domingo, 29 de diciembre de 2013

New Year, New Me.








En la última meditación del año,
la facilitadora repartió una copia de una de las caligrafías de Thay:
"New Year, New Me".
Luego propuso dedicar unos minutos a meditar en silencio sobre algunos propósitos de año nuevo, para el nuevo yo. Propósitos muy concretos para aplicar en la vida cotidiana.
Y que cada persona los apuntara en un papel que repartió junto con la caligrafía.
En Plum Village el ritual suele completarse con la meditación en torno a una gran hoguera, donde finalmente se arrojan los deseos espirituales para el año nuevo, la vida que continúa.
En esta sala de meditación no había hoguera, así que cada cual se quedó su pequeña lista junto a la caligrafía de T.N.H.
Y ahí está ahora, sobre la mesa del estudio, un folio doblado (New Year, New Me)
que encierra una lista de propósitos que ya están en marcha.





En el espacio para compartir alguien contó que estaba leyendo un libro sobre la vida de Teresa de Calcuta y su correspondencia epistolar. De Teresa de Calcuta ella conocía su faceta más pragmática -explicó-, de servicio a los seres más débiles, pobres y enfermos. Su actividad externa.



Pero ahora estaba descubriendo su actividad interna, a la mística enamorada, la alegría explosiva que sabía conservar en medio de los infiernos. ("Cuando veo a alguien triste, siento que se está perdiendo algo", escribe; la conciencia plena -de la presencia del amor y el amado en tu vida- es incompatible con la tristeza).
Y supo también de la "noche oscura", cuando la monja dejó de sentir la presencia de su amado iluminando su vida, y sin embargo eso no afectaba ni un ápice a su actividad externa y ella seguía entregada a su misión. Día y noche. Haz lo que debas. Que tu estado de ánimo personal no afecte a tu misión en esta vida.
Así lo había hecho la monja de Calcuta y no había sido la primera. Ni sería la última.



A veces hay noches
y a veces son oscuras.
Cuando te pierdes "algo".
No sabes por qué pero la luz interior se apaga y tu amor languidece.
(Ella cree que es lo mismo; la luz y el amor languidecen juntos porque quizás son lo mismo).
Hay quien le llama "bendiciones" (que llegan y dejan de llegar), karma o conciencia plena. El hecho es que se debilita, como si la conciencia dejara de ser plena y se redujera, haciéndose menor, más limitada y difusa, menos clara.
Y ella pidió, también, esforzarse por recuperar la alegría, plena, esa mirada de amor que hace que estallen risas explosivas a la menor ocasión.





Todo eso le explicaba la amiga, después de la meditación, mientras tomaban algo en la cafetería de al lado, como alargando la sobremesa contemplativa.


Me siento como si hubiera perdido el control de mi mente -decía la amiga-, como eso que llaman
"los paraísos perdidos".
Yo le llamo el "acontecer kármico", dijo ella.
Las viejas tendencias, la inercia de los viejos hábitos.
Esa sensación, ¿es nueva o ya la habías sentido antes, alguna vez?
Claro que la sentía antes -respondió la amiga-, pero yo pensaba que ya no volvería más.
Pues aquí está otra vez. Una vieja experiencia reaparece, madura de nuevo.
Porque aún permanece como una semilla dentro.
La diferencia es que antes, cuando aparecía esa experiencia te la creías (eso soy yo,
ese pensamiento, esa sensación de tristeza, frustración, insatisfacción, desamor...)
y ahora la ves y simplemente la reconoces: ya está aquí otra vez esa vieja experiencia. Como una flor que madura (por familiaridad, por inercia) y acabará marchitándose.
Es sólo una experiencia kármica, no soy yo.


La diferencia está en que antes te identificabas con esa experiencia 
y ahora la ves como una apariencia,
una experiencia kármica en proceso de disolución.

Ha perdido credibilidad y eso la hace cada vez más débil.


Seguramente volverá a aparecer de nuevo más adelante, debilitada por la falta de credibilidad.
Cada vez más débil.

Deja que pase la noche oscura, no te aferes a ella ni pierdas la perspectiva.
Porque a la noche siempre le sigue un amanecer.






domingo, 22 de diciembre de 2013

La luna llena.







El maestro decía
que a veces el budismo se vive como "devoción".
Y está bien. Pero
el budismo no puede reducirse a la devoción, dijo.
El budismo es la experiencia de la compasión y la sabiduría.
Es la experiencia de la sabiduría, de la mirada despierta, la consciencia plena.
Pero a veces te crees que esa experiencia está fuera de tu alcance y, al menos, dices, voy a dedicarme a la devoción, a los rituales. A realizar actividades que llamamos "virtuosas", como poner ofrendas a los seres sagrados (que vemos en las estatuas, cuadros y postales) y admirar y adorar a unos cuantos maestros y maestras en los que ponemos la etiqueta de "Buda".




