jueves, 22 de marzo de 2012

Conocer la mente.

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Normalmente, identificamos nuestra mente
e incluso nuestro yo
con lo que pensamos
o sentimos.

Pero en realidad todo eso (pensamientos, sensaciones,
opiniones, puntos de vista...)
son como nubes, que pasan
y cambian
y acaban desapareciendo
siempre.
Como nubes con formas variadas, aparentemente,
pero en realidad insustanciales, sin consistencia real.
Y sin embargo, no sólo nos parecen reales en sí mismas
sino mucho más:
nos parece
que ellas son mi mente;
aún más:
que ellas son
"yo".

Pero lo cierto es que las nubes pasan y el cielo permanece,
como un telón de fondo estable
e imperturbable.

Nuestra mente es igual: clara, vacía, infinita,
apacible e imperturbable
(como la claridad del cielo)
y los pensamientos, sensaciones, opiniones, puntos de vista
y experiencias
como simples nubes
de paso.

Esta meditación es una propuesta para empezar a dejar de identificarnos con las nubes
(apariencias de paso)
y reconocer nuestra mente como ese espacio claro y vacío, apacible,
de donde surgen todas las nubes (percepciones, apariencias, experiencias)
y donde
acaban disolviéndose
todas las nubes.



Meditación en la claridad de la mente.












Para comenzar, siéntate en una postura cómoda,
que te permita estar relajad@
y, a la vez, alerta.

Pon la espalda recta, pero no tensa.
Las manos, sobre tu regazo.
Y mantén los ojos semiabiertos.

Relájate en esta postura y deja que el estrés y la tensión se desvanezcan.


Seguidamente, genera una motivación positiva:
para que esta meditación te ayude a conocer tu mente,
para tu propio beneficio
y el beneficio de los demás.


(Meditación analítica:
tus pensamientos, como nubes;
tu mente, como el cielo cla
ro y abierto)

Ahora, dirige la atención hacia tu interior
y toma conciencia de tus pensamientos
y actividad mental.

Dedica unos momentos simplemente a observar el flujo de pensamientos y sensaciones que vaga por tu mente.

Piensa que tu mente es como el cielo, inmensa y sin obstrucciones,
y que tus pensamientos y actividad mental son como nubes.

Al igual que las nubes se forman y disipan en el cielo abierto,
tus pensamientos y sensaciones surgen y se disuelven en el espacio interno de tu mente.

Por muchas nubes que haya, el cielo sigue existiendo como una extensión azul y cuando las nubes se disipan éste vuelve a aparecer.
Del mismo modo, por muy ocupada que esté nuestra mente, sigue siendo un continuo claro y sin forma
y cuando los pensamientos se desvanecen aparece la naturaleza clara de la mente.

Continúa observando los pensamientos y sensaciones.
No los sigas, sólo observa.





Observa cómo los pensamientos y la actividad mental no son objetos físicos sino simplemente fenómenos inmateriales que aparecen en el espacio de tu mente.

Son como nubes:
surgen de la claridad de tu mente y se vuelven a disolver en ella,
una corriente mental sin color,
forma,
sonido,
olor
ni propiedades táctiles.

Continúa observando el flujo de tus pensamientos;
sólo observa, no los sigas.

Observa cómo van desapareciendo poco a poco,
como nubes que se desvanecen.

Cuando surja de nuevo un pensamiento, no te aferres a él,
sólo observa y deja que se desvanezca en la claridad de tu mente.


(Meditación de emplazamiento:
la experiencia apacible

de la claridad de tu mente)



















Esta claridad es tu objeto de meditación.
Concéntrate en esta experiencia
y disfruta de la paz interior
que evoca.


Cuando surjas de la meditación y reanudes la actividad mental, intenta no perder esta sensación de paz interior.

Mantén esta experiencia de paz y claridad y deja que impregne todos tus pensamientos y sensaciones,
para que tu mente permanezca siempre apacible y positiva.


Dedica mentalmente la energía positiva que has generado durante esta meditación para que tú y los demás seres disfrutéis de esta experiencia de paz en la vida diaria,
de buena salud
y felicidad.




A continuación,
puedes abrir los ojos
y surgir
de la meditación.















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miércoles, 21 de marzo de 2012

Qué poco me da la vida!

