.
Iba a practicar el soltar absolutamente,
soltar todos los lastres (psicológicos, emocionales, físicos),
iba a transcender los límites de esta realidad conocida,
aunque sólo fuera por unos minutos, en meditación.

También podría ser que sientas vértigo y mucho miedo a lo desconocido,
al vacío, al no-ser.

En cualquier caso, lo estamos viviendo desde la ola.
Desde el yo separado que se identifica con este pack cuerpo-mente.
No importa.
Lo que importa es si esta meditación nos transforma,
si cambia nuestro orden de prioridades.




Tener la muerte presente en tu vida quizás te induzca a cambiar tu agenda,
a dejar de hacer cosas innecesarias que te hacen sufrir,
o simplemente se llevan tu tiempo y tu energía, que desearías emplear en otra cosa.
Puede que incluso se aligere un poco tu agenda,
y el "aburrimiento" ya no te asuste.
Puede que se reduzca tu estrés, que pierda importancia la aprobación ajena,
que dejes de buscar el amor por ahí fuera, porque has encontrado una "cocina mágica" en tu interior que no deja de cocinar los platos de amor más exquisitos, día y noche,
y en esa abundancia ya no necesitas venderte por unas migajas.

La meditación en la muerte puede ser liberadora aún desde la ola,
desde el yo separado que cree que va a morir.




Si con el tiempo dejas de designar "yo" en este pack cuerpo-mente
con el que ahora te identificas,
si "yo" pasa a ser el agua que aparece en múltiples formas,
en ese caso y gradualmente,
la experiencia de la meditación en la muerte irá cambiando también.

Y lo mismo le ocurrirá a la forma en que afrontas tu "preciosa experiencia humana".