Pero a veces la devoción te deja en tu zona de confort indefinidamente. Te atasca.
Es uno de los grandes peligros del camino espiritual.
Sería más útil darles tus ofrendas a los seres que las necesitan (Buda no necesita ningún regalo), a los que te rodean. Porque no existe iluminación fuera de la vida cotidiana.
No la vas a encontrar en otro lugar que en el presente y en el escenario que pisas.



Buda se iluminó en el momento presente; todos los seres iluminados se despertaron al comprenderlo todo en el momento presente, cuando tomaron consciencia plena.

Pero incluso Buda es sólo el dedo que señala la luna,
para ti.
Buda no es la luna.


La luna es tu experiencia personal, consciente, aquí y ahora, que lo comprende todo,
que contempla la naturaleza de los fenómenos (impermanente y vacía de existencia, vacía de "yo").


No te quedes en la devoción. Deja de adorar a todos los dedos que señalan a la luna, como si fueras miope.
Suelta todos los ídolos. Abandona la religión de la idolatría (aunque la llames budismo, cristianismo, islamismo, hinduismo, judaísmo o como quieras llamarla).
Porque la miopía de la idolatría no te dejará experimentar la luna que eres.






Eso dijo el maestro.

Dijo: Yo sólo soy el dedo, no me muestres veneración, échame a un lado y concéntrate en la luna iluminada
que es tu propia experiencia personal. Quizás aún no la veas llena y creas que estás en camino. Pero el camino es otro espejismo porque la luna siempre está llena, siempre está completa.
Aun cuando no la veas.



lunes, 16 de diciembre de 2013

Que no me distraiga la abundancia.







Parada.
Parar el cuerpo.
Sin miedo a dejar de generar energía (el frío interior tan temido).
Parar el cuerpo. Parar la mente. Contemplar.
Contemplar lo que perciben los ojos abiertos,
el oído,
el olfato,
el gusto,
la piel.
Tomar consciencia.
Despertar.
Por un instante.
Contemplar el sueño
lúcido.
Contemplar el movimiento de las nubes de paso,
lo que aparece
y su significado.
Verlo pasar.






Abandonó su mesa de trabajo y se acercó a la ventana.
La luz del sol caía sobre los tejados, al fondo.
El manto de luz se hacía más y más pequeño hasta desaparecer.
Pero aún quedaba la luz de la tarde iluminando la ciudad.
Y conforme el velo de luz se debilitaba las estrellas se encendían, por encima y por debajo de la silueta de la montaña.
Y sin saber cómo ni por qué, pensó en las hojas semisecas de albahaca que dejaba caer sobre la ensalada, una lluvia de hojas, un derroche. Y luego el aceite de oliva, un derroche.
Pensó en el derroche.
La indiferencia ante la abundancia, como el agua entre los dedos.
Qué desperdicio, pensó.
Y decidió reducir el consumo (material y de todo tipo)
y fundirse en la degustación.
Disolverse
en la degustación
del instante presente.
Hoja a hoja
de albahaca,
disolviéndose en el paladar.
Gota a gota.

Que no me distraiga la abundancia.





domingo, 15 de diciembre de 2013

Qué es para ti la sangha?








El facilitador comenzó la sesión de meditación con el simplificado y significativo ritual de siempre y las habituales palabras de saludo: Queridísima sangha, muchas gracias por estar aquí...

Pero esta vez, en vez de presentar la meditación guiada que había seleccionado para la ocasión, nos preguntó por qué estábamos aquí, qué esperábamos de nuestras reuniones con la sangha y qué es para nosotr@s la sangha.
Qué es la sangha?

- Para mí, es el alimento del que me nutro una vez a la semana para mantener la actitud apacible y feliz en mi vida cotidiana.
- Es una comunidad en armonía para vivir en consciencia plena.
- Ya que sale el tema, quiero compartir aquí que en el último retiro en P. V. estuve muy cerca de dos personas que resultaron ser de Barcelona y me chocó que nunca las hubiera visto por aquí y me dijeron que no se sentían muy identificadas con esta sangha. Lo dejo ahí. Quizás podríamos hacer algo diferente para que las personas se sientan más implicadas.
- Yo vengo a aprender a percibir la vida de otra manera.
- La sangha no es un club social, es un encuentro para practicar y meditar y compartir nuestras experiencias espirituales en meditación formal y en la vida cotidiana. Es la fuente que nos nutre para cambiar nuestra percepción en la vida cotidiana, de acuerdo a las enseñanzas de Buda -el dharma.
- Yo tengo que decir que cada vez más encuentro la sangha en todas partes -en el vestuario del gimnasio, en la cola del supermercado, en el metro... Porque todo el mundo busca lo mismo: resolver sus conflictos, sufrir menos, vivir de una manera apacible y feliz. Amar más. Dicho esto, yo también creo que estaría muy bien reforzar los vínculos de esta sangha, con iniciativas que ya están en proceso como la creación de un grupo de estudio, encuentros de fines de semana para la conciencia plena, etc.