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Querida amiga:

Creo que a esto se le denomina "aferramiento propio", como tú ya sabes.
Le podemos dar todas las vueltas que queramos
(las cosas no existen como
las percibimos), y está bien, pero en última instancia
el aferramiento propio va de
aferrarse al dolor,
agarrarse a lo que duele y no soltarlo.
(Y siempre son meros pensamientos)
Como el apego, que dicen que es como lamer la miel en el filo de una navaja.

Nos creemos tanto lo que nos han contado, el mundo glamuroso del éxito profesional, económico y la pareja feliz,
que nos duele como un pincho en el corazón no tenerlo todo,
como si nuestra vida fuera un fracaso al no tenerlo.
Pero, desde ese punto de vista, nuestra vida siempre será un fracaso
porque nunca podremos tener todo eso.
Sencillamente porque no existe.

Porque desde la insatisfacción nada es suficiente,
nada llega a ser "eso" que deseamos,
donde se supone que reside la felicidad que perseguimos.

Y es que lo que duele es la insatisfacción
y no la falta de todas esas cosas que deseamos
(y eso sí que es un "invento").


Lo que crees que deseas
no existe.

Desde la insatisfacción, el éxito profesional no existe porque siempre hay algo más que conseguir,
o alguien que tiene más,
o algo que nos merecemos y no nos han reconocido.
Y lo mismo con el dinero.
Y qué decir de la pareja ideal.
La única razón por la que alguien encuentra su pareja ideal es porque ha alcanzado cierta estabilidad dentro de ella misma
y ha aprendido a aceptar a las personas
y a amarlas
y a desear su felicidad
y su libertad.

Todo lo contrario de la exclusividad
y las exigencias
y los celos...
Todo eso que nace del "yo primero"
y duele tanto.





No existe la pareja ideal,
si acaso,
lo que existe
es la "actitud" personal ideal,
el estado mental
ideal.
Le llaman el despertar,
la iluminación,
y en el camino
vamos alcanzando grados,
como en cualquier otra formación.
(Hasta que descubrimos que el final del camino siempre ha estado aquí,
pero eso es porque hemos despertado).




Ya está el yo
lloriqueando otra vez.

Cuando surgen esos momentos en los que una siente que está
"llena de odio, triste y deprimida",
hay que recordar que no son más que momentos
en los que el yo (que no existe),
el "yo primero" (esa construcción mental que siempre está saboteando nuestra vida)
está lloriqueando otra vez.

Y cuando lo vemos así
y le observamos lloriquear
una ya está tocando fondo.
Para qué esperar a tocar más fondo?
Por qué no aprender ya
mismo?






Ese yo
como un niño mimado y caprichoso, lloriqueando y pidiendo más.
Pero algún día tendremos que dejar de darle "más", porque sabemos que nunca va a tener bastante,
nunca le vamos a satisfacer.
Así que algún día tendré que tomar la decisión de dejar de ser su esclava.
Dejar de escucharle, dejar de responder a sus exigencias.
Y así, tal vez, le daré la oportunidad de empezar a soltar (exigencias),
relajarse
(las exigencias estresan mucho, ya sabes)
y crecer
y madurar.


Qué liberación, la renuncia.

Ya hemos tocado fondo, Carolina, tú y yo.
Llega un momento en que una se cansa de sufrir,
de esa esclavitud voluntaria.
Y decide soltar.

En budismo a esto se le conoce como la renuncia.
Qué relajación, la renuncia.
Significa que ya no necesito más, porque lo tengo todo.
Significa que ya no me rindo más al poder de mis engaños.
Qué liberación.

Cuando una toma esa determinación, de corazón, es como abrir las puertas a un mundo de abundancia, y comprendes que ya tienes la vida que quieres vivir.
Y te sientes privilegiada
y "regalada":
tantas cosas de las que dispones y disfrutas
cuando llegaste a este mundo
con las manos
vacías.























Vivir en la abundancia.

Y entonces es cuando una deja de sentirse pobre
y deja de pedir
más,
y en lugar de eso surge la gratitud
y la abundancia
y la urgencia
de dar.
Devolver
algo.


(La meditación en la bondad de todos los seres tiene un efecto bomba
sobre la estimación propia llorona y depresiva).

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martes, 20 de marzo de 2012

Y de qué te sirve esto?