Alguien contó que acababa de volver de un retiro, un encuentro en pequeñas dimensiones, ya que no se trataba de un festival nacional o internacional, una estancia de una semana en un pequeño monasterio, silencio, meditación y trabajos comunitarios. Y una vez más se había ratificado su decisión de vivir de esta manera, que éste es su camino, da igual si toca aislarse en un retiro en la naturaleza o realizar sus funciones en la ciudad.





Otra persona recordó antiguas experiencias, cuando volvía de un retiro, el efecto casi depresivo, la tristeza por volver a las "cuestiones mundanas". Afortunadamente, hace mucho tiempo que ya no me pasa eso, dijo, porque allí (en el retiro) o aquí (con la familia, en el trabajo, en la vida diaria urbana), al final es el mismo lugar, diferentes formas de lo mismo.
Diferentes manifestaciones del mismo espejismo.
La tierra pura no está vallada.
Y la sangha está en todas partes.




La sangha no son sólo los seres humanos -dice Thich Nhat Hanh-. Ni todos los seres sintientes. La sangha son todos los seres humanos y los animales domésticos y los que viven en libertad. Y las montañas, los árboles, los ríos y el mar. También son la sangha.


miércoles, 4 de diciembre de 2013

Niños maltratados y niños ignorados.







A veces siente como un desmayo. Una aproximación al desmayo, como a punto de entrar por la puerta, pero sin entrar. Como soltar el cuerpo y la mente. Como
a punto de ser "el cuerpo y la mente abandonados" que quiere despertar. Pero vuelve. La imagen tambaleante que la envuelve se enfoca y el cuerpo recupera su equilibrio, y ella retoma sus referentes -su familia, sus deseos, sus amig@s, su casa, sus espacios cotidianos...
Sabe que algún día podrá abandonar el cuerpo y mente sin desmayos.



Pasó el fin de semana cubriendo un taller sobre la meditación integrativa y el diálogo de voces (el Big Mind de Genpo Roshi) para contarlo en un reportaje.
En una versión libre y personal, ella me explica que cuando buscas el yo sólo encuentras un paquete de conceptos y pensamientos con los que te identificas y asumes como propios, como "yo". El yo madre, el yo amiga, el yo hermana, pareja, profesional... Resumiendo, un paquete de yos que se pueden clasificar, a su vez, en tres subpaquetes:
1. Los yos que aceptas y presentas abiertamente al mundo.
2. Los yos en la sombra -que no te gustan, reprimes y escondes: el yo egoísta, enfadado, víctima o juez..., cada cual con los suyos.
3. Los yos transcendentes: el yo compasivo, la Gran Mente, el Gran Corazón, el cuerpo y mente abandonados, la No-Mente, el yo iluminado...





El segundo paquete suele estar reprimido, oculto en el sótano; el tercero muchas veces son yos dormidos, de los que quizás ni somos conscientes, ignorantes de que existen, que tú ya eres eso. Simplemente está dormido.




Dicen que resulta sanador darles voz a los yos reprimidos y escondidos en el sótano, escucharles para comprenderles, para que dejen de actuar como niños maltratados, resentidos y peligrosos.
Escuchar a los yos reprimidos, comprenderlos, abrazarles, sanarlos.




Y qué pasa con los yos transcendentes dormidos, que ni siquiera sabemos que existen, que no sabemos que somos?
A ésos también hay que escucharles, despertarles, reconocerlos. Cómo?  Simplemente actúa, dales voz. "Fíngelo hasta que sea".
Hay que despertarles, una y otra vez, inyectarles vitaminas hasta que se activen y tengan fuerza para caminar a tu lado. Eres tú, forman parte de tu "yo". Por qué tratarlos como niños ignorados?





Así que ella se ha propuesto despertar, sin demora, a sus yos transcendentes. Y a los despiertos, despertarles aún más, activarlos aún más. Darles más y más fuerza, más y más presencia.
Y seguir contemplando a sus yos en la sombra, cuando aparecen (sus viejas experiencias kármicas de miedo, control, frustración, egoísmo, que aparecen periódicamente como olas que pasan), escuchar sus razones y verlas disolverse. A las razones y a los viejos yos reprimidos.