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Querido amigo:

Dices, ya sabes lo que no me mola,
la religión.
Meditar, adiestrar la mente, el amor universal, lo veo bastante necesario,
pero ¿qué necesidad hay de creer en historias inventadas, como las vidas pasadas y futuras, el karma, etc?

Amigo mío, he visto pasar por aquí a tantas personas de buen corazón, solidarias, luchadoras
por la justicia, por la igualdad, por el reparto equitativo de derechos
y deberes.
Las reconozco enseguida porque ellas soy yo.
Vienen a meditar (porque hemos oído que relaja
mentalmente
y sana físicamente)
y (mala suerte) se encuentran con la meditación en los infiernos
o en las vidas futuras y pasadas,
el karma,
el refugio! (Con la iglesia hemos topado).
Y ya no queremos oír más, porque ya nos han contado demasiados cuentos.


Por qué todo esto no lo enseñan
en la escuela?




















Hay otras personas que tienen más suerte.

Llegan durante las meditaciones en el amor;
los ocho pasos, la manera budista de amar
(y descubren que nunca antes habían amado y que " esto deberían enseñarlo en la escuela");
o en la bondad de la madre
(y ponen fin en pocos minutos a años de psicoterapia por los traumas de la infancia);
o dónde buscas la felicidad
(entienden por qué no ha funcionado nunca, ni funcionará
si sigues dependiendo de lo que pase fuera);
o qué ha movido tu vida
(el "yo primero" que es la causa de todos tus padeceres
porque nunca tienes bastante
y creas causas para que todo vaya a peor);
o hasta la vacuidad,
y descubren que decir "la vida es sueño"
no es un mero recurso poético.

Tienen suerte,
y se asombran.
Y lo que más nos asombra es no haberlo descubierto antes,
tan obvio.
Por qué creemos más lo que nos cuentan que nuestra propia experiencia
personal?
Y
por qué todo esto no lo enseñan en la escuela?

Llegan (llegamos) aquí
y todo es tan claro,
y sientes que has encontrado
la mejor ciencia de comprensión de la mente
que has conocido nunca,
después de tanto deambular por todas las escuelas psicológicas
y filosóficas.


De vuelta a la infelicidad conocida.

Y entonces llegan las meditaciones
en los infiernos
o las vidas futuras,
o el karma
o el refugio...
y hasta la vacuidad.
Cómo me dicen que no existe lo que veo,
si lo veo?
¿qué necesidad hay de creer en historias inventadas?...

Y por mucho que te funcione lo que te funciona,
inexplicablemente, te fijas (esa fijación obsesiva)
a lo que no crees, a lo que no coincide con tu punto de vista,
con lo que has creído siempre
(como si lo que has creído siempre hubiera funcionado),
y vuelves a ese viejo impulso, tan nuestro, de cuestionar,
polemizar,
intelectualizar,
conceptualizar,
con las viejas herramientas limitadas
de esta vieja mente limitada
que no ha funcionado nunca
-para ser feliz ni para hacer felices a los demás,
ni para comprender la mente ni para adiestrarla,
ni siquiera para comprender el mundo en el que vivimos.
Te agarras a tus viejas creencias, las que no han funcionado nunca, y te bloqueas
en un atolladero
de difícil salida.
Y abandonas
y vuelves a lo de siempre.
A lo "normal".
A la infelicidad
conocida.


















Sé pragmátic@.

Y hay un tercer grupo de personas que,
después de descubrir lo que funciona,
cuando llegan a lo que les rechina
lo sueltan,
lo dejan a un lado, en stand by,
y ponen su atención en las herramientas que sí entienden
y saben utilizar
y siguen usándolas, para sacarles partido,
para adiestrarse mejor.
Y no pierden ni un minuto de su tiempo en cuestionar o polemizar
sobre lo que no entienden.
Lo inaccesible no sirve para mucho
(mientras sea inaccesible),
y perder el tiempo, tan valioso, cuando hay tanto que hacer con lo que ya tenemos,
no tendría mucho sentido.


Es el grupo de las personan más pragmáticas
(como tú y yo hemos presumido siempre),
las más positivas, las más creativas, quizás,
las más abiertas
al pensamiento lateral,
a otros enfoques
nuevos;
las que van "per feina".

Las que sólo quieren tirar p' alante y,
como en un concurso de obstáculos,
usan las herramientas que tienen al alcance de la mano en cada tramo,
tantean las que desconocen y las sueltan si no les son de utilidad
(mientras no les sean de utilidad,
mientras no sepan cómo usarlas).
Pero no se sientan a perder el tiempo haciendo disquisiciones sobre ellas,
divagando sobre los "inventos"
que no sirven para nada.

Porque hay mucho que hacer.


Cuando la pereza se disfraza de sofista.

De hecho, a menudo, perder el tiempo en discutir sin utilidad práctica,
no es más que otra forma en la que se disfraza la pereza
para no hacer nada útil,
para no ponerse en acción;
para no cambiar.

A veces, en las clases, cuando surgen preguntas que nos van a llevar a divagar,
intelectualizar, encallarnos,
Rabjor pregunta: ¿y de qué te sirve esto?

De qué te sirve
ahora,
de qué manera te va a ayudar a comprender y a integrar y a crecer?
Si, de alguna manera, no es así, suéltala (suelta todas esas preguntas saboteadoras)
y céntrate en buscar respuestas útiles
para tu vida diaria.

Utiliza lo que te funciona
y no pierdas el tiempo discutiendo
sobre lo que aún no sabes utilizar.
Céntrate en las herramientas
que están al alcance de tu mano.

Y cada vez serán más
y funcionarán mejor.














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martes, 13 de marzo de 2012

El camino del bodisatva.

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Como íbamos diciendo,
en su camino
(el camino del bodisatva),
este nuevo ser que ya está emergiendo
(en ti, en mí)
se compromete a introducir en su vida diaria
la práctica de
las seis
perfecciones
.

Y estas seis perfecciones son:
la práctica de la generosidad,
de la disciplina moral,
la paciencia,
el esfuerzo,
la concentración
y la sabiduría.


Y en las últimas clases ya hemos empezado a explorarlas.
La generosidad. Cómo integrarla en nuestra vida.

La generosidad se define como "la acción mental, física o verbal de dar, motivada por un estado mental virtuoso".

Y se convierte en una perfección (la perfección de la generosidad)
cuando está motivada por la bodichita,
la mente que desea, en última instancia, liberar para siempre a todos los seres.

Pero qué puedo dar yo, que tengo tan poco?
Ya se sabe: la crisis, la hipoteca, el paro, tantas necesidades
por cubrir...


Cómo ayudar:
1. La generosidad.

Hay muchas maneras de dar:
ayuda material o física, palabras útiles, protección, amor...
Todo el mundo tiene algo que ofrecer.
Gueshe-la dice: no hay que ser millonario para dar unas migajas de pan a una hormiga.
No hay que nadar en la abundancia para compartir
lo que tienes.
La generosidad es como el amor:
cuando más das, más abundancia.

Prueba a dar una sonrisa a una anciana sentada sola en una terraza, delante de una botellita de agua;
prueba a hacerle sentir que la has visto, que existe.
Prueba a ayudarle a subir las bolsas de la compra, calle arriba.
Prueba a sacar de la piscina a un insecto que acaba de caer, y contempla cómo mantiene la vida y echa a volar.
Prueba a desearle que sea feliz allá donde esté, si has llegado demasiado tarde y ya no está en ese cuerpo que ha dejado de moverse.
Prueba a escuchar a una persona que sufre, a tocarla, a abrazarla, si se da el caso.
Prueba a darle la mano a un niño que se ha perdido en la playa o en unos grandes almacenes, y hazle sentir seguro, que estás allí para protegerle y ayudarle.


Ya estás en la abundancia.

M. es un chico joven, simpatizante budista, por decirlo de alguna manera.
Encontró un trabajo en Mercabarna (un mercado mayorista en Barcelona) y lo cogió con mucha ilusión, porque necesitaba el dinero.
Al acabar su primer día de trabajo, le pregunté cómo le había ido.
Bien, pero resulta un poco duro, dijo, y no se refería a las 10 horas laborales, extras incluidas; currante como es, tiene aguante para eso y para más.
Se refería a las cajas que tenía que transportar de un sitio a otro, llenas de peces vivos.
Es muy fuerte ver a los peces amontonados, coleteando, esa agonía, como un infierno.
Y qué haces?, le pregunté.
Cuento mantras, dijo. De Avalokiteshvara (*).
Y deseo todo el tiempo que en su próxima vida tengan las mejores condiciones y sean felices.