Y empezar a actuar y sentir como el ser maduro integrado que ya es.





http://crecejoven.com/lo-hemos-probado--big-mind-alejandro-villar


jueves, 28 de noviembre de 2013

Como una cocina mágica.








Nubes como humo al caer
la noche.
El motor del radiador
sustituye el fuego interno que la ha abandonado.


Ella dijo: Tengo frío. Algo está pasando en este cuerpo.
Y él: Será que ha llegado el invierno.
Pero ella sabía que era otra cosa.



Con la luz de la lámpara encendida, el cielo parece oscuro y las nubes sin color,
al caer el crepúsculo.
Apaga la luz y descubre un telón de fondo claro y grandes nubes sonrosadas, grises y blancas sobre un horizonte de luces en la cima de la montaña.
Si enfocas el mandala de dentro te pierdes el mandala de fuera. Y viceversa.






No sabes cómo, pero el milagro sucede.

Jorge Lomar dice:
No sabes cómo, tú no lo sabes, tú no conduces ningún tren, aunque te lo creas.
Pero la vida sabe. Sólo tienes que entregarte.
Dice eso más o menos. O quizás lo dice ella.
Da igual. Ella sabe que no sabe. Por eso se entrega. Y siempre ocurre el milagro.
Y se apacigua el viento, y las olas, y el sol de dentro empieza a calentar.





Ayer ella tenía frío.
Y esta mañana se despierta con
los mismos problemas por resolver.
Pero siente calor dentro. Y sonríe.
Se levanta y abre la ventana de
su cuarto y la del estudio contiguo,
para que se aireen. Sin miedo al frío.



Tiene que resolver algo con su compañero de piso y sabe que es
de pronto fácil.
Le oye estornudar.
Yo me preocupo por el gasto de energía y él quizás está enfermo, piensa.
Así que le pregunta,
¿estás bien?
Sí.
¿No has cogido un catarro?
No.
Y entonces sí, dice lo que tiene que decir y su compañero no se enfada. Y ella se siente aliviada y agradecida.

Ella tiene la suerte de no sentir frío interno (al menos hoy) y desde esa fortaleza puede resolver los problemas pendientes, con la empatía y la compasión hacia quienes, hoy, sienten frío.




A veces ocurre el milagro
y el mismo sol te calienta más que ayer.
Pero sabes lo que es sentir frío, la incomodidad, la inquietud que te hace impaciente con las quejas y las demandas ajenas, "bastante tengo con mis propios problemas".

Siempre acaba ocurriendo el milagro y no sabes cómo.






Sólo sabe que ayer se sentó a meditar, a contemplar. Se sentó sobre el zafu, sobre el futón, y se cubrió con el edredón encima de los hombros, frente a la ventana, la mirada en la ciudad bajo el crepúsculo, en el cielo encendido que se apaga conforme la montaña apagada se enciende.
Sentarse así solía encender su fuego interno, recuerda;
la concentración como una hoguera interior.

Hoy aún siente el calor de anoche y no le teme a los problemas por resolver.


























PD: Miguel Ruiz habla de la cocina mágica que cocina amor del bueno, todo el tiempo.
Con tanto amor para dar y regalar, cómo te vas a vender por unas migajas de afecto con trampa?
Como una cocina mágica, el fuego interior que te nutre a ti y a todas tus percepciones.
























miércoles, 20 de noviembre de 2013

Sol y nubes.







Llega a la terraza de la playa y esta vez la encuentra vacía. El día ha amanecido frío. Hoy la gente se refugia en el interior de la cafetería. Ambiente cálido, música suave de jazz. Una persona, sentada a una mesa del fondo, trabaja en su ordenador; otra lee el diario mientras desayuna; otra, en un taburete y una mesa alta junto a las cristaleras, mira el paisaje exterior. Ella coge su bandeja y se dirige a la terraza frente al mar. Hoy las olas se han apaciguado y la dejarán entrar en casa, quizás. Se sienta a la mesa y sale el sol. Su calor permite que el café y la focaccina no se enfríen tan rápidamente. Su cuerpo se entrega a su abrazo cálido, y su mente también. Lo malo del sol es que te deslumbra, te ciega, no puedes ver con claridad. Pero entonces se interpone una nube y es bienvenida. Una vez has hecho acopio de calor, la nube te permite recuperar la visión.
La perfecta combinación de sol y nubes. Tenía que ser así.