(*) Avalokiteshvara es el buda de la compasión que ayuda a todos los seres a crear las mejores conndiciones en su muerte y en sus vidas, si se dejan.


Abre los ojos.

Abre los ojos y verás
cuántas oportunidades tienes a lo largo del día
para dar,
cuánta abundancia
posees
ya mismo.




Y hagas lo que hagas, cuando des, hazlo con la consciencia plena
(no como un autómata)
y disfruta del alivio que produces, en la medida que sea.

Hagas lo que hagas, en la medida que sea,
deséale que algún día su bienestar sea completo
y perfecto
y definitivo.
Es lo que se llama el amor desiderativo.

Aunque te parezca que no tengas nada que dar, absolutamente nada,
siempre puedes ofrecer ese amor desiderativo
que desea, de corazón, que algún día se libere
definitivamente,
con esa felicidad estable e irreversible en la que ya no hay marcha atrás.
Y extiéndelo a todos los seres.

Prueba.

Una vez y otra, y otra.
Hasta que se convierta en un deseo natural
y espontáneo,
una acción física, mental o verbal
espontánea
y natural.

Y a ver qué pasa.


















PD: Gracias por
tu pregunta, PazzaP.
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lunes, 12 de marzo de 2012

Y bien, amigo, cómo están las cosas?

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Amigo mío:

Me cuentas que tú también has tenido movidas este fin de semana: una conferencia que impartir, jornadas profesionales...
Por mi parte, la presentación del debate de fin de curso (exposición de resumen y respuestas a preguntas), examen final...
Cuánto ego removido,
si ego hubiera, amigo mío.
Son las situaciones perfectas para explorar
cómo están las cosas.
Y ya sabes a qué cosas me refiero.


O vamos aprendiendo
bien...


Si hemos navegado el fin de semana como un mar en calma,
es que vamos aprendiendo.

Si nos hemos sentado delante de la audiencia como si fuera cualquier otra persona,
con la atención puesta en las necesidades de aquéllas que van a escuchar,
con el deseo de ayudarles, si está en tu mano,
y si no sale, es que no lo está.
Si hemos desaparecido (ese yo que no existe)
en la función que hay que realizar,
es que vamos aprendiendo.
Si en el examen, en la puesta en escena,
no cuenta lo que van a pensar de ti o de mí,
sino lo que sabemos, y cuán integrado está, y cómo lo aplicamos.
Cuál es nuestra capacidad para ayudar y si lo hemos hecho,
y cómo.

Y sea cual sea el resultado, la evaluación,
no hay juicio:
ni orgullo
ni castigo.





Si hemos navegado el fin de semana como un río en calma,
como si tanta exhibición
no fuera contigo ni conmigo;
como si no hubiera exhibición
sino servicio.
Si no se ha alterado ni un ápice tu paz interior, ni la mía,
es que vamos aprendiendo
bien.


O seguimos aprendiendo mal.

Pero
si ha habido ansiedad
antes de la conferencia (la tuya o la mía),
nerviosismo, estrés.
Si la mente se ha quedado en blanco por un momento, o dos,
durante.
Si, después, aún afectan los comentarios, a favor o en contra,
y producen movidas por dentro.
Si nunca ha sido suficiente,
si nunca hemos sido lo suficientemente buenos,
es que esto no está funcionando
como debería.
Si en el encuentro surgen competencias,
exhibiciones de egos, dolorcillos, ya sabes;
si siempre parece que hay gente que no ha hecho bien su trabajo
(y por eso no hemos podido brillar tanto como nos merecíamos),
es que esto no está funcionando
como debería.






Si en la puesta en escena colectiva
hay tensiones
y luchas de egos solapadas
es que,
quizás,
nos hemos equivocado de club.

Y seguir en un camino que no nos conduce a la paz interior
y no practica
con coherencia
la paz interior,
sería una decisión equivocada.

Como mantener una relación de pareja con la que no crecemos
en la dirección que queremos crecer,
en la dirección última.
(Y tú ya sabes que no se trata de cambiar de pareja sino de relación).
Y tú ya sabes que no se trata de seguir insistiendo en cambiar las condiciones externas
sino las internas.

Y tú y yo hemos decidido no seguir estancados el resto de nuestra/s vida/s
en este atolladero del ego llorica
y peleón.


Aun no habiendo camino...

Amigo mío, tras la puesta en escena, la pregunta es:
¿estamos aprendiendo a desaparecer
(a reducir ese ego carcelero y tiránico),
a amar
en calma?
¿Somos un poco más libres
de lo que lo éramos ayer?
El mundo que hemos empezado a construir, ¿está habitado por seres más libres
y empáticos
y compasivos,
nuestros compañer@s en el camino,
nuestros compañer@s de club?...
(Aún no habiendo camino, ya sabes).

Si la respuesta es que sí, felicitémonos
(con el orgullo divino, "que supera todas las concepciones equívocas")
y sigamos adelante.
Porque ya estamos llegando.




Ya estamos.
(Ya sabes).


















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miércoles, 7 de marzo de 2012

Y qué es en verdad ayudar?

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En las clases de
Sant Antoni
estamos entrando en
el camino del ser
del nivel superior
,
de Budismo Moderno
(Gueshe Kelsang Gyatso. Ed. Tharpa).
En todas las meditaciones realizadas hasta ahora contemplábamos cómo nos hemos pasado la vida
cambiando las condiciones externas
para "mejorar", para estar bien,
como si en la próxima movida en el tablero de este ajedrez lo fuéramos a conseguir, por fin, llegar a puerto.
Pero no.
Aquí seguimos, más o menos como al principio -o peor, en muchos casos más arraigadas las tendencias de insatisfacción, frustración, decepción, expectativas no cumplidas...


Cambiar las condiciones externas no nos garantiza la paz estable.

Las meditaciones anteriores nos permitían ver que cambiar las condiciones externas no nos garantiza la paz estable.

También hemos podido ver qué es lo que ha movido todas nuestras acciones: el egocentrismo, el yo, mis intereses, la importancia personal.
Cada pensamiento, palabra o acción física que he realizado desde el principio de mi vida
estaba a mi servicio, al servicio de mis intereses personales.
Y ese camino nunca me conducirá a la paz estable.
Porque desde el "yo primero", nunca tienes bastante.
El "yo primero" sólo te garantiza la insatisfacción,
las exigencias (en muchos casos a los demás, a lo demás),
la frustración, la decepción, las expectativas no cumplidas.


El egoísmo
sólo te garantiza la infelicidad.












Hemos contemplado cuánto sufrimiento hay detrás de esta mente egocéntrica.
Lo ha habido en el pasado,
lo hay en el presente
y lo habrá en el futuro
-desde esta mente egocéntrica.

Y por eso,
este ser en el camino,
decide cambiar.

1. Empezar a conocer la mente
y adiestrarla.
Y 2. Soltar el yo que le ha encadenado
durante tanto tiempo.
Para dejar de sufrir.
para liberarse para siempre del sufrimiento.


El ser del nivel superior contempla
el sufrimiento de los demás.












Hasta ahora, hemos puesto nuestra atención en ese sufrimiento que
experimentamos personalmente (la ignorancia)
y que deseamos dejar de experimentar.
Y éste es un egoísmo inteligente que el budismo designa como sabiduría.

Y de repente, este ser que quiere dejar de sufrir
(que quiere abandonar todos los engaños que perturban su paz mental)
observa a los seres a su alrededor y empieza a contemplar el sufrimiento ajeno.
Porque casi todo el mundo está igual que él: sufriendo
a causa de los engaños que perturban su paz mental.
Contempla el sufrimiento de los demás,
deja que se le rompa el corazón
(que se le salten las lágrimas, como a Avalokiteshvara),
y siente cómo desearía ayudarles, si pudiera.
Pero no puede.
Ahora no.
Todavía no.
Porque él también se está ahogando en el oceano de los engaños que perturban su paz
(en el oceano del samsara).
Pero
cómo
y cuánto
desearía ayudarles...


Porque los demás son más,
y sufren más.










Porque este ser, ahora, siente que tiene algunos recursos,
que sabe algo que antes no sabía
-que las circunstancias externas no son la causa de su sufrimiento
ni de su felicidad,
porque el sufrimiento y la felicidad son estados mentales que residen en la mente;
y sabe que el egoísmo no le protege y le hace fuerte
sino que le hace débil y frágil
y le condena a la insatisfacción permanente;
y sabe que el amor no le hace vulnerable y duele,
sino que le hace fuerte, abundante
y llena su vida de fiesta.
Y ya no sufre tanto
como solía.
Y ahora, el sufrimiento que contempla a su alrededor le parece desmesurado
(tantos seres
sufriendo tanto),
a menudo innecesario,
exagerado.
A veces un infierno.


El amor te hace fuerte
y te induce a cambiar.

Ahora, este ser
ha dejado de contemplar su propio sufrimiento,
empieza a ver el de los demás,
desea ayudarles
en lo que esté en su mano
y desea
hacer todo lo posible
por cambiar,
por mejorar,
por ser más útil,
más eficaz.
Dar más en el clavo
y mejor.

Es el ser del nivel superior.

Y se pone manos a la obra.




A esta mente,
que te convierte en el ser
del nivel superior
,
se la conoce como
la bodichita,
la mente de la iluminación.
La mente que desea ayudar a todos los seres
y para ello decide mejorar
hasta su máximo potencial.
Y al ser que ha integrado la bodichita se le conoce como el bodisatva.

El bodisatva es el ser que
ha decidido ayudar a los demás,
que su vida sea útil
y beneficiosa,
y para eso se compromete a mejorar él mismo.

Promete que va a mejorar él mismo.
Pero cómo?


El camino del bodisatva.

No te desesperes: contamos con una guía.
Se la conoce como el camino del bodisatva.

El camino, o forma de vida del bodisatva, cuenta a su vez con varios caminos (interiores),
o prácticas,
conocidas como las seis perfecciones.

Éstas son:

la práctica de la generosidad,
de la disciplina moral,
la paciencia,
el esfuerzo,
la concentración
y la sabiduría.















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viernes, 2 de marzo de 2012

Cómo aprovechas tu preciosa existencia humana?

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Chokga cuenta
que tenía una amiga, monja budista como ella, que se murió.
Y cuando se estaba muriendo le decía:
Cómo me arrepiento ahora de no haberme esforzado más en realizar la vacuidad.

Realizada la vacuidad,
morir sin dolor (como si ese cuerpo no tuviera mucho que ver contigo,
como un abrigo que dejas al cambiar la estación),
sin apegos (como si este yo hubiera sido otra alucinación en la cadena de alucinaciones),
con alegría.
Ahora sí que voy a poder ayudar de verdad a todos los seres.


Ahora sí que voy a poder ayudar
de verdad
a todos los seres.


Realizada la vacuidad, vivir
sin dolor,
sin apegos,
con alegría
y mucho
mucho
sentido del humor.

La amiga de Chokga había perdido la oportunidad de realizar la vacuidad en su preciosa existencia humana.

El padre de un amigo, gran meditador (mi amigo y su padre, ambos),
empezaba a ser intervenido en una operación cuando el cirujano
se dio cuenta, al cortar, en la reacción de las fibras musculares, que no le habían aplicado al paciente la anestesia.
El paciente lo confirmó, pero pidió seguir adelante con la operación que tanto trabajo había costado organizar.
El padre de mi amigo tenía cierta experiencia de la vacuidad del cuerpo y creía que podría atravesar la operación sin anestesia.
Pero el médico no lo vio como él.

En cualquier caso, lo que cuenta es que la experiencia de la vacuidad funciona.
Las realizaciones (la comprensión de la mente, el adiestramiento de la mente)
funcionan.



Ahora sí
que voy a poder
ayudar de verdad
a todos los seres.





Había quedado para comer con mi amigo, uno de esos ágapes privados entre él y yo,
y reflexionábamos sobre nuestra práctica personal.
Sería bonito morir en paz, sin apegos, con la alegría
de saber que, ahora sí, voy a poder ayudar a todos los seres.
Pero yo no quiero esperar tanto, dijo.
Yo quiero empezar a hacerlo ya,
cada vez un poco más,
un poco mejor,
cada vez.
Y en ello estoy, dijo.

En ello
estamos.
No hay otra forma de aprovechar esta preciosa
valiosa
existencia humana.























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